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Juego de Ritmos.

In document La Danza Espiral (página 43-54)

La visión del mundo de la Brujería

EJERCICIO 2: Juego de Ritmos.

Cierra los ojos. Escucha los sonidos que te rodean, olvidando lo que representan. Sé consciente únicamente del vasto ritmo que crean. Incluso en la ciudad, olvida que los ruidos son coches que pasan, martillos de los obreros, pasos, gorriones, camiones y portazos: escucha únicamente el diseño intrincado y orgánico en el cual cada uno es un latido separado.

Como hemos dicho, ambos modos de percepción son valorados en el Oficio, pero se considera que la visión holística del hemisferio derecho está más en contacto con la realidad subyacente que la visión lineal del hemisferio izquierdo. Esta visión corroborada por experimentos con biofeedback, el cual proporciona a las personas información visual sobre sus procesos corporales involuntarios, permitiéndoles observar y, a la larga, controlar funciones como el latido del corazón o las ondas cerebrales. Barbara Brown, en New Mind, New Body, describe experimentos que muestran que «mucho antes del reconocimiento consciente, el cuerpo y su base subconsciente reconocen y emiten juicios sobre lo que sucede en el entorno»[33]. Los sujetos fueron observados mientras se proyectaban palabras «atrevidas» rápidamente en la pantalla demasiado brevemente como para ser reconocidas conscientemente. Su piel, el ritmo de los latidos del corazón, las ondas cerebrales y los músculos, todos mostraron reacciones a las palabras «invisibles». El subconsciente puede responder correctamente a la realidad incluso cuando la mente consciente le da una información incorrecta. En un experimento, a las personas se les dijo que se le daría una serie de descargas que variaban en intensidad. Conscientemente, percibieron que las descargas eran cada vez más débiles; en realidad, estas fueron siempre de la misma intensidad. Las reacciones de la piel demostraron que el subconsciente no había sido engañado; los monitores registraron exactamente la misma respuesta de la piel a cada descarga, incluso cuando la reacción consciente fue distinta»[34].

En la tradición de las Hadas de la brujería, la mente inconsciente se llama el Yo Más Joven; la mente consciente es el Yo Parlante.[B14] Puesto que funcionan a través de distintos modos de percepción, la comunicación entre los dos resulta difícil. Es como si hablaran lenguas distintas[A10].

Es el Yo Más Joven con el que experimenta directamente el mundo, a través de la percepción holística del hemisferio derecho. Las sensaciones, emociones, los impulsos básicos, la memoria de imágenes, la intuición y la percepción difusa son funciones del Yo Más Joven. Su comprensión verbal es limitada; se comunica a través de imágenes, emociones, sensaciones, sueños, visiones y síntomas físicos. El psicoanálisis clásico se desarrolló a partir de intentos de interpretar el discurso del Yo más Joven. La brujería no sólo interpreta, sino que nos enseña a responderle al Yo Más Joven.

El Yo Parlante organiza las impresiones del Yo Más Joven, les da nombre, las clasifica en sistemas. Como su nombre indica, funciona a través de la percepción verbal, analítica del hemisferio izquierdo. También incluye la serie de preceptos verbalmente comprendidos que nos animan a emitir juicios sobre lo que está bien y lo que está mal. El Yo Parlante habla a través de palabras, conceptos abstractos y números.

En la tradición de las Hadas, un tercer «Yo» es reconocido: el Yo Profundo o Yo Dios, que no se corresponde fácilmente con ningún concepto psicológico. El Yo Profundo es el Dios interior, la esencia fundamental y original, el espíritu que existe más allá de tiempo, espacio y materia. Es nuestro nivel más profundo de sabiduría y compasión y es concebido como masculino y como femenino, dos átomos de consciencia unidos como uno. Suele simbolizarse como dos espirales unidas, o como un signo del infinito, el 8 horizontal. En la tradición de las Hadas se le llama Dian Y Glas, el Dios Azul. El azul simboliza el espíritu; se decía que el Yo Profundo aparecía de color azul cuando se le «veía» físicamente. De acuerdo con nuestras tradiciones, los Pictos se pintaban de azul con glasto para identificarse con el Yo Profundo. «Dian» está relacionada con Diana y con Tana, el nombre de Hada de la Diosa, y también con Janicot, el nombre vasco del Dios Enastado, y con los nombres de pila Jean, Joan

y Jonet, los cuales Margaret Murray documenta como populares en las familias de brujas[35].

En el judaísmo esotérico de la Cábala, el Yo Profundo se llama Neshamah, de la raíz Shmn, «oír o escuchar»: La Neshamah es La Que Escucha, el alma que nos inspira y nos guía. En el ocultismo moderno, el Yo Profundo suele aparecer como el «Espíritu Guía», a veces de una forma dual, como en el relato de John C. Lilly de sus experiencias con el LSD en el tanque de aislamiento, donde dice haberse encontrado con dos seres serviciales: «Dicen que son mis guardianes, que han estado conmigo antes, en momentos críticos, y que en realidad están siempre conmigo, pero que normalmente no estoy en el estado necesario para percibirlos. Estoy en el estado para percibirlos cuando estoy cerca de la muerte del cuerpo. En ese estado no hay tiempo. Hay una percepción inmediata del pasado, el presente y el futuro como si estuvieran en el momento presente»[36].

Lilly está describiendo la percepción holística, del hemisferio derecho, vinculada al Yo Más Joven. La tradición de las Hadas enseña que el Yo profundo está conectado al Yo Más Joven, y no está directamente vinculado al Yo Parlante. Afortunadamente, no tenemos que estar cerca de la muerte para poder percibir al Yo Profundo, una vez que aprendemos el truco de la comunicación. No es la mente consciente, con sus conceptos abstractos, la que se comunica en realidad con Dios; es la mente inconsciente, el Yo Más Joven que responde sólo a imágenes, figuras, sensaciones, cosas tangibles.[B15] Para comunicarnos con el Yo Profundo, la Diosa / Dios Interior, recurrimos a símbolos, al arte, la poesía, la música, el mito y los actos del ritual que traducen conceptos abstractos al lenguaje del inconsciente.

El Yo Más Joven (que puede ser tan terco y obstinado como un niño de tres años muy malhumorado) no se deja impresionar por las palabras. Al igual que un nativo de Missouri, quiere que le muestren las cosas. Para despertar su interés, debemos seducirlo con imágenes bonitas y sensaciones agradables: llevarlo a cenar fuera y a bailar, por así decirlo. Únicamente de este modo podemos llegar al Yo Profundo. Por esta razón, las verdades religiosas no han sido expresadas a lo largo del tiempo como fórmulas matemáticas, sino en el arte, la música, la danza, el drama, la poesía, los cuentos y los rituales activos. Como dice Robert Graves: «La moral religiosa, en una sociedad saludable, se hace respetar mejor con tambores, la luz de la luna, el ayuno, la danza, las máscaras, las flores y la posesión divina»[37].

La brujería no tiene ningún libro sagrado. Su lealtad no es a «El Mundo» del evangelio de Juan, sino al poder de la acción simbólica que abre la percepción de luz de estrellas del Yo Más Joven y a un libre fluir de comunicación ente los tres Yos a la vez. Los mitos e historias que han llegado hasta nosotros no son un dogma que debe ser tomado literalmente, del mismo modo que no debemos tomarnos de una forma literal la afirmación de «mi amor es una rosa roja». Se trata de poesía, no de teología, y su única intención es hablarle al Yo Más Joven: en palabras de Joseph Campbell: «Tocar y estimular los centros de la vida más allá del alcance de los vocabularios de la razón y la coacción»[38].

En ocasiones, algunos aspectos de los rituales de brujería pueden parecer tontos a las personas muy serias, que no se dan cuenta de que el ritual está dirigido al Yo Más Joven. El sentido del humor, del juego, suele ser la llave para abrir los estados más profundos de la consciencia. Parte del «precio de la libertad», entonces, es la disposición a jugar, a soltar nuestra dignidad adulta, a parecer locos, a reírnos de nada. Una niña finge que es una reina, su silla se convierte en un trono. Una Bruja simula que su varita mágica tiene poder, y ésta se convierte en un canal de energía.

Ciertamente, el equilibrio es necesario. Hay una diferencia entre la magia y la psicosis, y esa diferencia reside en conservar la capacidad de dar un paso atrás, a voluntad, hacia la consciencia ordinaria, para regresar a la percepción de que, como mi profesora de educación física de la escuela solía afirmar en la cumbre de la era psicodélica: «La realidad es cuando saltas de un techo y te rompes una pierna». Las drogas pueden abrir la percepción holística del Yo Parlante: Si «jugamos» a volar en el cuerpo, podemos destrozarnos un fémur. Pero una percepción entrenada no tiene ninguna disputa con la realidad ordinaria; vuela más allá, en el espíritu, y obtiene revelaciones y percepciones que más adelante serán verificadas por el Yo Parlante.

El humor y el juego despiertan el asombro, la actitud básica que la brujería lleva al mundo. Anoche, por ejemplo, mi asamblea de brujas celebró un ritual de Víspera de Mayo, cuya acción central incluía dar vueltas a un «mayo» y trenzar en él aquellas cosas que queremos tejer en nuestras vidas.[B16] En lugar de un palo, utilizamos una cuerda central y, en lugar de lazos utilizamos tiras de hilaza de colores atados a un gancho central en el techo de la sala de reunión. Además, teníamos a once personas en el círculo. Por supuesto que sabíamos perfectamente que es imposible enrollar un mayo con un número impar de personas, pero no queríamos dejar a nadie fuera. De modo que, con un absoluto desprecio a la realidad ordinaria, seguimos adelante.

Para empezar, el resultado fue el caos y la confusión. Todo el mundo reía mientras no movíamos hacia adentro y hacia afuera, creando un enmarañado nudo de hilaza. Era difícilmente una escena de poder místico; un mago ritual se hubiera puesto blanco y hubiera entregado su vara en el acto. Pero algo extraño empezó a ocurrir mientras continuábamos. La risa empezó a crear una atmósfera extraña, como si la realidad estuviese desapareciendo. No existía nada, excepto la interacción de las cuerdas coloreadas y los cuerpos en movimiento. Las sonrisas en los rostros que aparecían y desaparecían de mi vista empezaron a semejarse a las sonrisas secretas de las estatuas griegas arcaicas, haciendo alusión a los Misterios más elevados y festivos. Empezamos a cantar, nos movimos en ritmo y en un diseño que se convirtió en una danza: algo que jamás hubiéramos podido diseñar o trazar racionalmente; era un diseño con un elemento adicional que siempre, e inevitablemente, resultaría imposible de explicar. El enredo de hilaza se resolvió en una cuerda intrincadamente tejida. La canción se convirtió en un canto; la habitación resplandecía y la cuerda pulsaba con poder como un ser vivo, como un cordón umbilical que nos conectaba con todo lo que es interior y más allá. Finalmente, el canto alcanzó su punto más alto y murió; nosotros caímos en un trance. Cuando despertamos, todos juntos, en el mismo momento, nos miramos maravillados.

El mito de la Creación que encabeza este capítulo expresa claramente la actitud de maravilla hacia el mundo, que es divino, y hacía lo divino, que es el mundo[A11]. [B17]

Al principio, la Diosa es el Todo, virgen, que quiere decir completa en Sí Misma. Aunque Ella sea llamada Diosa, podría ser llamada, con la misma facilidad, Dios: el sexo todavía no ha empezado a existir. Todavía no hay separación, no hay división, no hay nada, excepto la unidad original. Sin embargo, la naturaleza femenina del fundamento del ser es enfatizada porque el proceso de creación que está a punto de ocurrir es un proceso de nacimiento. El mundo nace, no es creado, y no se le ordena existir.

La Diosa ve su reflejo en el espejo curvado del espacio, que podría ser una comprensión mágica de la forma del universo, el espacio curvado de la física moderna. El espejo es un antiguo atributo de la

Diosa, según Robert Graves, en su aspecto como «la antigua Diosa del Mar pagana Marian… Miriam, Mariamne (Cordero Marino), Myrrhine, Myrtea, Myrrha, María, o Marina, patrona de poetas y amantes y madre orgullosa del Arquero del Amor… Un disfraz conocido de esta misma Marian es la doncella alegre, que es como antes de llamaba a la sirena. La figura convencional de la sirena (una mujer hermosa con un espejo redondo, un peine de oro y cola de pescado) expresa „la Diosa del Amor surge del Mar‟. Todo iniciado en los misterios eleusinos, que eran de origen pelasgo (el pueblo indígena, matrifocal de Grecia), pasaba por un rito de amor con su representante después de tomar un baño en la caldera…El espejo también formaba parte del mobiliario sagrado de los Misterios y probablemente representaba el «Conócete a ti mismo»[39]. A la misma sirena/madre oceánica se la llama Yemayá en África occidental e Iamanja en Brasil.

El agua es el espejo original; la imagen transmitida es también la de la luna flotando sobre el oscuro mar, contemplando su reflejo en las olas. Un débil eco puede oírse en la apertura del Génesis: «La Tierra no estaba formada y estaba vacía, y el espíritu de Dios aleteaba sobre las aguas».

Pero hay otro aspecto más del espejo: Una imagen reflejada es una imagen invertida; la misma, pero contraria; la polaridad inversa. La imagen expresa la paradoja: Todas las cosas son una, pero cada cosa está separada, es individual, única. Las religiones occidentales enfatizan la individualidad y tienden a ver el mundo como algo compuesto de cosas fijas y separadas. La visión occidental tiene a animar el esfuerzo individual y la implicación individual en el mundo; la visión oriental anima al retiro, a la contemplación y la compasión. La brujería se atiene a la verdad de la paradoja y considera a cada visión como igualmente válida. Ambas se reflejan y se complementan mutuamente; no se contradicen. El mundo de cosas separadas es el relejo del Uno; el Uno es el reflejo de la miríada de cosas separadas que hay en el mundo. Todos somos «remolinos» de la misma energía y, sin embargo, cada remolino es único en su propia forma y diseño.

La Diosa se enamora de Sí Misma, provocando su propia emanación, la cual adquiere vida propia. El amor del yo por el yo es la fuerza creativa del universo. El deseo es la principal energía, y esa energía es erótica; la atracción del amante al amado, del planeta a la estrella, el deseo del electrón por el protón. El amor es el pegamento que mantiene unido al mundo.

El eros ciego, sin embargo, se convierte en amor[40], en un amor que, en la terminología de Joseph Campbell, es personal, dirigido a un individuo, en lugar de ser la caridad universal, asexuada de ágape, o un deseo sexual indiscriminado. El reflejo de la Diosa se hace cargo de su ser y recibe un nombre. El amor no es sólo la fuerza energetizadora, sino también un fuerza individualizadora. Elimina la separación y, sin embargo, crea individualidad. Se trata, una vez más, de la paradoja original.

Miria, «La Maravillosa», es, por supuesto, Marian-Miriam-Mariamne, quien también es Mari, el aspecto de la luna llena de la Diosa en la tradición de las Hadas. El sentido de asombro, de alegría y de deleite en el mundo natural es la esencia de la brujería. El mundo no es una creación imperfecta, no es algo de lo que debamos escapar, ni que necesite ser salvado o redimido. Como quiera que se muestre día a día, debido a la naturaleza de su ser más profundo, nos llena de asombro.

El éxtasis divino se convierte en la fuente de la creación, y la creación es un proceso orgásmico. El éxtasis está en el corazón de la brujería: en el ritual, le damos la vuelta a la paradoja y nos convertimos en la Diosa, participando de la vibrante dicha original de la unión. «La característica fundamental del chamanismo es el éxtasis», según Mircea Eliade, y aunque él interpreta ese estado de una forma un tanto estrecha como «el alma renunciando al cuerpo», admite que «probablemente, la experiencia extática

coexiste, en muchos aspectos, con la condición humana, en el sentido de que es una parte integral de lo que se llama el hombre tomando consciencia de su manera específica de estar en el mundo. El chamanismo no es sólo una técnica de éxtasis; su teología y su filosofía dependen, finalmente, del valor espiritual que se le atribuya al éxtasis»[41]. La brujería es una religión chamanística, y el valor espiritual que se le otorga al éxtasis es uno muy elevado. Es la fuente de la unión, la sanación, la inspiración creativa y la comunión con lo divino, tanto si se encuentra en el centro del círculo en una asamblea de Brujas, como si se encuentra en la cama del ser amado, o en medio del bosque, en el asombro y la maravilla ante la belleza del mundo natural.

El éxtasis produce armonía, la «música de las esferas». La música es una expresión simbólica de la vibración que es una cualidad de todos los seres. Los físicos nos informan que los átomos y las moléculas de todas las cosas, desde un gas inestable hasta el Peñón de Gibraltar, están en continuo movimiento. En la base de dicho movimiento hay un orden, una armonía que es inherente al ser. La materia canta, por su propia naturaleza.

La canción es transportada en unas ondas que se convierten en esferas. Son las ondas del orgasmo, ondas de luz, olas del mar, electrones pulsantes, ondas de sonido. Las ondas forman esferas como gases provenientes de las estrellas, que giran confusamente. Una percepción básica de la brujería es que la energía, tanto si es física, psíquica o emocional, se mueve en ondas, en ciclos que son, en sí mismos, espirales. (Una manera fácil de visualizar esto es tomar prestado un juguete «Slinky» de un niño: una espiral enroscada de un metal muy fino. Cuando se estiran y se ven de lado, las espirales aparecen muy claramente como formas de olas).

La Diosa se hincha de amor y da a luz a una lluvia de espíritus brillantes, una lluvia que despierta consciencias en el mundo como la humedad despierta el crecimiento de las plantas en la tierra. La lluvia es la fructificante sangre menstrual, la sangre de la luna que nutre a la vida, así como las aguas que brotan anunciando el nacimiento, la entrega extática de vida.

El movimiento, la vibración, se vuelve tan enorme que Miria es arrastrada. A medida que Ella se va alejando cada vez más del punto de unión, deviene más polarizada, más diferenciada, más masculina. La Diosa se ha proyectado; su Yo proyectado se convierte en el Otro, su opuesto, que anhela eternamente la reunión. La diferencia despierta el deseo, el cual tira en dirección contraria a la fuerza centrífuga de la proyección. El campo energético del cosmos se polariza; se convierte en un conductor de fuerzas

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