EL CENTENARIO del nacimiento de Raúl Prebisch —que
se cumple mañana— coincide con una instancia crítica del desarrollo argentino y latinoamericano, materias a las cuales dedicó los afanes de su pensamiento y actua- ción pública.
Desde sus primeros estudios de la década de 1920 hasta sus últimas investigaciones de lo que llamaba el capitalismo periférico, prevaleció siempre en la obra de Prebisch la intención de comprender las relaciones entre el desarrollo de nuestros países y el sistema internacio- nal. El célebre modelo centro-periferia de su autoría
pretendió descifrar la naturaleza de los vínculos entre economías de diversos niveles de desarrollo y los desafíos
que confrontaban las menos avanzadas, dadas las asi- metrías de poder en el orden mundial.
Prácticamente, toda su obra giró en torno de esta cuestión fundamental. En su tiempo no se había difun- dido todavía la expresión globalización para caracterizar
el comportamiento contemporáneo del sistema interna- cional. En esos términos, podríamos decir hoy que el mayor aporte de Prebisch fue desentrañar los lazos entre
el atraso de América Latina y el sistema global. El obje-
tivo era identificar las respuestas válidas para impulsar el desarrollo de nuestros países y establecer relaciones simétricas no subordinadas con el resto del mundo.
Sus aportes teóricos y propuestas de política tuvie- ron gran influencia en el continente y aun más allá. Su pensamiento y actuación internacional como conductor de la CEPAL y luego de la UNCTAD lo convirtieron en el
economista más influyente proveniente del llamado Ter- cer Mundo. Sus aportes principales versaron sobre cues- tiones cruciales como la difusión del progreso técnico y los términos de intercambio, la propagación internacio- nal de los ciclos económicos, la industrialización como requisito esencial del desarrollo y la integración lati- noamericana. Su versación en cuestiones monetarias, en las cuales ganó prestigio internacional durante su des- empeño como gerente general del Banco Central argen- tino quedó reflejada en trabajos como el titulado “El pa- trón oro y la vulnerabilidad de nuestros países”, publi- cado en México en 1942.
Prebisch tuvo la poco frecuente virtud de ser, simul- táneamente, un hombre de acción y un pensador capaz de teorizar sobre las evidencias que le presentaba la realidad. Fue también un docente de primer nivel. Tuve el privilegio de ser su alumno en el último curso que dictó en la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA
en 1948.
Otro rasgo significativo de su personalidad fue su trayectoria, siempre, como funcionario público. Cuando dejó la gerencia general del Banco Central, probable- mente no había nadie que supiera más, en la Argentina
y el resto de América Latina, de bancos y banca central. Pero nunca aprovechó esa experiencia para incursionar en la actividad privada. De servidor público en el país pasó a serlo, hasta el final de sus días, en dependencias de organismos internacionales.
Su primera actuación pública destacada coincidió con acontecimientos traumáticos en el país y en el mun- do: la crisis internacional de los años treinta y los go- biernos argentinos surgidos del golpe de Estado de 1930. Concluida su actuación pública en el país durante el nuevo gobierno de facto instalado en 1943, desarrolló su actividad en el seno de las Naciones Unidas. Desde la
CEPAL, en Santiago de Chile, lideró a un grupo de emi-
nentes y entonces jóvenes economistas latinoamerica- nos, entre los cuales revistaba el brasileño Celso Furta- do. Prebisch fue siempre un gran estimulador de ideas y
del pensamiento crítico y recogió sus frutos entre colegas
y discípulos quienes, aun disintiendo en cuestiones pun- tuales, le guardaron siempre respeto intelectual y afecto personal.
A fines de 1955, después de la caída del gobierno de Perón, volvió a la Argentina convocado por las nuevas autoridades. Prebisch cargaba entonces en su bagaje el prestigio ganado como fundador de un pensamiento ori- ginal pero, también, el lastre de su desempeño en los regímenes posteriores al derrocamiento de Yrigoyen. Su actuación fue breve y poco afortunada, en parte, porque probablemente había perdido sensibilidad frente a la realidad argentina posperonista pero sobre todo, como lo revelarían los acontecimientos posteriores, porque no había condiciones políticas para una estrategia de trans- formación de largo plazo.
La ortodoxia, redivida desde fines de la década de 1970, pretendió descalificar la obra de Prebisch como
superficial y, peor aún, irresponsable. Con frecuencia sugiere que fue el promotor de intervencionismos exage- rados, políticas fiscales y monetarias desenfrenadas y, por lo tanto, de la inflación. Nada más alejado de la rea- lidad. En cierto sentido, Prebisch nunca dejó de ser un banquero central, muy atento a los equilibrios fiscales, monetarios y de balance de pagos. Uno de los documen- tos que presentó a las autoridades argentinas a fines de 1955 se titula, precisamente, “Moneda sana o inflación incontenible”.
Fue también un crítico severo de los excesos protec- cionistas e intervencionistas. Uno de los fundamentos de sus esfuerzos por la integración latinoamericana era ampliar los mercados y elevar la eficiencia de las indus- trias sustitutivas de importaciones. Su prédica indus-
trialista enfatizó siempre la necesidad de diversificar las
exportaciones incorporando manufacturas de creciente contenido tecnológico.
Si algunos gobiernos, como el nuestro, hicieron dis- parates en repetidas oportunidades, fue por razones distintas que la supuesta filiación prebischiana de la industrialización o la intervención del Estado.
En sus años finales, Prebisch enfatizó la dimensión social del desarrollo. Sus estudios sobre la disposición del excedente y el despilfarro inherente a la dramática concentración del ingreso y la riqueza en América Lati- na revelaron cómo la estructura social y el reparto del poder subyacen como causas profundas del subdesarro- llo y la dependencia de nuestros países.
Hoy que, en su versión neoliberal, la ortodoxia ha
revelado ser una fatalidad para nuestros países, estamos
buscando respuestas válidas a los desafíos y oportuni- dades de la globalización del orden contemporáneo. En
las actuales circunstancias, el aporte de Prebisch vuelve a ser valorado en toda su dimensión.
Sólo que ahora es probablemente más difícil, que en su tiempo, construir una propuesta heterodoxa influyen- te. Prebisch formó sus ideas y sus propuestas cuando se derrumbaba el paradigma neoclásico durante la depre- sión de los treinta, la Segunda Guerra Mundial y la re- construcción de posguerra. También en los centros, la ortodoxia había cedido paso a un enfoque heterodoxo: el planteo keynesiano. Uno de los libros de Prebisch es precisamente Introducción a Keynes, de 1946. En ausen- cia de un pensamiento hegemónico y globalizador en el centro era menos difícil, en la periferia, construir un modelo alternativo. En la actualidad el pensamiento hegemónico y globalizador gravita más que en aquellos años. Sin embargo, hay indicios suficientes para supo- ner que la realidad está conmoviendo no sólo la solidez teórica del enfoque ortodoxo sino, al mismo tiempo, su viabilidad política. Sea como fuera, y más allá de sus aportes teóricos puntuales, Prebisch dejó dos enseñan- zas centrales. Primero, debemos observar la realidad con nuestros propios ojos y abordarla desde la perspecti- va de nuestros propios intereses. Segundo, si hacemos lo debido, contamos con los medios para derrotar el atraso, elevar la calidad de vida de nuestros pueblos y ser partí- cipes activos no subordinados de la globalización.
Porque, en definitiva, Prebisch siempre supo, como proponía Epicuro, que “lo que perturba a los hombres no son las cosas sino lo que piensan de ellas”.