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Capítulo III: Las políticas culturales aplicadas a los museos

2. Las relaciones entre el museo y su comunidad

La necesidad de reflejar la sociedad en la cual los museos están integrados es una función definida en los preceptos del ICOM. De hecho, según el Código de deontología, los museos trabajan en estrecha colaboración con las comunidades de las que provienen las colecciones, así como con las comunidades a las que prestan servicios (ICOM, 2004: artículo 4).

Esta misión de los museos no es nueva ya que apareció con los ecomuseos, dentro de los preceptos de la nueva museología francesa de los años 70 y de su contexto histórico de revolución cultural. La idea fundamental del ecomuseo, según su fundador Georges-Henri Rivière, era la de un museo dinámico que seguiría la evolución y las necesidades de la sociedad y de las comunidades que representaba, y donde la población local tendría preeminencia sobre los comisariados, convirtiéndose así en el “museo de la gente”. El factor territorial jugaba un papel muy importante en estos ecomuseos y la diversidad de los objetos de sus colecciones mostraban más su función ilustrativa de la comunidad que su valor artístico o histórico (DAVIS, 1999: 75). De tal forma, la definición de la “Nueva museología” que interpretaban los ecomuseos se entendía en contraposición a la “Vieja Museología” enfocada sobre todo en la misión coleccionista, documentalista y interpretativa de los museos (MASON, 2004: 60). Como herencia de esta concepción de la institución museológica, S. Weil piensa que hoy en día el valor de los Museos ya no se cuantifica sólo por sus posesiones internas, como pueden ser sus colecciones y sus donaciones, sino por los beneficios que proporcionan a los individuos y a las comunidades (WEIL, 2003: 42).

Las relaciones existentes de manera general entre comunidades y museos fueron determinadas de manera muy clara por Davis (2007: 62). Según el autor existen en nuestras sociedades instituciones culturales llamadas Museos que son entidades tanto físicas como filosóficas que contienen conocimientos, objetos y expertos. Por otra parte, hay comunidades (o subcomunidades que tienen relaciones o no entre ellas) que solamente tienen acceso a los Museos en cierta medida, durante las exposiciones o en las actividades educacionales y culturales (representado en el siguiente esquema por la intersección entre los dos círculos “Museos” y “Comunidad”). Finalmente, existe el entorno (la sociedad en su conjunto) que tiene relación a la vez con las comunidades y el museo. La intersección de los tres círculos nos enseña la

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medida en la cual los museos tienen relaciones directas al mismo tiempo con la comunidad y la sociedad.

Museo Comunidad

Sociedad

Fuente: WATSON, 2007: 62

Como podemos apreciar en el esquema de Davis, las interrelaciones entre sociedad, comunidad y museo son escasas. De hecho, según S. Watson, en los museos se hace muy poco para determinar las especificidades y las complejidades de las comunidades a las sirven, mientras que realizan muchos tipos de encuestas sobre el perfil de sus visitantes para ayudarles a adaptar su márquetin (WATSON, 2007: 5). Por lo tanto, aunque la democratización cultural y la democracia cultural sean la norma, en teoría en la mayoría de los museos europeos, a día de hoy, todavía existe un no-público, dentro del cual hay muchos inmigrantes, que incita a reinventar los fundamentos de este concepto. De hecho, aunque exista un esfuerzo de democratización cultural, hay inmigrantes que tienen interés en participar activamente en la cultura, pero que no pueden realizarlo a causa de las barreras que encuentran para acceder a ella. Entre estos obstáculos, podemos destacar la falta de información sobre las actividades que ofrecen los museos, el coste de las producciones, el lugar donde se celebran, la lengua y la actitud del personal. Además, hay comunidades que no se quieren comprometer o participar en estas actividades ya que no tienen ningún tipo de importancia o de atracción para ellas. Finalmente, hay personas interesadas en las actividades de los museos pero que no asisten a ellas por otras razones.

Para intentar atraer a estos públicos y fomentar su participación en la vida cultural local, hay una voluntad por parte de ciertos museos de permitir que las comunidades inmigradas creen programas que sean pertinentes desde su punto de vista cultural y que reflejen sus aspiraciones e inquietudes (SZEKERES, 2002: 142- 152). Otros museos intentan también realizar actividades con el fin de que sus comunidades decidan, a partir de los objetos de la colección de la institución o de sus

propios objetos personales, cómo se quieren representar a los visitantes de la institución (PIETERSE, 1997: 134). Como consecuencia, se representan a ellos mismos, a partir de su identidad, su imaginario y sus situaciones personales sin que los comisariados lo hagan para ellos (WITCOMB, 2007: 136). Se desplaza de esta manera la autoridad de los comisariados y de su interpretación de los objetos para poner al centro del museo a las personas y las comunidades (por medio de los objetos).

En los países de tradición multicultural, se trabajó mucho sobre este tipo de interacción, calificada a veces de museografía participativa, apoyándose en la idea de consultar o de asociar a todos los grupos que se definen como entidades sociales o culturales a aquellas formas de representación que le corresponden al museo (RINCON, 2005: 113). Por ejemplo, los Aborígenes de Australia y sobre todo los Maorís de Nueva Zelandia han utilizado mucho los museos para difundir su situación de genocidio cultural (SIMPSON, 1996: 127). En Inglaterra, el Walsall Museum trabajó con comunidades Sikh poco representadas en la vida cultural inglesa (COX y SINGH, 1997: 159-167). El Geffrye Museum, por su parte, ha construido relaciones intensas con las comunidades chinas en Hackney (HEMMIMG, 1997: 168-182). Finalmente, otro caso muy interesante y situado en un contexto distinto, es el Musée Dauphinois especialmente con el ciclo de exposiciones que realizó sobre la memoria de los inmigrados que más adelante analizaremos. Para Assuncão dos Santos estas interacciones entre museos y comunidades son imprescindibles para fomentar el desarrollo de la comunidad: “The work on individual and community levels regarding

the nurturing and strengthening of the conditions for community empowerment also aims at bringing people closer to their development resources (knowledge, heritage, human resources). This is particularly relevant when cultural minorities correspond to immigrants source communities, of which stakes appear closely related to museum collections. Minority groups are both beneficiaries and actors; audience and partners of the museum” (ASSUNCAO DOS SANTOS, 2008: 47). El autor añade también que la

elaboración de relaciones es el trabajo más importante de los museos (ASSUNCAO DOS SANTOS, 2008: 52).

Además de esta apertura del museo a su comunidad, en los Estados Unidos por ejemplo, cuyo tipo de gestión de la integración es fundadamente multicultural, se crearon museos con el único objetivo de representar a las comunidades minoritarias y excluidas del sistema, como por ejemplo el Anacostia Museum, el Museum of African

American History Museum de Detroit, el Museo del Barrio de Nueva York, etc. Otros

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minoritarias, mayoritariamente autóctonas o de origen inmigrante, y gestionados muchas veces por los miembros mismos de estas comunidades para representarse al público general (muchas veces procedente de otro tipo de comunidad). En el caso de los autóctonos norteamericanos, podemos destacar el Mashantucket Pequot Museum del Connecticut, cuyo espacio museográfico está atado muy íntimamente al centro de estudio de esta comunidad autóctona Research Center on the Pequots’ Tribal

Reservation. En el caso de las comunidades de origen inmigrante, podemos destacar

por ejemplo el Japanese American National Museum en Los Ángeles. Debemos subrayar que los discursos presentados en estos museos son muy diversos según las aspiraciones de las comunidades y el museo se convierte en instrumento de reafirmación de la identidad o de legitimización socio-cultural de esas comunidades (WEIL, 2007: 37-38).

Sin embargo, este tipo de enfoque ha sido criticado por varios autores, como Appleton (2001: 14-26) y Bennett (1998: 36-43), porque, de esta manera, la misión del museo se convierte en una producción subjetiva de una identidad más que en su representación objetiva. Bennett va más allá y afirma que no se debería entender los museos como instituciones representantes de las identidades culturales sino todo lo al contrario como una institución productora de la noción misma de comunidad, tal como lo deducía Witcomb a quién anteriormente hemos citado (WITCOMB, 2003: 79-101). Por lo tanto, según Bennett (1998: 51) la idea de representar de manera igual a las diferentes comunidades (“un museo para todos”) es utópico ya que siempre existirá un grupo que no se sentirá representado.

En conclusión, si seguimos a estos autores, puede parecer que los museos tienen un papel de primera importancia en la construcción de la nueva identidad de nuestras sociedades, tolerantes en cuanto a la diversidad cultural, e incorporando nuevas formas de identidad presentes en su entorno (WATSON, 2007: 6). De hecho, en el nuevo contexto de globalización de nuestra sociedad dónde los contactos interculturales son inevitables, los museos, como todas las instituciones culturales, se ven obligados a evolucionar y asumir nuevas responsabilidades, entre las cuales están dar un reflejo de esta sociedad multicultural y crear una identidad común entre los diferentes individuos que viven en un mismo territorio. Para lograr estos cambios sociales y políticos deseados, el museo tiene que actuar sobre dos componentes imprescindibles de la ciudadanía que son la memoria y la identidad (CASTELLS, 1997).