El baile de cifras, las metáforas, los eufemismos o hipérboles son sumamente habituales en los textos informativos referidos a la migración en general y las personas refugiadas en particular. Se reitera la cantidad, la imposibilidad de la Unión Europea para asumir la llegada. Las percepciones no son siempre respe- tables y en una Unión Europea con 510 millones de habitantes, hablar de inva- sión con la llegada de 160.000 personas refugiadas (el 0,2% de la población total) puede ser considerado miserable.
Esta retórica promueve la percepción de «hordas de bárbaros a las puertas»
104
siones iba unido a la necesidad de la mano de obra bárbara para asegurar la subsistencia de esa misma cultura (Nail, 2016).
La UE aprobó, en septiembre de 2015, la reubicación de 160.000 personas. Según OIM, en 2015 se reubicaron 1.578 personas en la Unión Europea. En mayo de 2016, el estado español ha recibido 18 personas refugiadas. El 23 de mayo de 2016, Interior hacía el enésimo anuncio de recepción de 20 personas más de nacionalidades sirias y reubicadas desde Italia. El Ministerio espera 150 personas hasta el 1 de julio de 2016.
En la actualidad, las oleadas, avalanchas, invasiones, plagas son reproduci- das de manera acrítica o intencionada para confirmar esta situación de invasio- nes bárbaras: «alud de inmigrantes» (El Mundo, 20/04/2015); «aluvión de re- fugiados» (El Mundo, 14/09/2015); «La crisis migratoria estalla en el túnel de la Mancha» (El País, 30-07-2015); «El premier Cameron lamentó el «enjambre de inmigrantes» usando el término «swarm», que también significa «plaga»».
(El Mundo, 31.07.2015); «Estamos desbordados. Cada vez llegan más y más inmigrantes» (El Mundo, 01.08.2015).
Cifras y estadísticas ayudan a analizar y entender la dimensión del fenómeno. Pero también pueden crear ruido y confusión. La instrumentalización de datos y estadísticas parciales, distorsionadas o descontextualizadas permite dar apariencia de credibilidad a los argumentos propios. En esta línea, se interpreta la repro- ducción de discursos oficiales de manera acrítica y sin contrastar. La construc- ción de la invasión implica un goteo constante de informaciones a lo largo del año: «fuentes policiales calculan que 2.400 de los 5.000 inmigrantes que han llegado a Melilla en 2014 provienen de Siria» (El Mundo, 01/01/2105); «La llegada de sin papeles a Europa se triplica en solo un año» (El País, 18/04/ 15:01); «goteo incesante de pateras en las costas italianas». (El Mundo, 23/04/ 2015)
El 14 de mayo, El País publica la primera referencia al reparto del cupo entre los diversos Estados miembros de la Unión Europea: «La UE propone al Estado español que acoja un 9% de refugiados» (El País, 14/05/15:01), un porcentaje que remite a cifras de unos 60.000 permisos.
En julio se reducen los cupos y los porcentajes pero se mantiene el discurso:
«Los países europeos se niegan a acoger a 40.000 refugiados. El Estado espa- ñol sólo recibirá a 1.300, menos de un tercio de la cuota asignada» (El País, 21/ 07/15:01)
En agosto el foco se traslada a las fronteras del Este. Refugiadas/os y migrantes tratan de pasar rumbo a países con leyes de asilo más favorables: «miles de refugiados tratan de viajar al norte de Europa a través de la frontera grecomacedonia» (El Mundo, 19/8/2015).
2015 reitera la descripción de esta crisis migratoria como la mayor desde la II Guerra Mundial. Este discurso, mediático y político institucional, choca con la realidad de las cifras. El estado español acoge 18 personas refugiadas y Europa
105 660. Sin embargo, las portadas reiteran incansablemente las medidas de reparto
de miles de refugiadas/os. Durante 2015, el diario El País publica más portadas sobre medidas políticas e institucionales para el reparto de miles de personas llegadas a Europa y el cupo de miles de personas correspondientes al estado español, que las 18 personas refugiadas acogidas en el Estado.
2. Lenguaje y medios de comunicación. Stop
discurso de odio.
En muchos casos los medios difunden acríticamente o de manera intencionada los discursos institucionales. El uso de eufemismos suaviza o directamente oculta los hechos y sus consecuencias, así como sus responsables. Esta retórica crea confusión en lugar de facilitar el conocimiento, infunde miedo en las socieda- des receptoras hacia personas migrantes y refugiadas, y alienta el odio y la dis- criminación.
La retórica es un eficaz instrumento para representar y reconstruir de manera determinada los hechos. Las palabras importan y no son neutras. Los eufemis- mos invisibilizan, o presentan como aceptables, las violencias infringidas desde la clase dominante. La propia denominación del fenómeno: crisis de refugia- dos, es un ejemplo que pasa por alto o invisibiliza la responsabilidad e influen- cia de las políticas europeas.
También se maquillan los hechos cuando se habla de repatriaciones en lugar de utilizar el concepto «expulsiones»; hablar de identificaciones para referirse a controles discriminadores y/o racistas; o utilizar el concepto control de flujos migratorios para pretender aceptable la negación de visados o asilo.
Así, este lenguaje promueve el discurso de odio según la definición del Con- sejo de Europa:»todas las formas de expresión para extender, incitar, promover o justificar el odio racial, la xenofobia, el antisemitismo u otro las formas de odio basadas en la intolerancia, entre ellos: la intolerancia expresada por el nacionalismo agresivo y etnocentrismo, la discriminación y la hostilidad con- tra las minorías, los inmigrantes y las personas de origen inmigrante.»
Los medios generalistas y de audiencias masivas están difundiendo el discur- so de un grupo determinado y con intereses definidos. Parece necesaria una mirada crítica de los medios, cuestionando el orden dominante y hegemónico que construye y fabrica un lenguaje determinado más allá de las esferas mediáticas (Tevanian& Tissot, 2016).
Un texto refiere el objetivo de Europa por destinar fondos a países africanos para que «sellen sus fronteras terrestres al paso de inmigrantes irregulares». (El País, 23/04/2016). La repetición periodística acrítica, por ejemplo, de un discurso sobre la política de externalización de fronteras de la UE, es decir, instalar las fronteras exteriores en el propio territorio africano, supone la invisibilización y vulneración de derechos humanos; inversión en tecnología
106
militar y armamentística; y recurso a la violencia contra migrantes y personas refugiadas tratando de cruzar fronteras rumbo a Europa (Rodier,2013).
Sin embargo, en los medios también existen voces críticas. Las grietas permi- ten romper el relato hegemónico. En los últimos años organizaciones de dere- chos humanos, periodistas, entidades y medios han denunciado insistentemente el peligro del uso de términos vejatorios en conceptos vinculados con la migra- ción. Y en algunos casos el lenguaje evoluciona y se generan miradas alternati- vas y respetuosas evitando la criminalización de personas migrantes.