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10 Las interpretaciones de mucho(y cuantificadores afines)

MARÍAJESÚSFERNÁNDEZLEBORANS YCRISTINASÁNCHEZLÓPEZ

(Universidad Complutense de Madrid)

El cuantificador mucho puede tener interpretaciones diversas cuan- do modifica un predicado verbal: significa ‘intensamente’ en María ha sufrido mucho en su vida, pero esta interpretación no es posible en la oración Antonio piensa mucho en ella, donde puede equivaler a ‘con mucha frecuencia’ o ‘durante mucho tiempo’; ninguna de las lecturas anteriores coincide con la que tiene en Ha comido mucho y, finalmente, ninguna de ellas es posible en la oración *Ana viene mucho de familia aristocrática, donde la presencia del adverbio hace agramatical la secuencia.

Intente caracterizar cada una de las interpretaciones anteriores y responder a las preguntas siguientes: ¿a qué se debe que unos pre- dicados admitan unas lecturas y no otras?, ¿qué propiedades de los predicados se relacionan con cada una de ellas?, ¿qué requisi- tos sintácticos o semánticos debe satisfacer un predicado para que surja cada una de estas interpretaciones?

Este problema no solo atañe a mucho, sino también a otros elementos afines, como poco,

un poco, bastante, demasiado. Todos ellos son cuantificadores que indican una cantidad

imprecisa o un grado de alguna propiedad. Aunque se distinguen por la mayor o menor cantidad denotada, comparten muchas características sintácticas y semánticas. La que aquí nos interesa es que pueden utilizarse desnudos, es decir, sin preceder a ningún ele- mento nominal, dentro de un predicado. En consecuencia, lo que se dice a continuación a propósito de las interpretaciones de mucho, debe hacerse extensivo a todos los demás. Cuando modifica un predicado verbal, el cuantificador mucho puede tener, al menos, cuatro lecturas distintas. Puede interpretarse como un argumento de cantidad y equivaler a ‘muchas cosas’ o ‘mucha cantidad de entidades’; esto es lo que significa en Ha comi-

do mucho y lo abreviaremos como muchoA.También puede tener una lectura “intensiva” (en adelante muchoI) y equivaler a un adverbio de grado o intensidad, como en Ha sufri-

do mucho en su vida. Las dos interpretaciones que tiene en Antonio piensa mucho en ella

las llamaremos de “duración” (‘durante mucho tiempo’, en adelante muchoD) y de “fre- cuencia” (‘con mucha frecuencia, muchas veces’, en lo sucesivo muchoF).

La primera lectura, que llamaremos argumental, consiste en el uso de mucho como un pronombre o nombre cuantitativo que denota una cantidad imprecisa de entidades. Esta es la interpretación que tiene en las siguientes oraciones:

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(1) a. Ha comido muchoA. b. Sabe muchoA. c. Lee muchoA. d. Lava muchoA.

En estos ejemplos, se entiende necesariamente que el cuantificador es el argumen- to interno del verbo y se interpreta como ‘muchos alimentos’, ‘muchos conocimien- tos’, ‘muchas lecturas’, etc. El cuantificador se comporta sintácticamente como un pronombre, esto es, como una proforma que solo presenta fonéticamente realizada la determinación cuantitativa indefinida de ciertos tipos de entidades. Tal pronombre fun- ciona como complemento directo de un número muy reducido de verbos y tiene que ver con el significado léxico de estos verbos en relación con la pertinencia informati- va asociada al marco socio-cultural. La función argumental de los cuantificadores des- nudos parece estar, en efecto, restringida a un número muy reducido de verbos –de ele- vado índice de uso– que seleccionan un argumento interno que denota entidades susceptibles de resultar informativamente relevantes solo por su cantidad indefinida:

saber, leer, escribir, beber, comer. El argumento interno de estos verbos –su objeto di-

recto– es, en general, un “tema incremental”. El tema incremental es el argumento de ciertos predicados que sirve para medir el evento: el evento progresa en relación con la extensión física del objeto denotado por este argumento, de modo que, por ejemplo, en Juan lee un libro, el evento leer avanza en el tiempo en función de la cantidad de líneas o páginas leídas de su objeto, un libro. Paralelamente, estos verbos son infor- mativamente ricos por sí mismos. Sus argumentos internos son altamente predecibles y, por tanto, recuperables, de modo que legitiman argumentos internos nulos (María

no come; Pedro lee; Antonio escribe,...). Coinciden, pues, los predicados que legiti-

man este tipo de objetos cognados con los que admiten un cuantificador desnudo como su argumento interno. Decimos, así, come mucho, lee poco, escribe bastante, sabe algo, pero no *ignora muchoA, ni *decora muchoA, verbos que no pueden prescindir de su

complemento.

Razones similares explican que en la oración Le gusta mucho(*A/I)el cuantificador no pueda tener interpretación argumental y solo sea posible la lectura intensiva. Esto es, frente a Le gustan muchas cosas, donde muchas cosas es sujeto de gustan, la oración

Le gusta mucho(*A/I)es agramatical si interpretamos que mucho es el sujeto, pero acep- table si suponemos que hay un sujeto tácito y mucho tiene interpretación intensiva. Aunque gustar y otros verbos del mismo tipo (convencionalmente denominados ver-

bos psicológicos) tienen sujetos internos interpretados como objetos nocionales –o “te-

mas” de la experiencia psicológica–, estos son siempre de naturaleza remática o focal y su contenido no es recuperable a partir del significado del verbo. Por ello, a diferen- cia de los verbos transitivos como comer, leer, saber, no permiten sujetos tácitos con interpretación indefinida ni tampoco cuantificadores desnudos como sujeto.

La interpretación “intensiva” de mucho es posible en casos como los siguientes:

(2) a. A Ana le gusta muchoIviajar. b. María ha sufrido muchoIen su vida.

c. Pedro se parece muchoIa su hermano pequeño. d. Esto se asemeja muchoIa un velocímetro. e. Se enfadó muchoI.

El cuantificador denota en estos casos un grado en una escala de intensidad que se asocia con el significado del predicado. Por lo tanto, esta interpretación solo es posi- ble con predicados graduables. Lo son aquellos que expresan experiencias psicológi- cas, con los que el cuantificador tiene naturalmente la interpretación de intensidad

(gustar, querer, sufrir, doler...) y también ciertos verbos de “experiencia perceptual”,

como parecerse, asemejarse. El significado del cuantificador, sin embargo, no es idén- tico con ambos tipos de verbos: con los de experiencia perceptual el adverbio no ex- presa un grado de fuerza o vehemencia, como en el caso de los verbos psicológicos (no construimos ??Pedro se parece intensamente a su hermano pequeño), sino que especi- fica un grado de equivalencia.

También pueden ser graduables los predicados que expresan un cambio de estado; el cuantificador expresa en tal caso en qué grado se alcanza el estado resultante del cambio. En este grupo entrarían verbos como enfermar, enfadar(se), mojar(se), arre-

glar(se), así como verbos transitivos cuyo objeto sufre un cambio de estado como re-

sultado de verse afectado de algún modo por la acción (planchar, lavar, freír, llenar). En uno y otro caso, el cuantificador expresa en qué grado se alcanza el estado resul- tante del cambio: Se enfadó mucho implica que alguien pasó a estar muy enfadado y

Planchó mucho la camisa, que la camisa quedó muy planchada. Esto explica que re-

chacen el cuantificador predicados que expresan cambio de estado si éste es no gradua- ble. Por ejemplo, no tienen sentido, salvo que se usen humorísticamente, las oraciones

*Se casó muchoIo *Se murió muchoIcon la interpretación intensiva de mucho, ya que los estados resultantes de casarse y morirse no son graduables.

Así pues, tanto la interpretación argumental –pronominal o de cantidad de entida- des– como la intensiva dependen estrechamente del significado léxico del verbo. En cambio, como veremos a continuación, las interpretaciones durativa y de frecuencia dependen de las propiedades aspectuales del predicado, esto es, de la manera en que los procesos, eventos o acciones denotados por ellos se relacionan con el tiempo.

Las interpretaciones “durativa” y “frecuentativa” están estrechamente relacionadas. De hecho, el cuantificador mucho admite ambas en las oraciones siguientes:

(3) a. Antonio piensa mucho(D/F)en ella. b. Ya has nadado mucho(D/F)esta mañana. c. Ya has usado mucho(D/F)el ordenador.

Si se interpreta que la oración se refiere a un único evento, la lectura de mucho es durativa y expresa el tiempo en que se prolonga la acción; si se interpreta que la ora- ción se refiere a eventos repetidos, el cuantificador tiene lectura de frecuencia y expre- sa que los eventos se repiten con un pequeño intervalo entre ellos. En pocas palabras, en el primer caso mucho equivale a mucho tiempo y en el segundo a muchas veces. La presencia de ciertos complementos temporales y el tiempo gramatical del verbo pue- den favorecer una u otra interpretación. En general, puede decirse que la lectura dura- tiva tiene que ver preferentemente con eventos ocasionales y la de frecuencia, con eventos habituales.

Solo los predicados dinámicos, esto es, aquellos que denotan situaciones o sucesos que progresan en el tiempo, admiten las interpretaciones durativa y frecuentativa. Los denominados predicados estativos, o estados, que no progresan, rechazan ambas lectu- ras. Por eso no son posibles esas interpretaciones en las oraciones María se parece mu-

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propiamente dichos, que son los que expresan “categorización” o “propiedad” estable del sujeto (individual-level predicates) y que, consecuentemente, no admiten reinter- pretación o coercion a predicados estativos “no-permanentes” o “episódicos” (stage-

level predicates), como venir de familia aristocrática, tener un hermano gemelo, etc.,

no admiten ninguna de las lecturas del cuantificador. Algunos estados no-permanentes admiten complementos temporales de duración o de frecuencia explícitos, como en los ejemplos de (4a,b), pero rechazan en cambio la presencia del adverbio desnudo con esta interpretación. Igualmente, los predicados con verbos copulativos o pseudocopu- lativos admiten este tipo de complementos cuando constituyen predicados de estado. Los tiempos perfectivos, por ser marcados, inducen sin dificultad –frente a los imper- fectivos– esta interpretación, como puede apreciarse en (4c,d):

(4) a. Supo matemáticas {mucho tiempo/*muchoD}, pero ya las olvidó. b. Tenía fiebre {muchas veces/*muchoF}, aunque ahora no enferma nunca. c. Estuvo enfadado {mucho tiempo/*muchoD}.

d. Su actitud parecía torpe {muchas veces/*muchoF}.

Probablemente, la razón de que sean posibles las expresiones nominales de duración o frecuencia pero no el adverbio escueto sea que este tendría, por defecto, la interpre- tación no marcada en estos casos; en el caso de las oraciones copulativas, la inter- pretación por defecto sería la intensiva y el cuantificador sería “atraído” por el predi- cado nominal en la forma apocopada muy (cf. Estuvo muy enfadado); en el caso de las transitivas, la interpretación por defecto sería la de cantidad o argumental, y el cuanti- ficador sería “atraído” por el argumento interno (cf. Tenía mucha fiebre).

Diferentemente, los verbos copulativos que expresan localización, que son también estados no permanentes, escapan a la generalización anterior y admiten el adverbio desnudo con interpretación durativa o de frecuencia, como puede verse en (5). Siguien- do el razonamiento anterior, el motivo de este comportamiento peculiar es que el pre- dicado rechaza tanto la interpretación de cantidad (pues no tiene argumento interno cuantificable) como la de intensidad (pues es un predicado no graduable) y la única in- terpretación posible es la durativa o de frecuencia:

(5) a. Está mucho(D/F)en la tienda. b. Está mucho(D/F)con sus hermanos.

La interpretación durativa del adverbio es rechazada por los predicados que denotan eventos o sucesos puntuales o de poca duración. Esta lectura no es posible en las cons- trucciones de (6), porque el intervalo temporal denotado por el verbo carece de exten- sión suficientemente representativa para recibir modificación. Sin embargo, resulta na- tural la interpretación de frecuencia, ya que la reducida duración del evento no es obstáculo para que pueda interpretarse que se trata de eventos repetidos:

(6) a. Antonio se enfada mucho(*D/F). b. Ese profesor falta mucho(*D/F)a clase.

c. Ese futbolista marca gol mucho(*D/F), por eso le temen todos los porteros. d. En las películas de terror, la gente muere mucho(*D/F).

e. En Las Vegas, la gente se casa mucho(*D/F). f. Los niños se enferman mucho(*D/F).

Nótese que, en estos ejemplos, la alta frecuencia expresada por el cuantificador se puede predicar de eventos repetidos que tienen el mismo sujeto (como en [6a,b,c]), pero también de distintos eventos con distintos sujetos. Así sucede en los ejemplos (6d,e), donde no se dice que las mismas personas se casen o mueran muchas veces, sino que es muy frecuente que distintas personas se casen o mueran. Las dos interpre- taciones mencionadas dependen del ámbito o dominio del cuantificador: en el primer caso, el ámbito queda restringido al predicado; en el segundo, el cuantificador toma bajo su ámbito toda la oración y afecta a la interpretación del sujeto. La naturaleza de éste influye en la posibilidad de que surjan ambas interpretaciones: sujetos singulares y específicos como los de (6a,b,c) quedan necesariamente fuera del ámbito del cuanti- ficador, mientras que sujetos de referencia genérica como los de (6d,e) tienden a inter- pretarse dentro de él. En cambio, el plural los niños de (6f) admite las dos posibilida- des y la oración resulta ambigua: puede significar ‘ciertos niños se enferman con frecuencia’ o bien ‘es frecuente que los niños se enfermen’. Este tipo de ambigüedades no surge nunca en la interpretación durativa de mucho, que siempre afecta únicamen- te al predicado.

Con algunos predicados dinámicos y durativos el adverbio desnudo presenta una ambigüedad entre la interpretación de duración y la argumental. En las oraciones Siem-

pre habla mucho, Duerme mucho, Camina mucho por las mañanas, resulta natural la

interpretación durativa (‘mucho tiempo’), pero también es posible pensar que se trata de argumentos (objetos-tema pseudoargumentales) del predicado de tipo incremental, que miden y delimitan el evento (equivaldrían entonces a ‘muchas cosas’, ‘muchas horas’ o ‘mucha distancia’). La primera interpretación es posible porque se trata de predica- dos durativos; la segunda, porque este tipo de verbos intransitivos admite usos transi- tivos con objetos cognados que delimitan o especifican el evento (cf. Habla tonterías,

Duerme la siesta, Camina un buen trecho). Sirven a este fin “delimitador” tanto la ex-

presión de este tipo de objetos como la fijación de unos límites temporales; de ahí que se solapen ambas lecturas.

Así pues, podemos concluir que las interpretaciones argumental, intensiva, durativa y de frecuencia surgen como consecuencia de la combinación de las propiedades se- mántico-aspectuales del predicado con el significado de cantidad del adverbio. Las dos primeras (A, I) dependen, respectivamente, de la estructura argumental del verbo y de su significado graduable. Las dos segundas (D, F), de la naturaleza dinámica y durati- va de su aspecto léxico. Las características que el predicado posea respecto a estos pa- rámetros determinarán si admite o no el adverbio de cantidad y la interpretación que este pueda tener. Cuando ninguna de las propiedades necesarias está presente en un predi- cado, el adverbio es rechazado absolutamente. Es lo que sucede en el ejemplo María

viene mucho(*A/*I/*D/*F)de familia aristocrática: el predicado es intransitivo y no tiene

argumento interno, de ahí que rechace la interpretación argumental; no es graduable y por ello rechaza la intensiva; finalmente, desde el punto de vista aspectual se trata de un estado permanente que no progresa en el tiempo, por lo tanto no es durativo ni ad- mite repetición, de ahí que las interpretaciones durativa y de frecuencia también sean rechazadas.

En consecuencia, no diríamos que el léxico contiene un cuantificador mucho polisé- mico, esto es, no tenemos cuatro subclases léxicas de mucho. El cuantificador mucho (y términos análogos) posee en el léxico una única propiedad semántica o rasgo por defec- to: la cuantificación de grado, susceptible de inducir en la sintaxis, en los contextos apropiados, las lecturas descritas, pero siempre como variantes semánticas de tal pro-

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piedad. Repárese en que mucho expresa, en cualquier caso, una variable de grado situa- da en un punto positivo superior relativo a una escala, convenida tácitamente o referida contextualmente: F (un grado de frecuencia), A (un grado de cantidad de entidades), D (un grado de cantidad –extensión– de tiempo), I (un grado de intensidad).

Referencias bibliográficas

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