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3. INTERNACIONALIZACIÓN DE LAS PYMES

3.1. Introducción

No se puede hablar de la internacionalización de la pyme sin nombrar previamente el Proceso de Unión Económica y Monetaria, de transición al euro, en el que están sumergidos todos los países de la Unión Europea.

En Enero de 1999 la peseta dejó de ser la divisa española, instaurándose el euro como divisa del sistema monetario europeo.

Este hecho hace que las empresas españolas, sobre todo las pequeñas y medianas se encuentren ante un nuevo escenario. Para adaptarse a este escenario es precisa, tanto la adaptación operativa como la adaptación estratégica.

El hecho real es que se ha minimizado a nivel institucional el impacto que va a tener la implantación de un mercado único, teniendo como consecuencia que las pymes se están preparando poco y tardíamente para la nueva situación. Según una encuesta del BBV ante las acciones emprendidas por la pyme ante la UEM (Unión Económica y Monetaria), más del 80% de las empresas en la primavera de 1999 aún no habían realizado ninguna acción preparatoria para dicho cambio.

Desde el punto de vista de la Pyme, el euro se traduce, fundamentalmente, en dos hechos indudables:

• La aparición de un mercado único real

Con la entrada de España en la Unión Económica y Monetaria, se alcanza un alto grado de homogeneización, ya que uno de los instrumentos más importantes para facilitar el comercio, la moneda, será la misma en todo el ámbito de la Unión; es más, es previsible que otros países de centro Europa y el norte de Africa utilicen también la nueva moneda para facilitar las transacciones con la Unión Europea. Pero no se puede olvidar que con este mercado único no desaparecen las diferencias en fiscalidad, renta per cápita, en desarrollo económico, de idioma,

culturales,....; Este mercado único, no obstante, es el primer paso para ir limando estas diferencias.

• Una mayor estabilidad.

Otra consecuencia de la UEM es la estabilidad en las principales variables macroeconómicas. Hasta ahora, la empresa española ha tenido que convivir con unas tasas elevadas de inflación, altos tipos de interés, déficit público, así como una alta volatilidad en los tipos de cambio. Con la preparación para la Unión, España ha tenido que realizar un esfuerzo macroeconómico, reduciendo la inflación, bajando los tipos de interés y, por supuesto, evitando las históricas devaluaciones competitivas de la moneda española.

Así pues, en este nuevo escenario, en el que se prevé una inflación sostenida y bajos tipos de interés, la empresa puede planificar mejor y con más seguridad sus inversiones a medio y largo plazo.

La adaptación al nuevo entorno hace que deban cambiar de forma radical los sistemas de gestión así como los sistemas de software y hardware de muchas de las empresas. La oportunidad que supone poder acceder a un mercado potencial mucho mayor también exige un esfuerzo de adaptación mayor, puesto que la competencia será mayor, y las empresas que consigan fidelizar a sus clientes lo harán, con algunas salvedades, en Madrid o en Bruselas, indistintamente. En este sentido, la Pyme, debido a su tamaño, es el tipo de empresa que va a encontrar más dificultades para adaptarse a euro, teniendo únicamente a su favor su mayor capacidad de reacción, así como un mayor dinamismo a la hora de poner en marcha nuevas iniciativas. No puede permitirse el lujo de equivocarse o quedarse rezagada, ya que, como disponen de unos recursos e infraestructuras limitados, la planificación de los ajustes y cambios debe ser muy precisa; un error puede significar su salida del mercado. Debe ajustar bien todas las variables del proceso de adaptación, aprovechando todas las ayudas e incentivos fiscales previstos al efecto.

Para apoyar este cambio en la Pyme, se está cubriendo la necesidad de información que ésta tiene para llevar a cabo esta adaptación satisfactoriamente, mediante una campaña

realizada con la colaboración de la Sociedad Estatal de Transición al Euro y la Dirección General de Política de la Pequeña y Mediana Empresa, consistente en el establecimiento de un servicio de atención a la Pyme sobre el Euro, a través del cual se presta información, asesoramiento, y se ayuda al colectivo a adaptarse a la nueva realidad monetaria.

Al tiempo, esta dirección General, junto con el Consejo Superior de Cámaras de Comercio, ha desarrollado el proyecto Europyme, asesorando a la pyme tanto sobre el euro, como sobre el efecto 2000.

La internacionalización puede definirse como el compromiso estratégico de la empresa en los mercados exteriores, lo que supone el establecimiento de vínculos estables - cuyas formas pueden ser muy diversas-, entre ella y esos mercados.

Aunque durante mucho tiempo la internacionalización parecía una posibilidad reservada a las grandes firmas, en los últimos años, al hilo de la creciente interrelación de las economías nacionales y de los procesos de integración económica, se ha ido afirmando una participación cada vez más intensa de las Pymes en ese fenómeno, pues no en vano estas han puesto en juego nuevas fórmulas institucionales y organizativas de acceso a los mercados internacionales.

Las empresas que se internacionalizan son, en general, aquellas que, con independencia de su tamaño, ocupan posiciones aventajadas dentro de su mercado de origen. Así, los estudios sobre este tema muestran que esas empresas, antes de adoptar la decisión de proyectarse hacia el mercado exterior, suelen tener un mayor nivel de productividad que las que no lo hacen y que, una vez que han salido hacia ese mercado no solo conservan sino que acrecientan esa diferencia.

Sin embargo, internacionalizarse no es un efecto automático que se derive de la capacidad competitiva de la empresa.

Todo lo contrario, es la consecuencia de una decisión estratégica que se adopta asumiendo riesgos y comprometiendo recursos, cuyos resultados, como en toda determinación innovadora, son inciertos.

Pese a ello, este mercado de incertidumbre puede reducirse si se tienen en cuenta los factores que inciden sobre la salida de la empresa hacia el exterior.

Cuatro son, a este respecto, los elementos a considerar:

• Las ventajas competitivas de la empresa. estas ventajas se derivan de los logros obtenidos con respecto a los productos o servicios que se ofertan –por su diseño, calidad, prestaciones, exclusividad u originalidad-, a las tecnologías que se han desarrollado, a la capacitación y experiencia de los empleados o al conocimiento de los mercados. Se alude en definitiva al carácter innovador de la empresa. • La organización de la empresa. Esta ha de movilizar recursos de naturaleza

organizativa para conocer los mercados exteriores, controlar las operaciones que se realizan en ellos y resolver los problemas logísticos, financieros, jurídicos y administrativos inherentes a tales operaciones.

• La capacitación y actitudes de la gerencia. Uno de los hallazgos más interesantes de los estudios recientes sobre el tema que ahora nos ocupa, alude al papel crucial de este elemento. Así, las decisiones de internacionalización dependen en una buena medida tanto de los conocimientos adquiridos por los responsables de la gerencia –en particular sobre los mercados exteriores-, como de su actitud favorable a la asunción de riesgos racionales.

• Las oportunidades que ofrecen los países hacia los que la empresa puede dirigirse. Es el caso de la capacidad de compra que exista en esos mercados, de los recursos de que pueda disponerse dentro de ellos, de los costes de la mano de obra, las materia primas y otros suministros, de las infraestructuras de transporte o de los sistemas de comercialización. estas ventajas de localización pueden conocerse mejor, normalmente, cuando los países hacia los que la empresa está próximos o existe una gran afinidad cultural e institucional con ellos, lo que no excluye que, a veces, las oportunidades se revelen en naciones lejanas.

Así, por lo que se refiere a la trayectoria exportadora, la empresa puede iniciar su contacto con los mercados exteriores a través de los pedidos ocasionales de distribuidores extranjeros.

El conocimiento adquirido en ese tipo de operaciones esporádicas, junto a otras acciones de carácter exploratorio, puede dar lugar a un flujo más regular de exportación canalizada por agentes independientes y, más adelante, al establecimiento de una red de distribución, bien implantando una filial de ventas.

La empresa también puede adoptar la decisión de producir en el exterior, emprendiendo una trayectoria en la que de un estado inicial, en el que tan sólo se mantienen instalaciones de montaje en el extranjero, se transita a la creación de filiales de producción integradas, cuya actividad es similar a la que se realiza en el país de origen. Esta secuencia puede surgir de una manera independiente de la anterior, aunque con frecuencia se deriva de una experiencia comercial previa.

Dependiendo de las condiciones locales del mercado foráneo al que se refiera, la empresa puede considerar preferible ceder su tecnología y conocimientos a un productor extranjero, concediéndole una licencia para explotar sus patentes, marcas u otras formas de propiedad industrial o estableciendo con él un contrato de franquicia, cuyo contenido se extiende más allá de esa propiedad, hacia los sistemas organizativos, el marketing y la formación del personal.

Estas maneras en las que se plasma la internacionalización puede entrecruzarse entre sí, dando lugar a formas más complejas que las reseñadas, cada una de las cuales vendrá caracterizada por una determinada combinación de riesgo, compromiso de recursos y grado de control. Estas variables que operan siempre en el mismo sentido, de modo que cuanto mayor sea este último, mayores serán también los activos implicados y, con ellos, el riesgo mayor.

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