LAS DISPUTAS POR LOS TRABAJADORES
2. La acción sindical: potencia y obstáculos
Desde las páginas de los periódicos analizados, percibimos que el anarquismo no se limitó simplemente a identificar unos cuantos y particulares actores. También mostró que los intereses de estos actores residían en admitir la propuesta política, de lucha y de resistencia que ellos habían sostenido. Repitieron constantemente el argumento que habían desarrollado: si el movimiento obrero pretende sobrevivir frente al avance del Estado peronista y del fascismo sobre él, entonces deben construir sus estrategias de la mano del movimiento y las ideas libertarios.
El anarquismo realiza el llamado a los obreros se realiza en clave de “resistencia constructiva”, lo que implica firmeza frente a la estatización de sus sindicatos por medio del trabajo ideológico, doctrinario-moral y orgánico:
“Para reconstruir el movimiento obrero hace falta un largo y paciente trabajo de esclarecimiento y de creación militante, partiendo de la base más humilde. Hay que llevar, como hicieron nuestros precursores, el viento de las ideas al taller, a la fábrica, al sindicato obrero, por pequeño e incipiente que él sea. Las hábiles combinaciones burocráticas no dan más que victorias aparentes
297
Queirolo, Graciela (2010) “Las mujeres y los niños en el mercado de trabajo urbano (Buenos Aires, 1890-1940)”, en Recalde, Héctor (comp.). Señoras, Universitarias y Mujeres (1910-2010). La Cuestión Femenina entre el Centenario y el Bicentenario de la Revolución de Mayo. Granada: Grupo Editor Universitario.
(…)”.298
Por otra parte, Acción Libertaria también apela al espíritu de lucha y de resistencia que históricamente ha caracterizado al movimiento obrero como último refugio frente al avance del estatismo en los sindicatos y en las organizaciones sociales en general. “En esos núcleos obreros, en los millares de trabajadores conscientes, obligadamente afiliados a la CGT, se halla el punto de partida y la esperanza de superación del movimiento obrero y la reconquista de las libertades públicas y las libertades sindicales”.299
De todas formas, reconocen que la adhesión obrera al peronismo no se da solamente por la coacción, sino por medios demagógicos como son los aumentos de sueldos, las mejoras en las condiciones laborales, pero fundamentalmente por medio de la corrupción de los dirigentes sindicales.300 Los colectivos libertarios no refieren la posibilidad de que la adhesión de los sectores populares al peronismo pueda tener un componente “emocional” o que escape a las acciones dirigidas por parte del Estado para cooptarlos.
En este punto, el anarquismo se asemejaba más a las críticas que provenían desde el socialismo y se diferenciaba de las del comunismo. En todo caso, coacción, demagogia y corrupción formaban parte de una misma perspectiva en la que se desconocían razones fundadas en el apoyo de los obreros a Perón, y en el que se sostenía, como hacía Américo Ghioldi en 1952: “basta conocer el proceso de centralización y de engaño operado en la Argentina para reducir a sus justas y reales proporciones la llamada <obra social>”.301 En esa lógica, la misma defensa de obtención de mejoras quedaba sospechada de connivencia con el perontotalitarismo, tal lo definía Ghioldi, quien además concluía:
“Se intenta justificar este régimen de iniquidad, preguntándose si no deja alguna obra social realizada ¿Es que acaso es permitido a nadie ni a ningún poder derogar o dar vacaciones a la legalidad
298
“Reconstruir el movimiento obrero”, Reconstruir, Nº 1, junio de 1946. Pág. 6
299
“Espíritu de la lucha y resistencia obrera”, A.L. Nº 112, febrero de 1949. Pág. 6.
300
“Salvemos al movimiento obrero de la muerte por corrupción”, A. L., Nº 98, Mayo de 1947.
301
Ghioldi, Américo (1956). De la tiranía a la democracia social. Buenos Aires, Gure. Pág. 18. 331 Ibid. Pág. 21.
democrática y a la moral humana para cumplir ésta u otra presunta misión? ¡Si esto llegáramos a admitir concluiríamos por aceptar la licitud de la tiranía!”.331
De allí que tanto conservadores como Reynaldo Pastor y socialistas como el mencionado Ghioldi, no dudaran en atribuirle al peronismo, no sólo las consabidas homologaciones con el fascismo, sino también con el stalinismo302.
El PCA, por su parte, fue el único de los partidos que rápidamente comprendió las implicancias de la acción del matrimonio Perón en la clase trabajadora y asumió una postura que, aunque compleja, no se limitó a la mera oposición: apoyar lo positivo –es decir los puntos del programa peronista que eran comunes al comunismo como el antiimperialismo- y criticar lo negativo; aún a costa de que Perón fuera un anticomunista consumado que no daría lugar a este partido en su gobierno.303 El PCA alertaba insistentemente sobre las tendencias autocráticas y maniqueas aunque no dejaba de reconocer la habilidad para llegar a la ciudadanía y expresar de manera sencilla el sentir popular, algo que ni el socialismo ni el anarquismo podían aceptar y los colocó en una postura de confrontación con los que consideraba sus sujetos revolucionarios.
En líneas generales, los conflictos y huelgas obreras planteados por A.L. y Reconstruir coinciden con los enumerados por Doyon.304 Según la interpretación de esta autora, las huelgas se dan en consonancia con la ampliación de las políticas implementadas por decreto pero que aún no habían sido institucionalizadas en el medio laboral. Sin embargo, a partir de nuestras observaciones sobre la forma en que A. L. y Reconstruir conciben los conflictos, intuimos que para los anarquistas la huelga da cuenta de una oposición política al régimen. Esto indica que en la concepción anarquista las huelgas eran pensadas en correlación con una matriz político-ideológica y no solo como un reclamo sobre derechos. De esta manera podríamos matizar la propuesta de Doyon de que las huelgas del período se daban en consonancia con un proceso de negociación “pragmática” que se reducía a
302
En el caso de Ghioldi, diciendo: “En la Argentina como en Rusia, el gobierno paternalistaobrero obtiene recursos imponiendo gabelas y toda suerte de exacciones al salario de los trabajadores”. Ibid. Pág. 20.
303
Altamirano, Carlos (2001). Peronismo y cultura de izquierda. Buenos Aires, Temas.
304
Doyon, Louise (1977) “Conflictos obreros durante el régimen peronista (1946-1955)”,
Desarrollo Económico, Vol 17, Nº 67, oct-nov.
reclamos exclusivamente la de mejoras laborales y en la condición de vida de los trabajadores. Las interpretaciones libertarias nos permiten reestablecer las intenciones políticas de los trabajadores, dotándolos -a su vez- de capacidad de expresión política.305
Según los libertarios, el camino para lograr la generalización de la huelga y el enrolamiento de los obreros en las ideas y acciones libertarias estaba bloqueado por una serie de obstáculos/problemas. Uno de ellos es la corrupción, enquistada en las prácticas del movimiento obrero e introducida por la Confederación General de los Trabajadores (CGT) con anterioridad a la llegada del peronismo.306 La CGT también es visualizada como responsable del enmascaramiento y la distorsión de la “realidad” social, cooperando de esta manera con el estado peronista:
“Instrumento incondicional del gobierno, de quien reciben sus dirigentes los favores que premian a la burocracia más próxima a la pareja reinante, La C.G.T. cumple su triste y vergonzosa misión mintiendo y falseando los hechos con el descaro que cuadra a los lacayos de un régimen totalitario”.307
La historiadora Mercedes Prol asegura que la CGT es un componente indispensable para comprender de qué manera articula la participación popular en un sistema que antes que democrático y participativo, se presenta en base a alianzas corporativas:
“Se generó un proceso de creciente corporativización de la política, que tuvo como protagonistas principales, en una primera etapa, a las elites estatales y al movimiento obrero organizado, nucleado en la Confederación General del Trabajo. La Central adhirió al gobierno peronista, apoyó el curso de la política económica del mismo y se convirtió en 1951 en la tercera rama del Movimiento Peronista,
305
Por ejemplo, en un artículo aparecido en A.L., “El ideario Anarquista señala el camino para la liberación” se traza una genealogía sobre los referentes teóricos históricos del anarquismo (Malatesta, Bakunin, Fabbri, etc.) poniendo énfasis en las citas que refieren a la organización federativa como propuesta positiva del anarco comunismo frente al totalitarismo. A.L, Nº 98, mayo de 1947.
306
A.L, Nº 98, mayo de 1947.
307
“LA C.G.T mistifica la realidad argentina”, A.L. Nº 115, julio de 1949
disputando espacios de poder al Partido Peronista rama masculina y al Partido Peronista Femenino. Los lazos informales entre gobierno y CGT se desplegaron en el plano de la selección de los liderazgos dentro de la Central obrera y en algunos sindicatos”.308
En coincidencia con este análisis, percibimos en los colectivos libertarios consideraciones que se perfilan asimilables con las interpretaciones de Prol: la caracterización de este sistema “pseudo democrático” tiene en la CGT el principal aparato para su funcionamiento.309
Otros obstáculos para la implementación de esas estrategias de lucha son la falta de coordinación entre las agrupaciones obreras y sindicales que se oponen a la política oficial cuestión por la cual la resistencia y las luchas obreras no son visibles para el resto de la sociedad y la acción socavadora e interesada que ejercen los comunistas en los sindicatos siguiendo los lineamientos del gobierno ruso.310
Así, desde esta concepción, el presente-futuro del movimiento obrero está permanentemente amenazado. Al mismo tiempo, para los libertarios, la disyuntiva para los obreros es clara: o cambian de conducta y se suman a la organización anarquista (el movimiento obrero se vuelve revolucionario dejando abandonadas las prácticas que lleva delante de la mano del sindicalismo oficialista) o el triunfo del capitalismo-fascismo es inexorable. Si se opta por la primera, el anarquismo aporta con su historia de triunfos para demostrar que el cambio es posible:
“Todas las grandes revoluciones necesitaron destruir ciertos prejuicios de las masas, poniéndolas en condiciones de comprobar
308
Prol, María Mercedes (2008). “Arreglos institucionales en el régimen político del primer peronismo (1946-1955)”, en Nuevo Mundo Mundos Nuevos,
http://nuevomundo.revues.org/12592#quotation. También Del Campo, Hugo (1983).Sindicalismo y peronismo. Los comienzos de un vínculo perdurable. Buenos Aires, Clacso. Doyon, Louise (2006)
Perón y los trabajadores. Los orígenes del sindicalismo peronista, 1943-1955. Buenos Aires, Siglo XXI Editora Iberoamericana.
309
“La CGT mistifica la realidad argentina”, en A.L., Nº 115, julio de 1949.
310
Ibid. Sobre la participación del comunismo en los sindicatos y conflictos obreros durante los dos primeros gobiernos peronistas, Schiavi propone descartar las tesis que afirman la desaparición brusca del comunismo en el mundo sindical a partir de 1946. centrándose en los casos de los trabajadores textiles y metalúrgicos. Schiavi, Marcos (2012). “Los sindicatos comunistas entre el 17 de octubre y su disolución. El caso textil y metalúrgico.”, en Revista Trabajadores, Nº 3.
http://www.revistatrabajadores.com.ar/index.php/Trabajadores/article/view/21.
sus viejos errores. Nada mejor que la experiencia para demostrar una verdad discutida. Nosotros ofrecemos varias experiencias revolucionarias que demuestran la viabilidad de las de las soluciones libertarias, a pesar de haber sido parciales, de haber sido superadas por fuerzas que en nada invalidaron su razón ni pueden destruir las enseñanzas positivas que nos legaron. En todas ellas con matices distintos, fue probada la capacidad creadora del pueblo, la posibilidad de una reconstrucción social a cargo de los trabajadores mismos, basada en el verdadero socialismo, Méjico, Rusia, Baviera, Hungría y España sobre todo, han aportado esos ejemplos, escritos con la sangre de sus mejores hijos”.311
Así, con su historia de revoluciones “efectivas”, el colectivo libertario resulta indispensable para el porvenir del movimiento obrero.