Lo torcido del síntoma

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Una vez especificado de qué síntoma se trata y antes de conceptualizar su estética, para lo cual se retomara la estética kantiana, que ya fue desarrollada ampliamente en el capítulo correspondiente a Kant, se va a articular al síntoma lo que en el Seminario 23 se nombró como lo “torcido”, se retoma la cita: “El pasaje de lo derecho a lo torcido, del mos geometricus euclidiano a la topología nodal, recuerda el pasaje kepleriano "de lo imaginario de la forma llamada perfecta como siendo la del círculo, a la articulación de la cónica, de la elipsis ("Radiofonía", en PR&T, pp. 52 y 53)" (Lacan, J; (1975,76) pág. 204).

Es a partir de esta alegoría, que es posible postular que el espacio euclidiano con su geometría de tres dimensiones, presente en el mundo que vivimos, como así también la serie de Fibonacci con su número de oro, dan cuenta de una perfecta proporción. En ambos no habría ningún resto, nada inasimilable que quede por fuera. Esta dentro de la lógica del sentido y desde esta perspectiva, la interpretación en tanto S2 es una búsqueda interminable de sentido, lo que podría ser equivalente a intentar hacer existir la relación sexual. Desde este punto de vista, no habría agujero.

Desde este punto de vista podría decirse que la creación ex – nihilo, parte de un vacío para crear el receptáculo, sea jarrón o vasija. Se crea en torno a un vacío, pero este vacío será posible llenarse, aunque este vacío, de aire, por ejemplo. En cambio, el agujero no se llena nunca, permanece así; dice Miller en su Nota Paso a Paso: “La ética esbozada en El sinthome se completa con una estética. De las especulaciones inspiradas y de los tanteos a veces tan laboriosos (él es el primero en decirlo) de Lacan ya viejo, de sus rendijas en las tinieblas y de sus nudos serpentinos que le procuraron suplicios y delicias, se desprende un extraño efecto de belleza. No es la apacible belleza fibonacciana ritmada por el número de oro, hecha para concordar con la existencia estable en lo universal, es la belleza azarosa, sinuosa y variada que Hogarth tuvo el genio de representar con una simple línea aérea ondulante (Lacan, J, 2006, pág.238).

El pasaje a la topología incluye el agujero y de darle una forma se aproxima a la superficie que Poincaré nombro como 3 – variedad. Superficie de cuatro dimensiones imposible de ser graficada o imaginada. Este físico matemático, polímata, refuta la geometría euclidiana, y en su postulado plantea la esfera de tres dimensiones, que llama variedad 2 como homeomorfa a la de cuatro dimensiones que llama variedad 3, además de ser simplemente conexa. Homeomorfa es la propiedad de poder revertirse en otra forma sin cortarse ni pegarse y simplemente conexa en topología quiere decir que es un subconjunto que no se puede expresar disjuntamente, ejemplo:

A es conexa, B no lo es.

La conjetura de Poincaré busca dar cuenta de la forma del Universo y la forma que le da lo ejemplifica con la taza en cuyo interior hay un vacío, pero que es factible de ser llenado, y se transforma en una superficie tórica, y esta transformación se produce sin producir ningún corte, ni pegado. Es decir que, a partir de la misma estofa, se genera otra superficie, pero esta vez con un agujero que no es posible de ser colmado: “si el síntoma tiene sus límites, es porque se anuda al cuerpo, es decir, a lo imaginario, se anuda también a lo real y, como tercero, al inconsciente. Es porque el síntoma se encuentra con sus límites que se puede hablar del nudo, que es algo que seguro se arruga, que puede tomar la forma de un ovillo, que es algo que, una vez, desplegado, conserva su forma – su forma de nudo- y a la vez su ex – sistencia” (Lacan, J, 1975/1997, pág.16).

5- Artistas

Y siguiendo a Lacan: “pienso que un psicoanalista sólo tiene derecho a sacar una ventaja de su posición, aunque esta por tanto le sea reconocida como tal: la de recordar con Freud, que en su materia el artista siempre le lleva la delantera y que no tiene por qué hacer de psicólogo donde el artista le desbroza el camino”. (Lacan, J; 1965 / 1991, págs.65,66).

Es por esto por lo que se va a tomar lo que el artista plástico, Ernesto Pesce, dijo en una entrevista que le hicieron hace unos meses, dado que plasma claramente el tratamiento que hace el psicoanálisis de la orientación lacaniana, que consiste en servirse de diferentes campos del saber, sin pretender hacer psicoanálisis aplicado ni al arte, a la filosofía o la topología. Pesce en esa entrevista decía lo siguiente: “una vez llega a mis manos el libro El Tao de la Física, de Capra, donde establece una relación entre el taoísmo y la física cuántica. Confieso que nunca entendí nada, pero me sirvió para crear. Recuerdo que un amigo me invita a escuchar una conferencia del físico argentino Juan Maldacena, sobre su teoría de las cuerdas. Asisto y escucho todo su desarrollo, pero hubo un momento que quiere bajar la teoría para que se entienda, entonces dice que su teoría de las cuerdas es similar a lo que Borges plantea en su cuento Las ruinas circulares; y agrega que según la teoría que el maneja, las constelaciones son como burbujas y el universo sería como una bañadera llena de pompas de jabón. Cuando escucho esto, me dije: ¡Ah, entonces hago el universo que quiera!”, (Pesce, E; 2019, YouTube/crudo/Ernesto Pesce/ 28’:46”).

De esta manera sería posible entender lo que sería estetizar el síntoma, entendiendo que este ejemplo es solo una alegoría de lo que eventualmente podría transformarse por la vía de un psicoanálisis.

Ernesto Pesce, en el año 2011 realiza una obra: universo de constelaciones, su propio universo y su modo de saber hacer con la perdida. Se prefiere transcribir sus propias palabras: “En octubre del 2006, mi hijo menor, en ese momento de once años, mirando el cielo constelado, dijo que el alma de su madre Mariana (Shapiro, escultora argentina 1959-2006) recientemente fallecida, estaba en la estrella central de “Las Tres Marías"

en el cinturón de Orión. A partir de ese momento pensé en traducir en imágenes el deseo de Lautaro. Surgió primero el nombre de la serie: “Retratos del Alma", luego la decisión de que las almas tuvieran formas geométricas, estructuras espaciales de posibles imágenes de un cosmos que, como las almas, solo adquieren forma en nuestras mentes estimuladas por el deseo.

Es por ello por lo que dedico esta muestra a mis tres hijos Malena, Julián y especialmente a Lautaro, que me enseño que en Alnilam (el hilo de perlas), estrella central de “Las Tres Marías”, en la constelación de Orión, en noches en que el cielo está muy límpido, mirando con los ojos del deseo se adivina una sonrisa.” (Pesce, E, 2011, Akian, junio 2017).

La construcción ficcional de este artista ahonda en el modo en el que se puede hacer del agujero que siempre implica la ex – sistencia, una estetización de lo real. Real que habita el síntoma de los seres hablantes, o parlêtre, para decirlo en los términos que usa Lacan en su última época.

Un psicoanálisis permitiría, posibilitaría una construcción fix – ional, (se escribe con guion al modo de ex – sistencia para ubicar en la ficción el agujero que siempre implica lo real), de una forma sintomática diferente pero hecha con lo mismo que el trauma formateo cuando irrumpió en el cuerpo. Este punto da lugar al siguiente interrogante:

¿Por qué el síntoma tal como lo concibe Lacan en su última enseñanza, respondería a la forma topológica de la conjetura de Poincaré o de la teoría de las cuerdas de Maldacena? Claramente no se trata de llevar el psicoanálisis a la física o a la topología sino, y apelando a una maniobra lacaniana, servirnos de aquello que nos ofrece herramientas conceptuales para dar cuenta de algo que escapa al universo simbólico, y se podría agregar, de tres dimensiones – tal como era el nudo borromeo de tres, a la altura del Seminario 3 de Lacan, cuando usa el concepto de forclusión del nombre del padre para dar cuenta de la psicosis.

Si bien en el nudo tenemos RSI se agrega a este el cuarto nudo. Este lugar cuarto se podría equiparar a la superficie creada por Poincaré y que Maldacena de alguna manera prosigue.

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