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14. INTRODUCCIÓN PARTE III

Como parte de este trabajo de tesis, se ha propuesto el análisis de escritos que recogen entre sus trazas la escalera de caracol con ojo. Si bien en la época en que se escribieron estos textos, la arquitectura gótica como sistema había desaparecido, alguno de sus elementos más característicos, como la escalera de caracol, continuaban empleándose. Las trazas del caracol con ojo recogidas en estos textos, describen habitualmente las soluciones geométricas más frecuentes e incluso los ejemplos construidos más conocidos, los cuales fueron levantados en su mayoría en el período en el cual se desarrolla esta investigación. Por este motivo se han analizado dichos escritos.

Con la intención de limitar el problema, se han analizado solo textos españoles. Esta elección está motivada por el hecho de que dichos textos recogen no solo la tradición española, sino que también añaden aquellos aspectos más influyentes de escritos de autores extranjeros.

Con este análisis pretende identificarse y evaluar las proporciones establecidas en las trazas descritas en ellos, las cuales son consecuencia en la mayor parte de los casos, de la experiencia personal de sus autores, y que sirvieron a su vez de ejemplo a muchos otros maestros.

15. MODELOS TEÓRICOS: LOS PRIMEROS TEXTOS DE ARQUITECTURA ESPAÑOLES

Los tratados de Arquitectura, Construcción e Ingeniería son una de las fuentes fundamentales para el estudio de la Historia de la Construcción.

Ya desde finales del s.XVI y hasta mediados del s.XVIII se divulgaron por España varios textos dedicados al despiece de las piedras, también llamado estereotomía o arte de la montea (Bonet, 1989). Una característica común a todos estos escritos es que sus autores destacaban por el control tanto de la geometría como de la arquitectura, de ahí que también se hable de la llamada geometría de la piedra.

El origen fundamental de los primeros de estos textos está en el deseo de legitimar la herencia gótica recibida por sus autores, adaptándola a las formas de la nueva corriente renacentista (Bork, 2011, p.5). A finales del s.XV y comienzos del

s.XVI la arquitectura gótica había comenzado a ser puesta en cuestión, siendo calificada como una arquitectura desordenada y tosca de entender, en contraposición a la ordenada y sutil corriente clásica. En un intento por equiparar ambas corrientes, algunos maestros canteros recogieron sus métodos de trabajo en escritos a semejanza de los tratados renacentistas que comenzaban a circular por Europa. Muchos de estos primeros escritos son básicamente recopilaciones de “recetas” más que tratados propiamente dichos. Por este motivo no es de extrañar que muchos fueran olvidados en favor de los nuevos escritos renacentistas italianos como: la nueva edición del tratado Vitruvio9, o los nuevos tratados de Alberti10, Serlio11, Vignola12 o Palladio13. Posteriores escritos fueron incluyendo una organización mucho más clara, con una estructura más organizada y constantes referencias a los grandes tratadistas italianos del Renacimiento.

Por lo general, estos textos eran manuales que consultaban solo los especialistas en la materia. En ellos se abordaban los problemas geométricos que surgían en la construcción de tipologías concretas de cierta complejidad. La gran variedad de propuestas que circulaban a la hora de solucionar una misma traza, !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

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El tratado de Vitruvio De Architectura fue traducido por primera vez al castellano por Lázaro Velasco entre 1554 y 1564. Sin embargo no fue publicado en castellano por primera vez hasta 1582: Vitruvio (1582). M. Vitruvio Pollion de architectura, dividido en diez libros, traduzidos de Latin en Castellano por Miguel de Urrea. Alcalá de Henares, Juan Gracián. Véase también García Melero, J. E. (2012). Literatura española sobre artes plásticas / 1: Bibliografía aparecida en España entre los siglos XVI y XVIII, Encuentro. pp. 23-53

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El tratado De re aedificatoria escrito por Leo Battista Alberti se publicó por primera vez en Florencia (Italia) en 1485: Alberti, L. B. (1485). De re aedificatoria. Florence, Niccolo di Lorenzo. Su primera traducción al castellano a cargo de Francisco Loçano data de 1582: Alberti, L. B. t. F. L. (1582). Los diez libros de architectura de Leon Baptista Alberto. Taducidos del Latin en Romance. Madrid, Casa de Alfonso Gómez. Véase también García Melero, J. E. (2012). Literatura española sobre artes plásticas / 1: Bibliografía aparecida en España entre los siglos XVI y XVIII, Encuentro. pp. 58-60

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El tercer y cuarto libro del tratado de Sebastian Serlio Libri d´Architettura (1537), fueron traducidos por primera vez al castellano por F. de Villapando en 1552: SERLIO, S. (1552). Tercero y cuarto Libro de Architectura de Sebastia Serlio Boloñes. En los cuales se trata de las maneras de cómo se puede adornar los edificios con los ejemplos de las antigüedades. Agora nuevamente traduzido de Toscano en Romance Castellano por Francisco de Villalpando Architecto. Toledo, Casa de Iván de Ayala). Véase también GARCIA MELERO, J. E. (2012). Literatura española sobre artes plásticas / 1: Bibliografía aparecida en

España entre los siglos XVI y XVIII, Encuentro Encuentro. pp 56-58!

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El tratado Regole delli cinque ordini d´archittettura escrito por Vignola en 1562 (Véase VIGNOLA (1562). Regola delli quincue ordini dárchitettura. Roma) fue traducido al castellano en 1593: VIGNOLA (1593). Regla de los cinco ordenes de architectura de Iacome de Vignola. Agora de nuevo traduzido de toscano en romance por Patricio Casexi. Madrid, Patricio Caxesi. Véase también GARCÍA MELERO, J. E. (2012). Literatura española sobre artes plásticas / 1: Bibliografía aparecida en España entre los siglos XVI y XVIII, Encuentro. pp. 61-63

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El primer libro del tratado I quatro libri d´architettura escrito 1570 por Andrea Palladio fue publicado por primera vez en castellano en 1625: PALLADIO, A. (1625). Libro primero de la Architectura de Andrea Palladio. Que trata de cinco ordenes para fabricar, y otras advertencias. Traduzido de Toscano en Castellano por Francisco de Praves. Valladolid, Iván Lasso. Sin embargo existe una traducción manuscrita previa, del de año 1578 perteneciente a la biblioteca personal del arquitecto Juan de Ribero Rada. Véase CAMPOS SÁNCHEZ-BORDONA, M. D. (2003). Los cuatro libros de arquitectura de Andrea Palladio. Traducidos del italiano al castellano por Juan de Ribero Rada. León., Junta de Castilla y León. Véase también GARCÍA MELERO J. E. (2012). Literatura española sobre artes plásticas / 1: Bibliografía aparecida en España entre los siglos XVI y XVIII, Encuentro. pp. 64-78

generaba entre los nuevos maestros una gran incertidumbre en el momento de optar por la mejor entre todas ellas. Con el propósito de resolver esta cuestión, los autores de estos escritos pretendían aportar soluciones de incuestionable estabilidad. La fiabilidad de sus propuestas la justificaban con la referencia y descripción de ejemplos reales construidos de acuerdo a ellas o bien mediante el levantamiento de modelos a menor escala levantados para tal fin. Es decir, en aquella época los modelos no solo se realizaban por cuestiones artísticas para facilitar la visión final del elemento constructivo, sino que también venían a confirmar la exactitud geométrica de la traza propuesta.

Joseph Gelabert, maestro de obras mallorquín, así lo manifiesta en el prólogo al lector (folios 4r y 4v) de su manuscrito Vertaderas traçes del Art de picapedrer:

Lo que me ha movido, curioso lector, a escribir este libro….ha sido observar reiteradamente que cada cual enseña esta facultad a su manera, según su propia opinión. (…) Pero el caso es que, como las opiniones de los tracistas son tan diferentes, parece que se transmite una gran confusión a los que empiezan a practicar este oficio. Por lo menos a mí que, por curiosidad, a los dieciocho años de edad, poco más o menos, quise indagar el parecer de algunos acerca de ciertas trazas dificultosas, y viendo tanta diversidad de opiniones, no podía determinar a quién debía de dar crédito. Así que, (…) movido de buen celo, me puse a estudiar para ver si encontraría una regla segura, tal que, siguiéndola, no hubiese peligro de engañarse, (…) y con mi esfuerzo he encontrado lo que buscaba. Debo advertir que todas las trazas dificultosas, antes de ponerlas, las he hecho en modelo, y con mucha precisión.

(Rabasa, 2011, p.25)

De igual manera, Martínez de Aranda (c.1600) afirma en su prólogo dirigido al lector que:

(…) siempre tuve cuidado (...) de contra hacer las dichas trazas y ponerlas por modelos antes de ponerlas por escritura.

Los tratados analizan modelos concretos, fundamentalmente arcos, bóvedas, órdenes arquitectónicos así como escaleras. Cada traza se describe habitualmente en un dibujo acompañado por una pequeña explicación. Con ello se buscaba la definición geométrica de cada una de las piezas del elemento de manera que se pudiera poner en práctica el modelo descrito. Esto significaba la definición tanto de las plantillas de las caras de las piezas como los ángulos entre las aristas, ambas cosas necesarias para su labra. En el llamado arte de la arquitectura esta cuestión era fundamental,

como así lo explica Ginés Martínez de Aranda al comienzo de su manuscrito

Cerramientos y trazas de montea (c.1600):

Como considerase que muchos de los sabios arquitectos antiguos que escribieron en el arte de Arquitectura y la experimentaron en grandes edificios que al presente hay hechos no pusieron en plática los lineamentos de las trazas de montea [...] me pareció ponerlas por escritura [...] especialmente sabiendo la necesidad que el arte de arquitectura tiene de estas dichas trazas de montea por ser principal parte suya (Calvo, 2004, p.115).

Pero estos textos no solo aportaron soluciones a problemas constructivos, sino que también ayudaron a aumentar el reconocimiento público de los maestros de obra frente a los canteros. La capacidad para resolver las trazas más complejas contribuyó a convertir a los maestros en auténticas autoridades y distinguirles de los canteros (Calvo, 2004, p.115).

Si bien estos primeros escritos de cantería circulaban por la Península desde el s.XVI, no siempre tuvieron una amplia divulgación ni fueron accesibles a todos los maestros. Por este motivo, no es extraño que autores de escritos posteriores desconocieran la existencia de estos textos y que el contenido de su obra fuera resultado de su propia experiencia o de su entorno profesional más cercano. Este es el caso de J. Gelabert, el cual desconocía la existencia de textos especializados como el de Andrés de Vandelvira o Martínez de Aranda (c.1600) como así lo señala él mismo:

Sólo me queda advertir que hay libros impresos sobre muchas ciencias y artes (…) pero yo (…) no he podido aprovechar en mi escrito la autoridad de nadie, porque no ha salido a la luz ningún libro sobre este arte, sobre la lectura y explicación de las trazas (Rabasa, 2011, p.25).

14.1. Marco conceptual

Si bien es cierto que la arquitectura gótica como sistema había desparecido en la época en que se escribieron los primeros manuscritos de cantería españoles, algunas de sus elementos como bóvedas o escaleras de caracol, continuaban empleándose (Bork, 2011, p.434). Por este motivo no es extraño que entre las trazas detalladas en estos primeros manuscritos que circulaban en los siglos XVI, XVII y XVIII puedan encontrarse las soluciones correspondientes al caracol de husillo junto al caracol con ojo, dos elementos muy característicos de la arquitectura tardogótica.

Los primeros textos de arquitectura escritos y publicados en España por autores no italianos son Medidas del Romano... de Diego Sagredo (1526) y el Libro de

arquitectura de Hernán Ruiz el Joven (1560). Ambos escritos recogen enseñanzas de

importantes maestros italianos (Cruz, 2001, p.49) junto con la novedosa descripción de elementos propios de la arquitectura española (García Melero, 2012, p.79), sin embargo ninguno de ellos incluye las escaleras de caracol con ojo. Los últimos folios del tratado de Hernán Ruiz recogen trazas de caracoles abovedados, así como de caracoles de piezas monolíticas que apoyan en un machón central (Navascués, 1974, p.18). Sin embargo, no incluye el caracol con ojo objetivo de nuestro estudio.

El primer autor español que describe ambas trazas, el caracol de husillo y el caracol con ojo, es Alonso de Vandelvira, que en su tratado Libro de traças de cortes

de Piedra escrito en 1580, incluye la llamada “declaración del caracol de mallorca”

junto a la tradicional “declaración del caracol de husillo”. También Rodrigo Gil de Hontañón en torno a las mismas fechas escribe un manuscrito del cual se conserva tan solo lo que Simón García recogió en los seis primeros capítulos de su libro

Compendio de architectura y simetría de los templos: conforme a la medida del cuerpo humano, con algunas demostraciones de geometría recoxido de dibersos autores naturales y estrangeros por Simón Garçía, architecto natural de Salamanca (c.1681-

1683). En él hace referencia tanto al “caracol de husillo” como al “caracol de ojo abierto”. Ya en el siglo XVII, Martínez de Aranda incluye la definición del “caracol de ojo que dicen de mallorca” junto al “caracol de husillo” en su tratado Cerramientos y

trazas de montea (c.1600). Durante el mismo siglo, autores como Alonso de Guardia

(c. 1600), Fray Lorenzo de San Nicolás (1639), Joseph Gelabert (1653) o Juan de Caramuel (1678) reúnen también en sus escritos las trazas de ambos caracoles. Para finalizar, en el siglo XVIII Juan de Portor y Castro (1708), Tomás Vicente Tosca (1712), Juan de Berruguilla (1747) o finalmente Benito Bails (1783) también incluyen en sus escritos estos caracoles (Sanjurjo, 2007 junio).

Otros autores, al igual que ocurriera con Hernán Ruiz, aún considerando el caracol entre sus trazas no incluyen el caracol con ojo o de mallorca. Este es el caso de Cristóbal de Rojas, el cual incluye en su tratado Teoría y práctica de la fortificación (1597) el dibujo correspondiente a un caracol de emperadores. A pesar de no poseer texto aclaratorio que lo acompañe puede apreciarse una cierta similitud con el definido por Vandelvira en su tratado. Sin embargo en el caso de Rojas, el caracol interior es de husillo y no de mallorca como el detallado por Vandelvira (Calvo, 1998 y Cámara, 2014). Por este motivo su análisis en este trabajo ha sido desestimado. Igual sucede con Joseph Ribes. Este escribe en 1708 Libre de traces de biaix y montea, en el que

incluye las trazas del caracol de husillo sin embargo omite la traza del caracol con ojo (Tellia, 2011, octubre).

No obstante, otros autores españoles de este tipo de textos no describen escalera de caracol alguna. Este es el caso Juan de Torija quien en su Breve tratado

de Género de bóvedas escrito en 1661, centra su atención en el despiece de las

bóvedas. O también Andrés Julián de Mazarrassa, autor entre 1750-1760 del Tratado

de Arquitectura, el cual dedica un capítulo a la Montea y Cortes de Cantería. Por las

numerosas citas de importantes tratadistas italianos y españoles, demuestra poseer un notable conocimiento de la literatura publicada sobre el tema, sin embargo entre las trazas objeto de su estudio no incluye ninguna escalera de caracol (Mazarrassa y Fernández, 1988). Por último, otros textos como el de Joseph Ximenez Donoso, escrito en el s.XVII, quedaron perdidos y se desconoce si su contenido incluía dichas trazas (Bonet, 1989, p.49).

En síntesis, este trabajo se centra en aquellos manuscritos y tratados españoles que describen entre sus trazas la escalera de caracol con ojo también denominada de mallorca.

14.2. Metodología de análisis de los modelos teóricos

Una vez establecidos los criterios de selección de la muestra y seleccionados los textos y sus trazas más representativas, se ha procedido a la recopilación de datos y su integración con el objetivo de elaborar una documentación completa de cada una de ellas. Esto ha facilitado posteriormente su análisis comparativo para finalmente obtener una serie de resultados y conclusiones. La metodología ha supuesto, por lo tanto, los siguientes pasos:

1. Documentación: el texto origen

En primer lugar se ha procedido a la selección, recopilación y revisión de todo tipo de documentación que aporte datos interesantes sobre cada uno de los textos seleccionados. Se han analizado tanto documentos escritos como documentos gráficos. Es interesante señalar que durante los últimos años, muchos de estos textos han sido objeto de numerosas investigaciones monográficas.

A partir de los datos extraídos se ha obtenido una breve memoria del texto origen de la traza a analizar. Esto permite situar la traza en un contexto.

2. Traza representativa del texto

De entre todas las trazas propuestas por el autor se ha seleccionado la correspondiente al caracol con ojo o de mallorca. En el caso que en el mismo texto se describieran distintas variantes de la misma, se ha seleccionado la traza más representativa. Se ha considerado como tal, la traza básica mencionada por el propio autor como traza de referencia para las demás variantes.

3. Integración de la información

Una vez identificados los textos sobre el caracol con ojo esenciales para la investigación, se ha elaborado como herramienta de trabajo una ficha de síntesis normalizada. El objetivo de dicha ficha ha sido sistematizar el estudio de cada una de los modelos teóricos seleccionados para su análisis. Esta ficha ha permitido identificar y extraer de cada traza analizada la información más relevante necesaria para llevar a cabo este estudio. Así mismo, al registrar los datos de una manera clara y homogénea, la ficha ha proporcionado un método perfecto para posteriormente relacionar los datos de los diferentes textos revisados.

El cuerpo de la ficha se ha estructurado en dos partes, cada una de las cuales se corresponde con la cara de una hoja.

Estructura de la ficha: Primera parte

La primera parte de la ficha recoge los datos generales sobre la fuente de la cual procede la traza, así como la información general sobre el conjunto de los caracoles contenidos en dicho texto-fuente. Esta primera parte queda organizada en los siguientes campos:

- Campo 1: Encabezado o título: “La escalera de caracol con ojo en los textos”. Indica el tema a que se refiere el contenido de la ficha y permite, sin perdida de tiempo tener una idea general de lo que contiene la ficha.

- Campo 2: Identificación

Esta se lleva a cabo mediante (Figura III-1):

• Número de identificación: Las fichas han sido ordenadas en base a criterios cronológicos y posteriormente se les ha asignado un número de identificación que ha permitido archivarlas ordenadamente.

• Nombre: Nombre del autor de la traza analizada.

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Figura III-1. Identificación. Ficha de síntesis modelos teóricos (Autor: P. Benítez)

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- Campo 3: “Línea temporal”

En un gráfico cronológico se han ordenado las distintas trazas analizadas (Figura III-2). Esto permite visualizar rápidamente la secuencia de los modelos estudiados a lo largo del tiempo y su localización relativa, e incluso observar la coexistencia de algunos de ellos. Sobre la línea de tiempo queda referenciada la traza correspondiente a la ficha y bajo ella las demás trazas analizadas.

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Figura III- 2. Línea temporal. Ficha de síntesis modelos teóricos (Autor: P. Benítez)

- Campo 4: “Texto origen”

En este campo queda registrada la fuente de la traza cuyos datos quedan recogidos en la ficha (Figura III-3). Por un lado se identifica el texto original del cual procede la traza: nombre texto, autor y fecha de redacción. Y por otro el ejemplar de dicho texto que se ha examinado en este estudio: tipo de ejemplar

original, copia manuscrita, o ejemplar impreso indicando en este último caso el editor y el nº de edición

, nombre del texto, autor, fecha, localización

archivo o biblioteca

y signatura.

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Figura III-3. Texto origen. Ficha de síntesis modelos teóricos (Autor: P. Benítez)

- Campo 5: “El caracol en el texto”

Como el propio nombre indica, este campo proporciona información sobre el conjunto de los caracoles incluidos en el texto-fuente. Estos datos contribuyen a enmarcar en un contexto la traza analizada:

En primer lugar aborda la cuestión de si los autores consideran el caracol como escalera (Figura III-4). Este es un punto importante, ya que indica si el caracol debe ajustarse a los mismos principios de la escalera, o bien es considerada tipológicamente distinta, otorgándole una mayor relevancia. A veces son los propios autores los que para aclarar este problema proporcionan las definiciones de ambos términos, escalera y caracol. Cuando así ocurre, éstas se han incluido en la ficha. Sin

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