CAPÍTULO V. La educación para la paz como eje central de la presente investigación
5.4. La educación para la paz como dimensión transversal
La Educación para la paz, que con el tiempo se ha fortalecido y prosperado enormemente, por lo que en la actualidad, y conforme a la propia evolución de esta ciencia, se considera que debe velar por la construcción de sociedades democráticas capaces de convivir, que fomenten la igualdad, la justicia, y la generosidad, y rechacen la violencia en todas sus formas (Abrego Franco, 2010).
La paz se aprende no se nace con ella. Por ello, la escuela tiene el compromiso, junto a las familias de cada uno de los educandos, además, de la sociedad, de educar en la paz y de conseguir desarrollar de manera adecuada las habilidades sociales de cada uno de ellos, con la finalidad de mejorar la convivencia, además de fomentar el diálogo para que los conflictos que se les presenten, los solucionen de manera pacífica.
Ahora bien, cuando hablamos de transversalidad nos referimos a lo ya mencionado en el capítulo II de la presente investigación, donde la finalidad principal de la educación para la
paz de forma transversal es, el de desarrollar en todas las personas el sentido por los valores universales y los tipos de comportamiento en que se basa una cultura de paz.
Educar para la paz desde la dimensión transversal implica permear a todas las áreas y/o disciplinas curriculares —tales como las matemáticas, geografía, historia, biología, etc., — tanto a los contenidos que se estudian en cada una de ellas, pero también, a la metodología de impartición de cátedra y, a la organización de los institutos escolares.
Es decir, los temas de paz o impartición de la paz, se podrán aprender a través de cualquier área de estudio, ya que al hablar de dimensión transversal, se sabe que nos referimos a que los temas transversales recorren todo el currículo escolar.
Pero como se ha de impartir las clases, no es otra cosa más que a través de las vivencias, acciones y prácticas de acciones concretas referidas a la cultura de paz. Por ello es importante que el personal docente esté capacitado para la impartición de cátedra además es importante que todo el personal del instituto educativo tenga conocimiento de los programas educativos transversales para que realmente se lleven a cabo y no que solo queden plasmados en papel, es decir, se busca accionar, involucrar a los padres de familia y a la sociedad en general para la promoción de la cultura de paz y con el fin último de formar seres humanos integrales.
El involucrar a los padres de familia se podría hacer a través de juntas o reuniones mensuales, a través de la sociedad de padres de familia y por qué no, también sería interesante realizar alguna actividad en aula de clases con sus respectivos hijos o hijas para promover la convivencia familiar y para que los niños y niñas estén cocientes que sus padres están al tanto de lo que acontece en el entorno escolar, y claro también con la finalidad de mantener a los padres de familia siempre informados sobre los temas a tratar en clase y la finalidad de los mismos para que ellos desde casa refuercen lo ya visto y aprendido en el salón de clases.
Las relaciones entre padres e hijos juegan un papel muy importante en el desarrollo emocional del infante, es por ello la importancia que se debe prestar a la convivencia ya que a través de los ejemplos de dinámicas — mencionadas con antelación, mismas que no son limitativas— el aprendizaje de los educandos y el desarrollo de habilidades sociales mejorarían, ya que el docente estaría en constante comunicación e interacción entre el educando y sus padres de familia, mejorando con ello el incremento de conocimientos, valores, habilidades sociales.
El involucrar a la sociedad a formar parte de la educación de los niños y niñas, considero que podría ser a través de visitas a algún asilo de ancianos, albergues, o quizá a través de labores sociales, como plantar árboles, limpiar alguna zona aledaña a la escuela, pintar algunas paredes dañas por grafiti, es decir, buscar diversas actividades en las cuales los alumnos aprendan a hacer el bien y a convivir de manera pacífica interactuando entre sus compañeros y con la sociedad en general, pero lo más importante haciendo labores altruistas, ayudando a los más necesitados, generando empatía y propiciando un mundo mejor, un mundo con paz.
A continuación se plasma el por qué los temas transversales destacan de las demás áreas curriculares, pues (Rodríguez Rojo, 1995) menciona los rasgos esenciales que son los siguientes:
1. Dimensión humanista,
2. Responden a situaciones socialmente problemáticas, 3. Dimensión intencional,
4. Contribuyen al desarrollo integral de la persona, 5. Apuesta por una educación en valores,
6. Ayudan a definir las señas de identidad del centro escolar, 7. Impulsan a la relación de la escuela con el entorno,
8. Están presentes en el conjunto del proceso educativo y, 9. Están abiertos a incorporar nuevas enseñanzas.
Los puntos anteriores se resumen de la siguiente manera:
Manifiestan una dimensión distinta a los contenidos clásicos relativos a la ciencia. Esta nueva perspectiva los presenta como una ventana al futuro.
Introducen en el currículo el frescor de una preocupación humanista, el cuidado de la justicia y de la ética, facetas complementarias del ángulo de la información y del texto escolar.
Son posibles gracias a la existencia sistemática e interdisciplinar de la realidad, en cuyo seno caben múltiples rasgos dialécticamente complementarios: los contenidos o áreas curriculares y los valores o dimensiones actitudinales que conducen a la acción y a la búsqueda de sentido para los mensajes escolares. Son a la vez, un instrumento para conseguir la meta y el objetivo de un proceso
didáctico.
Encuentran justificación en la pérdida de sentido de la historia.
Son un conjunto de valores implícitamente consensuados, en los que se cree y a los que aceptan los miembros de una comunidad.