EL PROYECTO DE UNA SOCIABILIDAD RAZONABLE
2.4. La polite philosophy y el proyecto de una Socratick History
La noción de filosofía defendida por Shaftesbury en las Characteristics estuvo profundamente influenciada por la cercanía del autor con la filosofía clásica. Su carácter eminentemente moral, práctico, conversacional y cosmopolita es la principal evidencia de este influjo. Otra expresión elocuente de esta herencia la hallamos en el irrealizado proyecto de una Socratick History con la cual Shaftesbury pretendía exaltar la figura de quien podría considerarse el filósofo polite de la antigüedad. Este proyecto, que pretendía hacer énfasis tanto en el carácter moral y cívico de la filosofía, como en los criterios formales de la escritura filosófica, estaría compuesto por una serie de traducciones de las principales fuentes clásicas de la vida de Sócrates, así como de ensayos explicativos y notas del traductor. Los textos pondrían en evidencia un distanciamiento de la versión platónica de Sócrates, que le dibujaba “en medio de nociones metafísicas y teológicas”, y le presentaba en medio de formas abstrusas y de un vocabulario “insociable”.121 Mostrarían, por el contrario, la adherencia a la versión de
Jenofonte, que expresaba lo que a juicio de Shaftesbury era esencial en Sócrates, a saber, “acción y capacidad, cómo ser útil en el mundo, un buen patriota, un buen amigo, un buen economista, y en relación con la familia, etc.”.122
La polite philosophy, a imagen de la dialéctica socrática, propendía por un hombre en cuyo carácter fuesen conciliables la práctica filosófica y la familiaridad con la sociedad y los negocios. Su orientación eminentemente moral consistía en desarrollar y perfeccionar las propias afecciones a fin de adquirir un gusto que, haciéndose acorde con el estándar real de la virtud, permitiera un progresivo perfeccionamiento de los juicios
121 Cfr. KLEIN, L., “The Third Earl of Shaftesbury and the Progress of Politeness”, Op. Cit. p. 209. 122 KLEIN, L., Shaftesbury and the Culture of Politeness, Op. Cit. p. 108.
morales. Este proceso de refinamiento, que del ámbito moral fue extensivo al de la estética por ser lo bello y lo bueno “una misma cosa”, atendía, al mismo tiempo, al cultivo de sí y al perfeccionamiento de los modos de expresión. Por implicar no sólo la dimensión racional del ser humano, sino también, y muy particularmente, toda su dimensión sentimental y afectiva, la noción de refinamiento hizo que para los griegos como para el mismo Shaftesbury, el problema del progreso moral concerniera a la mayoría de los hombres y no sólo a algunos, como pensaban los racionalistas morales, o a nadie, como afirmaba el epicureismo clásico y moderno.
Esta misma noción, al situarse en el marco de una visión teleológica del cosmos como la defendida por Shaftesbury, determinó, además, que fuese en el ámbito político donde pudiera alcanzarse la plenitud de las pretensiones morales de la filosofía. En efecto, considerándose que el universo se halla compuesto por diversos subsistemas y que los seres humanos, como las demás criaturas, son tanto más virtuosos cuanto más amplias y mejores son sus afecciones respecto a los diversos subsistemas de los que participan, resulta claro que es el ámbito de la política, entendido en términos de ciudadanía o más aún, de cosmopolitismo, el que propende por el bien más general. De acuerdo con la figura de Sócrates y en consonancia con el pensamiento de Shaftesbury, es precisamente en virtud de la práctica filosófica que el hombre alcanza un mayor compromiso en relación con sus obligaciones políticas, sean éstas civiles o domésticas. Por ello, sólo a la luz de este compromiso puede medirse la transformación de su carácter moral, y sólo puede decirse con certeza de un hombre que es mejor cuando es un mejor ciudadano.
En coherencia con el carácter político atribuido a la filosofía, ésta debía consistir en un ejercicio público y sociable, cuyas fronteras geográficas fueran las del mundo mismo. El modelo de la filosofía socrática correspondía notablemente a esta exigencia. En efecto, de acuerdo con la imagen presentada por Platón y Jenofonte, Sócrates filosofaba en calles, plazas y demás sitios donde los hombres de Atenas acostumbraban encontrarse. Lo público, espacio tradicional de los placeres y los negocios, a la luz de la
figura de Sócrates, era también el lugar más apropiado para la filosofía. Inspirado en la Grecia Clásica donde los hombres “gastaban su tiempo en los templos y en los anfiteatros, en el mercado y en el puerto, bajo los pórticos y en medio de la ciudad, de la cual todos eran igualmente dueños”123, Shaftesbury pretendió que su caracterización de
la polite philosophy redundara en la transformación de una sociedad que, a su juicio, no era aún más que “una acumulación de espacios privados vinculados a ruidosas avenidas transitadas por carruajes”.124 Una filosofía pública y sociable como la suya propendía
por una sociedad donde el ruido del discurso público pudiera conciliarse con el del discurso filosófico. Se trataba, por tanto, de una filosofía eminentemente conversacional que, externalizando el coloquio interno del filósofo-autor, reificaba el tópico socrático del autoconocimiento125, ejercicio de diálogo interior que constituía una condición del diálogo con los otros.126
Finalmente, y con esto anticipamos el tema central de nuestro tercer capítulo, otro de los rasgos constitutivos de la herencia socrática en el pensamiento de Shaftesbury fue el papel determinante concedido por Sócrates al humor en relación con el acceso a la verdad.127 Tal como lo podemos notar en los diálogos, Sócrates es siempre presentado como un filósofo bienhumorado. Su buen humor, lejos de ser una característica más de su personalidad, aparece como un dispositivo filosófico gracias al cual Sócrates pudo, por una parte, defender sus argumentos de la amenaza de las tendencias dogmáticas y autoritarias de sus interlocutores, y por otra, contrarrestar y prevenir los efectos del entusiasmo en materia de religión.128
123 KLEIN, L., “The Third Earl of Shaftesbury and the Progress of Politeness”, Op. Cit. p. 211. 124Ibid.
125 Cfr. KLEIN, L., “The Third Earl of Shaftesbury and theProgress of Politeness”, Op. Cit. p. 209. 126 Cfr. JAFFRO, L., Op. Cit. p. 121.
127 Cfr. ANSELMENT, R., “Socrates and the Clouds: Shaftesbury and the Socratic Tradition” en The Journal
of the History of Ideas, 39 (1978), pp. 171-182, p. 178.
128El término “entusiasmo” tiene para Shaftesbury dos connotaciones. Por una parte, de acuerdo con la idea más extendida en la época y en consonancia con el uso que los antiguos hacían del mismo término, el entusiasmo constituyó una manera de nombrar al fanatismo, en su sentido original de “aparición que arrebata al espíritu”. Por otra parte, como bien lo afirma BADELON, F. en su texto “Enthousiasme,