En Abot de Ribí Natan cap. 13 está escrito: "Se debe tratar a toda persona con buena cara. Se puede dar al compañero todos los regalos del mundo, pero si fue de mala forma, se le considerará como si no hubiera dado nada. Por el contrario, aquel que trata bien al otro, incluso que no le haya dado nada, es como si le hubiese obsequiado todos los regalos del mundo".
Imaginemos lo que puede suceder con dos personas con el mismo nombre que se encuentran en el Shamaim en el momento previo al Juicio Divino. Al dialogar, se sorprenden de tener el mismo nombre: uno de ellos se encuentra tranquilo y sonriente, ya que fue una persona muy rica y continuamente repartió dinero a su señora, hijos y comunidad, por lo que recibirá seguramente el paraíso. Su figura contrasta con la tristeza y preocupación del otro, que fue una persona muy pobre y que casi nunca pudo colaborar con nadie, por lo que, seguramente, deberá ir al infierno.
La conversación se interrumpe porque llegó el turno de juzgar al primero de ellos que entra confiado al lugar del juicio. Para su sorpresa, el fiscal dictamina que debe ir al infierno y el abogado defensor reconoce que nada puede hacer en este caso. Indignado pregunta: "¿Y todo lo que di al prójimo en mi vida para que sirvió?". "Nunca diste nada", le responden. En ese momento se tranquilizó: "Ahora entiendo, me han confundido con el que está esperando el turno afuera, tiene mi mismo nombre y por eso la confusión". "No hay confusión posible", le responden. "Tú has dado muchas cosas en tu vida, pero al darlas de mala forma, y sin entregar tu corazón, es como si no hubieras dado nada. En cambio, tu compañero que cree que por ser pobre irá al infierno, le aguarda el paraíso, ya que lo poco que pudo brindar al prójimo, lo hizo con una sonrisa y con todo su sentimiento".
En el matrimonio, este tema es fundamental. Debemos cuidarnos en la forma que damos a nuestra pareja lo que necesita, ya que corremos el riesgo de perder todo el pago del esfuerzo que hicimos. Para eso, sólo basta con poner cara de desgano, o simplemente con decir: "Ufa, ...tomá". Por el contrario, aquél que entrega con una sonrisa, aunque sea lo mínimo y precario por su situación especial, recibirá en el mundo venidero un pago especial, sumado a la gratificación de vivir felizmente en este mundo y ser ejemplo para el comportamiento de sus hijos.
Se comenta sobre el Jafez Jaim Z"L, que en una oportunidad su señora se quejó por la situación económica del hogar, diciendo: "En la casa de los vecinos tienen riqueza a pesar de tratarse de gente que no estudia Torá; sin embargo, nosotros con tanto estudio pasamos momentos de pobreza!". El Rab le contestó: "¿Acaso crees que nuestros vecinos a los que no les dio Hashem tanta sabiduría, ni tampoco tienen hijos que puedan elevarse en el camino de la Torá, también deben ser castigados con pobreza? Por otra parte, tú tienes un marido con Torá, has encontrado el camino de la verdad y tienes la esperanza de que tus hijos sean
estudiosos y grandes Sabios, ¡¿Quieres recibir también riqueza?! ¿Dónde estaría la justicia Divina si nuestra casa tuviera todo y la casa de nuestros vecinos se encontrara vacía en materialismo y en espiritualidad? ¡Por eso debemos estar felices con lo que tenemos, que es lo mejor!".
El Jafez Jaim nos enseña con su sabiduría, que sólo con un lenguaje suave e inteligente puede tranquilizar a su señora. No lo hará con discusiones y peleas. De la misma forma, cuando el marido vuelve a su hogar después de un día de problemas y tensiones, debe su señora sonreírle y alentarlo para despejar las nubes tormentosas que apagan su espíritu, y traer la luz que lo alumbre en el camino de la vida. Cada integrante de la pareja tiene la obligación de repetirse continuamente: "La sonrisa acerca los corazones. La tensión y el enojo destruyen el hogar".
La Mishná en Pirké Abot 1 comenta: "Shamai dice... Recibe a toda persona con buena cara". No creamos que Shamai se refería sólo a los casos en donde se recibe a un huésped en el hogar. Su enseñanza fue para todos los momentos de la vida en donde alguien se encuentre frente a nosotros. En forma sorprendente, no es Hilel -Sabio talmúdico contemporáneo a Shamai que se destacaba por pregonar el favor en toda circunstancia- el que nos transmite la importancia de la sonrisa. Es nada menos que Shamai quien lo recuerda, no como un buen consejo sino como una obligación.
El Maharal de Praga en su comentario sobre Pirké Abot comenta que por naturaleza la persona desea saber si quienes se encuentran a su alrededor lo valoran o lo desprecian. ¿Cómo se da cuenta? Por la expresión de las caras. Una cara sonriente demuestra valoración a su personalidad. Una cara furiosa o apesadumbrada refleja la falta de consideración de quien se encuentra a su lado y provoca una sensación de desprecio prohibida por la Torá. Por lo tanto, explica el Maharal, recibir al otro con una sonrisa no es un acto de favor sino una obligación para que no se sienta despreciado. Por eso, es el propio Shamai quien menciona el tema como un deber más que no puede quedar de lado. En el matrimonio, este concepto adquiere una relevancia fundamental, ya que al sonreir uno al otro le está diciendo en forma clara: "yo te valoro, tú eres considerado para mí".
Este tema tan elemental lo podemos observar en la manera como un niño diferencia entre una cara que lo mira en forma agradable o de manera agresiva. Su respuesta es instantánea: llora o juega de acuerdo con el modo como se hayan dirigido hacia él. El Rab Shelomo Volve Shelita en su libro "Ale Shur" compara a un niño que crece sin la sonrisa de quienes lo rodean con una planta que no recibe la luz del sol. Nunca se llenará de vigor. Esa simple sonrisa que recibe y que le permite desarrollarse con todo ánimo y fervor, no es nada más que la expresión del alma que brota del interior del cuerpo de quienes lo rodean y lo alimentan espiritualmente de esa manera tan sencilla.
En cuántos casos hay parejas que comparten toda una vida sin encontrar un idioma en común, con nerviosismo, amargura y sin el mínimo entendimiento. ¿Cuál es la raíz de este desastre? Quizás que cada uno de ellos esperaba que el otro se acercara con una sonrisa para empezar una mejor relación. Nadie dio el primer paso y así transcurrió la vida. Sólo que la brecha cada vez se hizo más profunda. Cada uno pensó que tenía los motivos suficientes como para no dar el brazo a torcer. Olvidaron que la obligación de "recibir al otro con buena cara" es incluso en los casos en donde las actitudes no se compartan o las ideas sean distintas. Mas aún en el matrimonio, donde ninguna persona podrá brindar lo que cada integrante de la pareja deje de realizar.
Que Hashem ayude al pueblo de Israel para que la sonrisa y el aliento mutuo sean la base de todos nuestros hogares. Amén.
Reforzar la fe
Cuando aparecen problemas de distinto tipo dentro de un hogar, muchas veces provocan tristeza y depresión al no encontrar el porqué de esa situación. El matrimonio debe en ese caso tomar la iniciativa de insuflar entre ellos un espíritu de fe y esperanza. Deben alentarse mutuamente con palabras y actos que demuestren que todo lo que sucede está manejado por Di-s para el bien, aunque el ser humano no pueda entenderlo con su limitada capacidad.
Debemos aprender a tener en nuestra boca y corazón frases de nuestros Sabios tales como: "Todo lo que Di-s hace es para bien", o "Nadie mueve un dedo en la tierra, si no lo decretan desde el Cielo". De esta manera, fortaleceremos la Emuná en los momentos difíciles. Si lamentablemente sucedió una pérdida económica, se debe buscar lo positivo de la misma. Quizás fue una Kapará por nuestros pecados y gracias a Di-s, no se trató de algo más grave. Debemos recordar, por otra parte, que los sufrimientos borran los pecados de la persona como comenta el Talmud: "Toda persona que Hashem quiere, recibe sufrimientos" (Berajot 5). Debemos tener presente lo que menciona Ribí Ishmael en Arajin 15: "Toda persona que pasa cuarenta días sin sufrimientos recibe su pago en este mundo".
Con una óptica adecuada de la vida, las preguntas desaparecen y la paz y la tranquilidad retornan al hogar. Por eso, es importante que la pareja concurra a estudios de Torá o lea, en conjunto, libros de Musar que cambian la visión equivocada de los sucesos de la vida por una óptica llena de fe y esperanza como base del hogar. Así desaparecerán las quejas y lamentos que hoy lamentablemente se hicieron cotidianos. Renacerá el ¡Baruj Hashem! ¡Bendito eres Di-s! y el ¡Min Hashamaim! ¡Todo es del Cielo!, que nos darán la felicidad verdadera sin nervios ni sufrimientos.
Precisamente, el único modo para evitar una pelea es trabajar sobre uno mismo para reforzar la fe y aprender a vivir con alegría. El profeta Zejariá 8 nos dice que "la verdad y la paz serán amadas". Aparentemente, se trata de dos conceptos contradictorios, ya que si observamos al prójimo bajo la óptica de la verdad encontraremos errores y falencias que provocarán la discordia. El problema consiste en que buscamos la verdad en el otro y olvidamos analizarnos a nosotros mismos. Si lo hiciéramos, tomaríamos conciencia de nuestros defectos y la paz con el prójimo sería fácilmente encontrada. A eso se refirió el profeta Zejariá.
Es cierto que a veces se requiere de un control especial para no reaccionar, pero precisamente por eso es que el rey David nos enseña: "Busca el Shalom y persíguelo" (Tehilim 34). No se trata de esperar a que el Shalom nos encuentre en forma circunstancial, sino que debemos buscarlo y perseguirlo anulando nuestra propia honra o sentimiento para poder encontrarlo. Se cuenta sobre
Napoleón que al pelear con Rusia llegó a una ciudad muy fortificada y no podía derrumbar sus murallas. La sitió aguardando a que sus habitantes se rindieran con el correr del tiempo. Sin embargo, como éstos disponían de gran cantidad de alimentos, fueron los soldados de Napoleón quienes se impacientaron sugiriendo regresar a sus hogares. Napoleón decidió disfrazarse en compañía de un general e ingresar como espía en la ciudad para ver la situación real del lugar: si aún disponían de alimentos regresarían, pero de lo contrario, el sitio continuaría hasta que se rindieran.
Pudieron ingresar a la ciudad en forma oculta y llegaron a un bar que estaba colmado de soldados que intentaban emborracharse para olvidar el hambre que padecían. Los comentarios eran que no había alternativa: caerían en las manos de Napoleón y su ejército. Cuando los dos espías -Napoleón y su general- escucharon y entendieron la situación, intentaron retirarse: la misión estaba cumplida. Pero de repente uno de los soldados rusos exclamó: "observen a ese campesino: ¡juraría que es Napoleón!". Los espías comenzaron a temblar, pero la suerte estuvo de su lado porque todos sus compañeros se burlaron del soldado. "¿Cómo es posible que el propio Napoleón llegue hasta acá y con ese aspecto tan despreciable?", le dijeron. El general que acompañaba a Napoleón decidió eliminar cualquier tipo de sospechas y le pidió a Napoleón que le sirviera un poco de vino. Napoleón, que comprendió la idea del general, comenzó a servirle pero lo hizo en una forma bastante brusca que provocó que el vaso cayera sobre el piso y se derramara el vino. El general, indignado, golpeó a Napoleón quien cayó al piso a la vista de todos. Cuando intentó levantarse, recibió un puntapié del general que lo insultó y ofendió por su necio comportamiento. Los soldados rusos se rieron de lo sucedido y confirmaron "el error" del soldado: nadie se atrevería a golpear de esa forma a Napoleón. El general pagó la botella de vino y se retiró junto a Napoleón sin que nadie sospechara sobre la verdadera identidad de ambos. Cuando llegaron a un lugar oculto, el general se posternó delante de Napoleón llorando y pidiéndole perdón por los golpes que le había dado. Napoleón lo abrazó, lo besó y le dijo: "mi agradecimiento te lo demostraré elevándote al cargo más importante de nuestro país y te llenaré de regalos".
Debemos aprender el mensaje. En algunas circunstancias la persona debe recibir por sus malas actitudes un castigo celestial. Pero la piedad de Di-s lo rescata del mismo enviándole una persona que lo insulte y lo ofenda. Si el ofendido tomase conciencia de que la vergüenza que recibe es por su bien y para conseguir la vida rescatándolo del sufrimiento, lo recibiría con la misma alegría que Napoleón, en el momento en que recibió los golpes. ¿Qué hubiese sucedido si Napoleón reaccionaba y le gritaba al general que debía mantenerle el respeto que merecía? Los soldados rusos hubieran reaccionado descubriendo la identidad de los espías. Sepamos soportar los malos momentos para poder vivir siempre con alegría.