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La Prestidigitación Aplicada

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En esta situación presentaremos una vasta serie de ac­ tos, con tendencia al virtuosismo escénico, y en los cuales podrá el aíicionado ejercitar la técnica y la personalidad in­ dudablemente adquiridas a través de los capítulos anteriores.

En muchos de los actos siguientes intervendrán apara­ tos trucados, o sea implementos de fabricación especial, cu­ ya constitución íntima deberá disimularse en todo momen­ to ante el público, dando la impresión de que el artista actúa en una forma natural, aunque inexplicable.

Esos aparatos trucados pueden adquirirse fácilmente en las casas del ramo, pero nada impedirá que el aficionado, basándose en los diseños que le ofrecemos, los construya per­ sonalmente o los mande construir según sus propias indi­ caciones. Los demás grandes ilusionistas de fama interna­ cional han contado con su taller individual de mecánica y carpintería, donde fabrican a su gusto y criterio los apara­ tos y mecanismos necesarios para sus creaciones.

Aconsejamos al aficionado que en ningún caso se preci­ pite y que practique repetidamente a solas cada número an­ tes de presentarlo en público.

82.—LA BOTELLA DESOBEDIENTE

En una botellita hecha de cuello angosto y base ancha (Fíg. 37). Póngala horizontalmente sobre la mesa, y luego

(Fig. N9 37)

El truco consiste en un perno metálico (o clavo sin ca­ beza) que se introduce en el cuello de la botella, de modo que no sobresalga. Con el perno dentro, la botellita per­ manecerá acostada: sin el perno, se levantará, a causa de la gravedad.

Al entregar la botella a otra persona, hágalo inclinan­ do aquélla de cabeza, de modo que el perno se deslice por sí solo, y usted lo recibirá en la palma de la mano, ocul­ tándolo discretamente con los dedos.

La base de la botella ha de ser maciza. Las paredes in­ teriores del cuello han de ser bien lisas, para que el perno o cualquier objeto que haga de contrapeso pueda resbalar con facilidad.

85.—LA VARITA Y EL PAÑUELO

Se haoe a la vista del público un cucurucho de papel, en cuyo interior se coloca el pañuelo de un espectador. Se muestra el cucurucho, para que todos vean que el pañuelo está dentro. En seguida el artista toma su varita y la intro­ duce en el cucurucho, con el aparente propósito de hundir el pañuelo hasta el íondo.

Hace otro cucurucho, que sitúa a cierta distancia del primero, y dice que en virtud de unos pases magnéticos da­ dos con su varita, el pañuelo lo pasará del primer cucuru­ cho al segundo.

Introduce la varita en éste, da los pases magnéticos, re­ tira la varita, y abre los cucuruchos. El primero está vacío. En el segundo aparece el pañuelo.

La varita tiene un dispositivo, accionado por una corre­ dera lateral, que permite que por el extremo que apunta hacia el pañuelo asomen unos ganchos que toman el pa­ ñuelo y lo introducen en el interior de la varita. Cuando el artista va al segundo cucurucho, acciona la corredera a la inversa, y el pañuelo es expelido. Conviene que éste sea de seda y no demasiado grande, para que pueda comprimir­ se lo suficiente.

Por medio de la varita, con un mecanismo de ganchos en su interior, puede lograrse la desaparición y aparición de toda clase de objetos, siempre que éstos quepan dentro de la varita.

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Tómese la moneda, efectúense unos pases magnéticos en dirección al bolillo, escamotéese entretanto la moneda mediante alguno de los procedimientos conocidos, conser­ vándola en la mano. Ahora tómese el bolillo, introdúzcase en él la moneda por el lado opuesto al público (conviene que el pan se ablande, para que la presión de los dedos tenga que ser menor), y en seguida rómpase visible y lim­ piamente el bolillo, sujetándolo únicamente por las puntas, hasta que la moneda caiga sobre la mesita de trabajo. Sin tocarla, invítese al espectador para que diga si es la misma que éi entregó y marcó.

89.—EL PAÑUELO QUE APARECE EN LA MANO Súbanse ambas mangas del saco y de la camisa en señal de honestidad. Muéstrense las dos manos, por el derecho y por el revés, con los dedos bien extendidos. El público quedará plenamente convencido de que allí no hay nada.

Llévese una palma sobre la otra e inicíese una suave labor de frotación. Al cabo de unos instantes, separe las manos y en ellas aparecerá un pañuelo de seda de vivos colores.

Uno de los dedos (el mayor o el pulgar) es artificial, es decir, el dedo verdadero está recubierto por una funda de plástico delgado y opaco, del mismo color que la carne e imitando perfectamente un dedo humano. Entre el plás­ tico y la piel se habrá acomodado previamente un pañue- lito de seda. Al frotar las manos entre sí, se maniobra de manera que el pañuelo vaya saliendo; apenas empiece a asomar, el pulgar de la otra mano hará ccsi todo el trabajo.

Es un bonito número, espectacular y desconcertante. 90.—VAPJANTE DEL ANTERIOR

El efecto y presentación son los mismos. Pero el pa­ ñuelo no está oculto en un dedo artificial, sino en el cha­

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Durante la frotación, el operador llevará sus manos al pecho, en posición vertical, y tomando el hilo por el pun­ to donde las manos se unen a las muñecas, irá tirando há­ bilmente de él hasta que el pañuelo pase a las palmas.

» 91. —LA CANICA QUE APARECE

Muéstrense limpiamente las manos, y después de una breve frotación entre ambas, hágase aparecer en ellas una canica.

Para este acto se usa un falso pulgar, debajo del cual se ocultará la canica previamente. Cierto que el dedo será más largo de lo debido, pero si está en constante movimiento y doblado en dirección de la mano, nadie se fijará en el de­ talle.

Durante la frotación, quítese el falso dedo, recójase la bolita, escamotéese la funda de hule o plástico, y presén­ tense las manos sosteniendo la canica.

Generalmente resulta más fácil escamotear la funda que volverla a acomodar en el dedo verdadero, pues esta manio­ bra, a menos que se tenga una gran práctica, requiere siem­ pre el recurso de la otra mano.

92. —LA CARTA QUE YA NO ESTA

Pida a un espectador que piense una carta y que él mismo se encargue de buscarla en la baraja. Cuando la haya encontrado, que la coloque debajo del mazo volteado. Usted toma el mazo y efectúa un cambio inverso (Ejer. 56), a fin de que la carta elegida pase arriba. Vuelve a dejar el mazo, pero escamotea la carta por alguno de los proce­ dimientos indicados en las Figs. 20 a 26. Pida al especta­ dor que baraje y que busque de nuevo su carta. Como la

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operación puede ser larga, usted toma asiento mientras es­ pera.

El otro se pone a buscar una y otra vez, y al fin tiene que reconocer que no encuentra la carta. Entonces pregún­ tele: "¿Qué carta está usted buscando?'" Contesta que la so­ ta de oros, y usted exclama: “|Pero, hombre; si e sa carta no está en la b araja!" En efecto, al levantarse, la sota de oros aparece en la silla donde estaba sentado.

No hay que decir que, una vez escamoteada la carta, us­ ted la lleva a su silla, sentándose sobre ella.

93— LA ELECCION FORZADA

Llámase “elección forzada" a la maniobra que consiste en hacer que un espectador elija la carta que el artista de­ see, a fin de facilitar la ejecución de su acto. Ninguno de los procedimientos ideales hasta la fecha es absolutamente in­ falible, exceptuando el que a continuación indicamos y que permite realizar actos como el siguiente:

Se presenta al espectador un mazo volteado, de mo­ do que él sólo vea el dorso de las cartas. Se le pide que saque una, que la mire y que vuelva a acomodarla en la baraja. Entréguese ésta a otro espectador, o al mismo, para que baraje tanto como desee, pero siempre al estilo ameri­ cano, o sea sin poner de cara ningún naipe. Entonces diga usted que a la carta equis (la número 17, por ejemplo) apa­ recerá la elegida. Vaya usted contando y pasando cartas, sin voltear a ninguna, y al llegar a la l'7a. voltéela y de­ muestre que es la. elegida por el espectador.

La verdad es que tanto habría usted podido decir la 17a. como la 5a. o la 2a., pues todas las cartas de aquella bara­ j a . .. son iguales.

94— UNA VARIANTE DEL MISMO

Partiendo de un mazo con todas las cartas iguales (sei­ ses de bastos, por ejemplo), sustituya a tiempo el mazo tru-

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cado por otro legitimo, mediante una hábil labor de esca­ moteo, y déles el segundo mazo al espectador para que va­ ya pasatido cartas, esta vez a vistas, y cuando llegue el 6 de bastos dígale que esa es la carta que él eligió.

También puede utilizarse el mazo de cartas iguales pa­ ra que varios espectadores elijan la misma carta, experimen­ to que podrá derivar hacia un acto de telepatía, si usted di­ ce que en realidad cada espectador eligió una carta distinta, pero que usted, con su poder de sugestión, ha unificado sus mentes, obligándoles a ver la misma carta.

95— LA CARTA A TRAVES DE UN SOMBRERO

Dé a examinar un sombrero de copa, para demostrar a su auditorio que no está trucado. Muestre una carta cual­ quiera (el as de oros, por ejemplo) y échela dentro del som­ brero . La carta atravesará el sombrero y caerá al suelo. Re­ cójala y empújela hacia arriba, tratando de que atraviese de nuevo el sombrero, esta vez de abajo arriba. Cuando lo haya Logrado, muestre el sombrero para que todos vean que el as de oros vuelve a estar dentro.

Para este curioso número se necesitan dos cartas igua­ les, dos ases de oros en nuestro caso. Una se tiene empal­ mada en la mano que sostiene el sombrero, digamos la iz­ quierda. Con la derecha se tira la otra dentro del sombrero, y simultáneamente deja caer al suelo la carta que tenía em­ palmada, dando la impresión de que es la primera que ha atravesado el sombrero.

Recoja la carta caída, y mientras simula hacerla pasar a través del sombrero, empálmela de nuevo en la mano que sostiene aquél. Luego saque de dentro del sombrero la otra carta que en realidad allí ha estado todo el rato, pues la que usted deja caer y recoge del suelo es la previamente empalmada.

El empalme en este caso es relativamente fácil, pues la mano que oculta la carta queda protegida por el propio som­ brero que sostiene.

98.—EL ACORDEON DE NAIPES

También es muy espectacular el acto de pasarse la ba­ raja de una mano a la otra, en una sucesión rapidísima de cartas, abriendo y cerrando entretanto los brazos como si se estuviera tocando el acordeón.

El ejercicio también requiere un prolongado entrena­ miento, aconsejándole al aficionado que empiece con pocas cartas y las manos fijas, a corta distancia una de la otra. Ejespués, irá ampliando esa distancia y moviendo más libre­ mente las manos. Desde luego, es indispensable desde el principio que las cartas a disparar estén curvadas, de pre­ ferencia convexamente (con el centro de cada naipe hacia afuera), si bien algunos prestidigitadores prefieren la curva­ tura cóncava (el centro hacia la mano que sostiene las car­ tas) de un modo u otro, la curvatura es indispensable, pues de ella depende que al ser disparadas las cartas adquie­ ran la fuerza suficiente para llegar en línea recta hasta la otra mano que debe recibirlas.

en varios dobleces, introdúzcase en un sobre chico (de tar­ jeta de visita, ciérrese éste y quémese a la llama de un ce­ rillo o encendedor.

Hecho esto, sáquese del bolsillo un sobre idéntico al pri­ mero, y entréguese al espectador para que lo abra y diga si el billete que va adentro es el mismo que prestó.

El artista utiliza dos sobres iguales, que presenta jun­ tos, de modo que sólo parezcan uno. Uno de ellos contiene un papel cualquiera doblado de la misma manera que se doblará el billete. Este es guardado en el otro sobre vado; y el que se quema es naturalmente el que contiene el papel cualquiera, quedando el otro empalmado en la mano, como si fuera un naipe. Luego el artista simula sacarlo de su bol­ sillo .

La parte más delicada del acto consiste en escamotear el sobre que realmente contiene el billete.

101.—EL PAÑUELO Y LA CAJA DE CERILLOS

Muéstrese una caja de cerillos, cuyo estuche sea de los que van cerrados por un lado, y dése a examinar. Mués­ trense también las dos manos, con los dedos abiertos, y vol­ téense para que todos vean que no contiene nada. Pídase a un espectador que coloque la caja de cerillos, vaáa, en la palma de una de nuestras manos.

Pongamos una mano contra la otra, con la caja enme­ dio, y al separarlas contendrán un pañuelo de seda.

Explicación: la cajita tiene un pequeño doble fondo por el extremo cerrado, donde con anterioridad se ha apretuja­ do la mascadita de seda. El operador lleva oculto en la uña un pequeño alambrito, finísimo pero resistente, doblado por uno de sus extremos en forma de diminuto gancho, con el que perfora la caja y extrae el pañuelo mientras oculta la c a ­

ja con las manos.

102.—LA BOTELLA DE LOS MIL LICORES

todas las copas, para demostrar que no contienen nada. Des­ pués dará a probar a varios espectadores el contenido de la botella, hasta agotar el agua simple que hay sobre el ta­ pón secreto. Naturalmente, todos dirán que aquello es agua.

El artista dirá a continuación.

—Ahora, con la ayuda de mi varita mágica, haré cjue esa agua se convierta en la clase de licor que cada uno de ustedes desee. ¿Usted, qué prefiere, señor? Puedo servirle anís, curacao, crema de vainilla, licor de almendras.

E irá sirviendo lo que le pidan, bastándole llenar con so­ lución la correspondiente copa y esperar unos instantes pa­ ra que la esencia se disuelva y el líquido adquiera el color y sabor adecuados.

El empleo de la varita mágica es indispensable en este acto, pues lo que con ella se hace en realidad, mientras se simulan los pases magnéticos, es empujar al fondo de la botella el tapón «de vidrio que impedía la salida de la solu­ ción preparada.

103— EL VASO QUE SE LLENA SOLO

Es muy curioso ver cómo un vaso se llena solo en ple­ no escenario, lejos de toda botella o recipiente visible.

Para poder efectuar esta maravilla, se necesita un apa­ rato como el representado en la figura 44. Contra de una bolsa de hule A, en comunicación con un largo tubo B, que termina en una llave de paso C. La bolsa se llena d.e lí­ quido quitando la tuerca D. que une la bolsa con el tubo. La bolsa se suspende del hombro del operador, por debajo de sus ropas, mediante una correa E.

El tubo corre por debajo de la manga del operador, de modo que la llave de paso C queda a la altura del puño de la camisa, por la parte inferior de la muñeca.

El vaso o copa utilizado en el experimento trae un ori­ ficio en la base, por el cual se introduce el extremo del tu­ bo. La llave de paso se acciona oprimiéndola contra el cuer­ po, bastando un leve, aunque bien estudiado movimiento del antebrazo, para abrirla o cerrarla.

104— LAS MESAS DEL ILUSIONISTA

Entre los útiles de trabajo de todo mago figura una me- sita, que aparentemente sólo sirve para sostener los objetos necesarios para sus actos, pero en realidad contiene una gran cantidad de mecanismos y trampas. Toda mesa de prestidigitador está trucada, dependiendo el trucaje de los necesidades, conocimientos y fantasía de cada artista.

Los mecanismos de estas mesas pueden ser accionados por el propio operador en el transcurso del acto, o por algún ayudante oculto entre bastidores, mediante hilos convenien­ temente distribuidos.

Algunas mesas traen en su interior un mecanismo de cuerda que hace que determinada maniobra se produzca automáticamente en determinado momento.

Otras contienen dispositivos que son accionados por me­ dio de la corriente eléctrica. En este caso los hilos van por dentro de las patas y luego por debajo de las tablas del escenario, hasta las manos dél ayudante secreto.

Las patas de las mesas suelen ser extensibles, a fin de que la superficie pueda quedar a la altura que cada caso requiera.

La superficie de la mesa presenta trampas, es decir, tra­ mos que pueden bajarse o correrse a voluntad, con el obje­ to de escamotear determinados objetos; sustituyéndolos por otros previamente ocultos en el interior d.e la mesa.

En caso de que la mesa esté protegida por un tapete, éste tiene orificios y aberturas hábilmente disimuladas que permiten el paso y sustitución de objetos. Los flecos del ta­ pete sirven a veces de hilos accionados de los mecanismos invisibles.

Algunas mesas traen también aberturas laterales para permitir la salida de objetos. Situada la mesa junto a la pa­ red o decoración, el objeto irá a manos de un ayudante, quien luego se encargará de ponerlo al alcance del artista, si así lo exige el experimento.

En fin, la descripción de una mesa de mago, con todas sus modalidades y variantes, sería interminable. Bástele sa­

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ber al aficionado, que cada una de esas mesas es una cue­ va secreta de resortes, trampas, pedales, correderas, falsas superficies, hojas movibles, aberturas, etc.

Veamos algunos actos a base «le mesas trucadas.

105.—LA BARAJA CAMBIADA

Muéstrese una baraja a los espectadores y pídase a uno de ellos que, una vez revisada, la deposite personalmente so­ bre la mesita. Hecho esto, el espectador vuelve « su buta­ ca, en tanto que el artista permanece alejado de la mesa. Este va y viene por el escenario, haciendo sus comentarios. Al terminar su charla, envía unos pases magnéticos a la me­ sa, invita de nuevo a subir al mismo espectador, o grupo de espectadores, y éstos ven con asombro que el mazo de nai­ pes se ha transformado en otro: o más pequeño, o con otro dibujo en el reverso de los naipes, o con menos cartas, o de cartas iguales; o bien, si era una baraja española, se ha transformado en francesa.

La explicación es que el artista, en una de sus idas y venidas por el escenario, ha pasado por delante de la mesa, aunque a cierta distancia, ocultándola por un instante a la vista del público, mismo instante que el propio artista, va­ liéndose de un hilo invisible, o su ayudante entre bastidores, han aprovechado para accionar la falsa superficie de la me­ sa, haciendo que desaparezca el mazo depositado por el es­ pectador y que aparezca en su lugar, y en el mismo sitio,

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