VIII—EL ALMA DE LA KABALA
XVI. JUSTICIA Y MISERICORDIA
No entres en juicio con nosotros, porque en tu presencia nadie quedará justificado.
¿Cuándo asciende el discípulo a Maestro? Cuando ya ha aprendido todas las lecciones que le puede enseñar el mundo. ¿Y como ha de aprenderlas? Sometiéndose a todas las experiencias propias de la vida terrena sin repulsión cuando penosas y sin atracción, cuando placenteras,
De esta suerte, tomando las cosas tal como son y dejando que nos alecciones, se acorta el periodo de discipulado y entra en las etapas superiores del sendero mucho mas pronto que si no hubiese dominado austeramente su naturaleza inferior.
Dice un aforismo que cuando el discípulo esta pronto, aparece el Maestro.
Estar pronto el discípulo significa que ha llegado a un punto de adelantamiento en que es capaz de oír y escuchar la Voz del Silencio, porque solo puede oírse cuando el discípulo esta ya habituado a vivir y moverse y tener su ser en el silencio.
Las cuatro primeras reglas de Luz en el Sendero nos enseñan a pasar con toda seguridad por el Silencio.
Dice la regla tercera:
"Antes de que la voz pueda hablar en presencia del Maestro ha de haber perdido su poder de herir".
Refiérese de un antiguo rabino, insigne instructor de la Kábala, que sus primeras palabras, al despertar por la mariana, eran: "Padre celestial, que durante, todo este día no juzgue a mi prójimo".
A primera vista parecen estas palabras una oración impetradora de auxilio ajeno; pero en rigor tiene el mismo fundamento que la regla de Luz en el Sendero.
Cuando en la niñez orábamos según la costumbre tradicional, parecía como si el objeto de la oración fuese hacernos buenos; pero cuando ya adultos comprendimos el verdadero significado de las cosas y la finalidad de la vida humana, nos percatamos de que lo que parecían religiosas amenazas, eran en realidad afirmaciones de hechos peculiares de la naturaleza de las cosas.
Cuando el maestro Hilarión dicto a Mabel Collins la antedicha regla, no quiso darnos un consejo acompañado de una promesa, o sea que si fuéramos buenos nos escucharían los Maestros, ni tampoco tenia este significado la citada oración del rabino, sino que la idea de ambos era la eterna ley de que en cada piano o mundo el individuo ha de procurar cl mejoramiento de la especie.
Vemos que esta ley rige en los mundos mineral, vegetal y animal; pero generalmente escapa a nuestra atención que también rige en el reino humano.
La naturaleza, en sus vastos dominios, se vale de los individuos para el adelanto de las colectividades. El propósito de la naturaleza es el incesante progreso, y en el mundo físico lo realiza haciendo a cada hombre el guarda de su hermano. El sentimiento de repulsión ante un acto injusto o indelicado es una salvaguarda contra la comisión del mismo acto por nuestra parte.
Nos ha puesto la ley en donde estamos, para eliminar la posibilidad de las malas acciones; pero hay varios medios de lograr este fin. La corrección es uno y la enseñanza otro. En el piano mental inferior, la reacción es tan rápida y violenta, que afecta por igual al dañador y al dañado; pero en el piano mental superior y en los allende este, donde la conciencia espiritual esta despierta, la reacción es de índole reflexiva y deliberada v puede elegir el modo de responder a cualquier acción discordante.
Los sabios e instructores de la antigüedad conocían este principio; pero el ciclo de evolución no admitió que se aplicara universalmente.
Sin embargo, vemos que en el siglo actual va infiltrándose lentamente en le conciencia colectiva, y hasta en las cárceles y presidios predomina la idea de corregir mas bien que castigar a los delincuentes.
Como estudiantes de la religión de sabiduría, comprendemos que todas estas cosas del mundo externo han de tener exacta correspondencia en el interior de la colectiva vida del espíritu, de la que nuestra organización social es una temporánea y transitoria expresión.
Vemos que la naturaleza se vale de los individuos como de instrumentos para llevar a cabo sus mandatos, y al hacerlo así retina a la par el instrumento y los materiales.
En el piano en que actúan los Maestros no caben violencias ni nada que se le parezca. La corrección se efectúa tan solo por medio de amo-rosas enseñanzas; y como quiera, que la Sociedad Teosófica es por decirlo así el plantel o escuela preparatoria de futuros discípulos, quienes la celan consideran necesario comunicarnos de cuando en cuando alguna de las reglas que gobiernan la vida en los planos superiores.
Luz en el Sendero, es una de dichas comunicaciones, y la regla que estamos considerando sirve para ordenar las relaciones entre individuos que aspiran a seguir las huellas de los Maestros que aprendieron todas las lecciones en pasados ciclos de evolución.
Aparte de la reacción contra el mal, que toma la positiva modalidad de castigo, hay otro mas fino y sutil modo de reacción, que es la censura o el enjuiciamiento; y para que la palabra pierda el poder de herir, debemos abstenernos de criticar y juzgar al prójimo, como ya va desapareciendo de la sociedad el antiguo y brutal sistema penitenciario. Ha de cambiar nuestra manera de ver las cosas, y para los estudiantes de Teosofía debe de ser este cambio mucho mas fácil que para los desconocedores de la antigua sabiduría.
Quienes sabemos que la vida personal es ilusoria y su objeto desenvolver la gradual manifestación del ego, no podemos menos de advertir que la propensión a molestar, herir y dañar de pensamiento, palabra y obra, es uno de los engaños del mundo externo, que antecede al despertar de nuestro verdadero ser. La naturaleza inferior nos mueve a resentirnos de la injuria y repeler al injuriador; pero nuestro verdadero ser no conoce el resentimiento y esta libre de repulsión.
En el porvenir será tan difícil criticar un vicio moral como hoy lo es criticar un defecto físico. Ya los niños bien educados no se burlan de un cojo, un tuerto, un manco o un ciego ni se mofan de los sordomudos; y si todavía el delito, crimen o vicio del prójimo despierta en nosotros sentimientos distintos del amor y compasión, es porque aun no estamos bien educados espiritualmente.
Cuando llegue la humanidad a la sexta raza raíz, probablemente habrá hospitales para los delincuentes y sanatorios para los viciosos, donde se les tratará con la misma solicitud con que ahora tratamos las enfermedades del cuerpo. Para predisponernos a esta etapa se nos ha dado Lux en el Sendero.
"Antes de que la voz pueda hablar en presencia de los Maestros debe haber perdido el poder de herir". Cumplir plenamente esta regla equivale a estar libre de la tiranía de la naturaleza inferior, y en vez de ser * .conscientes instrumentos de castigo y .dolor, seremos instructores y médicos que ejerzan la misericordia en vez de la justicia.
Cuando hemos de obrar nos pone la ley a prueba, y de nosotros de-pende que se nos abran las puertas de ulterior progreso.
La primera flaqueza que hemos de eliminar a la entrada del templo, es la propensión a juzgar y criticar al prójimo, porque es una bajeza del hombre viejo, y en el templo no caben bajezas. Por lo tanto, los insignes Maestros de la Sabiduría oculta nos aconsejan que antes de que podamos alzar la voz en su presencia debe haber perdido el poder de herir. pues mientras hiera, no podrá enseñar ni auxiliar.
Quienes deseen ser auxiliadores de la humanidad no han de erigirse en jueces, y por esto el antiguo rabino, instructor de la Kábala, rogaba cada mañana al levantarse: “Padre celestial, que durante este día no sea yo instrumento de juicio contra el prójimo".