de la Filosofía Política: el giro aplicado desde la inmanencia
2. la sociedad civil global y el giro de la inmanencia
2.2 la gestión de los nuevos contratos sociales
Sucintamente se puede afirmar que la detección de las circunstancias aducidas fija dos presentaciones del contractualismo moderno para la posteridad: una positiva, pues las formas ideales del contrato se constituyeron en el derrotero para la construcción idealizada de la democracia, es en ese sentido que se puede hablar del apogeo del contractualismo; la otra negativa, pues el contrato amparó un procedimentalismo y un formalismo político, desde el marco del panóptico estatal trascendente, que, finalmente, desdibujó y anuló a los individuos, a la multitud; dentro de este formalismo, sumado a la “ineptitud lógica” y al “conocimiento cínico”, que ha sido el modus operandi de la política, de la democracia, de los gobiernos y de los Estados, se fueron cerrando los espacios para la imaginación política y la acción colectiva, indicadores de como sobrevino la decadencia de la teoría contractualista dada la constante la superposición del Estado sobre la sociedad civil.
David Held considera que para que la democracia prospere debe entenderse que ésta es un “…fenómeno de dos caras: que hace referencia, por un lado, a la reforma del poder del Estado; y, por otro, a la reestructuración de la sociedad civil”64; percibiendo el déficit ontológico que repercutió en la política resultado
de la teoría del contrato social para que la reforma sea adecuada es requisito adoptar nuevas formas de contrato social, ¿cuáles?, aquellas que se sustentan
63 Ibíd., pp. 39-58.
en la revisión cualitativa, no cuantitativa, de los procesos democráticos, de esta manera se puede restituir efectiva y realmente a las subjetividades, a la multitud, al mundo de la vida tratando la apoplejía que el contrato social moderno planteó al hipervalorizar la trascendencia.
En la reflexión que hace Norberto Bobbio del futuro de la democracia considera que es necesario un nuevo contrato social a dos niveles: uno en el mismo sentido que el indicado por John Keane respecto al reconocimiento mutuo de un principio más que un ente que represente a las individualidades mismas, Bobbio enfatiza que se trataría de un contrato social que tendría por objeto de contratación el principio de justicia distributiva65, que se vincula a
la idea de civilidad; el otro contrato correspondería a una “nueva alianza”66,
pensada a nivel global, no local, ni regional, respecto a la pacificación general para el reconocimiento y la fundación de un nueva condición social que permita derrotar la ingobernabilidad que se presenta en el mundo justificando la mejor distribución de la riqueza a nivel mundial.
Mary Kaldor, con algún grado de semejanza a la idea Bobbio, al utilizar el término sociedad civil global reconoce su fuerza en la gestión de nuevos contratos sociales “…para describir el proceso global mediante el cual los individuos debaten, influyen y negocian un contrato o serie de contratos sociales con los centros de autoridad política y económica” 67 En ese orden de
ideas, “…la sociedad civil global incluye todas aquellas organizaciones, formales e informales, a las que los ciudadanos pueden unirse y mediante las que los que toman decisiones pueden oír sus voces”68. Quiere esto decir que la idea
y la realidad de la sociedad civil global debe interpretarse bajo el contexto emergente de la inmanencia, siguiendo la idea de la ontología de la elección, un proyecto que está andando en atención a la dinámica que requiere un gobierno global que vincule a una sociedad y a un Estado de derecho global.
65 BOBBIO, Norberto. El futuro de la democracia. México: Fondo de Cultura Económica, 2005, pp. 141-
142
66 Ibíd., pp. 163-165. 67 KALDOR. Op. cit., p. 108. 68 Ibíd.
Es preciso destacar que la acción política que determina la fuerza de la inmanencia que caracteriza a la sociedad civil global sugiere nuevos contratos sociales que deben partir de una situación de horizontalidad entre los individuos, de acuerdo al marco ético pluralista y de la ética de la comunicación que dicta el respeto por el otro como su eje, solventado este principio se abre paso a la concertación para otros contratos sociales que sitúen la mirada “desde abajo”, la inmanencia, buscando incidir en el marco “del arriba”, del Estado; éste cambio puede entenderse, así lo sugiere ésta reflexión, como contratos sociales de segunda generación, incluso de tercera generación, asumiendo que la propuesta original del contractualismo moderno, del paso del estado de naturaleza al estado civil generó los contratos sociales de primera generación.
En definitiva el proyecto de la sociedad civil global propende por la consolidación de nuevos pactos sociales de orden transnacional, cosmopólita, lo que determina su papel biopolítico dado su diligenciamiento asociativo y corporativo a partir de las acciones de los individuos que se ubican fuera de los centros de poder consuetudinariamente aceptados, gestionando para que el mundo de la vida tenga espacios y políticas que efectivamente dignifiquen y hagan posible la vida a nivel global.
¿Los recientes acontecimientos de las movilizaciones en África y América pueden ser vistos a la luz del giro de la inmanencia que lleva a la promoción de nuevos contratos sociales? Sin duda la respuesta detallada a esta pregunta exige un trabajo académico que presente una informe historiográfico de los hechos que competen a la situación de la sociedad civil global en los últimos 40 años, por demás muy extenso; no obstante puede referirse, brevemente, a partir de las ideas aquí presentadas que los cambios de regímenes en África, la cancelación de la reforma educativa en Colombia, las acciones de los estudiantes en Chile y del 15M en España, entre otros, son indicadores de que, efectivamente, los centros de poder han tenido que ceder ante los grupos de presión civiles que reticularmente se asocian con Estados, Organizaciones internacionales y la población en general, acción colectiva que visibiliza a la sociedad civil global.
Los recientes acontecimientos destacan la oleada de un movimiento social global asociado a la ola de los indignados, en sentido estricto al
sentimiento moral de indignación que promueve y conmueve a los individuos llevando a la constitución de nuevos sujetos; con todo, en la cesión, en el encuentro “del arriba”, el orden trascendente, con “el abajo”, el plano de la inmanencia, deben consolidarse mecanismo para el diálogo, la concertación, recursos con los que se dignifica al individuo y a la colectividad, de tal forma que horizontalmente se pueda llegar a la consolidación de nuevos contratos sociales, situación que ha requerido la trasformación de la política y de la cultura que se ha cernido a su alrededor y que debe perfeccionarse, pues, por el momento, se trata del reacomodamiento de lo que bien podría terminar a futuro considerado como otra generación de la sociedad civil en vista de los trazos historiográfico que la han determinado.
Finalmente, el giro aplicado para la filosofía política, confirma la idea que John Keane considera al pensar que la sociedad civil global asume la suprema obligación de respetar a la humanidad como el pilar que lleva a la defensa de las medidas requeridas para que la vida permanezca en la tierra, un proyecto abierto en el que caben todos los seres humanos, que exige una acción política individual y colectiva diferente, si no se hace así se corre el peligro de seguir legitimando “…las caras anónimas del poder contemporáneo –expertos del poder bien reconocidos como Ariel Sharon, Sadam Husein, Slobodan Milosevic, Osaba bin Laden, George Bush o Jiang Zemin quienes no han tenido respuestas alternativas a las formulaciones latentes de la sociedad civil global, a ellos “¿Habría que pedirles, acaso, que explicarán su indiferencia, su cinismo?, ¿cuál sería su explicación?”69.
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de la Identidad
Carlos arturo Hernández Díaz*
Universidad Libre Bogotá
Presentación
La “identidad” se tematiza, se convierte en tema, es decir, se le caracteriza, se proponen definiciones, se busca describirla, se le analiza, se la discute. La identidad, pues, adquiere estatuto de tópico en diferentes discursos y en la confluencia de ellos, tanto discursos especializados de las disciplinas sociales y humanas, la filosofía, como también de discursos meramente funcionales para la vida social de la modernidad tardía, destacando entre ellos los de los actores de la política institucional y los de los medios de masas. Que todo esto ocurre en décadas recientes y con un vigor y un cociente de proliferación elevado, me parece que no está a discusión, lo que pretende este texto es plantear una respuesta.
* Docente investigador de la Facultad de Derecho de la Universidad Libre, estudiante de la Maestría
en Filosofía del Derecho y Teoría Jurídica de la Facultad de Filosofía de la misma Universidad y Estudiante de Doctorado en derecho Universidad Externado de Colombia, tema de investigación
El derecho a la memoria colectiva: un estudio sobre la posibilidad de los derechos colectivos, su daño y reparación.
Al hilo de la lectura de Zygmunt Bauman (2001), parecería que en el momento presente no hay ningún aspecto en la vida contemporánea que atraiga la atención de los juristas, filósofos, científicos sociales y psicólogos en la misma medida en que lo hace el concepto de “identidad”, además de que los estudios sobre el tópico se vienen convirtiendo en una próspera industria por derecho propio. En efecto, podemos encontrar que, en Inglaterra, Stuart Hall había escrito en 1996, “en los últimos años se registró una verdadera explosión discursiva en torno del concepto de “identidad”, al mismo tiempo que se lo sometía a una crítica minuciosa” (Hall, 2003: 13). Si bien, Gilberto Giménez (1992) planteaba, bajo el encabezado de “un nuevo objeto de estudio”, el hecho novedoso y sintomático de la emergencia repentina del tema de la identidad social en el campo de la sociología y la antropología. Aún diez años antes y desde el contexto español, J.R. Torregrosa en su trabajo “Sobre la identidad personal como identidad social”, apuntaba en su introducción: “Últimamente el tema de la identidad está de moda. Se dice que los pueblos recuperan sus señas de identidad, que la juventud atraviesa una crisis de identidad, y hasta se habla de que los partidos políticos atraviesan una crisis de identidad” (Torregrosa, 1983: 217). A partir de estas referencias podríamos vernos llevados a suponer que “el cursor de intertextualidad”, de esta breve exploración introductoria, se desplazará hacia el autor que funge como el “denominador de origen” de la expresión “crisis de identidad”, o sea, Erik Erikson, allá por la década de los 1960. Pero cabe todavía otro hito de envergadura entre Torregrosa y Erikson, el seminario La identidad, trabajado por Claude Levi-Strauss a mediados del decenio de 1970.
En suma, la “identidad” se tematiza, se convierte en tema, es decir, se le caracteriza, se proponen definiciones, se busca describirla, se le analiza, se la discute. La identidad, pues, adquiere estatuto de tópico en diferentes discursos y en la confluencia de ellos, tanto discursos especializados de las disciplinas sociales y humanas, la filosofía, como también de discursos meramente funcionales para la vida social de la modernidad tardía, destacando entre ellos los de los actores de la política institucional y los de los medios de masas. Que todo esto ocurre en décadas recientes y con un vigor y un cociente de proliferación elevado, me parece que no está a discusión, lo que pretende este texto es plantear una respuesta.