LOS INCENDIOS FORESTALES EN ÁREAS DE INTERFAZ URBANO FORESTAL EL CASO DE CHILE
CAPÍTULO 2: LOS INCENDIOS FORESTALES EN ÁREAS DE INTERFAZ URBANO FORESTAL EL CASO DE CHILE.
2.2 La interfaz y su relación con los incendios
Una de estas actividades, que caracteriza a muchas áreas de interfaz especialmente en áreas mediterráneas con altas densidades de población en sus bordes, son los incendios forestales. En ellos, las causas que los provocan van muy relacionadas a aspectos de intencionalidad o descuido en la ejecución de labores que implican el uso del fuego.
Es por ello que la acción humana – negligente o premeditada – en la ocurrencia de incendios forestales es un aspecto muy común en este tipo de interfaz, y conforma una
de las principales causas en el sistema global de estadísticas de incendios, tanto en Chile como en países con similares características climáticas tales como España, Portugal, Italia y Grecia (Castillo et al, 2010). De hecho, mucho de los eventos de fuego que se producen en estas áreas de contacto se derivan de distintas actividades que se practican, tales como extracción de material vegetal, depósito de desperdicios, o recreación, entre otros factores.
La expresión territorial de esta interfaz se incrementa además, cuando el paisaje afectado comienza a manifestar signos de adaptación al fuego (Castillo, 2006). Es el caso de muchos paisajes mediterráneos en donde coexisten formaciones naturales con las provenientes de disturbios post fuego, muchas veces ocasionado por acciones antrópicas.
Por lo anterior, se advierte la importancia de estudiar este tipo de áreas, básicamente por tres razones: el primer lugar, la ocurrencia de incendios forestales se ha incrementado fuertemente en los últimos 25 años, especialmente en áreas mediterráneas de América del Sur; segundo, la población crece sostenidamente, aumentando la probabilidad de ocupación en áreas antes calificadas como naturales o agrestes; y tercero, los esfuerzos de los gobiernos locales y particulares han sido ampliamente cuestionados y puestos a revisión de expertos dado que ha sido evidente la falta de enfoque a los reales problemas coyunturales, particularmente en los protocolos aplicados para la atención de grandes emergencias (Collins, 2005).
En Estados Unidos por ejemplo, entre 1980 y 1990 se ha demostrado que la presencia de grandes incendios (sobre mil hectáreas), ha incrementado en forma sustantiva la fragmentación de paisajes silvestres y en la susceptibilidad a ser ocupados por asentamientos humanos o actividades vinculadas a la producción de bienes y servicios (Cohen, 2000). Frecuentemente, pequeños episodios de fuego que ocurren en esta zona de interfaz, pueden convertirse en verdaderos eventos catastróficos, afectando a extensas superficies que comprometen a espacios habitados, lo que hace aún más dificultoso el combate del fuego (Cohen, 2000). Por ejemplo, en Estados Unidos, más de 900 viviendas son destruidas anualmente en promedio, producto de incendios generados en áreas de interfaz, de acuerdo a estadísticas reportadas a partir de 1990. (Institute of Business and Home Safety, 2004).
Para las instituciones encargadas del combate y control de incendios forestales en los Estados Unidos, el daño ocasionado por grandes eventos en zonas pobladas ha sido un aspecto preocupante desde la década de los 80, quedando en el recuerdo los desastres acaecidos en los años 2000, 2002, y últimamente los sucedidos en 2011 y 2012. La gravedad de los daños puso en el debate la importancia de replantear las políticas de protección que usualmente se instauraba para proteger el patrimonio forestal y la vida de las personas, especialmente en áreas de la interfaz urbano-rural en donde justamente se reportaban los problemas más serios (Collins, 2005).
Por tal razón en este país existen estándares nacionales aplicados para disminuir las condiciones de riesgo en la WUI, regulados por la NFPA (Nacional FIRE Protection Association), y programas de colaboración asociados. Estos estándares tocan aspectos tales como organización de cuerpo de voluntarios, acciones programadas de la comunidad en zonas de riesgo de incendios, ordenanzas municipales de emergencia en situaciones coyunturales y apoyo estatal mediante activación de mecanismos de ayuda directa. (Kundell, et al, 2002).
Ante la gravedad que reviste el problema de los incendios forestales en la interfaz, en Estados Unidos se han ejecutado diversos proyectos de educación coordinados por la NWCG (Nacional Wildfire Coordinating Comité), entidad administrada por la NFPA, mediante la ejecución de talleres participativos con comunidades locales respecto al manejo de vegetación combustible, estrategias de reacción frente a emergencias y comportamiento colectivo, todos estos aspectos, como medidas prácticas para lograr disminuir el peligro de incendios en la interfaz. (Kundell, et al, 2002).
En estos casos y en muchos otros reportados en áreas de interfaz, el comportamiento del fuego en estructuras y construcciones difiere ostensiblemente del que se presenta en espacios abiertos afectando a vegetación combustible. Estudios post incendios han logrado revelar que aproximadamente el 90% de las casas que han resistido a los embates del fuego, ha sido porque las estructuras se componen mayoritariamente de materiales no inflamables, o porque la vegetación circundante se encontraba a distancias promedio mayores a 10 metros de las construcciones amenazadas.
En estas áreas de contacto, la velocidad de propagación del fuego y los montos calóricos generados en la combustión de materiales ligeros estructurales ha sido estudiada mediante modelos matemáticos (Porterie et al, 2007) que demuestran que la expansión puede llegar a generar torbellinos de fuego favorecidos por la formación de ciclones de aire caliente que interactúan con los gases incandescentes al interior de estructuras aireadas (Brink et al, 2000).
Pyne et al, (1996) han reportado tiempos de residencia de las llamas muy superiores a los que se presentan habitualmente en la combustión de vegetación arbórea o arbustiva en espacios abiertos. Esto hace que las posibilidades de rápida propagación del fuego en construcciones habitacionales sean aún mayores si la densidad de edificaciones combustibles es también alta. (Cohen, 2000). En variados casos, residentes que habitan en zonas de alto riesgo de incendios forestales, prefieren aceptar la presencia del fuego y organizarse en el combate del mismo, más que tomar las precauciones necesarias para minimizar el riesgo en la ignición y propagación (Jackson, 1991).
Bajo el concepto de protección a la comunidad frente a los eventuales daños ocasionados por incendios, se aplican terminologías para definir a la comunidad de riesgo. En Canadá y Estados Unidos se acostumbra a calificar como comunidad de
protección a este tipo de situaciones, expresándola espacialmente mediante la definición
de distancias uniformes o búferes de protección (Nowicki, 2002; Hann y Strohm, 2003). En tal sentido los valores más utilizados para la definición de áreas de protección, oscilan entre 800 a 3.200 metros a partir de los últimos indicios de construcciones habitadas (Theobald, 2007). Autores como Adriansen et al, (2003), reportan distancias de amortiguamiento del orden de 800 metros como mínimo, recomendando ampliar a 1.600 metros para asegurar una minimización de eventuales efectos ocasionados por la propagación del fuego. La definición local de este valor de distancia dependerá de la densidad de poblados hacia la periferia, la cantidad, tipo y distribución espacial de combustible vegetal disponible en el anillo o sector circundante, la pendiente y los regímenes de vientos imperantes especialmente en condiciones de quebradas y vertientes.
En estudios de paisaje en donde la vegetación cumple un importante rol en el estudio del efecto borde, el ancho de esta área de amortiguamiento podrá tener ponderaciones
variables, mediante la definición de funciones de costo de acceso, tal como se aplica en el efecto de caminos o redes hidrográficas (Flamm et al, 2001; Theobald, 2007). Esto debido a que la vegetación, al igual que otro tipo de formaciones presentes en el terreno, opone resistencia frente a la expansión urbana, y en consecuencia, es posible discriminar tipos y magnitudes que reflejan el grado de cohesión de unidades frente a la intervención o avance de un proceso expansivo, tal como ocurre con la ocupación del suelo para fines habitacionales.
Sin embargo en muchas ocasiones esta definición de distancias sólo se establece en función de la ocupación del suelo, sin considerar variables operativas de emergencia frente a incendios. De allí nace la necesidad de adoptar criterios técnicos para la efectiva protección a la población amenazada, los cuales deben considerar como mínimo, la caracterización del acceso a sectores amagados por el fuego, como asimismo las condiciones de visibilidad para el empleo de elementos aéreos en el combate de incendios (Theobald, 2007).
Agencias del gobierno de Canadá han desarrollado programas y técnicas para reducir el riesgo contra incendios en la interfaz urbano-rural mediante trabajos directos con la comunidad en el ámbito de la educación y difusión, complementado por intervenciones sistemáticas a la vegetación combustible presente en estas áreas. Este último aspecto contempla además la ejecución de quemas prescritas en áreas colindantes a casas y centros de recreación. Incluso se ha llegado a aplicar técnicas de reducción de combustibles al interior de parque y reservas, de modo de disminuir el peligro contra incendios (McGee, 2007).
En este país los municipios son los principales responsables de atender eventuales emergencias que se puedan producir en estas áreas, por lo cual, desde el año 2003 se ha perfeccionado fuertemente la implementación de técnicas para bajar el monto de material combustible, como asimismo en estudiar permanentemente la conducta de la población y sus actividades cotidianas especialmente ligadas al uso del fuego. Por ejemplo, en Toronto y Windsor, el uso de las quemas prescritas representa una práctica habitual que posibilita la disminución del peligro en áreas especialmente confinadas por condiciones topográficas y conectividad (McGee, 2007).
Otro caso respecto a implementación de estrategias para la reducción del peligro en la propagación del fuego es Portugal. Una sucesión inusual de situaciones ocasionadas por incendios forestales en áreas de interfaz se produjo en ese país el año 2005, causando severos daños a la población incluida la pérdida de vidas humanas. Estos desastres han llevado a la necesidad de reformular los mecanismos de atención frente a emergencias, y la prevención de posibles focos de conflictividad. Es el caso del plan desarrollado por la Escola Superior Agraria de Coimbra (ESAC), el cual contempla la definición de cuadrantes de protección en áreas semi-urbanas. Estas localizaciones se encuentran claramente definidas en una cartografía digital de riesgo, que permite, entre otros beneficios, apoyar el plan de emergencia para el combate y evacuación de la población.