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Isabel: la revolución de las apariencias.

In document La Señora: entre el drama y la historia (página 181-200)

SEGUNDA PARTE EL MICROCOSMOS DE LA SEÑORA.

Capítulo 8. La creación de los personajes: los habitantes.

8.5. Isabel: la revolución de las apariencias.

Isabelita Méndez –nombre de soltera de la señora de Viana- es uno de los primeros personajes que aparece en pantalla: en la fiesta de presentación de Victoria, una joven vestida elegantemente y de acuerdo a la moda, habla de la anfitriona tapándose la boca con un abanico.

AMIGA: Me ha dicho mi madre que Victoria también lleva falda corta. ISABEL: No me lo puedo crear. Espero que venga de largo.

AMIGA: Seguro que ha sido ella la que ha pedido está orquesta. ISABEL: ¡Ay!252

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Este comportamiento permite caracterizar rápidamente al personaje: es una mujer vanidosa y superficial, preocupada en exceso por las apariencias y por el qué dirán. Siente una profunda envidia hacia Victoria: la hija de Ricardo Márquez no sólo es admirada en la comunidad por su belleza y discreción, sino que además es evidente que Hugo de Viana está interesado en ella253

. Además, el uso del diminutivo, en los primeros capítulos, para referirse a Isabel dota al personaje de cierto grado de inmadurez. En definitiva, la joven se ajusta al prototipo de la provinciana: mojigata y muy atenta a los convencionalismos sociales.

El objetivo dramático de Isabel es realizarse a través del amor. Como se ha comentado en el caso de otros personajes femeninos, se identifica la relación de pareja como la mayor satisfacción del individuo, equivale a la consecución de la felicidad y a la obtención de una vida plena. De acuerdo a las normas sociales de la época, Isabelita Méndez debe casarse con un hombre de parecida posición y nivel económico; el elegido, el interés romántico de Isabel, es Hugo de Viana, heredero de los astilleros de la zona. Todos los obstáculos que el personaje debe superar para alcanzar su meta derivan del carácter, de los sentimientos o del comportamiento de Hugo.

Durante la primera temporada, la principal dificultad es que Hugo está enamorado de Victoria Márquez. A esto se suma, su alistamiento en el Ejército y su relación y posterior enemistad con Gonzalo. Paradójicamente, este cúmulo de circunstancias propicia que Isabel y Hugo se casen254

.

Como la mayoría de mujeres a principios de siglo, Isabel ha sido educada en los valores tradicionales y se espera de ella que sea una buena madre y esposa ejemplar: dispuesta a realizar los deseos de su marido, solícita y respetuosa. Las virtudes de la esposa ideal se enuncian en el diálogo que Hugo e Isabel mantienen antes de la petición de mano:

HUGO: Una mujer como es debido no haría sufrir a un hombre, ¿verdad?

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Esta idea se traduce en pantalla a través de los comentarios y actitudes de Isabel hacia Victoria: desea tener vestidos como los suyos, aparenta ser su amiga para conocer –y, así, criticar- sus gustos o su forma de vida, etc. Destaca la escena en la que Vicenta –el ama de llaves- regaña a una criada por haber aceptado dinero de Isabel a cambio de contarle si Hugo corteja a Victoria. El ama de llaves se refiere a Isabel en estos términos: “¡Has aceptado el dinero de esa cotilla a cambio de contarle intimidades de esta casa!” (Cap. 7).

254

Hugo llega a proponer matrimonio a Victoria (Cap. 3), pero, ante su negativa, decide alistarse en el Ejército (Cap. 8). Una vez ha regresado, se entera de que la joven se ha prometido al Marqués –ahora convertido en uno de sus mayores enemigos-, intenta impedir la boda y frustrado, agrede sexualmente a Victoria (Cap. 10). Las tensas relaciones con el Marqués son, a partir de ese momento, imposibles. En estas circunstancias, Isabel, que ama incondicionalmente, a Hugo se presenta como la única alternativa factible.

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ISABEL: Por supuesto que no. Le trataría con debido respeto y no haría nada que pudiese ofenderle. Es lo que todo hombre necesita: tranquilidad, cariño, cuidados. Es lo que tú necesitas

HUGO: Isabelita, ¿te quieres casar conmigo?255

La sumisión de la mujer al hombre es ratificada por la autoridad de la Iglesia; así, don Enrique aconseja a Isabel que transija con las frecuentes visitas de su marido al burdel y que no desatienda sus deberes conyugales:

ISABEL: Estoy siempre pendiente de él. Le lleno de atenciones y de mimos... Me intereso por sus cosas y cuando veo que molesto, me callo y me voy… ya no sé que más hacer, padre… (…)

ENRIQUE: ¿Tú pones reparos a tus deberes como esposa?

ISABEL: Yo soy muy consciente de mis obligaciones como esposa, padre.

ENRIQUE: Verás hija, es que… algunos hombres son particulares en sus peticiones. La mujer debe entenderlo y tratar de complacer al esposo.

ISABEL: Si todo lo que yo hago es para complacerle.256

El personaje de Isabel se identifica con el estereotipo de la dama beata. Forma parte de las asociaciones católicas femeninas cuya actividad se centraba en el auxilio a los más necesitados como forma de caridad y piedad cristiana (organización de roperos, colectas de donativos para comprar objetos devocionales para la parroquia, etc.). Estas agrupaciones, que pretendían reforzar la moral y ética de la Iglesia tradicional frente a las consideradas peligrosas ideas de clase socialistas o al individualismo defendido por el liberalismo, han sido consideradas como germen del feminismo en España por su defensa del reconocimiento de los derechos civiles de la mujer257.

En La Señora, Isabel de Viana participa en roperos, organiza colectas para comprar objetos devocionales para la parroquia y asiste con frecuencia a las reuniones organizadas por las esposas de miembros honorables de la ciudad. Destaca la conversación que se produce en la merienda en casa del Gobernador, durante la cual se critica a Victoria por no ajustarse a lo socialmente establecido para una mujer: la joven prometida del Marqués se inmiscuye en los negocios y apoya la lucha obrera. Su falta de recato es inadmisible e injustificable.

255 Cap. 11. 256 Cap. 18. 257

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NATALIA (esposa del Gobernador): Una muchacha casadera debe ser consciente de las responsabilidades que conlleva ser la esposa de un hombre y más si es de posición como es el caso.

ISABEL: Bueno, doña Natalia, Victoria siempre se ha comportado de una forma un tanto caprichosa. Su padre era muy liberal: siempre hace lo que quiere sin importarle lo que diga la gente…

NATALIA: Eso es pecado de soberbia. Las mujeres de clase superior debemos ser el ejemplo que la sociedad y la Iglesia nos exige.258

De este modo, el personaje de Isabel se convierte en un alter ego de Victoria: la primera representa la tradición y el conservadurismo, mientras que la segunda lucha contra lo establecido, no tanto como signo de rebeldía sino en un intento de realizarse a sí misma. Victoria es una mujer avanzada que desafía las normas sociales; por el contrario, Isabel se adapta constantemente a lo que se espera de ella. La oposición entre ellas se subraya porque Hugo –aún enamorado de la heredera de los Márquez- no deja de compararlas: la nombra mientras hace el amor con su esposa, se ríe de Isabel cuando ésta trata de imitarla259, etc. Victoria es el mayor obstáculo para que el matrimonio de Isabel y Hugo funcione y eso la convierte en su enemiga.

La actitud precursora de Victoria se traduce en Isabel únicamente en su aspecto exterior; es decir, la señora de Viana se esfuerza por parecer más moderna que la Marquesa adoptando las características de las flappers260 de los años 20: se corta el pelo a

lo garçon (“como un chico”), viste prendas sueltas, aprende a conducir y a jugar al tenis. Según las palabras de Alejandro Hermosilla, primo de Hugo y Pigmalión de la joven, Isabel debe ser la más “chic” de la ciudad (Cap. 18).

El segundo objetivo de esta transformación es conseguir el amor de su esposo, lo que legitima su lucha. El desprecio de su familia política es patente: la consideran

258

Cap. 11.

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En el capítulo 17, los astilleros atraviesan una difícil situación económica e Isabel sugiere como medida visitar los astilleros: “Alguien tiene que hablar con los obreros y ponerles en su sitio”. Hugo la ridiculiza y exclama airado: “Querida, por mucho que lo intentes, nunca vas a ser como Victoria Márquez”.

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Flapper es un adjetivo de origen anglosajón relativo a la peculiar forma de vida y estética asociadas a la

mujer americana de los años 20: tras la Primera Guerra Mundial, las estadounidenses adoptaron una actitud provocadora y desafiante que imitaba comportamientos exclusivos del varón como conducir o fumar. La flapper se dejaban ver en los clubs de jazz, bailaba y se mostraba desinhibida en las relaciones sexuales.

El término como tal aparece por primera vez en la película protagonizada por Olive Thomas, The Flapper (1920).

Para profundizar sobre la implantación de este modelo en España, véase SERRANO, C. y SALAÜN, S. (ed.),

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“insufrible”261 y “estrafalaria”262, constantemente le recriminan su banalidad y su comportamiento caprichoso. La joven no consigue seducir a Hugo: el matrimonio duerme en habitaciones separadas y no mantienen relaciones sexuales263. Al contrario de lo que pudiera parecer, tal como reconoce el actor que interpreta a Hugo, Isabel no permanece por su marido por interés: simplemente es la única alternativa de acuerdo con lo socialmente correcto en la época264. El punto de inflexión en la subtrama de Isabel y Hugo se produce cuando él la impide asistir, como su esposa, a una fiesta:

HUGO: ¿No vas a decir nada en toda la noche?

ISABEL: Sólo trato de cumplir con mis obligaciones. Una de ellas, según tu, era permanecer callada. (…)

ISABEL: (agarrándole del brazo) No necesito tu permiso para ir. Soy tu mujer: podría ir a esa recepción yo misma si quisiera. Puedo hacer lo que me venga en gana sin darte la más mínima explicación como tú haces conmigo, porque si yo quiero…

HUGO: (sujetándola de la cabeza) Pero no vas a querer porque entonces sería la última vez, ¿me has entendido?265

Después de este incidente, don Álvaro, por primera y única vez se muestra comprensivo con su nuera: mientras le ofrece una copa y le enciende un cigarro, le dice que ella le “habría gustado a su difunta esposa” porque sus caracteres eran muy similares (Cap. 23). Estos gestos señalan que Álvaro es consciente del dolor que le causa su hijo.

Al final de la primera temporada, Isabel decide concentrarse en otras relaciones que, hasta ese instante, únicamente habían funcionado como válvula de escape. La confianza e intimidad creciente con Hermosilla, lleva a Isabel a tratar de establecer una relación sentimental con él: durante la conquista el espectador observa los primeros cambios en su mentalidad.

ISABEL: Me ha costado mucho, Alejandro, pero al final he entendido que mi matrimonio con Hugo es solo un pacto. Entiéndeme: a mí me encanta ser la esposa del delegado de Gobierno (mientras se sirve una cosa) pero una cosa es el fondo y otra la forma… (…) Es como jugar al tenis: tú y yo siempre jugamos el mismo día y a la misma hora, pero si un día tu no pudieses, ¿estaría mal que yo jugara con otro? Yo lo único que quiero es jugar al

261 Cap. 12. 262 Cap. 13. 263

En el capítulo 22, Isabel interpreta la falta de apetito sexual de Hugo como un signo de amor hacia Victoria. Da comienzo una acalorada discusión en la que ella le espeta: “Como no puedes estar con ella, no quieres estar con nadie más. ¡Yo soy tu mujer! ¡No ella!”.

264 “Charla de los internautas con el actor que interpreta a Hugo de Viana…”. 265

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tenis… (entrelazando sus brazos para beber) A tu salud, Alejandro (Isabel se recuesta y le muestra la pierna)266

Por otra parte, desde que el matrimonio volvió de Santander267

, ella ha recibido flores de un admirador anónimo268 que erróneamente identifica con Alejandro. Descubrir que el joven es homosexual supone un duro golpe para Isabel que, desesperada, se encamina a la playa para suicidarse. Éste justamente es el nacimiento de una nueva mujer269

: Fernando, un íntimo compañero de armas de Hugo, la rescata. Él es quien le enviaba las flores y se declara su más ferviente enamorado. Inmediatamente comienzan una relación (Cap. 26). La puritana de provincias encorsetada por las normas sociales desaparece: Isabel utiliza los subterfugios del sistema para ser feliz. En este sentido, destaca la escena en la que la señora de Viana explicita cómo ha sido educada para cumplir con su deber, es decir, para casarse y complacer a su esposo:

ISABEL: A nosotras nos han educado para hacer lo correcto: casarnos, ocuparnos de la casa, ser buenas cristianas… pero eso a veces no es suficiente. Y creo que tú lo sabes mejor que nadie. Sí, seguimos haciendo lo correcto pero eso no significa que seamos felices, aunque lo aparentemos.270

La fuerza del amor transforma a Isabel que llega a aconsejar a Victoria –su antigua némesis- que luche por su relación con Ángel:

ISABEL: ¿Por qué crees que no puedo entenderlo, Victoria? ¿Por qué la Isabelita de siempre no entendería que te habías contenido desde hacía mucho tiempo, que lo habías intentado y que habías luchado con todas tus fuerzas?271

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Cap. 24.

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En el capítulo 19, los Viana pasan una corta estancia en Santander que, en esa época, era el destino veraniego de los Reyes y, por tanto, de la nobleza y alta burguesía. Isabel se convierte en una pieza clave en este viaje puesto que, gracias a ella, Hugo puede entablar relación con empresarios dispuestos a invertir en el astillero. Para conseguir que su esposa le acompañara, Hugo se mostró muy atento y servicial (“Te he tenido descuidada últimamente pero pensé que este detalle te gustaría”) pero una vez que la pareja ha vuelto a casa, Hugo retoma su comportamiento habitual (“Ese es el problema, Isabel, que nada cambia”).

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La flor se convierte en un símbolo del amor de Isabel hacia Hugo: la toma de consciencia de la imposibilidad de este amor coincide con el hallazgo de una flor seca entre las hojas de un libro. Isabel la saca y la estruja entre sus manos destruyéndola. Inmediatamente después se sirve una copa de licor y se acuesta a fumar en el sofá (Cap. 23).

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Se debe subrayar el significado simbólico del agua como elemento del que surge un nuevo ser (bautismo cristiano, mitología pagana en torno a Venus, etc.).

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Cap. 27.

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La elipsis temporal con la que se inicia la última temporada obliga a presentar de nuevo a los personajes. La relación extramatrimonial con Fernando ha hecho madurar a Isabel: su aspecto externo evidencia un cambio interno272. Su forma de pensar es más equilibrada y su comportamiento, más sereno: no quiere renunciar a Fernando porque la hace feliz, pero es consciente de que debe mantener las apariencias:

ISABEL: Prefiero que nos veamos en casa. Cualquier sitio es mejor que este a la vista de todos.

FERNANDO: No te preocupes, desde que yo recuerdo, por esta playa, no pasa un alma en estas fechas. (…)

ISABEL: Estoy empezando a cansarme de este juego. FERNANDO: ¿Te has cansado de mí?

ISABEL: No, de ti, no.273

La amistad con Victoria se ha afianzado: la hija de los Marqueses, Aurora, la llama “tía” y las dos mujeres comparten miedos y confidencias274. Sus matrimonios parecen perfectos, pero en realidad, ambas tienen graves problemas sentimentales. Al final de la segunda temporada, tras combatir en marruecos, Hugo vuelve a la ciudad muy enamorado de su esposa y decidido a reconquistarla. Sin embargo, aparece un nuevo obstáculo en su relación: los astilleros necesitan un heredero y Hugo ha quedado impotente a causa de una herida de guerra. La solución llega de manos de Isabel que propone que adopten a un recién nacido gracias a la intermediación de las monjas. La complicidad entre el matrimonio aumenta y finalmente, Isabel decide romper con Fernando275. Es especialmente significativa la composición de la escena en la que los amantes se despiden: don Álvaro, al situarse entre ellos mientras que entrelazan sus manos, parece actuar como el oficiante de un matrimonio (Imagen 45).

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Isabel espera a Fernando en la playa en que se conocieron: viste un sobrio conjunto de traje y pantalón, se ha rizado el pelo y lleva unas gafas redondas ahumadas. Aunque los elementos, de forma individual, delatan un avanzado gusto por la moda, considerados en su totalidad, no hacen de Isabel una mujer estrafalaria. De hecho, su apariencia no difiere de la de Victoria que se muestra como el paradigma de la mujer perfecta.

273

Cap. 31.

274 Isabel le da un caramelo a la hija de Victoria mientras exclama: “¡Cómo está de grande mi princesa! ¿Has

vuelto a crecer? Mira lo que tiene para ti la tía Isabel”. En esa misma escena, la señora de Viana le cuenta a su amiga que Ángel ha regresado a la ciudad convertido en legado papal y que el Marqués tendrá que negociar con él para sacar adelante sus proyectos empresariales (Cap. 31).

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Como se explicó en el apartado dedicado al análisis de Hugo, el militar descubre la infidelidad de su mujer y de su amigo cuando estos se besan por última vez y reta a un duelo a su compañero (Cap. 37).

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Imagen 45. Final de la relación Isabel-Fernando: escenas de La señora.

Fuente: mediateca RTVE, Cap. 37

Durante la tercera temporada, se han ofrecido continuamente ejemplos del cambio en el carácter de Isabel: es una mujer íntegra, justa y leal, por ello intercede varias veces por Fernando ante Hugo276 y no duda en ayudar a Alicia –reconvertida en una digna modista- para que conozca a su hija277

. Según lo manifestado por Martha Marín, directora de peluquería y maquillaje, la joven Isabelita Méndez siempre fue así, pero su verdadera personalidad sólo aflora cuando decide enfrentarse a los dictámenes sociales para conseguir el amor de Fernando278. Es decir, como se ha comentado, las relaciones de pareja se señalan como fuente de la felicidad y de desarrollo personal.

En el último episodio, Fernando reaparece para pedirle a Isabel que abandone a su esposo y que huya con él aprovechando la inminente proclamación de la República que, sin duda, traerá consigo la aprobación del divorcio. Isabel no acepta porque, según se explicita en la biblia de la tercera temporada, ha conseguido ganarse el respeto de Hugo y ha descubierto que es “el único hombre con el que podría pasar toda una vida”279

. El personaje ha alcanzado su objetivo dramático: no sólo tiene el amor de su pareja, sino que además ha logrado crear una familia: “[Isabel y Hugo] terminan como un matrimonio

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La primera vez que Isabel interviene para salvar a Fernando se produce cuando aún son amantes. Fernando se ofrece a defender ante un tribunal a unos hombres acusados de difundir propaganda revolucionaria; Hugo, como representante del Gobierno en la región, debe elaborar una lista con afectos a la República y duda si incluir a Fernando; Isabel consigue convencer a su marido para que obvie la postura ideológica de Fernando (Cap. 32).

Posteriormente, ya en la tercera temporada, Fernando participa en la sublevación de Jaca. Otra vez, Hugo intercede para que Fernando no sea condenado a muerte a pesar de que ya conoce que ha sido amante de su esposa (Cap. 38).

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Cap. 34.

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Entrevista en profundidad realizada a Martha Marín, directora de peluquería y maquillaje (31 de marzo de 2014).

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Biblia: “La Señora”. Tercera temporada, inédita, sin paginar.

ISABEL: No sabe cuánto lamento que las cosas hayan salido así. Le echaremos de menos.

FERNANDO: Le deseo que sea muy feliz. Se lo merece. Quiero que sepa que haya donde vaya, les llevaré en mi corazón.

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perfecto, donde ninguno de los dos demanda del otro imposibles”280. Una vez más, a pesar de que las mujeres de la Señora representan el cambio y el progreso, aunque se las

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