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INTRODUCCIÓN: LUHMANN, LA TEORÍA DE SISTEMAS Y LA SOCIOLOGÍA La muy amplia obra de Niklas Luhmann se alimenta de múltiples fuentes; sería un error

El mundo, reflexiona finalmente Spencer-Brown, solo puede verse a sí mismo en la medida en que se divide en al menos un estado que ve y otro que es

II. TEORÍA DEL CONOCIMIENTO: OBSERVACIÓN DE SEGUNDO ORDEN Y SISTEMAS SOCIALES

2.1 INTRODUCCIÓN: LUHMANN, LA TEORÍA DE SISTEMAS Y LA SOCIOLOGÍA La muy amplia obra de Niklas Luhmann se alimenta de múltiples fuentes; sería un error

reducirla al ámbito de “teoría de sistemas”. No obstante, para los fines que nos competen

en este capítulo, es decir, para la presentación de su teoría del conocimiento, la teoría de sistemas es un antecedente crucial de la propuesta de nuestro autor.

Específicamente, la cibernética de segundo orden y la teoría de la autopoiesis, explicadas en detalle en el capítulo anterior, constituyen el eje articulador de la teoría del

conocimiento luhmanniana. A estas teorías, Luhmann considera parte de una “revolución científica”, un “cambio de paradigma” en la teoría de sistemas . Estas propuestas ofrecerán

algunos conceptos de base para la construcción de una teoría de los sistemas sociales y una teoría de la sociedad, junto con (y gracias a) la elaboración de una propuesta epistemológica que pretende arrancar de raíz viejos atascamientos y viejas polémicas de la teoría del conocimiento y la teoría de la ciencia, incluyendo los problemas propios de la epistemología de las ciencias sociales. Al respecto nos dice Luhmann:

… se trata de contextos de discusión interdisciplinarios que en los últimos dos o tres

decenios han tenido un proceso de radical transformación, y que no tienen mucho en común con la conceptuación sistémica de los años cincuenta y principios de los sesenta. Se trata de desarrollos intelectuales fascinantes y totalmente novedosos que, por primera vez, permiten escaparse de la contraposición entre ciencias de la naturaleza y ciencias del espíritu, o entre hard sciences y humanities, o también entre ámbitos objetuales dados en forma de leyes y ámbitos objetuales dados en forma de textos —hermenéutica.

En efecto, la teoría de Luhmann está muy lejos de las modestas pretensiones de aplicación de las teorías sistémicas y cibernéticas al ámbito social, como lo tenían pensado autores

como von Bertalanffy y Wiener. Lo que Luhmann llamará en términos genéricos “teoría de los sistemas autorreferenciales” constituye un giro que cuestionará de manera fundamental al paradigma de von Bertalanffy, así como a los modelos clásicos de la cibernética.

El primer paso de este cambio de paradigma ocurrió con los conceptos de autoorganización y autoobservación, difundidos particularmente por Heinz von Foerster . La autorreferencia fue introducida aquí en términos de la constitución de un sistema a partir de sus propias operaciones, su capacidad para producir la descripción de sí mismo, y la introducción de la observación de las observaciones (cibernética de segundo orden) . Las implicaciones

epistemológicas de esta propuesta son de gran relevancia: “Relaciones de este tipo no sólo

revolucionan la epistemología clásica de sujeto-objeto; no sólo desdogmatizan y

‘naturalizan’ la teoría científica, sino que producen también una comprensión más

compleja del objeto por medio de un diseño de teoría, a su vez, más complejo” .

El segundo elemento fue la teoría de la autopoiesis y de los sistemas operativamente clausurados . Una de las razones de la importancia de este giro, entre muchas otras, está en

la posibilidad de entender a los sistemas ya no como “cosas”, sino como operaciones que

distinguen constantemente al sistema de su entorno. Aquí se comprende también el papel central que cumplirá en la teoría de Luhmann la lógica de las formas de Spencer-Brown . Además de los aportes conceptuales propiamente dichos, existe otro sentido en que la obra de Luhmann se conecta con estas teorías. Epistemológicamente, nuestro autor apuesta de manera decidida por el llamado constructivismo propio de este “cambio de paradigma”. Al

mismo tiempo, no obstante, Luhmann insiste en resaltar que la tradición de la cibernética y de la teoría de sistemas implicó siempre una perspectiva científica, que, como tal, se fundamenta en observaciones empíricas: “Digan lo que digan sus partidarios, el

constructivismo es obviamente una epistemología realista que utiliza argumentos

empíricos” .

Así pues, como explicaremos en detalle más adelante, la propuesta epistemológica de Luhmann es a la vez “constructivista” y “naturalista”. A pesar del alto nivel de abstracción

de su teoría, Luhmann es enfático en negar que se trate de un instrumental meramente

analítico; sus conceptos, nos dice, se refieren al “mundo real” (ya explicaremos qué quiere

decir exactamente con este término). De allí su lapidaria frase: “los sistemas existen” . Esta

afirmación, y en general su propuesta teórica, debe ser adecuadamente comprendida: ha de entenderse como consecuencia inevitable de una teoría de los sistemas sociales autorreferenciales. Esta no puede considerarse una simple abstracción, su misma epistemología no lo permite, al contrario, la teoría exige que ella misma sea observada como una autoabstracción de un sistema , como un objeto real que existe junto a otros objetos reales. Por otra parte, la autorreferencialidad no significa arbitrariedad de la teoría,

y no impide, además, que se considere a esta como científica; de nuevo, es la misma epistemología la que exige la no arbitrariedad así como la cientificidad:

Es obvio que no hay que confundir las afirmaciones con sus propios objetos; hay que estar conscientes de que las afirmaciones son sólo afirmaciones; que las afirmaciones científicas son sólo afirmaciones científicas. Pero en el caso de la teoría de sistemas, se refieren al mundo real. El concepto de sistema designa lo que en verdad es un sistema y asume con ello la responsabilidad de probar sus afirmaciones frente a la realidad.

No se puede exagerar, en conclusión, la gran relevancia que el “cambio de paradigma” en

la teoría de sistemas, así como su epistemología constructivista, poseen para la teoría de Luhmann. Pero nos equivocaríamos gravemente si pensáramos que se trata de una mera extensión de estas teorías a problemáticas sociales (como de hecho, ya lo han intentado varios representantes de esta escuela). La pretensión de nuestro autor es hacer su propia contribución a estos desarrollos teóricos y, lejos de limitarse a aplicar lo que otros han elaborado, entabla un constante debate e incluso plantea importantes críticas a algunos de sus predecesores.

En este sentido, así como se han realizado aportes a la teoría del conocimiento desde la cibernética y desde la biología, de igual, o incluso de mayor relevancia, es la elaboración de una sociología del conocimiento. De hecho, se trata de una tarea de clarísima pertinencia dado que, de acuerdo con Luhmann, el conocimiento solo puede entenderse como operación de sistemas sociales, algo que ninguno de los trabajos anteriores ha logrado abordar con la debida profundidad.

Sería deseable, nos dice Luhmann, que la sociología pudiera alimentarse de los estimulantes aportes de la teoría de sistemas y, a su vez, contribuyera al debate con

desarrollos propios. Sin embargo, la tradición de la teoría sociológica, “adherida al

prototipo de los clásicos y aficionada a reverenciar el pluralismo” , carece de competencia

teórica para asimilar una epistemología como la que plantea el constructivismo y participar en estas investigaciones como lo han hecho otras disciplinas científicas:

La sociología no sólo ha quedado excluida como investigación cooperante, sino también se ha mostrado incapaz de aprender en este contexto interdisciplinario. Como carece de preparativos propios de una teoría fundamental, ya ni siquiera es capaz de observar lo que

está ocurriendo. Se ha quedado entretenida con datos autoproducidos y, respecto de la teoría, con clásicos autocreados.

La condición ineludible para elaborar la teoría sociológica sistémica y constructivista que Luhmann tiene en mente es el rompimiento radical con lo que él denomina tradición vétero-europea, en la que se fundamentan tanto la epistemología como la sociología convencionales. Para decirlo de manera breve, se trata de renunciar a una tradición teórica centrada en los conceptos de sujeto y de ser humano, y remplazarla con una teoría sistema/entorno en la que los sistemas sociales se diferencien claramente de otros sistemas (particularmente, de las conciencias y de los cuerpos), de modo que sea posible la introducción en la corriente interdisciplinaria de la teoría de sistemas, y a la vez se mantenga claramente delimitado el ámbito sociológico.

De esta manera, la teoría sociológica que construye Luhmann bajo la influencia de la teoría de sistemas no implica ni una perspectiva holística, ni un reduccionismo mecánico, biológico, ni de ningún otro tipo. El nivel de abstracción de la teoría de sistemas facilita la aplicación de determinados conceptos generales a sistemas de diversa índole, sin importar en qué ámbito específico se elaboraron originalmente dichos conceptos (es lo que ocurre, por ejemplo, con la idea de autopoiesis —a pesar de la protesta de sus creadores), con lo cual se hace posible la cooperación interdisciplinaria. Al mismo tiempo, esta teoría permite destacar de manera rigurosa las diferencias entre distintos tipos de sistemas, lo cual asegura que las disciplinas mantengan su ámbito delimitado de estudio y no caigan en el reduccionismo.