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La mala memoria

In document El Ultimo Disidente Norberto Fuentes (página 111-119)

La última moda de esta ciudad es rastrear los crímenes del gobernante cubano Raúl Castro.

El método estuvo ensayándose durante los últimos 47 años pero en relación a su hermano mayor, Fidel, que hasta hace poco gobernaba la cercana isla de Cuba. Siempre ha tomado cuerpo la ilusión de que basta con ubicarle un hecho de sangre para que los americanos alisten la expedición de marines y den el go! Positivo para el desembarco. En honor de la comunidad cubana exiliada, aceptemos que no se les puede negar el mérito de llenar una considerable cantidad de expedientes criminales sobre Fidel. Lo que sí no han logrado nunca es despertar la voluntad de combate de la Casa Blanca.

Tampoco tuvieron mucha suerte cayéndole atrás a Fidel por los cuatro puntos cardinales con la pretensión indoblegable de que algún otro gobierno extranjero lo metiera preso y lo juzgara y, como mínimo, lo echara a galeras. Ese juez Baltasar Garzón se convirtió en una de las mayores frustraciones de esta comunidad y sus pretensiones justicieras. Y eso que le viraron las espaldas hasta a su antiguo aliado Pinochet con tal de reforzar sus argumentos. Bueno, si había caído un fascista, nada más justo que le tocara entonces a un rojo.

Este asunto de los asesinos populares, quiero decir de los que asesinan a los

pueblos, es bastante complicado, no crean. Mas estoy entendiendo, por lo que leo en los últimos días, que los crímenes de tal naturaleza pueden extinguir en algún punto. No importa la cuantía ni la alevosía ni como le chuparon la yugular a sus víctimas. Si ya tú no eres el que nos impide ocupar la presidencia, pues adiós, asesino, y ocupémonos del sucesor. Ese es ahora el terrible criminal.

No estoy bromeando. Ni un ápice. La otra noche tuve que aguantarle la tabarra de más de dos horas de un amigo, o por lo menos conocido, devenido de pronto en juez implacable no solo de los crímenes de Raúl Castro sino también de su pasado. Es

evidente que se preparan para incluir el pasado en el expediente acusatorio, me imagino que en previsión de que no aparezca ninguna prueba convincente de asesinato. Su argumento más sólido era que cómo podíamos olvidar un pasado salpicado de sangre. Pero la sangre así, volátil, suspendida en el aire, sin saberse a ciencia cierta de que cuerpo se emite.

Clemente Aragón y Aragón en un recorte de la revista en ruso Kyba (Cuba) que reproducía mi trabajo “Entrevista a un asesino” publicado originalmente en el periódico Granma del 13 de marzo de 1966.

Son argumentos muy extraños para establecer en una comunidad como ésta, cuyos pilares originales fueron las gavillas de esbirros del régimen batistiano. Después incrementada por los que hicieron contrarrevolución sin prestar excesiva atención a las convenciones de no torturar o abstenerse de matar inocentes y, para concluir de modo extraordinario, con la arribazón de muchos de los que combatieron a los que hicieron esa contrarrevolución y los fusilaban a mansalva, no me discutirán que el sitio se las trae. Yo no creo que exista una ciudad en los Estados Unidos que reúna más asesinos por kilómetros cuadrado, una tremenda densidad de criminales con la que nos codeamos en los supermercados del área o en la barbería.

Me los han señalado desde lejos aquí, en Miami, y hasta he hablado con algunos de ellos. No tienen mucha oportunidad de desarrollar sus viejas habilidades de matarifes en el país de adopción, por lo que regularmente son individuos tranquilos, y lo más que se

permiten es añorar la época en que matar “comunistas” —es decir, cualquier clase de enemigo que se les parara en frente— no les acarreaba ningún problema.

Los que yo conocí en mi vivaqueo como corresponsal de guerra al principio de la Revolución, los habían sacado del monte. Como todos los prisioneros frescos, acabados de capturar, resultaban locuaces y hasta agradecidos. Por ahí tengo, en mis gavetas, un atado de viejas entrevistas en las que me contaban con lujo de detalles sus desmanes sobre unos infelices que capturaban con un uniforme de milicias o emboscaban en un apartado camino de la Sierra. Tengo sus nombres, sus fotografías y las declaraciones que les tomé para mis reportajes.

De haber escapado a los cercos, librado del paredón y haber encontrado un bote, me imagino que ahora sería alguno de mis vecinos. Quizá uno de esos ancianitos a bordo de sus Cadillac de estilo demodé a los que uno les cede el paso amablemente mientras conducen con esa cachaza de potentados criollos por las calles del vecindario.

Tan contento que yo estaba con mi teoría de borrón y cuenta nueva. Grave error de mi parte. Aunque también de ellos. Puesto que si no quieren que sus muertos descansen, yo tampoco se lo permitiré a los míos.

Y va a ser la guerra de los muertos.

[No publicado]

INTERCAMBIO

¡¡¡Desde luego que era un cumplido!!!

No se te ocurra pensar que no lo era, y te aseguro que yo también disfruto un montón con la visión tan diferente que estás dando de Cuba y del exilio, tan alejada del maniqueísmo al que estamos acostumbrados. Y para mi es un placer y un honor, formar parte de ella editando tus textos.

Y ahora te dejo para seguir editando lo último Un abrazo.

Juan

www.elmundo.es

Tú no tienes idea (o sí, sí la tienes) de lo que yo disfruto, más que escribiendo, obligándome a pensar. Mi termómetro es

cuando los textos se asumen como una provocación. Escribir para repetir lugares comunes, y máxime cuando se hace para complacer a unos pendejos derechistas, es cuando menos una traición al sentido común. Hemingway nunca lo escribió pero se lo dijo a un amigo mío: no basta con tener talento, también hay que tener cojones. No te puedo decir que yo tenga ninguna de las dos cosas, pero por lo menos trato de guiarme por el consejo. Bueno, esta ha sido una descarga de tú aún no despierto del todo y yo aún no dormido. Así que basta. Gracias de todas maneras por lo que he tomado como un cumplido. Tu amigo, Norberto.

From: "JM"

Allí supongo que será hora de estar durmiendo, pero aquí también es muy pronto y yo si que estoy dormido (ya sabes que no es lo mismo dormido que durmiendo, como no lo es jodido que jodiendo ;-))... el caso es que he tardado un buen rato en enterarme de que era eso de "Yeims Bon"... pero tranquilo, por que estoy seguro de que si sigues metiendo leña con tus blogs, antes o después nos veremos envueltos en alguna intriga.... Me pongo con tus últimos blogs.

Un abrazo Juan

www.elmundo.es

De: nf

Enviado el: miércoles, 30 de agosto de 2006 8:47 Para: JM

Asunto: RE: NF para Juan

Es una pena que no sea cosa de nadie. Con lo que me gustan las intrigas. No obstante, gracias, Juan. Tu amigo Yeims Bon.

Ya te lo cambiaron.... y supongo que ya sabes que la caída no fue cosa de nadie que quiera silenciarnos ;-), fue un error de los dominios .es

Juan

www.elmundo.es

DE: NF

Enviado el: martes, 29 de agosto de 2006 15:39 Para: Blog navegante

¿Nos sacaron la página del aire? ¿Cuál de los servicios

especiales nos ataca? Bueno, este correo a tu dirección también me lo han devuelto dos veces. Vamos a ver si funciona por esta otra dirección.

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Guantanamera

Algunos de los instrumentos de presión americanos contra Cuba comienzan a presentarse como las monedas de cambio a la hora de que los cubanos abandonen su entusiasmo por ser los malos de la película. El embargo y Guantánamo suenan con fuerza. Esa localidad del sur de Cuba me recuerda un cuento.

Una vez en los años 60 un burócrata del Ministerio de Relaciones Exteriores

cubano había recibido una notificación de la Embajada suiza, a cargo de los intereses de Estados Unidos en La Habana, en la que planteaba no sé qué problema en la base de Guantánamo —un enclave que la marina americana mantiene a contrapelo de Cuba desde hace más de un siglo en el extremo oriental de la isla. El burócrata la había aceptado sin ver bien de qué se trataba, y como un asunto más que debía atender la cancillería. Mas los que vieron bien fueron los dirigentes del Gobierno cubano: aceptar la nota era aceptar la presencia de la Base en territorio cubano. Fidel llamó a su jefe de protocolo, un mastodonte, un blanco de pesos completos, a quien sin embargo le

sentaban muy bien los costosos trajes con los que se encargaba de recibir a embajadores y dignatarios. Roberto Meléndez. Tengo entendido que provenía de las células urbanas del Movimiento 26 de Julio que lucharon contra Batista. Tal era entonces el jefe de Protocolo del servicio exterior cubano.

”Vete ahora mismo para Guantánamo —le dijo Fidel—, y diles a los yanquis que nosotros no aceptamos esto.”

Quizá, en su instrucción, haya añadido alguna palabrota habitual en aquellos tiempos de la juvenilia revolucionaria.

Luego de las tres horas de vuelo del turbohélice An-24 de la Fuerza Aérea

—necesarias para cubrir los 1.000 kilómetros entre La Habana y Santiago de Cuba—, y las casi dos horas de automóvil hasta Guantánamo, y luego del traslado de media hora desde el Puesto de Mando de la Brigada Fronteriza y a través del lento camino que

serpenteaba los campos minados, en los todoterrenos Gaz.69 soviéticos puestos a su disposición, Meléndez se plantó delante de la puerta alambrada de la instalación norteamericana, acompañado de un traductor, y solicitó la presencia de “un jefe”. A la hora se presentó un coronel. Meléndez sacó su papel de protesta diplomático y lo cogió entre sus dos manazas de triturador de rocas y convirtió el documento en una pelota, a la que agregó el peso compactante de siete salibazos (escupías, le llamó Meléndez ), que propinó en ese instante sobre el material en elaboración, y cuando estuvo

inextricablemente consolidado, tomó impulso y se lo lanzó por el medio del pecho al oficial, mientras le decía:

”¡Yo lo que me c... en el c... de tu madre. Y esto te lo metes por el c...!”

Pura violencia verbal cubana. Violencia y escatología. La primera ce es relativa a hacer las necesidades fisiológicas más elementales. La segunda, el aparato reproductor femenino. La tercera, el ojete terminal del recto, o, en muchos de los giros del coloquio insular, el recto en toda su longitud.

El traductor, cogido de sorpresa, tartamudeaba aún tratando de ejercer su oficio con la mayor profesionalidad posible, mientras Meléndez daba media vuelta y dejaba al coronel y al traductor frente a frente, el coronel recogiendo el papel del suelo y el traductor caminando para atrás.

”Le piché la protesta por el medio del pecho”, me contaba Meléndez, años después. “Piché” es de “pitchear”. El lanzamiento de la pelota en el juego de béisbol. Dios, qué de complicaciones semánticas.

Guantánamo. El enclave ha conservado su nombre aborigen, o como los

conquistadores creyeron que estos le llamaban. Los militares americanos, no sin cierta gracia, le dieron una cierta tónica sioux o cheyene. Ellos le llaman Yitmo (Gitmo).

Falta por saber si Fidel y Raúl y toda su claque se deciden a portarse bien de una vez y por todas. Estoy loco por ver el fiestón que se gastan sobre la pista de los F-17 cuando le echen garra a esa fruta prohibida.

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El mensajero

Un cable de AFP fechado ayer en San José, Costa Rica, me ha hecho recordar la historia de Meléndez y el coronel de los marines, así como mis propias ocasionales correrías de periodista en permanente busca de batallas por los alrededores de la Base Naval de Guantánamo. El cable de AFP informa de una pomposa declaración del presidente de ese país, Oscar Arias, en la que propone que se le exija al gobierno estadounidense el levantamiento del embargo y la devolución a las autoridades cubanas de la instalación naval de Guantánamo, a cambio de que los cubanos den señales claras de apertura hacia la democracia.

A tenor de parecer negativo (¡una vez más!) en mis apreciaciones, aseguro desde ahora que se trata de otra gestión de Arias destinada al fracaso. Ya el vicepresidente Carlos Lage lo dejó plantado la semana anterior en Colombia —donde coincidieron en la toma de posesión de Álvaro Uribe— porque Arias quiso ponerle condiciones a un encuentro con el cubano. Es conocida la proverbial terquedad de estos nacionales a no aceptar condiciones.

Tengo una única pregunta al respecto. Es sencilla. ¿Por qué no hacen el intento, tan siquiera una vez, de proponerse un diálogo con los cubanos sin anteponerles un

programa?

Vamos, señores, que ustedes no están imponiendo los términos de una rendición. ¿O es que alguien ha levantado bandera blanca en el Palacio de la Revolución?

Bueno, ustedes hagan lo que estimen conveniente. Para algo son políticos y hasta recipientes del Nobel. Creo imprescindible de cualquier manera dejar constancia de mi recomendación al presidente Arias. Si le avisan que afuera de su casa de Gobierno se ha presentado un cubano muy bien trajeado pero con pinta de boxeador retirado y que solicita su presencia mientras no cesa de resoplas como un toro, que no lo reciba.

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In document El Ultimo Disidente Norberto Fuentes (página 111-119)