Los principios de la administración de Fayol

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Capítulo 17. La administración industrial y general de Henri Fayol

4. Los principios de la administración de Fayol

Simultáneamente con el desarrollo de su teoría sobre las operaciones o funciones de la empresa, Fayol formuló un cuerpo de principios generales sobre adminis­ tración.

Decía que la función administrativa, es decir, aquella que se refiere a las opera­ ciones del sexto grupo descrito anteriormente, tiene como órgano y como instru­ mento básico al cuerpo social de la empresa, mientras que las funciones, incluidas en los cinco primeros grupos, ponen en juego la materia prima y las máquinas, el capital y ciertos procedimientos. La función administrativa sólo obra sobre el personal y, en consecuencia, la salud y el buen funcionamiento del cuerpo social de una empresa dependen de un cierto número de condiciones, a las cuales lla­ mó Principios, Leyes o Reglas de Administración.

El número de principios no es limitado. Toda regla que fortifique al cuerpo social y facilite su funcionamiento, armonía y efectividad, toma lugar entre los princi­ pios administrativos y tiene validez durante todo el tiempo en que la experiencia confirme su vigencia.

Fayol menciona y describe en su obra catorce principios, los cuales había tenido la oportunidad de aplicar y a los que consideraba como básicos para el ejercicio eficiente de la función administrativa. Tales principios se sintetizan así:

• Principio de la división del trabajo: la división del trabajo es un imperativo de orden natural. Todos no deben hacer de todo al mismo tiempo. En el reino animal y en las sociedades humanas se observa la característica de dis­ tribución de las tareas o actividades.

En las empresas, la división del trabajo se aplica tanto a las operaciones téc­ nicas como a las administrativas y esto produce, como consecuencia, la espe­ cialización de las funciones y la asignación de responsabilidades concretas. El hombre que se especializa en una tarea determinada adquiere gran habilidad, seguridad y precisión, factores que redundan en un mejor rendimiento. Cada

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cambio de ocupación implica –según Fayol–, un esfuerzo de adaptación que disminuye la productividad y, agrega que la división del trabajo tiene límites, que la experiencia y el buen sentido enseñarán a tomar en cuenta.

• Principio de autoridad: la autoridad consiste en la facultad de mandar y en el derecho a ser obedecido. La facultad de mando tiene dos fuentes: la legal –inherente a la función– y la personal, la cual emana de la inteligencia, juicio, prudencia, valor moral y aptitud de mando del jefe. Para ser buen jefe no basta con poseer la autoridad legal, la personal ósea el liderazgo es el com­ plemento indispensable.

No hay autoridad sin responsabilidad. Acerca de este principio se ha desarro­ llado toda la Teoría del Liderazgo, la cual es materia de estudio especializado. • Principio de disciplina: la disciplina consiste en el respeto y acatamiento a las normas establecidas, lo cual lleva a las personas a comportarse de una determinada manera. El respeto y acatamiento surge por medio del esta­ blecimiento de acuerdos claros y justos entre supe riores y subalternos. Los acuerdos –una vez entendidos y aceptados– propician la obediencia. La falta de disciplina conduce al caos administrativo.

• Principio de unidad de mando: la organización de las actividades en una empresa, debe estar dispuesta de tal manera que una persona conozca quien es su jefe ante el cual responde. Sin perjuicio de las relaciones y comunica­ ciones necesarias entre las diferentes personas de la empresa, cada individuo debe ser responsable únicamente a un solo jefe. Esta es la regla de la unidad de mando. Fayol señala cómo desde el mismo momento en que un individuo recibe órdenes de dos o más personas, siente malestar. Asegura que nunca el grupo social se adapta a la dualidad de mando. Cuando en una empresa se viola el conducto regular, se perturba la moral de los trabajadores quienes se colocan en el dilema de obedecer a varios jefes. En consecuencia, se pone en peligro la lealtad del subalterno y se generan conflictos graves, afectándose también la salud sicológica.

• Principio de la unidad de dirección: en una empresa todas las actividades deben ser armónicas con la misión, políticas, objetivos y rumbo de la em­ presa. Todos los departamentos y todos los individuos deben cooperar para alcanzar esos fines.

• Principio de la subordinación del interés particular al interés general: Fa­ yol explica este principio, señalando que en una empresa el interés de un trabajador o de un grupo de trabajadores no deben prevalecer sobre los obje­ tivos e intereses de la empresa. Ilustra este principio citando el caso de cómo el interés de la familia debe estar primero que el de uno solo de sus miembros y afirma que, de igual manera, el interés de uno o varios de sus miembros impulsados por el egoísmo, ignorancia, pereza y debilidades humanas lleva a la anarquía y a la disolución.

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• Principio de remuneración del personal: la remuneración constituye la compensación por el servicio prestado. La remuneración debe ser equitativa y satisfactoria tanto para quien la recibe como para quien la otorga.

Sobre la aplicación de este principio se han realizado importantes estudios y análisis, los cuales hoy constituyen tratados especiales sobre salarios. Los sistemas capitalistas y los sistemas socialistas han desarrollado filosofías en relación con este tema.

Fayol trató de desarrollar una teoría respecto a la remuneración al indicar que el monto del salario depende de varios factores como son: la carestía de la vida, la abundancia o escasez de personal; la situación económica de la empresa y el modo de retribución.

En cuanto a la remuneración del trabajo, planteó los siguientes conceptos: - El salario debe constituir una compensación equitativa del trabajo según su

calidad, cantidad, responsabilidad, riesgos y capacidades exigidas. - Debe ser estimulante y gratificante del esfuerzo útil.

- No debe exceder la justa remuneración a que se tiene derecho.

- La administración de salarios puede darse de diversas maneras: Fayol descri­ be, entre otras, las siguientes formas como puede remunerarse el trabajo: - Pago por tiempo o jornal.

- Pago por tarea cumplida.

- Pago por pieza o producción de unidades.

Al avanzar en sus estudios, tocó el tema de la participación de los trabajadores en las utilidades de las empresas y afirmó que esta fórmula podría conducir a una forma de organización empresarial y a la conciliación entre el capital y el trabajo, aunque todavía no se había encontrado la manera práctica de realizar este ideal. La parte o porción de utilidades de las empresas destinada a los trabajadores de­ bería distribuirse proporcionalmente entre: obreros, jefes medianos o supervisión y altos jefes.

Pero advirtió que esta distribución no podía llevarse a cabo en las empresas sin ánimo de lucro ni en las entidades públicas.

Otra forma de remunerar al personal podría ser mediante subsidios en especie o mediante la organización de servicios de bienestar para los trabajadores. También señaló que las distinciones honoríficas para premiar los méritos individuales, son una forma de retribución por servicios, y concluyó:

“Todas las formas de retribución que puedan mejorar la calidad de la vida del personal de una empresa y estimular a los trabajadores de todas las catego-

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rías, deben ser objeto de una continua atención por parte de la dirección de las empresas”60

• Principio de centralización y descentralización: la centralización fue expli­ cada por Fayol como un hecho natural, consistente en que en una empresa, al igual que en todo organismo animal o social, las sensaciones convergen hacia un cerebro y de aquel emanan las órdenes que ponen en movimiento todas las partes del organismo. En las empresas pequeñas la centralización es más notoria. En las empresas grandes y complejas, la centralización se desdobla en otros niveles mediante la delegación de autoridad. Es lo que se llama des­ centralización.

La centralización y la descentralización no constituyen, en esencia, modos de administrar que pueden calificarse como buenos o malos. Son formas de ra­ cionalización del trabajo y conforman, hoy en día, una técnica que requiere de una alta capacidad administrativa para saber cuándo una organización debe funcionar con mayor o menor grado de centralización y cuándo la delegación de autoridad y la descentralización son aconsejables.

• Principio de jerarquía: la jerarquía está representada por la serie de jefes que van desde la autoridad superior hasta el jefe de menor categoría. La serie de jefes constituye una cadena o vía a través de la cual descienden y ascienden las comunicaciones formales en la empresa. La mayor parte de estas comu­ nicaciones, desde arriba hacia abajo, se expresan en órdenes; instrucciones; reglas; manuales y procedimientos. Desde abajo hacia arriba, se expresan principalmente, en informes, respuestas, acciones y comportamientos. • Principio de orden: la manera más simple de expresar la idea de orden está

contenida en una frase de uso común: un lugar para cada cosa y cada cosa en su lugar. Este principio ha alcanzado un alto grado de desarrollo y se aplicó en múltiples aspectos empresariales, los cuales van desde el diseño de gran­ des plantas industriales hasta la localización adecuada de muebles, equipos y elementos de una tienda u oficina. El orden también se detecta en la buena presentación física de los lugares de trabajo, el aseo, la decoración y la ubica­ ción funcional del personal.

Para Fayol, el orden no solamente es material sino también social. El orden social, se alcanza cuando hay una buena organización, un reclutamiento téc­ nico del personal, capacitación adecuada y atención de las necesidades de recursos y elementos para desempeñar a cabalidad su trabajo.

• Principio de equidad: la equidad es la combinación de la generosidad y la justicia. La justicia se encuentra en el cumplimiento de los convenios estable­ cidos, la equidad se encuentra en la forma de interpretar tales convenios o en

60 Fayol Henri. Administración Industrial y General, op.cit.

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la forma de suplir sus deficiencias, la equidad no excluye la energía ni el vigor, pero requiere de mucha experiencia, buen sentido y bondad.

• Principio de estabilidad del personal: aunque los cambios de personal son inevitables por la edad, la enfermedad, el retiro, la muerte, la incompetencia o la deslealtad, se puede asegurar que para el bien de la empresa, la esta­ bilidad de sus trabajadores es lo más conveniente. Los cambios perturban la organización del trabajo. Una persona requiere tiempo para iniciarse en una función nueva y adoctrinamiento para llegar a desempeñarla bien, si está dotada de las condiciones necesarias para hacerlo. La frecuente rotación de personal, sin una adecuada planeación y capacitación, trae graves problemas en el rendimiento del trabajo y deteriora la motivación del trabajador, cuya natural expectativa es su seguridad en el empleo.

• Principio de iniciativa: el hombre inteligente –dice Fayol–, experi menta las más vivas sensaciones cuando es capaz de concebir un plan y asegurar su ejecución: es la concreción de su capacidad creadora. El principio de iniciativa consiste, pues, en la capacidad de concebir ideas y de llevarlas a la práctica. El hecho de concebir ideas, sin posibilidades de implementación, es un ejercicio inútil en el campo empresarial. En igualdad de circunstancias un jefe que sabe inspirar la iniciativa entre su personal es infinitamente superior a otro que no sabe hacerlo.

• Principio de la unión del personal o espíritu de cuerpo: la armonía, la soli­ daridad y la unión del personal constituyen la mayor fuerza de una empresa. Se requiere de un verdadero talento para mantener la unión; en cambio, no se requiere mucha inteligencia para dividir. Hay quienes piensan que se debe divi­ dir para reinar. Esto puede ser conveniente tratándose de combatir al enemigo. Cuando se divide a los propios se debilita la empresa.

El espíritu de cuerpo se desarrolla en todo grupo humano que persiga ideales comunes. La dirección debe procurar la unión del personal, coordinando sus esfuerzos; estimulando su celo; utilizando las facultades de todos; recompensan­ do el mérito; todo ello, sin despertar envidias y susceptibilidades que perturben la armonía y las buenas relaciones existentes al interior del cuerpo social de la empresa.

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