C APÍTULO V I NTEGRACIÓN ACONTECIMENTAL , VÍA DE ACCESO AL
1. L A N OUVELLE H ISTOIRE Y EL ACONTECIMIENTO
Independientemente del énfasis y el incuestionable éxito de otras disciplinas Sociales y Humanas en la definición de un modelo de acontecimiento, como por ejemplo hizo sociología durkheimiana y su definición de la categoría de hecho social202, la historia ‐casi diríamos “naturalmente”‐ ha sido la disciplina que durante más tiempo se ha identificado con el estudio de los sucesos “de la humanidad”. Desde Heródoto y Tucídides, los historiadores han trabajado primero que nada con “hechos”. Los han compilado, han asegurado o negado relaciones entre ellos, se han esforzado por demostrar la “veracidad” de algunos y la “falsedad” de otros y los han “situado” geográfica y temporalmente. Así, la noción de acontecimiento pertenece, podríamos decir que originariamente, al marco de trabajo de la disciplina historia.
Sin embargo, la reflexión de los historiadores contemporáneos en torno su definición ‐o, en general, en torno a la de cualquiera de los términos teóricos similares: “hechos sociales”,
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Parte de este capítulo fue publicado bajo el título “Acontecimiento‐suceso y singularidad culturalista” en Walmott Borges A. y Pinto Coelho, S. de O. (coord..) Interconstitucionalidade e Interdisciplinaridade:
Desafios, âmbitos e níveis de interação no mundo global, Uberlandia, Minas Gerais: Laboratório
Americano de Estudos Constitucionais Comparado (LAECC), 2015, pp. 443‐467. Aquí presentamos una versión ampliada y corregida.
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“fenómeno”, etc.‐ ha sido relativamente poca y ha estado muy restringida a ciertos períodos del debate historiográfico. Este poco interés podría resultar alarmante, si no fuera porque, definida casi siempre como práctica – como “oficio” diría Marc Bloch203‐ los historiadores han tenido siempre más intereses en “escribir” la historia que en “pensarla”204. De hecho, no pocas
veces se ha notado cierto rechazo a detenerse en reflexiones epistemológicas y cierta desconfianza respecto a disciplinas que, como la filosofía, son sospechosas de imponer contenidos metafísicos y teleologías invasivas al conocimiento empírico.
Ahora bien, esta falta de reflexiones teórica, tampoco debe llevar a pensar que la Historia ha estado exenta de debates sobre qué entender por acontecimiento o sobre cuál es su importancia en el cuadro general de la disciplina. Es fácil observar que, cuando estos debates se han producido, han tenido un gran impacto en el resto de las disciplinas sociales. De hecho, en el caso de los cambios en la noción de acontecimiento ocurridos durante la segunda mitad el siglo XX –a los que ya nos hemos referido en el capítulo anterior‐, éstos tiene en el debate historiográfico uno de sus desarrollos más interesantes. Sus fuentes se remontan a los muy conocidos debates de la historiografía francesa de principios del del siglo XX, marcados sobre todo –aunque no únicamente205‐ por el surgimiento de la revista Annales206 y a las
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Bloch, M. Apología para la historia, o, El oficio de historiador. México: Fondo de Cultura Económica, 2002 [1949]
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Por un lado, intuitivamente el historiador “capta” y “sabe” de antemano que ciertos hechos son necesariamente más importantes que otros. En segundo lugar confía en que sea la propia lógica del relato –implícita en la explicación que va componiendo‐ la orden los acontecimientos más importantes y establezca la magnitud de sus impactos. Cf.: (Sahlins, M. “The Return of the Event, Again” en Culture in
practice: selected essays. New York : Zone books, 2000 [1991]; Ricoeur, P. Tiempo y narración. México:
Siglo XXI, 1995 y Sewell Jr., W. H. Logics of history: social theory and social transformation. Chicago: University of Chicago Press, cop., 2005.)
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Otros modelos historiográficos también agregaron su punto de incomodidad con las escuela
metodológicas de la III República (E.g.: Bourdeau, Louis. L'histoire et les historiens; essai critique sur l'histoire considérée comme science positive. Paris: F. Alcan, 1888)
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El nombre completo original de la revista fue Annales d’histoire économique et sociale (1929), más tarde renombrada como Annales. Économies, Sociétés, Civilisations (1946) y posteriormente Annales.
Histoire, Sciences Sociales (1994). La llamada Escuela de los Annales está obviamente centrada en la
revista, pero también ha sido importante su consagración institucional en la VI section de l'École
pratique des hautes études,‐más tarde convertida en la École des hautes études en sciences sociales
contradicciones que produjo su progresivo éxito hasta convertirse en una de las escuelas de referencia obligada y en uno de los hitos más importantes de las ciencias sociales en todo el mundo.
Desde su fundación, la revista estuvo interesada en la revisión del papel del acontecimiento histórico, en especial desde el punto de vista de su relación con el estudio de los fenómenos sociales. A partir de su disconformidad con los límites que imponía la dependencia del documento escrito, intentaron diferenciar una “nueva historia”, alejada y enfrentada a otra antigua, a la cual se referían como “historia narrativa” o “historia crónica” 207 por considerar
que se restringía a la compilación de sucesos o al relato lineal de lo que sucedió – tentativamente sin interpretaciones. En lugar de ello proponían una historia que buscase aclarar la lógica de los procesos históricos más generales, imperceptibles en el nivel del acontecimiento pero de mayor influencia en el cambio social208.
En poco menos de medio siglo dos generaciones de historiadores de Annales llevaron esta propuesta hasta los principales espacios de producción historiográfica e hicieron de la explicación del cambio social una explicación basa en la descripción de estructuras y procesos subterráneos. Con la nueva tendencia provocaron que la historia se alejase más de las descripciones de los grandes hechos políticos y militares y del énfasis en el estudio de la vida de los grandes personajes de las naciones. Con ello, de paso, dejaron también de lado la centralidad del tándem acontecimiento‐documento en la definición de la objetividad histórica. Tanto fue así que durante los años cincuenta, el estudio de estos procesos de larga duración – como lo llamó el segundo director de Annales, Ferdinand Braudel‐ llegó a ocupar casi en exclusivo el primer plano de los saberes sociales, en una tendencia a la “sociologización” del
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Los historiadores de Annales, han sido los que más tiempo han dedicado a la cuestión, precisamente porque han sido los que más se han esforzado en separar una “Nueva Historia” de la llamada “historia narrativa”, “historia crónica” o en general de la historia orientada al relato de los hechos (Sahlins, M. “The Return of the Event, Again” en Culture in practice: selected essays. New York : Zone books, 2000 [1991]. p. 294). 208 O sea, el modelo que nosotros hemos tratado detenidamente en el capítulo anterior y que en 1929 todavía conservaba una fuerte presencia en los espacios institucionales de la III República francesa. Al respecto.
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saber a la que, paradójicamente, quienes más contribuyeron fueron los historiadores. Las críticas de la noción de acontecimiento que acompañaron la nueva tendencia, condujeron prácticamente a la expulsión del término del panorama académico francés y se insistió sobremanera en su imposibilidad y en la supuesta inutilidad de detenerse en los pequeños detalles de lo sucedido209.
Desde el inicio se trató de un choque entre dos modelos, dos maneras de entender la Historia y de explicar los cambios en la sociedad. Dos alternativas completamente opuestas, basadas en una contraposición igual de radical alrededor de la noción de acontecimiento y de su importancia para la explicación histórica.
Sin embargo, en su momento de mayor auge –década del cincuenta aproximadamente210‐ el mismo “éxito” de la escuela mostró también su mayor contrasentido: la imposibilidad de una historia sin acontecimientos211. La incomodidad que ello generó ‐en una disciplina que aún bajo la influencia del paradigma sociológico, siempre fue adicta a la diacronoia‐ abrió la puerta a la reaparición del término acontecimiento durante la década de los años sesenta, esta vez desde al abrigo de una nueva aspiración teórica: dar cuenta de la singularidad y la diferencia212.
La redefinición de la categoría hecho –como retour de l’evenement ‐, sin dudas, refrescó el problema de la referencia común de las disciplinas sociales al hecho social y actualizó la manera de plantear el problema de la unidad de las ciencias sociales y las humanidades. En lo adelante mostraremos en qué sentido esta noción de acontecimiento se adaptada mejor y
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Braudel, F. “La larga duración” en La historia y las ciencias sociales. Alianza Editorial, Madrid, 1990. pp. 60‐106 [1958].
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Ello tomando en cuenta la publicación (1949) y la acogida posterior del texto más conocido de la llamada segunda generación de Annales: Braudel, F. El mediterráneo y el mundo mediterráneo en la
época de Felipe II . Madrid: Fondo de Cultura Económica, 1976.
211
Ricoeur, P. Tiempo y narración. México: Siglo XXI, 1995. pp. 179‐ 185 y pp. 335‐353.
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tiene mayores potencialidades en el estudio de los problemas contemporáneos de la comprensión política.