SEGUNDA PARTE
XIV. LOS CAMBIOS EN LA GEOGRAFIA
Muchos viajes desde Europa hacia América anteriores al de Colón se han convertido en enigmas de dudosa realidad porque la mayoría de los autores desconoce el importante movimiento tectónico que ha experimentado aquella región del Atlántico Norte y ha rechazado la realidad con el pretexto de que contradecía a la geografía actual, la única que conocen.
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La catástrofe del siglo XIV, volcánica, rápida, ha sido el punto culminante de un remodelado tectónico de esta región. El movimiento tectónico comenzó hacia fines del siglo XII y se extendió hasta los albores del XVII. Nuevos y diversos movimientos de dislocación de la corteza terrestre acompañaron a ese brutal e importante cambio y aún prosiguen en nuestros días, en esa región y en muchas más en el resto del globo.
No existen, en mi conocimiento, estudios detallados abocados a ese problema poco conocido. Ha sido necesario confrontar múltiples fuentes, proceder al examen de numerosos documentos arqueológicos, históricos, marítimos, geológicos para esta región, así como para las costas del oeste de Europa de donde partieron las embarcaciones hacia América. Pues para comprender esos viajes es útil saber desde dónde partieron y la geografía actual no permite satisfacer este interrogante. Algunos puertos han desaparecido, otros se han modificado profundamente, pero en otra época. Así fue como, en Bretaña, el cataclismo, que se había iniciado a partir del siglo V (varios escritos contemporáneos lo confirman), se produjo a lo largo del siglo VII de nuestra era; el mismo se prolongó hasta los albores del VIII. En ese caso no hubo fase volcánica, sino un lento balanceo hacia el mar con un hundimiento que, en el extremo noroeste de Finisterre, fue cercano a los 10 m, de lo cual una sensible modificación de las costas. Seríamos incapaces de resumir aquí esas búsquedas de documentos y, a veces, esas constataciones en el propio lugar. Mencionemos sin embargo un texto poco conocido del 417 y que relata el viaje del galo Rutilius Namatianus efectuado en Armórica en el 408. Es importante para nosotros porque, al comenzar el siglo V, este navegante nota las alteraciones de la costa en Armórica. Namatianus da cuenta de la gran miseria en el campo debido a las bandas armadas que han ocupado el lugar dejado por las legiones romanas al abandonar la región. Pero tiempo después de su partida estallan las revueltas; la miseria se acrecienta debido a las fuertes mareas, a violentas tempestades que producen la inmersión de extensas regiones costeras. Dicho texto es el relato de un viaje a lo largo de las costas de Armórica; Namatianus no visitó el interior de las tierras. Observemos que la leyenda señala el año 495 como fecha de la sumersión de la ciudad de Is, en Finisterre. En cambio, diversos escritos correspondientes al siglo VI tales como los de Gregorio de Tours proporcionan el nombre de pueblos inundados, y en el texto de Bilí, del siglo IX, se enumeran varios pueblos costeros de los alrededores de la desembocadura del Ranee que han desaparecido al finalizar la tercera década del siglo VII. El movimiento de
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hundimiento está entonces ubicado cronológicamente en sus límites. No se debe olvidar el parcial anegamiento de lo que luego se transformó en el Mont-Saint-Michel, igualmente del siglo VII, con interrupción del movimiento tectónico en los primeros años del VIII.
Pero aquí nuestro propósito es ver la presencia de los europeos en América del Norte antes de Colón y no estudiar los puertos de partida, ni las embarcaciones utilizadas (todo lo cual ha sido brevemente comenzado en la obra precedente sobre Brandan). Recordemos sin embargo que esta investigación nos ha permitido resolver el enigma sobre la posición de las islas Casitéridas que todos los diccionarios ubican en Inglaterra, en las islas Scilly porque los historiadores no han tenido conocimiento de la geografía de las costas del noroeste de Armórica antes del siglo VIII. Ello los ha conducido a solicitar textos, sin embargo claros, para adaptarlos a la geografía del siglo XX, a pesar de las flagrantes contradicciones que desaparecen al situar esas islas en su única ubicación posible según los más antiguos textos; comparación que nosotros hemos efectuado (este tema desarrollado puede ser encontrado en la Reuue des deux mondes, sept. 1969, y aún con más detalles en la Reuue maritime, julio de 1971). Lento movimiento de crecimiento de los océanos. La Oficina internacional de las mareas de Liverpool ha establecido que en la actualidad el nivel medio del mar crece a razón de 1,2 mm por año, lo cual, multiplicado, arrojaría alrededor de 12 cm por siglo. Algunos no han temido multiplicar además por 20 para luego decir que eso da 2,40 m para los 20 siglos del comienzo de nuestra era. Pero tal extrapolación es falsa pues el crecimiento de las aguas debido al deshielo del casco glaciar disminuye a medida que éste también lo hace, y en aquellos lugares en donde no hay signos de movimiento vertical desde hace 2000 años parece, según algunos puntos de referencia, que el crecimiento medio de las aguas oceánicas ha sido cercano a 1,80 m.
Movimientos del suelo. En muchas regiones, el suelo puede elevarse o descender, y ello debido a los movimientos isostáticos de múltiples causas. A veces se trata de movimientos oscilatorios como resultado de grietas, fallas. La resultante de esta elevación de las aguas y del movimiento oscilatorio de las tierras al noroeste de Armórica es la que, en nuestros días, hace que el nivel de agua sea aproximadamente 10 m más alto que a comienzos de nuestra era. Es de alrededor de 5 m en la bahía del Mont- Saint-Michel (sondeos de EDF para el estudio de una marea-motora de
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gran poder) y en las proximidades del río Ranee en donde se encontraba el puerto de Alet, de donde Brandan habría partido en el siglo VI en su viaje hacia América central. Entre la isla de Ouessant y la costa es de alrededor de 7 m; de 5 m en la rada de Brest, así como entre el archipiélago de Quiberón y la desembocadura del Loira, etc.
Si las sagas han sido mal comprendidas, originando errores de localización, es porque también las regiones del noroeste del Atlántico han sufrido variaciones, sobre todo en el siglo XIV. Hubo un pronunciado hundimiento en las proximidades de la actual Terranova, en tanto que Canadá sube lentamente debido al retroceso del escudo glaciar que, por su peso, hundía la corteza terrestre en el magma fluido del "manto" terrestre. Se estima esta elevación isostática entre 2 y 5 mm por año, es decir entre 0,20 y 0,50 m por siglo. Pero es necesario tratar de no extrapolar demasiado lejos y además multiplicar por 10 para establecer los niveles que podían existir hace 1000 años, cuando los vikingos llegaron a esta región, pues el movimiento de oscilación del siglo XIV ha interferido la elevación del suelo y se necesitan mediciones en el propio lugar para obtener valores más probables, de interpretación generalmente delicada, pues nunca se está seguro de los niveles-testimonio de hace 1000 años. Para períodos extensos sólo se cuenta con puntos de referencia más cercanos, y la extrapolación no es segura. El estudio de esta región ha sido llevado a cabo por los esposos Ternier en Trame géologique de Fhistoire húmame. Según esos geógrafos, el hundimiento medio al este de Canadá sería de 0,40 m por siglo, a lo largo de una falla en forma de V, uno de cuyos brazos sigue aproximadamente el curso del San Lorenzo y el otro la orilla nordeste de los lagos Hurón y Superior. Pero es sólo un promedio y si la bahía del Hudson se eleva aproximadamente 1 m por siglo, en la desembocadura del San Lorenzo la elevación es del orden de los 0,40 m por siglo. A 100 km al sur de esta desembocadura, dicha elevación correspondería a 0,20 m, en tanto que más al sur, aproximadamente 150 km, es decir en las proximidades del Maine, la variación isostática del suelo es casi nula.
Gracias a ello vemos que la parte oriental de Canadá se eleva más en el norte que en el sur. De esto surge una importante consecuencia: había antes, en la región de los grandes lagos actuales, de aguas profundas, un único lago muy extenso, llamado Agassiz. Este se volcaba en la bahía de Hudson. La oscilación del continente lo ha hecho volcarse en el lago Ontario por las caídas del Niágara, en tanto que en la época glaciar, hace
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aproximadamente 7000 años, un lago glaciar unía el lago Ontario al lago Hurón. La inversión parece haberse producido en el siglo XIV de nuestra era, pero mucho antes de ese movimiento de oscilación hacia el sudeste, ya había comenzado la elevación, ello bajo el efecto del retroceso glaciar con una fractura transversal que separaba a los lagos Ontario del Hurón, o preferentemente del lago Agassiz que llegaba hasta la bahía de Hudson a volcar sus aguas, en tanto que el lago Ontario se dirigía al Atlántico por el San Lorenzo. Es interesante hacer notar que todos los mapas anteriores a Colón (e incluso después de esa fecha) ignoran a los grandes lagos y que únicamente el Ontario figura (aunque no bautizado) como fuente del San Lorenzo, primeramente llamado San Francisco en los documentos de Jacques Cartier, quien exploró su curso y lo llamó de ese modo en honor a su rey Francisco I (hagamos notar que cabe pensar también que fue a consecuencia de ese movimiento oscilatorio que el Misuri, que se dirigía a la bahía de Hudson, fuera en búsqueda del Misisipi).
El cataclismo del siglo XIV. Pero el cataclismo del siglo XIV será lo que ha de retener particularmente nuestra atención pues es indispensable conocerlo para poder comprender los viajes de los europeos a América en aquella época. Diversos sondeos marítimos nos han permitido verificar, comprobar datos, pero poseemos un importante documento que nos describe dicho cataclismo.
En 1340, en los Anales del obispo Gisle Oddsson, ha sido encontrado: "Por sexta vez consecutiva el Hecla comienza nuevamente con su terrible rugido. Otros volcanes están en erupción: el reguero del Monte Trolleydynja ha llegado al mar en las proximidades de Selvogur (al noroeste de la isla). La península de Reykjaness ha sido reducida a la mitad por la invasión de la lava y se hunde bajo el agua. Los altos acantilados de Eideyhar ya no se ven. Las Geirfugle Skerries (islas rocosas cercanas a la costa) han sido destruidas. El Sidujokul, al sur de la isla, y varias montañas más están en erupción. Todas las provincias han sido devastadas".
Hagamos notar que la parte sur de la isla era llamada Sidigrunn, allí se encontraba el volcán Sidijokul, en la actualidad cubierto por las aguas. La bahía de Reykjaness se formó en 1342, aproximadamente con la misma configuración actual, por el súbito hundimiento de la mitad de la península. El anegamiento de la provincia de Selvoge fue más lento y no finalizó hasta 1607.
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Es probable que el hundimiento se haya dejado sentir hasta las Feroé e incluso en la costa noroeste de Irlanda en donde una isla descripta en textos del siglo VIII ha desaparecido desde ese entonces. Dicho cataclismo provocó una serie de maremotos, de temblores de tierra. Se piensa que uno de esos maremotos originó la bahía de Zuyderzee, en Holanda. En la misma época (siglos XIII y XIV) se produce la caída de una parte del monte Granier, en los Alpes (Savoya). En Bretaña hubo cuantiosos daños en 1276; todo el año tembló allí la tierra y, durante ese tiempo, 40 días consecutivos. En aquel momento es cuando se ubica la caída del menhir más grande de Bretaña, en Locmariaquer. Según un monje bretón, A. el Grande (no confundir con su homónimo), en 1379 se produjeron 33 maremotos en Bretaña, "cosa extraordinaria y contraria al curso normal de este mar", dice el mismo monje.
Pero este largo período de seísmos se dejó sentir, especialmente, al oeste de Islandia, y se prolongó hasta América, provocando el hundimiento de Terranova que, en ese momento, se habría transformado en isla. Las erupciones de lava, fechadas recientemente, parecen haber comenzado en 1211 en la península de Reykjaness, lo cual prueba que hubo otras antes del gran agrietamiento de 1340 que hizo "escupir" a todos los volcanes. Recordemos que en el siglo VI Brandan describe también una de esas erupciones de Islandia, en el borde del mar. Es aquella, desde mucho tiempo antes, una zona de inestabilidad, una gran falla de la corteza terrestre.
Hemos podido apreciar las convergencias, constatadas, un poco hacia el oeste de Islandia, con la desaparición del archipiélago rocoso de las Gunnbjorn's Skerries situado, según un viejo texto vikingo de instrucciones náuticas, a mitad de camino entre Groenlandia e Islandia. Un valioso documento, que emana del obispo de Islandia, nos permite ubicar el momento paroxístico del cataclismo. Sucesivos sondeos efectuados por de Kerguelen en 1776, luego en una época muy reciente por Mallery, por la marina americana, por las misiones polares francesas conducidas por Paul-Emile Víctor han confirmado ciertas informaciones llegadas hasta nosotros a través de las sagas. Volveremos a ver otros aspectos al proceder al estudio de los mapas anteriores a Colón.
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