Las palabras son fundamentales para crear y compartir significados. Como se analizó en el capítulo 1, la comunicación verbal puede ser o escrita u oral. Aunque muchas características del lenguaje escrito se aplican también al hablado, la comunicación oral generalmente es menos formal y más personal, interactiva y transitoria que la co- municación escrita. En el capítulo 2 advertimos que los términos que utilizamos para
■
lenguaje verbal
El uso sistemático de palabras y símbolos para crear y transmitir significados.
Dobkin05.indd 122
F I G U R A 5-1
El triángulo del significado muestra las relaciones que exis- ten entre las palabras y las cosas que representan.
definir nuestro “sí mismo”, nuestra identidad y nuestra cultura influyen en la manera en que nos comunicamos con nosotros mismos y con los demás. En los capítulos 3 y 4 advertimos cómo es que las palabras que utilizamos y aquellas que escuchamos influyen en nuestras percepciones y/o bien ayudan o impiden la comprensión. Nues- tras palabras nos permiten moldear y denominar nuestras experiencias, crear signifi- cado compartido con los demás, expresarnos en formas variadas y a veces ambiguas, y crear términos nuevos para describir nuestro mundo cambiante.
Las palabras son simbólicas.
Las palabras son simbólicas puesto que re- presentan ideas y objetos y nos permiten hablar acerca de ellos. Además de describir nuestro mundo cotidiano, los símbolos nos permiten hablar acerca de cosas que no existen (p. 9), de eventos del pasado o de personajes de ficción. Cuando observamos un objeto, como un libro sobre nuestro escritorio, un árbol afuera, o un amigo cami- nando en la habitación, le asignamos una palabra, de tal modo que podamos pensar y hablar al respecto con los demás. Aprendemos a relacionar palabras con objetos e ideas a través de la comunicación. A medida que escribimos y que le hablamos a otras personas, compartimos un entendimiento de lo que significan las palabras. Una de las maneras más sencillas de mostrar cómo asignamos significados a las palabras es mediante un “triángulo del significado” que originalmente se le atribuyó a C. K. Ogden y a I. A. Richards (1923). (Véase figura 5-1.)A partir de la presentación original del “triángulo de significado”, los estudiosos han ofrecido variaciones del modelo. Sin embargo, todas ellas muestran la relación entre distintas palabras y las cosas que representan. La línea que conecta la palabra y el concepto muestra que cada persona tendrá su propio significado para una palabra. La persona que carece de experiencia con un caballo verdadero o la palabra “caba- llo” puede tener dificultades para entenderla. La línea que va del objeto al concepto muestra que una vez que una persona se topa con un objeto, o, como en el ejemplo de arriba, con un caballo, la persona se forma una imagen mental de dicho objeto. La palabra “caballo” que se ubica en la parte superior del triángulo representa la combi- nación de un objeto o idea y de la imagen mental de ese objeto o idea.
Este proceso de asignarle significado a las palabras las convierte en simbólicas, puesto que se ubican aparte de las cosas que representan. Las palabras se refieren a objetos, ideas y acciones y nos ayudan a comunicarnos con los demás. Nuestro len- guaje verbal nos permite compartir conocimiento; a través de él podemos recordar el pasado e imaginar el futuro. Podemos inventar nuevas conductas, como “bailar en línea” y “enviar spam” (correo no deseado a través de Internet) y podemos reconocer estas actividades como nuevas y significativas una vez que hayamos acordado una palabra con la cual denominarlas.
■
simbolismo
Propiedad de las palabras que nos permite hablar acerca de cosas, prescindiendo de su pre- sencia física.
Triángulo del significado
PALABRA (por ejemplo, “caballo”)
OBJETO el caballo
en sí CONCEPTO
Nuestros pensamientos acerca del objeto (por ejemplo, un animal grande de cuatro patas)
Dobkin05.indd 123
Las palabras son arbitrarias.
Nuestras palabras son arbitrarias en tanto que no tienen conexión directa con los objetos que representan. A un “pollo” se le puede llamar “poulet” en francés sin que cambie cosa alguna respecto al ave. La palabra, entonces, no es la cosa que representa. Algunas cosas parecen tener una re- lación natural con los objetos físicos, por ejemplo, podemos pensar que ladrar como un perro suena “wuf” y el carácter chino para casa “ ” se parece al edificio real. Pero incluso estas palabras tienen sentido fundamentalmente porque la gente que las uti- liza tiene un entendimiento compartido de lo que significan.La idea de que las palabras son arbitrarias es significativa porque a menudo ac- tuamos como si existiera una relación necesaria entre una cosa y la palabra que utilizamos para hablar de ella. Piensa en una conversación difícil entre dos amigas. Una podría denominar la situación como “un desacuerdo” y la otra como “una pelea”. Ambas tendrían razón porque la conexión entre la conversación y la manera en que cada una elige etiquetarla se fundamenta en sus percepciones. No existe una palabra correcta que necesariamente defina la conversación. Como las palabras son arbitra- rias, necesitamos negociar su significado cuando nos comunicamos con los demás.
Las palabras son ambiguas.
Las palabras son ambiguas porque su signi- ficado no siempre está claro y porque en ocasiones es posible una gran diversidad de interpretaciones. La profesora Bartello te puede decir que tu ensayo es “bueno”, pero eso no te informa qué significa “bueno” para ella. Por ejemplo, el término puede corresponder a una calificación que se expresa como letra, también puede significar que a la profesora le entretuvo tu escritura, o pudo también ser un intento de tu pro- fesora por evitar una discusión posterior respecto de tu trabajo. También puede estar intentando reconocer el valor de tu esfuerzo sin criticar aspectos de tu escritura y sin avergonzarte. La ambigüedad de las palabras puede hacer que sean entretenidas e inspiradoras, además de frustrantes. Considera las ricas y variadas interpretaciones que se derivan de un buen poema, o el humor detrás del anuncio de la película God- zilla, que salió a la luz en 1998: “el tamaño sí importa”.En algunas culturas y en algunos contextos, la ambigüedad es vital para la comu- nicación porque ser claro y directo es poco adecuado o embarazoso. Por ejemplo, alguien que ha participado en una entrevista de trabajo y a quien se le ofreció un puesto, quizás no quiera saber exactamente por qué no se le hizo una oferta final. A menudo los patrones envían mensajes ambiguos tales como “sentimos que no le podemos ofrecer un puesto en esta ocasión”, en lugar de ser directos. Una carta que dijera “nos desanimó que usted no mostrara confianza y creatividad en su entrevista” es menos ambigua, pero puede ser hiriente para el candidato.
Aunque los significados de las palabras son arbitrarios, nuestras convenciones para utilizarlas no lo son. Piensa en una persona a la que le despertó una llamada te- lefónica y que contesta: “perdona, tengo una rana en mi garganta”. La palabra “rana” no debe tomarse literalmente, no hay una criatura anfibia brincando en las cuerdas vocales del que habla. Sin embargo, nuestras reglas acerca del uso del lenguaje de- terminan dónde se colocará la palabra “rana” en la oración, sin importar cuál sea su significado. Estas conversaciones, o nuestro acuerdo compartido sobre cómo utilizar el lenguaje, permiten la comunicación.
Las palabras son intercambiables.
Finalmente, las palabras son inter- cambiables en el significado y en el uso que les damos. Cambian según el contexto social, político y cultural y el momento histórico en que se las utiliza. Los significados de muchas palabras en el idioma inglés han cambiado con el paso del tiempo. Por ejemplo, la frase “gente negra” ha sufrido transformaciones para ahora convertirse en■
ambigüedad
Característica de las palabras que no tienen un significado claro.
■
arbitrariedad
Característica de las palabras de no poseer conexión directa con los objetos que representan.
■
intercambiabilidad
Palabras que se basan en con- textos sociales, políticos y cul- turales y el momento histórico en que se ubican.
Dobkin05.indd 124
“minorías” y, más recientemente, “gente de color” que ahora no solamente se utiliza para los africanoestadounidenses, sino también a personas de una gran variedad de antecedentes étnicos. Al menos un gobierno urbano, el San Diego City Council, ha adoptado la política de evitar los términos “mayoría” y “minoría” cuando se refieren a los grupos raciales y étnicos, porque puede considerarse que “minoría” es separatista (Huard 2001). Durante años se llamó “inválidos” a las personas con alguna incapaci- dad, con lo cual se le etiquetaba injustamente como incompetente y exiliado social. Al modificar nuestro uso del lenguaje, podemos mostrar respeto, aumentar la preci- sión de nuestra comunicación y a veces mejorar la autoestima.
Otros ejemplos de palabras cuyo significado ha cambiado o cuyo uso se ha am- pliado con el tiempo son los siguientes (todos son términos en inglés):
■ Bimbo – de ser un término genérico para un hombre cambió para calificar una
mujer sexualmente promiscua o estúpida.
■ Gig – de una lanza para pescar cambió para significar un espectáculo y una me-
dida de espacio computacional.
■ Juke – de ser desordenado, cambió a una parte de una vitrola, a negociar por me-
dio del engaño.
■ Lift – de elevar, recoger o mover (o de un elevador en Gran Bretaña) cambió y
ahora significa también robar.
■ Steep – de una elevación muy pronunciada en una pendiente, a excesivo o cos-
toso.
Las propiedades simbólicas, arbitrarias, ambiguas e intercambiables de las palabras enriquecen la comunicación y permiten incontables oportunidades para ser crea- tivos. La lengua inglesa se ha ampliado no solamente porque se han cambiado los significados de las palabras actuales, sino también porque ha incorporado palabras de otros idiomas. Considera cómo estas últimas se han vuelto parte del desayuno estadounidense tradicional: después de comenzar con un jugo o una fruta, que pue- de ser “melón” (de origen griego a través del francés), quizás tomemos un poco de tocino (del francés, “bacon”) y huevos (del antiguo noruego, “eggs”) con pan tostado (del francés, “toast”). Quizás le pongamos un poco de mantequilla (del latín, “butter”) o mermelada (del portugués, “marmalade”) a nuestro pan tostado. Es posible que también bebamos café (del árabe “coffee”), té (del chino “tea”), o cocoa (del español mexicano “chocolate”). Mientras que otras culturas importan alimentos e idean nom- bres nuevos para ellos, las personas que hablan inglés históricamente se han apropia- do tanto de los productos de otros pueblos como de las palabras con las cuales los denominan (The Word Tree 1998). Muchas palabras del idioma inglés han sido toma- das de otros lenguajes. En la tabla 5-1 (p. 126) se proporcionan algunos ejemplos.
Desafortunadamente, las cualidades que hacen al lenguaje tan interesante también lo pueden hacer difícil de aprender. Algunas personas encuentran que el idioma in- glés es especialmente difícil de adquirir y de utilizar correc-
tamente. Aunque en el inglés se requieren pocas inflexiones o cambios de tono, la manera en que se deletrean las palabras no siempre corresponde a su pronunciación. Considera las pronunciaciones de estas cuatro palabras en inglés “cough”, “rough”, “through”, “though”. Además, la misma palabra pue- de tener muchos significados distintos y las reglas para com- binar palabras están llenas de excepciones. Comprender estas características de la comunicación verbal es el primer paso para controlar el lenguaje y para influir en los procesos por los que las personas construyen un significado.