Capítulo II. Referentes teóricos
2.3 El aprendizaje de las matemáticas, razonamiento y pensamiento matemático
2.3.1 Las matemáticas en la educación preescolar
Experiencias como comprar dulces y repartirlos equitativamente entre sus amigos o jugar a la lotería, memorama, entre otros, permite ir desarrollando las habilidades necesarias para después poder construir conceptos y procesos matemáticos.
Duhalde y González (2003) mencionan que “a comienzos del siglo XX se perfiló la preocupación por la enseñanza de la matemática; como consecuencia, nacieron múltiples reformulaciones que aún hoy siguen en estudio. Históricamente, sin embargo, esta enseñanza se mantuvo ajena a lo que las criaturas hacían o sabían por el hecho de vivir en una sociedad y en una cultura determinadas. En general, los conceptos y procedimientos propuestos en clase les resultaban ajenos y complejos, siendo su efecto más visible en la primaria y en la secundaria”.
Es fundamental comprender la importancia que tiene favorecer en los niños habilidades matemáticas desde el nivel preescolar, ya que como señala Berdonneau (2008)
el bagaje matemático que el niño o niña es capaz de crearse de los dos años y medio hasta los cinco y medio es sustancial y abarca varios campos: la formación del sentido lógico, el enriquecimiento del ámbito numérico, la estructuración del espacio y el descubrimiento de la geometría, el sistema de medidas.
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Según Fresquet y Porcar (2004), existen varias razones por las que es importante introducir las matemáticas en el nivel preescolar.
La primera tiene que ver con preservar la naturalidad de su presencia en todo lo que rodea al niño, es decir, mantener su contextualización. Cuando el niño va desarrollando su lenguaje va adquiriendo conceptos matemáticos tales como más, menos, aumentar, disminuir, quitar, agregar, abierto, cerrado, arriba, abajo, hacia delante, hacia atrás, largo, corto, pesado, liviano, entre otros.
La segunda refiere que aprender matemática en los primeros años, cuando los aprendizajes son plasmados con tanta fuerza y memoria emocional, es invitar a la matemática, también al mundo de la magia, la fantasía y los sentimientos. Separar lo cognitivo de lo afectivo y procedimental es una ficción que sólo se hace en la universidad. Por eso, destacar la importancia que tiene conocer, hacer y querer lo matemático desde los primeros años de vida es casi una redundancia a esta altura de la reflexión.
En algunas familias, los adultos ofrecen oportunidades para que los niños se acerquen a ciertos conocimientos, los cuales les servirán en el futuro inmediato como puente para construir conceptos de mayor complejidad. En la educación preescolar y básica por lo tanto, se trata de que el docente recupere los conocimientos previos de los alumnos para construir nuevos.
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En la escuela infantil, los niños iniciarán la construcción del conocimiento matemático a través de acciones concretas y efectivas sobre objetos reales, con lo que probarán la validez o invalidez de sus procedimientos al manipular dichos objetos. Estas acciones le ayudarán a apropiarse de los problemas y a comprender la naturaleza de las cuestiones formuladas. Por ello, en este nivel comenzarán a anticipar resultados matemáticos.
La adquisición, organización e integración de los conocimientos del alumno pasa por estados transitorios de equilibrio y desequilibrio, a partir de los cuales, se ponen en duda los conocimientos anteriores. Cuando los desequilibrios se superan, se reorganizan los contenidos, es decir, que los nuevos conocimientos se integran a los anteriores. Así, el aprendizaje no se reduce a la memorización o a un condicionamiento, sino que aprender supone volver a empezar, repetir, pero comprendiendo lo que se hace y por qué se hace.
Para que el niño adquiera el aprendizaje matemático, pasa por tres etapas, las cuales Berdonneau (2008) señala que son:
La primera etapa recurre a una actividad motriz global, que requiere de todo el cuerpo del niño o niña; la cual responde a una necesidad acusada de movimiento. Es primordial a partir de los cuatro años y aún más en la etapa de 0-3 años.
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La segunda pone en juego una actividad motriz restringida, que afecta sobre todo a las extremidades superiores. Es adecuada para el entrenamiento individual.
La tercera es la de la representación mental o fase de abstracción. Se trata de una actividad interiorizada, a través de la cual el niño o niña establece nexos entre las diversas informaciones que ha recogido durante sus intentos anteriores y elabora conceptos.
Tabla 2.
Actividades docentes que se pueden realizar para la adquisición de aprendizajes de
matemáticas.
González y Weinstein (1988) Bryant (1997)
Escuchar al alumno.
Conocer e indagar los conocimientos matemáticos que el niño tiene.
Responder a sus demandas.
Ayudarle a utilizar diferentes fuentes de información.
Proponer problemas que sean significativos y que presenten un obstáculo cognitivo para los alumnos, tomando en cuenta tanto los saberes de éstos como los contenidos que se ha propuesto enseñar, permitiendo al alumno modificar, construir, relativizar y ampliar sus saberes.
Conozca los contenidos a enseñar. Considere el medio como fuente de situaciones problemáticas.
Utilice materiales variados y adecuados.
Favorezca el descubrimiento. Permita la exploración.
Valore el error como paso necesario en la construcción.
Estimule la reflexión.
Fomente las discusiones en grupo. Genere estrategias que garanticen la apropiación de los mismos.
Tome en cuenta los aportes de la psicología del desarrollo y el aprendizaje.
Estos dos autores ven cómo en el proceso de enseñanza aprendizaje la responsabilidad recae en el alumno al manipular, construir, investigar, descubrir, y el
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docente es el guía para que estos procesos cognitivos, sean aprendidos y aplicados en diferentes situaciones según las necesidades del alumno.