Ana Mª Medina Reina Enfermera vocacional y licenciada en
Humanidades. En búsqueda de una vida con sentido.
cabeza con gorro, mascarilla, bata y guantes estériles. De una forma terri- ble.
El paciente agitado y desorientado que 5
lleva 9:30h de tu turno nocturno de 10 horas, chillando y agitando las barras de su cama, quedará por fin callado y dormido bajo los efectos múltiples de la medicación administrada durante la noche en ese preciso momento. Así seguirá durante la siguiente mañana y la tarde. Cuando vuelvas de nuevo al turno nocturno, el tin-tin de las barras chocando te saludarán anunciando otra noche “irrepetible” de guardia.
Recordarás que no has ido a buscar la 6
medicación de la siguiente hora, justo cuando te hayas puesto bata, guantes y mascarilla del box aislado en el que se encuentra tu paciente.
Justo al salir de la habitación de un 7
paciente al que acabas de preguntarle si necesitaba algo más, percibirás que la luz del timbre de su habitación se enciende llamando a la enfermera.
Si tu supervisora se acerca risueña y 8
sonriendo hacia ti… ¡ten mucho, mucho miedo! Prepara excusas creíbles por las que te es imposible doblar turno o venir el fin de semana.
Tan pronto como retiras un catéter IV, 9
el médico pautará una nueva línea de suero.
Las reuniones obligatorias para el 10
equipo de enfermería se programarán en los salientes de tus turnos de noche, preferentemente cuando la unidad esté llena y cargada de pacientes psiquiá- tricos.
Si tu paciente precisa 3 mg de sintrom, 11
en tu cajetín monodosis de farmacia solo tendrás 2mg. Al intentar reclamar lo que falta, te darás cuenta que hace cinco minutos la farmacia está cerrada y tienes que llamar al supervisor de guardia.
Cuanto más agitado y confuso está 12
un paciente, menor es la probabilidad de que un familiar o amigo pueda acompañarle.
Cuando tras una hora dedicada a ba- 13
ñar, cambiar la ropa de cama y curar las heridas de tu paciente, creas que todo ha quedado a gusto de la enfer- mera Nightingale, un gran “código ma- rrón” se expandirá fuera de las líneas
del empapador y deberás comenzar de nuevo.
Nada más “abordar” la inserción de 14
un catéter arterial o tener que lidiar con un gran, gran “código marrón”, el médico al que estás intentando localizar durante toda la mañana, te llamará por fin al control de enfermería.
Si has tenido un turno de 7 horas en 15
las que has tenido que reanimar a un paciente, cambiar de cama a otro, poner en marcha un hemofiltro, y dejar cargadas las perfusiones para las 8 bombas que necesita tu paciente, el supervisor de guardia llegará a la unidad justo en el momento en que te acabas de sentar y estás ojeando una revista. Tu paciente de 150 Kg precisará según 16
orden médica: enema, fisioterapia res- piratoria y levantar al sillón, mientras que el otro de 48 Kg, tendrá prescrito reposo en cama.
El enema que administraste hace 5 17
horas será efectivo 20 minutos antes de que tu turno finalice.
Justo al levantar a tu paciente recién 18
operado con ayuda de una grúa y fajado como si fuera Scarlett O´Hara, te lla- marán de rayos para comunicarte que el paciente puede bajar al escáner en 10 minutos (¡y telemedicina no te ha avisado!)
Cuando tu paciente entre en shock 19
hipovolémico y se necesite urgente- mente los resultados de la analítica, el técnico de laboratorio llamará protes- tando porque el tubo de coagulación está mal enrasado.
Si la tostada se cae, siempre será por 20
el lado de la mantequilla (se ruega apli- car la misma fórmula en caso de un empapador manchado por un “código marrón”)
Queridas mías, así son las cosas, ahora sabéis la verdad. Estad preparadas entonces. No tengáis miedo. Os quedan muchas guar- dias para comprobar la verosimilitud de estas leyes enfermeras (algunas otras las formulareis vosotras mismas, tras tiempo de experiencia) Sólo os ampara una herra- mienta para poder sobrevivir a esta profesión que es en verdad, impagable: el humor. Reíros de vosotras mismas y de las absurdas situaciones que vivimos a diario. Es la única salida para conservar la cordura. R
U
na forma de combinar y tomar en cuenta tanto el nombre hebreo (dado en la tradición masorética, o sea, «shemót»: “nombres”), como el que le dio la Septuaginta («éxodos»: “salida”, “partida”) al segundo libro (en castellano «Éxodo») del «Pentateuco» (nombre griego, el nombre hebreo es más bien «Toráh», es la siguiente.Por un lado, es preciso admitir que en la tradición masorética, el nombre hebreo dado al segundo libro del «Pentateuco» o «Toráh», se sustenta en la declaración ini- cial del mismo primer capítulo: “Estos son los nombres (hebreo «shemót») de los hijos de Israel que entraron (emigraron a) en Egipto…” (Compárese Génesis 46.8). Por otro lado, el nombre griego «éxodos» dado por la Septuaginta, se sustenta más bien en la declaración que se lee en el ca- pítulo 19.1, de dicho libro: “En el mes ter- cero de la salida (griego «éxodos») de los hijos de Israel de la tierra de Egipto, en el mismo día llegaron al desierto de Sinaí”. En suma, la lista de las personas que entra- ron (emigraron de Beerseba, que hicieron un éxodo) con Jacob a Egipto, es el núcleo básico y primario del grupo que posterior- mente salió (emigró, hizo otro éxodo) a Ca- naán, la llamada “tierra prometida” (Éxodo 6.4; compárese Génesis 46.5-27; Éxodo 1.1-4).
Además, a diferencia del nombre hebreo «shemót» (nombres) que sí se encuentra
al inicio del mismo primer capítulo del libro, el nombre griego, la palabra griega con que la Septuaginta identificó a dicho libro, o sea, «éxodos» (salida); en realidad se la encuentra en el libro en cuestión tan sólo dos veces: Éxodo 19.1 (haciendo refe- rencia a la salida de Egipto) y Éxodo 23.16 (haciendo referencia a la salida del año), y traduciendo en ambas ocasiones una forma del verbo hebreo «yatsá» (salir, emi- grar, brotar, aparecer, etc.).
Consecuentemente, desde la perspectiva de la Septuaginta, el nombre dado al libro de Éxodo, no se sustenta en el «éxodo» de Beerseba a Egipto (Génesis 46.5-27; Éxodo 1.1), como en la tradición masorética; sino en el «éxodo» de Egipto a Canaán (Éxodo 19.1).
Luego, siendo el pueblo de Israel un pueblo migrante desde sus inicios, es comprensi- ble que luego el código mosaico incluyera una serie de disposiciones tendentes a pro- teger la vida y garantizar la subsistencia de las personas extranjeras (Levítico 19.33-34; 23.22; 25.5-6; Jeremías 7.6; Ezequiel 47.21-23; Zacarías 7.10).
Por supuesto, llama la atención y es lamen- table, que hoy, personas, pueblos y comu- nidades cuya historia ha estado marcada por la migración, y de espalda a su propia historia, se muestren xenófobos, fomenten el odio, el desamor, y la falta de empatía, comprensión y misericordia hacia los inmi- grantes, así de sencillo. R
Héctor Benjamín Olea Cordero Biblista y teólogo protes- tante. Profesor universitario de hebreo, griego, estudios bíblicos y teológicos. Tam- bién es el presidente y fun- dador del Instituto Domi- nicano de Ciencias Bíblicas IDCB, Inc. Fue miembro del equipo de estudiosos de las lenguas bíblicas que tra- bajó en la versión de la Bi- blia llamada La Nueva Tra- ducción Viviente.
http://benjaminoleac.blogspot.com.es