Capítulo IV. Rasgos de los marcadores conversacionales
4. Definición de marcador conversacional
4.1. A qué se llama marcador y a qué se llama conector Segundas diferencias
1. Los conectores tienen caracteres semánticos estables (de contenido denotativo natural o primario), los marcadores no, ya que su objetivo es orientar cierta comunicación hacia un fin (fenómeno de enfoque), tratando de integrar el conocimiento situacional con el significado ’procesado’ o no natural, es decir, el sentido.
2. Los conectores realizan y coordinan elementos dentro de la oración. En cambio los marcadores realizan y coordinan actos de enunciación, y por tanto establecen relaciones entre unidades de habla, ya sean proposiciones, acciones, turnos de palabra, etc.
3. Los conectores no tienen la capacidad de causar efecto, los marcadores sí. Por ello, los marcadores pueden y tienen capacidad para construir y transformar situaciones discursivas. Su función está unida al plano interaccional. Pueden influir en el proceso de formación de la voluntad del oyente y así determinar su acción en una dirección. Esto hecho establece automáticamente la secesión de los componentes enfáticos de los siguientes enunciados. Y esto explica que los conectores no puedan ser utilizados en posición inicial de enunciado y tengan a diferencia del marcador más restricciones distribucionales.
4. Los marcadores operan sobre un sistema de comunicación abierto, como es la conversación, y sus propiedades funcionales están ligadas a las reglas de la conversación. Los conectores, en cambio, están organizados en un sistema convencional deductivo, reconocidos y clasificados por la gramática.
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5. Los marcadores están sometidos a restricciones especificas, estas restricciones se fundan en presuposiciones (preconstituido) regidas por leyes; los conectores al poseer caracteres semánticos estables están regidos por reglas gramaticales. Por eso no podemos sustituir un marcador por otro similar o sinónimo, pues al sustituir uno por otro, se pierde en fuerza argumentativa.
6. Los marcadores tienen significado óntico, según Coseriu: “es el valor que se le asigna al estado de las cosas designado en una oración. Esto sucede con los marcadores subtipo en las preguntas confirmativas, en las que el hablante obliga al oyente a contestar, para que ratifique o rechace lo que se expresa en el enunciado.
Este significado óntico puede ser de tres clases: 1. Interlocutivo (relación H/O)
- 2. Modal (relación H/significado) - 3. Material (relación H/designación)
Este significado óntico interlocutivo se abre en tres dimensiones:
1. Enunciativa
2. Activa o factitiva 3. Interrogativa
Los conectores carecen de este significado óntico, pues no se dan las combinaciones modales que pueden darse con los marcadores.
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Los marcadores, al ser unidades de estrategia discursiva, sirven para ejecutar, habiendo en el enunciado - marcado un nivel de expresividad – privilegiado.
Sus funciones están en relación con los impulsos espontáneos de los interlocutores, derivados del interés que se manifieste en la situación comunicativa
Tenemos en el diálogo formas lingüísticas simples, menos rentables, y formas lingüísticas mas complejas, y más rentables semánticamente.
Estas unidades pasan a ser fenómenos lingüísticos y dejan de ser categorías gramaticales; como es el caso de los vocativos, como (‘hombre’,
‘mujer’, ‘hijo/a’) que se dirigen en tono de mandato, invocación o suplica sobre
enunciados con valor apelativo – factitivo.
De igual modo le sucede a las interjecciones, a algunos adjetivos, a algunos adverbios, y a algunas conjunción. Como los vocativos, estas categorías gramaticales están aisladas del resto del enunciado por medio de pausas, con entonación independiente. De tal manera que llaman la atención sobre lo que se va a decir, su misión consiste en reforzar (intensificar) el papel del enunciado, o el de suavizarlo (atenuar), según los matices que la entonación refleje.
Son por tanto fenómenos lingüísticos en los que hemos descubierto, y no así en los conectores:
a. - Relaciones funcionales. b. - Notas constitutivas internas.
Estos dos aspectos convierte los marcadores conversacionales en procesos interactivos con rasgo distintivo propio.
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Si cada diálogo es un acontecimiento expresivo, es difícil determinar qué unidades o fórmulas lingüísticas poseen estos dos aspectos; cuya riqueza discursiva es imposible de catalogar, puesto que contamos con una diversidad de nexos, fórmulas exclamativas, interrogativas, adjetivos, conjunciones, verbos, adverbios, pronombres etc. Que pueden procesarse como marcadores con multitud de combinaciones sintácticas, que emitidos en determinadas circunstancias del diálogo pueden crear efectos de sentido diverso.
El diálogo se inicia normalmente con recursos expresivos de saludo – presentación–enumeración. Los rasgos suprasegmentales son en este primer momento los mensajeros del modo de producción (cordialidad, nerviosismo, alegría....). Distintos tonos de voz, van alejando a los interlocutores de la posición inicial, se introducen poco a poco nuevas marcas que tratan de inmediato de prolongar la conversación orientándola hacia un determinado fin, se introducen marcadores conversacionales que apresuran, o monotemizan el diálogo acercándolo a su final. En esta última fase, las aportaciones que los interlocutores van dando son cada vez menos necesarias, más repetitivas, se ha superado por completo la fase de apropiación. Al llegar al nivel de lo preconstituido, cada interlocutor ha asumido ya, a los marcadores conversacionales como reproductores de la actitud e intención, de manera que, cada uno de los que ha intervenido en el diálogo ha podido identificarse con la situación comunicativa creada.
4. 2. Conclusiones generales sobre la definición de marcador conversacional.
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Es en el diálogo como acontecimiento donde se negocian estos marcadores conversacionales, de cada uno de los marcadores conversacionales utilizados en el dialogo heredamos el proceder y el actuar.
Unos marcadores conversacionales implican a otros (acción concurrente), puesto que discurren globalmente en toda la producción comunicativa. La conversación lucha por mantenerse, los marcadores conversacionales cooperan en esa lucha y tienen un modo de acción esencialmente “solidario”, resuelven conflictos conversacionales y los crean.
2.- Una vez que el marcador conversacional ha emprendido su camino, se establecen unas coordenadas enunciativas que delimitan sus funciones tanto sintácticas, como semánticas y pragmáticas.
a) En la fase inicial del diálogo el marcador ejerce una actividad “autogena” (se reproduce a sí mismo y se suelda a la segunda intervención).
b) Es un “activador” conversacional, puesto que el marcador manifiesta la actitud e intención que hemos de mantener en cada momento de la conversación (de ahí que al pronunciarse tenga mucha importancia el gesto, tono de voz y otros elementos suprasegmentales, kinésicos y proxémicos).
c) Es un “aval” lingüístico, en cuanto que es garantía de que se cumpla el propósito del diálogo. El marcador conversacional se compromete a responder como acción de los enunciados. Es una marca de ejecución. Por esta razón, algunos marcadores excluyen el derecho de respuesta, puesto que adquieren autoridad en función de unos fines específicos. Son estímulo para que se cumplan las funciones apelativas o designativas, y en la
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mayoría de los casos aparecen en la fase inicial del diálogo, aportando a la conversación la relación afectiva, social o jerárquica que mantienen con su/s oyente/s.
Modificando una frase de Roland Barthes, podríamos decir que los marcadores Lo quieran o no, están colocados en un circuito de intercambios.
Un intercambio que requiere dos actividades complementarias: 1. Producir
2. Interpretar
¿Cómo se pone de manifiesto su naturaleza discursiva en los tres niveles señalados?:
1. Nivel de lo asertado o enunciado:
Sabemos que, los marcadores conversacionales son fenómenos lingüísticos que superan el nivel sintáctico oracional. Para actuar en un plano superior enunciativo cuyas secuencias se encuentran conectadas y ninguna de ellas puede ser considerada sin relación a las demás, razón por la que preferimos llamarlas secuencias autógenas.
No podemos por ello hablar de categoría gramatical, ya que el marcador se compone de signos lingüísticos + fenómenos léxicos (extraídos de un código cultural - cognitivo, soportando una carga informativa que da cuenta de las intenciones de los hablantes).
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En el nivel informativo, su naturaleza enfoca a la situación comunicativa, y en el nivel simbólico, su naturaleza enfoca hacia el plano de la interpretación
2. Nivel determinado:
Como hemos dicho, cada marcador está ‘atrapado’, en función de cada acto comunicativo, en su nivel informativo y simbólico, y se proyecta en busca de su destinatario con el fin de esclarecer la situación comunicativa.
Cada marcador tiene un sentido obtuso, es decir inferido o implicado, un sentido que no se articula en la conversación, pero que queda sugerido. Al marcador casi siempre le acompaña una naturaleza enfática o ponderativa.
3. Nivel preconstituido (nivel simbólico)
El marcador opera según una orientación interlocutiva, que le viene dada por la actitud e intención del hablante.
En relación a estas dos voluntades podría tomar al menos dos direcciones:
1. La de guiar la conversación (u orientarla) 2. La de compensarla (o completar).
En este sentido, y de acuerdo con las consideraciones hechas hasta ahora, partimos de que los marcadores tienen por su naturaleza una actuación lingüístico – persuasiva, ligada al mismo acto de comunicación en el que se definen, según nuestro criterio, como eficaces huellas para plasmar ideas, creencias, deseos y conductas.
Así dimos solución al primer problema se nos planteó: si los marcadores conversacionales eran categorías gramaticales o eran fenómenos lingüísticos.
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Al considerar a cada marcador como un fenómeno lingüístico, también le sometíamos a estar sujeto a unas circunstancias contextuales, de donde nace su objetivo comunicativo: el de orientar cierta argumentación hacia un fin. Al mismo tiempo, el marcador realiza y coordina actos, turnos, intervenciones en base a las relaciones interlocutivas. Por ello, su papel es esencialmente regulador y está sometido a las condiciones del intercambio discursivo, organizándose no sólo como enlaces entre contenidos, sino como punto de apoyo de una enunciación a otra. Incidiendo no en su categoría gramatical, sino en el acto de habla sobre el que se vierte. De ahí que puedan construir y transformar situaciones comunicativas, y además puedan transformar su categoría gramatical.
Poseen propiedades funcionales ligadas a las reglas de la conversación. Actúan sobre el “modus” modificando al enunciado total y ‘autónomo’ al que completa con independencia sintáctica y entonativa; de ahí que suela situarse a los márgenes del enunciado. De esta forma se convierten en procesos interactivos que funcionan como marcas de atenuación e intensificación. Para ello se ayudan de categorías gramaticales, como pueden ser: tiempos verbales – futuro- (en preguntas ¿será tan …/ no será tan +adj..?); -condicional-, en estructuras perifrasticas: (quién debería educar a quien); -imperfecto de indicativo/subjuntivo- (con verbos modales: querer, poder, deber); -presente de subjuntivo- (espero que no te moleste); -adverbios y partículas- (tal vez, no,
verdad, probablemente, claro, en realidad, indudablemente, en absoluto, etc.).
Categorías gramaticales que pueden marcar la modalidad de imperación, incidiendo sobre el comportamiento (actitud de su interlocutor y sobre el contenido del enunciado, causando efecto). Dejando de ser así, meros
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enunciados (se apoyan unos en otros para darse paso) formando, como ya hemos dicho, un fenómeno en cadena de interacción circular abierto.
Para que la conversación sea un proceso de comunicación circular abierto, es necesario que se realice en función de tres mecanismos conversacionales a los que hemos dado el nombre de Marcadores tipo, subtipo y estereotipo. Encargados todos ellos de la conexión, coherencia y reacción de cada intercambio (entendiendo por intercambio una intervención de inicio y otra de reacción); la suma de intercambios da lugar al diálogo. Los marcadores conversacionales nacen sólo si existe una relación vinculante y emotiva entre los interlocutores, siendo necesario además una relación directa entre la función discursiva y las intenciones (véase el análisis que realizamos en el diálogo titulado El ruido del silencio de Rosa Montero donde ya expusimos la relación existente entre los marcadores, los intercambios y las secuencias).
Una vez más insistimos en que estos tres mecanismos realizan un proceso de apropiación individual de la lengua a nivel sintáctico - semántico – pragmático, en el que se pone en juego una serie de regulaciones que van poco a poco estructurando el contenido semántico nuclear que amplia unas veces los márgenes del enunciado y otras los márgenes de la enunciación. Lo harán siempre buscando tácticas discursivas de producción eficaz en base al contexto comunicativo al que se deben.
El recorrido que llevan a cabo los marcadores conversacionales tipo, subtipo y estereotipo no es lineal, sino alterno. Cada marcador puede remitirse a otro sin necesidad de llevar un orden, pudiendo darse los tres en un mismo enunciado, como en el ejemplo: “<Pero, hombre ¿qué pasa aquí? Reunión de
pastores oveja muerta>”. Su alternancia ofrece un juego infinito de posibilidades,
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El marcador es, como venimos diciendo, un fenómeno lingüístico con naturaleza intencional propia (capaz de ser reconocida por el oyente), no autónoma (porque al mismo tiempo almacenan información pragmática en relación al mundo, al contexto y a los participantes), capaz de regular el diálogo en una determinada dirección. Es un ‘aval’ lingüístico en la medida en que es garantía de que se cumpla el propósito del diálogo.
La sintaxis del marcador conversacional obedece a los principios de selección y combinación. El principio de selección está ligado al propio enunciado, y el principio de combinación está ligado a la propia enunciación.
Desde este punto de vista, para cortar o interrumpir a alguien nosotros podemos utilizar el principio de selección (recuérdese que para ello debemos hacer uso de marcadores tipo y subtipo como (<Bueno, vale ya>), (<Ya está
bien>), (<No te pases>) que están ligados al enunciado. En cambio si utilizamos
el principio de combinación (recuérdese que para ello deberemos hacer uso de marcadores estereotipos como (<Para el carro>), (<corta el rollo>) que están ligados al proceso de enunciación.
Otros ejemplos podían ser los siguientes: Para negar:
- Principio de selección (<no>, <no, no>, <en absoluto>)
- Principio de combinación (< y un huevo>, <y un jamón>, <naranjas de la
china>, <por aquí se va a Madrid>, <lo llevas claro>).
Para expresar desaprobación / contradecir / estar en desacuerdo:
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Estos dos principios nos permiten incorporar al diálogo estrategias lingüísticas discursivas que se ajustan con mayor o menor intuición a los efectos argumentativos que se quieren verter sobre los enunciados a los que se unen.
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