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6.1.1 ¿Cuáles son los factores del pasado que determinan el paisaje actual?

6.8. La comunicación el paisaje post industrial

En este capítulo se intenta pensar maneras y formas de comunicar y expresar el valor del paisaje postindustrial. Sabemos que en el campo de la comunicación, no solo tenemos el lenguaje verbal, sino que (más aún en la actualidad), existen una amplia gama de formas y medios para transmitir una idea. Inclusive la ciudad, en su recorrido cuenta con sus códigos y mensajes que intentan comunicar y generar sensaciones. Pero no solo se debe uno preguntar como comunicamos una idea, sino además como se recepcionan esas ideas en la sociedad. Sí bien, el trabajo no se trató de un estudio sobre la comunicación, intentamos acercar algunas ideas al respecto.

Para Joan Costa (2008), a las ideas las debemos comprender como un proceso. La producción de ideas alternativas, de selección, elaboración y reelaboración. A este proceso se le llama también proyectar. Proyectar una solución para un problema, implica familiarizarse con él, examinar sus componentes, recombinarlos, jerarquizarlos y situarlos en su contexto. Si no puedo dibujarlo es que no lo entiendo, decía Einstein. Con esto, las ideas son tanto más claras cuando son más fáciles de enunciar. Y tiene su inicio (estimulado por un incidente imprevisto o por la voluntad de resolver un problema) y su fin (la solución). Toda idea tiene una finalidad: resolver un dilema, un conflicto, es decir, que tiene un propósito, lleva una función, y puede decirse legítimamente que una idea solo existe por su finalidad. Según Flusser: Los imágenes son superficies significantes. Por ello, el trabajo de la imagen y el tratamiento de cualquier pensamiento a priori a intervenir, debe tener presente saber qué se quiere comunicar (la idea) y a quienes se le va a comunicar (receptor y usuario).

Desde estas intenciones, se planteó la idea de los contra monumentos, el rol de los artistas en la calle, la participación social como las rondas de la memoria para generar una puesta en común y reconstruir escenarios pasados, los elementos urbanos, cartografía social, etc. Pero, lo que nos

parecía interesante era pensar instancias provocadoras, que vayan despertando interés en los usuarios. Pero por supuesto, que la comunicación no se centra en la mera exposición de las cosas, sino que debe pensarse de manera clara y sencilla, como así también, encontrar espacios para representarse. La dificultad de comunicar a estos espacios abandonados a las personas, en un primer término estaría sujeto al llamamiento de que están allí y que portan valores que deben ser recuperados y comprendidos. Y como venimos citando a Llorents Prats, las activaciones y la puesta en valor de los elementos postindustriales, deben surgir de la construcción social y política45. Sin

esta construcción, los objetos no pasarán a formar parte de un discurso hegemónico y perecerán en el silencio. Por lo tanto, estamos en presencia de espacios de conflicto, resistencia y negociación, que nunca son apolíticos. La ausencia de un discurso político hacia estos lugares, no son inocentes , ya que pueden articular con otros actores y orientarse a estos espacios abandonados como posibles lugares de emprendimientos privados que son ajenos a la realidad histórica primigenia. Por lo cual, la comunicación tampoco escapa del tamiz político. Podríamos hablar de un discurso oficial, nulo y oculto. Lo que se dice, lo que no se dice, y lo que se oculta. Los ecomuseos son interesantes porque plantean una mirada holística de estos lugares, tratando de enmarcar e integrar todo el espacio industrial. Pero no se debe confundir la conservación histórica y cultural con los emprendimientos privados que buscan un turismo fugaz y transitorio. Por ello la comunicación del paisaje postindustrial, también no lleva a tomar posicionamiento crítico como profesional o técnico. Y en

este caso, compartimos las ideas de los autores José María Montaner y Zaida Muxi (2011), en su

obra Arquitectura y política, en el capítulo Nuevas epistemologías para el urbanismo contemporáneo: igualdad, diversidad, participación y sostenibilidad, nos plantea y nos convocan a pensar un urbanismo alternativo. La disolución del buen urbanismo ha sido potenciada por el dominio y los intereses de la arquitectura, para la global class, basada en la promoción de los objetos autónomos y aislados, descontextualizados y ajenos a la realidad historia y social de los lugares (Montaner y Muxi, 2011). Los autores, propugnan una deconstrucción de los procesos dominantes y plantean arquitecturas y urbanismos alternativos, que celebren la diversidad e inviten a la participación social. Según ellos, este urbanismo alternativo, debería sustentarse por lo menos en cuatro ejes de transformación estrechamente vinculados: igualdad, diversidad, participación y sostenibilidad. Solá Morales (1982) suscribe que para participar en lugares que potencialmente pueden convertirse en patrimonio, debemos tener en cuenta tres elementos:

1- El caleidoscopio de imágenes que reúne indisolublemente realidad y representación, tiende a validar posiciones abiertas, multisignificativas, incluso experimentales en el tratamiento del patrimonio construido. Pero el autor, aclara que no se trata de un laissez faire, sino más

45 En 1998, la UNESCO incluye a los Altos Hornos de Volklingen (Alemania), en la lista de Patrimonio de la Humanidad. Pero no propone su restauración o reutilización, sino que financia su conservación en estado de ruina.

La identidad de la ciudad pertenece a la gente. Carlos G. Vázquez, 2002.

Para María Ángeles Durán (1998): recordar es elegir. La identidad que cada ciudad ha construido a partir de sí misma es una memoria elegida, una opción efectuada no sólo entre diferentes episodios históricos, hechos arquitectónicos, funcionalidades urbanas, grupos humanos, etc. Por lo cual, a la hora de comunicar estos espacios debemos hacerlo desde la historia y valores culturales que la forjaron.

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