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La delincuencia organizada. Conocida también como crimen organizado,

8.2» Teorías sociológicas de la delincuencia

8) La delincuencia organizada. Conocida también como crimen organizado,

este tipo de delincuencia puede combinar actividades ilícitas con actividades legales. Algunas de estas actividades se toleran socialmente porque proveen servicios a ciertos sectores de la población (tabaco, protección, prostitución, al-cohol, armas, mano de obra barata, drogas). El lavado de activos es una forma de delincuencia organizada. Los delincuentes ver esta forma de delito como un modo de vida y forman parte de grupos que tienen una organización muy compleja, con un sistema jerárquico., valores, promoción y control interno. Los puestos más bajos en la organización pueden aparecer socialmente como delin-cuentes, pero los más altos alternan con la élite de la sociedad no delincuente.

8.5. Delincuencia y violencia social en América Latina

La delincuencia y la violencia social se ha incrementado aceleradamente en las últimas dos décadas en América Latina. Enfrentamos un aumento de la violencia y de la inseguridad entre los habitantes de las grandes ciudades.

Este incremento de la delincuencia y violencia social en América Latina tienen un sustrato sociológico que no se puede pasar por alto.

El siguiente cuadro intenta identificar algunos de factores económicos y sociales que actúan como factores de riesgo que inducen al incremento de las conductas delictivas y la violencia social.

América Latina 1997: Presencia de factores de riesgo de violencia urbana

Factores de riesgo Países con alta presencia

Países con presencia media

Países con baja presencia 1. Desigualdad del ingreso urbano. Cociente entre el 10% más rico y 40% más pobre Sobre 11 veces Brasil, Colombia, Chile, Guatemala^ Panamá Entre 8 y 11 veces Argentina, Bolivia, Honduras, Nicaragua, Paraguay, República Dominicana y Venezuela Hasta 8 veces Costa Rica, Ecuador,

El Salvador, México y Uruguay 2. Pobreza en los hogares urbanos 40% y más de los hogares Bolivia, Ecuador, Guatemala, Haití, Honduras, Nicaragua, Paraguay y Venezuela 20% y 39% de los hogares Brasil, Colombia, El Salvador, México, Panamá, Perú y República Dominicana Menos del 20% de los hogares Argentina, Chile, Costa Rica y Uruguay 3. Tasas de desempleo abierto urbano Más del 10% Argentina, Colombia, Panamá, Uruguay y Venezuela Entre el 6% y 10% Brasil, Chile, Costa Rica, Ecuador, México,

Paraguay y Perú Menos del 6% Bolivia, Honduras y México 4. Porcentaje de jóvenes urbanos de 13 a 17 años que no estudian ni trabajan Sobre 15% Honduras y Uruguay Entre 8% y 15% Argentina, Brasil, Colombia, Costa Rica,

El Salvador, México, Nicaragua, Panamá, * Paraguay y Venezuela Menos de 8% Bolivia, Chile, Ecuador y República Dominicana 5. Déficit educacional: porcentaje de niños urbanos de 14 o 15 años que no han completado 6 años de

estudio

Sobre 20% Brasil y Honduras

Entre 10% y 20% Colombia, Costa Rica,

Ecuador, México, Paraguay y Venezuela Menos del 10% Argentina, Chile, Panamá y Uruguay 6. Porcentaje de jóvenes urbanos de 13 a 17 años que trabajan Sobre 15% Bolivia, Brasil, Ecuador, Honduras, México y Paraguay Entre 5 y 15% Argentina, Colombia, Costa Rica, Venezuela

y Uruguay

Hasta 5% Chile y Panamá

Fuente: CEPAL, 1999. (Tomado de Irma Amagada y Lorena Godoy, Seguridad ciudadana y violencia en

Zn América Latina, al igual que en otras latitudes, se tiende a asociar el

crecimiento de la delincuencia y la inseguridad en las ciudades, con el incremento

¿t la pobreza. Sin embargo, la violencia y la inseguridad no- dependen solo de la

pobreza. La experiencia ha demostrado que más que la pobreza, es la desigualdad, .n conjunto con otros factores sociales, culturales y psicológicos, la que genera mayor delincuencia y violencia social.

Aun cuando no se pueda sostener que lá pobreza es la principal causa de la

ielincuencia y la violencia social, tampoco se puede negar la estrecha asociación

•tntre pobreza y delincuencia. Muchas de las opiniones que se emiten atribuyendo

z la pobreza la causa fundamental de la delincuencia, se basan en el perfil délos

aprehendidos y condenados, los cuales son mayoritariamente hombres con bajos •"perfiles socioeconómicos. Sin embargo, hay que tener en cuenta que existe un reducido porcentaje de denuncias, de procesos y de condenados sobre el total de los delitos que se cometen. Se sabe que hay una gran cantidad de delitos que no son sancionados, como los económicos o la corrupción, los que son, a menudo, difíciles de probar, que involucran a grupos económicamente poderosos y que corresponderían a delincuentes con mayor nivel educacional y económico.

Existen serias dificultades para la medición de los hechos violentos en nuestros aaíses. En la mayoría de los mismos, no existe una institución nacional que recopile, sistematice y consolide este tipo de estadísticas, lo que dificulta dimensionar el problema y construir series históricas que den cuenta de la evolución del fenómeno.

En lo que respecta al registro de delitos, se cuenta con tres tipos de fuentes de información; a) policial, que registra las denuncias; b) judicial, que registra los orocesos penales, y, c) de salud, en el caso de las defunciones y lesiones. En general, estas estadísticas acusan un nivel de subregistro de algunos delitos tales como, por ejemplo, el de la violencia común, robos y hurtos y en especial el de la violencia sexual e intrafamiliar.

Para estimar los niveles de delincuencia y violencia social, se acude generalmente a las estadísticas de homicidios. Esto se hace por dos razones básicas: 1) por la gravedad del hecho, y, 2) por contar con un registro más acucioso y confiable, lo que permite la comparación temporal y entre países.

Veamos el siguiente cuadro para tener una visión de la tasa de homicidios en las diferentes regiones de América Latina:

• América Latina y el Caribe 1984-1994: Tasas de homicidio por cada 100.mil habitantes

1984 1994

Regiones Total Hombres Mujeres Total Hombres Mujeres

América Central y Caribe Latino 17.5 31.5 3.8 21.1 38.1 4.0 Área Andina 25.2 46.6 4.0 51.9 96.6 7.7 Caribe Inglés 5.2 7.6 2.8 8.7 13.1 4.2 Cono Sur 5.4 9.3 1.8 6.2 10.5 1.9 Brasil 23.2 42.4 4.0 30.1 54.8 5.2 México 18.2 33.3 3.1 19.5 34.8 3.8 Fuente: OPS, 1998

Como puede verse, las tasas de homicidios en el periodo comprendido entre 1984 y 1994 aumentaron en todas las regiones de América Latina. Las tasas más altas se registraron en el área andina, y entre los países de esta región, destaca Colombia, donde la violencia es la principal causa de muerte en el país. Las tasas más bajas se encuentran en el Caribe inglés y en los países del cono sur. Y finalmente, las tasas de homicidios son mucho más altas en los hombres que en las mujeres. Este fenómeno es de carácter universal. Debido a su estructura valórica y a otros factores de naturaleza cultural, los hombres tienden a delinquir más, y en el caso que nos ocupa, a cometer más homicidios que las mujeres. Viendo las cosas desde el ángulo de los países y no de las regiones, durante la década del 80 y la primera mitad de la década del 90, El Salvador fue el país que registró el mayor número de homicidios en América Latina. Para el año de 1995, El Salvador tuvo una tasa de homicidios de 117.0, Colombia una tasa de 65.0 y Honduras, en tercer lugar, con una tasa de 40.0 por cada 100 mil habitantes.

Echémosle un vistazo al perfil de las víctimas y agresores. Los principales involucrados en homicidios son hombres, ya sea que actúen como víctimas o agresores. Junto al sexo, la edad es un factor muy importante de considerar en el perfil de víctimas y agresores. De todos los homicidios reportados en América Latina, 28.7% se atribuye a jóvenes entre 10 y 19 años de edad. En el caso de Colombia, por ejemplo, los homicidios afectan predominantemente a hombres jóvenes entre 15 y 34 años. En 1996, el 65.2% de los homicidios correspondió a personas ubicadas entre estas edades. De hecho, el homicidio es la primera causa de muerte en los adolescentes y en los jóvenes colombianos: de los 112 mil homicidios que ocurrieron entre 1991 y 1995, 41 mil afectaron a jóvenes. En

Medellín existen cerca de 200 bandas de jóvenes entre 12 y 22 años que se enfrentan -recuentemente entre sí. Junto a ellos, existen niños de 8 a 10 años, los carritos, que "lovilizan armas para estas bandas. Hay algunas que llegan a ser muy poderosas económicamente, ya que establecen un sistema de pagos {vacunas), que deben r.acer microbuses y establecimientos comerciales en barrios populares para poder runcionar sin riesgo de ser atacados por estas bandas. En países como Honduras, Guatemala y El Salvador, se han desarrollado bandas juveniles conocidas con el nombre de niaras, que se disputan^el control de espacios territoriales, se enfrentan ;ntre sí y realizan actividades de tipo delictivo (Arriagada y Godoy, 1999). Según ^formación de la policía, existen en Honduras unos 35 mil adolescentes y jóvenes ^ue son miembros activos de las maras y unos 70,500 simpatizantes. Las maras más conocidas son la 18 y la Salvatrucha. (Véase EL H E R A L D O , 4 de julio del : 0 0 3 , p . 48)