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2. L A S ALVACIÓN EN EL CCE

2.2 F UENTES DE LA SOTERIOLOGÍA DEL CCE

2.2.5 Liturgia, santos Padres, autores eclesiásticos

Es notable en el CCE la presencia de textos litúrgicos, que generalmente tienen resonancias soteriológicas, ya que la sagrada Liturgia es la permanente celebración y actualización del opus Redemptionis.

Las distintas tradiciones litúrgicas de la Iglesia expresan de modo vivo y diferenciado la única fe eclesial, con un lenguaje a la vez bíblico y tradicional. Si nos atenemos al capítulo cristológico del Credo, encontramos referencias a la liturgia latina en los nn. 461, 469, 477, 526, 528, 550, 617, 631, 647 y 661; y aparecen menciones de la liturgia bizantina en los nn. 469, 525, 555 y 638.238

El CCE concede mucho espacio a la voz de los Padres de la Iglesia. Su autoridad es de algún modo incomparable. La vital proximidad de los Padres a los orígenes de la Tradición apostólica los convierte en testigos excepcionales para todos los tiempos.

En el capítulo segundo del Credo destaca la presencia de san Ireneo de Lyon. Aparece citada seis veces su gran obra Adversus haereses (=AH). Hay cinco citas de importante peso soteriológico en los nn. 438, 460 y 518. La mención restante se ubica en el contexto mariológico (n. 494), pero no es ajena a la salvación de Dios. En este segmento del CCE también san León Magno es una autoridad frecuentada (seis referencias a sus obras se hallan en los nn. 424, 469, 528 y 568). San Gregorio de Nisa (457, 625, 650 y 690) y san Agustín (506, 510 y 556) son otras presencias notables. En suma, en el capítulo cristológico se encuentran treinta menciones de obras patrísticas.

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Durante el pontificado de Juan Pablo II se han confeccionado y publicado, por parte de la Congregación para la doctrina de la fe, las Instrucciones Libertatis nuntius (6 de agosto de 1984) y

Libertatis conscientia (22 de marzo de 1986), cuya temática de fondo es propiamente soteriológica. En el CCE sólo se cita Libertatis conscientia en los nn. 1740 y 2448.

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“Nuestra dificultad consistía en que no podíamos partir ingenuamente de un rito determinado, el latino, en un libro dirigido a toda la Iglesia. La concreción en un rito determinado tiene que hacerse en la catequesis; nosotros nos hemos preocupado por presentar el andamiaje fundamental común a los diversos ritos” (J.RATZINGER, Evangelio, catequesis, catecismo, 15).

El CCE acude, además, a la cátedra de los autores eclesiásticos –especialmente a santo Tomás de Aquino– y al testimonio de los santos. Es necesario subrayar esta novedad: el testimonio de los santos. Es decir, no sólo la palabra de los grandes Padres y Doctores de la Iglesia, ciertamente grandes por el vuelo especulativo y por la influencia que han ejercido. La novedad consiste más bien en la palabra de los santos, teólogos o no, precisamente en cuanto santos, es decir, en cuanto hombres de Dios, dóciles al Espíritu de Cristo, con la incuestionable autoridad que les da su vivencia radical del misterio de la salvación.239 Creemos que en el CCE se refleja claramente la verdad y la preocupación que encierran las siguientes palabras:

“En todo tiempo han sido los santos los que mejor han conocido a Jesús, pues a Jesús se le reconoce por el amor. «Todo el que ama viene de Dios y conoce a Dios. Quien no ama, no ha conocido a Dios» (1 Jn 1, 7-8). Los santos son, pues, los que realmente aman a Dios, en él creen y en él esperan. (...) Los santos son teólogos por razón de su vida y de su misión. Por eso, es para la teología de suma importancia estar dispuesta a oír a los santos y a aprender de ellos”.240

Se hace evidente, por otra parte, el singular crédito doctrinal que posee santo Tomás de Aquino. El Doctor Angélico es un referente no sólo como teólogo ejemplar, sino además en cuanto “experto” en la sabiduría de Dios, según lo da a entender la cita del oficio divino para la fiesta del Corpus Christi, que encontramos en el n. 460. Sus obras son mencionadas 5 veces en el capítulo cristológico. Aparte de la cita ya indicada, las demás son de la Summa theologiae (511, 555, 556 y 627). Consideradas en sí mismas, no contienen afirmaciones de trascendencia soteriológica, pues se refieren directamente a otros campos del misterio cristiano. Si hubiera que juzgar de la presencia del Aquinate en el CCE sólo por estas citas, habría que concluir que su influjo es realmente secundario. En CCE I, 2, 2 la doctrina soteriológica ireneana –por lo que expresan las citas– tiene mayor relieve. Pero es justo advertir que la influencia de santo Tomás en el CCE es más fuerte de lo que indican las menciones explícitas del capítulo cristológico. En el conjunto del CCE es el segundo autor más citado (61 veces), sólo precedido por san Agustín. Pero más que por el número de citas, el influjo de santo Tomás se verifica en algunas orientaciones fundamentales, como, por ejemplo, en el trasfondo metafísico de ciertos temas y en ciertas enseñanzas magisteriales que

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“A las palabras de los santos les cae en suerte, en este Catecismo, una trascendencia especial. Se hallan las más de las veces al final de un pasaje mayor, como la última palabra y con ello hasta cierto punto la más importante. Su testimonio debe hacer perceptible, experimentable, que la doctrina expuesta precedentemente es mucho más que una teoría abstracta... Como en el Catecismo para la Iglesia universal no es posible remitir a experiencias singulares vinculadas a un lugar o específicas de una edad, se recomienda ceder la palabra a la experiencia de los santos, los cuales rebasan todos los límites de edad y cultura. ¿Qué hay de más universal que la experiencia de un san Francisco, de una Teresa del Niño Jesús?” (CH.SCHÖNBORN, Breve introducción a las cuatro partes del Catecismo, en J.RATZINGER–CH. SCHÖNBORN, Introducción al Catecismo, 70-71).

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CH.SCHÖNBORN, Cristología, 337. Cf. F.-M.LETHEL, Connaître l’amour du Christ qui surpasse toute connaissance. La théologie des saints, Venasque 1989, 3-19.

provienen, si atendemos a su desarrollo histórico, de la sabiduría del Angélico.241 Son importantes a este respecto las numerosas menciones del Concilio de Trento (citado más de 100 veces en el CCE), en el que hubo tanto influjo de la doctrina tomasiana. Algo semejante se puede decir de las 27 citas del Catechismus romanus,242. Respecto del tema que directamente nos ocupa, es importante considerar la estructura de la cristología de la Summa, con su “novedosa” atención a los misterios de la vida de Cristo,243 así como la profunda comprensión del sacrificio redentor, en conexión con la satisfacción y el mérito, con su acentuada visión “personalista”.244