Comentario preliminar:
Para poder bosquejar una imagen en lo posible completa y clara del material a tratar aquí, deseo primero hablar de algunos fenómenos psíquicos conocidos.
Comencemos con el movimiento de mesa.
Si colocamos nuestras manos sobre una mesa y hacemos que se incline, eso es como si un perro meneara la cola. Pero si colocamos nuestras manos sobre la mesa y algo invisible la inclina o la levanta desde el suelo junto con nuestras manos, eso es como si la cola meneara al perro. Pero si la mesa u otros objetos se mueven por sí solos, sin que las manos estén cerca, entonces la comparación con el perro ya no es aplicable. En ese caso estamos cara a cara frente a una de las dos formas de consciencia que pueden participar en la magia.
En la primera de esas formas se trata generalmente de un “espíritu”. Si él hace ruidos o golpea objetos de un modo infantil, aparentemente sin sentido, se trata entonces de un “Poltergeist” (fantasma que hace ruidos). Pero si los movimientos ocurren como si un ser racional o un espíritu “adulto” tuviera que ver con ellos, se trata entonces de un fenómeno psíquico normal.
Esta segunda forma de consciencia viene de un ser supraconsciente. Su trabajo se caracteriza en que un objeto es traspasado a una forma invisible y en ese estado es llevado a menudo a otro lugar que está a muchos kilómetros de distancia. Acerca del modo en que se desplaza se hablará más adelante en forma detallada. En este caso se trata sobre todo de la FUERZA que es necesaria para producir los cambios.
Circunstancias:
Si en las siguientes explicaciones no me refiero expresamente a otras fuentes, la mayoría de los casos citados son extraídos de la “Encyclopaedia of Psychic Science” del Dr. Nandor Fodor, que reunió y revisó con sus colaboradores todos los informes y evidencias disponibles que se refieren a fenómenos psíquicos y que fueron conocidos en los últimos cien años antes de 1933. Su evaluación de las diferentes opiniones e hipótesis es razonable e inteligente. En ninguna librería se encontrará un libro mejor que sirva de fuente.
A) Gambieri Bolton, un famoso investigador, escribe en su libro “Psychic Force”:
“En cada comida con la Sra. Elgie Corner (Florence Cook, una famosa médium) en su casa, mientras ella estaba ocupada en comer y beber (ambas manos eran visibles en todo momento), la pesada mesa del comedor comenzaba primero a temblar, con lo que todos los vasos tambaleaban y la vajilla se movía; después la mesa empezaba a hacer movimientos de balanceo y vibración de un lado a otro, inclinándose también de vez en cuando hacia un lado o hacia un extremo. Durante todo el tiempo se escuchaba en la mesa misma y en muchos objetos del cuarto un constante golpeteo. Comer con esa dama en un restaurant era cada vez algo sensacional.
B) Sir William Crookes escribe en su informe de investigación:
“… Muy numerosos son los casos en que han sido movidos objetos pesados como mesas, sofás, sillas y otros semejantes, aunque el médium no los tocara. Deseo describir algunos de los casos más notables. Mi propia silla realizó un giro parcial, sin que mis pies tocaran el suelo. Ante los ojos de todos los presentes se movió una silla vacía lentamente desde una esquina del cuarto hasta la mesa que estaba en el centro. En otra ocasión se movió un sillón hacia el lugar donde estábamos sentados y por orden mía se deslizó nuevamente de vuelta a su lugar (la distancia era de uno a dos metros aproximadamente). En tres noches consecutivas se movió una pequeña mesa lentamente a través del cuarto, y por cierto bajo condiciones que yo había constatado anteriormente, para encontrar cualquier reparo posible”.
C) Cesar Lombroso, el famoso psiquiatra y antropólogo criminalista italiano, describió en la revista turinesa “La Stampa” sus observaciones en una bodega de vino subterránea, donde sin haber personas vivas presentes, se quebraban frecuentemente botellas de vino. Él escribió acerca de eso como sigue:
Bajé al subterráneo – primero en total oscuridad – y escuché el tintineo de vasos que se quebraban. Rodaban botellas delante de mis pies… Las botellas estaban colocadas en seis compartimentos, uno sobre el otro. En el centro del cuarto había una mesa rústica, sobre la cual encendí seis velas, porque supuse que el fenómeno de los espíritus cesaría con luz clara. Pero ocurrió lo contrario. Vi rodar tres botellas vacías que antes habían estado paradas en el suelo, como si fueran movidas con un dedo. Finalmente se quebraron cerca de la mesa. Para descartar todas las posibilidades de engaño, toqué y revisé a la luz de la vela todas las botellas de vino llenas que estaban en las repisas. Con eso pude convencerme de que no había ni cordones ni hilos con los que alguien hubiera podido causar los movimientos. Después de pocos minutos se separaron primero dos botellas, después cuatro y nuevamente dos de la segunda y tercera repisa y cayeron al suelo, pero no rápidamente, sino como si alguien las hubiera bajado. Cuando llegaron abajo, se quebraron seis en el corredor ya inundado y mojado con vino, mientras dos botellas quedaron intactas. Finalmente, cuando abandonaba el subterráneo y subía, escuché todavía otra botella que se quebraba.
Comentario:
La explicación de los casos anteriores y de los citados después, se divide en tres partes. Primero tenemos que examinar lo que sabemos actualmente de aquellos casos. Segundo, examinaremos lo que pueden aportar los Kahunas para ampliar tales informaciones. Tercero, tenemos que comparar de buena fe todos los hechos comprobatorios (mientras no se hayan terminado trabajos experimentales exhaustivos), antes de que formulemos nuestras suposiciones u opiniones.
En la discusión de los casos, por cierto no se podrán separar siempre esos tres puntos de vista, pero el lector haría bien en tener siempre presente que existen esos tres importantes métodos para la investigación de nuestros fascinantes problemas.
Como no se puede aprender ni obtener nada de personas que simplemente niegan todos los fenómenos que están aquí para discutir, en general no perderemos tiempo en rebatir tales objeciones infundadas, a menos que se trate de argumentos valiosos que puedan ser considerados a causa de su posible importancia. Todos los intentos modernos para explicar los movimientos de mesas y objetos por médium invisibles, no se han desarrollado más allá de la opinión clásica, de que tales fenómenos son causados por espíritus de personas fallecidas o por seres espirituales inmateriales similares.
Los Kahunas admiten gustosos que espíritus tienen que ver con esos fenómenos, pero dan informaciones adicionales acerca del tipo de tales espíritus.
Se han hecho esfuerzos por explicar también esos misteriosos sucesos sin la hipótesis de los espíritus. Esos esfuerzos merecen ser tomados en cuenta, porque representan una solución alternativa a la que podemos recurrir si no podemos aceptar la idea de los espíritus.
El Dr. Nandor Fodor escribe en su “Encyclopaedia of Psychic Science”: “En el caso de Eusapia Paladino (una conocida médium), Morselli, Flournoy, Geley y Carrington, suponían una exteriorización de motricidad.
Por “motricidad” se entiende una combinación de electricidad y fuerza vital o energía nerviosa. Se supone que esa fuerza puede abandonar el cuerpo y penetrar en el objeto que se mueve. (Con esto tenemos entonces el primer elemento para evaluar la magia Kahuna, y ese elemento es la fuerza o energía que actúa cuando ocurre el fenómeno. La segunda medida es la inteligencia que es necesaria para emplear la fuerza para mover un objeto. El tercer elemento es la substancia invisible que – como una mano – hace actuar la fuerza sobre los objetos a mover).
La inteligencia que produce el movimiento de objetos es, como se supone, capaz de inducir a la motricidad o fuerza a salir del cuerpo de una persona viva y producir el movimiento. Se dice también que esa inteligencia está en condiciones de sacar en forma invisible (y a veces también débilmente visible y palpable) substancia del cuerpo vivo de un médium (o de un participante en la sesión) y formar con ésta una extremidad o una mano, a través de la cual actúa la fuerza. A esa substancia se le llama “ectoplasma”.
Otra explicación parte de la base que la inteligencia es el subconsciente del médium vivo y que éste puede, bajo ciertas condiciones misteriosas, inducir a la motricidad o fuerza a abandonar el cuerpo junto con el ectoplasma y producir el movimiento de los objetos. El subconsciente es en este caso considerado como la causa que induce, porque si el médium empleara la consciencia superior, con seguridad sabría de su actividad y la tendría bajo control.
En la amplia literatura que en los últimos cien años se ha dedicado a los fenómenos psíquicos y al espiritismo, se da a entender de muchas maneras que el magnetismo puede estar involucrado en el efecto de la motricidad sobre los objetos. Esa es una idea muy atractiva, que puede ser desarrollada, y que en vista de que este campo todavía se encuentra inexplorado, se les recomienda esa idea a las personas interesadas, como punto de partida para su propia colaboración en la investigación de los problemas de la magia.
Probablemente la fuerza de gravedad esté emparentada de algún modo con el magnetismo. Nos encontramos con el magnetismo en todas partes donde fluye corriente eléctrica. Las fuerzas que actúan en el movimiento de mesas u otros objetos pueden tener dos direcciones, es decir, pueden consistir de fuerzas de presión y de atracción.
Los Kahunas conocían tanto el efecto magnético-atractivo como también el efecto opuesto repelente de la fuerza vital o motricidad, pero desgraciadamente no han dejado explicaciones exactas al respecto. Conocían la fuerza como algo que participa en todos los procesos pensantes y en todos los tipos de actividad corporal. Era en general la esencia de la vida. El símbolo Kahuna
de esa fuerza es el agua. El agua fluye como la fuerza vital. El agua llena recipientes; lo mismo hace la fuerza vital. El agua puede escurrirse o ser absorbida; la fuerza vital también puede hacer eso.
El Dr. Brigham se dedicó durante mucho tiempo al estudio de una antiquísima costumbre Kahuna. Ésta consistía en que el Kahuna sostenía en las manos una pesada vara de madera y por medio de un esfuerzo mental producía que una parte de su electricidad corporal penetrara en la vara y la cargara fuertemente.
Tales varas se utilizaban antiguamente en combates. Los Kahunas estaban detrás de la línea de combate, cargaban grandes varas con electricidad y se las lanzaban a los adversarios. Al contacto con las varas muchas veces quedaban inconscientes incluso los guerreros más fuertes. El Dr. Brigham examinó la fuerza de tales varas y encontró que éstas eran capaces de dar algo así como un golpe eléctrico de un tipo especial. Ese golpe adormecía la parte del cuerpo que tocaba y producía sensación de mareo en la cabeza del que lo recibía. Conocimientos y prácticas similares se encuentran también en las tribus de indios americanos. (Dicho sea de paso, esas tribus también dominan la caminata sobre el fuego). Un antiguo informe de los archivos gubernamentales relata cómo un curandero demostró su fuerza mágica, tocando con su dedo índice a un robusto jefe en el pecho, con lo que éste cayó inconsciente al suelo.
Aunque no hay que pasar por alto que probablemente también participaban fuerzas hipnóticas de sugestión en tales sucesos, parece, sin embargo seguro, que tales cargas con fuerza vital podían causar fuertes efectos de conmoción. En la carga del palo que se lanza o del dedo índice, la mente y la voluntad desempeñan un papel muy importante.
Durante su aprendizaje con la Kahuna femenina de la tribu berberisca, W. R. Stewart aprendió que la fuerza vital se puede guardar en madera, piedra, agua, en el cuerpo humano, como también en el cuerpo de un “espíritu”, invisible para nosotros. La fuerza acumulada puede ser descargada repentinamente, con lo cual se pueden mover incluso objetos pesados.
Una demostración de la naturaleza magnética de esa fuerza, como también de una inteligencia o de un espíritu que está bajo o sobre el plano de existencia humano, le fue dada una tarde a Stewart por la Sra. Lucchi en una colina. Allí había una gran roca, cubierta por puertas de madera que hacían recordar puertas de subterráneo. Las puertas fueron abiertas y la Sra. Lucchi y Stewart bajaron por peldaños que estaban hechos en el suelo. La gran roca se elevaba desde el suelo de una cueva tipo subterráneo. Una gallina fue muerta a la luz de una antorcha. La sacerdotisa dejó gotear su sangre en la superficie de la piedra. Después se llevó a cabo una invocación del espíritu que se suponía que habitaba en la piedra. Lucchi dejó caer la gallina al suelo delante de la piedra, pero poco después ésta se elevó en el aire y fue apretada contra la piedra. Un momento después, Stewart, que se había acercado y alumbraba con la antorcha para poder ver mejor, sintió una fuerte tracción magnética que casi lo lanzó contra la piedra. Lucchi lo tomó y lo tiró hacia atrás con todas sus fuerzas. Ella insistió en que abandonaran de inmediato el lugar.
Stewart no ha sabido nunca cuál inteligencia había sido invocada ahí, o qué importancia tienen tales invocaciones dentro de los marcos de la práctica diaria de la magia. Él supone que la entidad cuya presencia se dio a conocer en la roca, era un “espíritu de la naturaleza” y que tenía que ver con el suelo, con el prado o con el tiempo atmosférico – todas cosas naturalmente importantes para los bereberes y sus rebaños de animales. Stewart era de la opinión de que ese espíritu y sus fuerzas son enemigos del ser humano y que probablemente pueden ser peligrosos para cualquiera que no sea un Kahuna adiestrado. Lucchi le había explicado que cualquier contacto con tales espíritus tenía que efectuarse de acuerdo con el estricto cumplimiento de un ritual, y cualquier modificación en el ritual podía ocasionar dificultades. Pero Stewart había variado el transcurso habitual del rito, al acercarse demasiado a la roca en un momento inadecuado. Se le dijo que tenía que haber permanecido alejado, hasta que el espíritu hubiera
absorbido la fuerza vital de la gallina. También se le dijo que el espíritu necesitaba tales fuerzas vitales, para poder cumplir las peticiones hechas en la invocación. Se dijo que después el cuerpo de la gallina caería al suelo. Stewart recordó las muchas historias de demonios de la naturaleza, que tan frecuentemente aparecen en la tradición árabe.
Si se pudiera demostrar que algunos movimientos que realizan objetos bajo la influencia de fuerzas invisibles se basan en efectos magnéticos de atracción o de empuje de la fuerza electrovital, eso sería un descubrimiento de la mayor importancia. Podríamos entonces sacar dos conclusiones: Primero, cuando la fuerza atrae o empuja objetos de un lado para otro, no se necesitaría la conducción por medio de un espíritu, un subconsciente vivo u otra inteligencia; segundo, la fuerza no necesitaría servirse de ninguna substancia visible o invisible – en cierto sentido como mano. Podría trabajar sin substancia de ectoplasma invisible, pero tal vez bajo la utilización de cierta substancia etérea que se propaga en forma de ondas. (La teoría del éter tiene contradicciones. Mientras la ciencia nos ofrece hoy el éter para llenar el espacio vacío y para penetrar en espacios llenos, nos lo quita mañana).
Los imanes atraen el hierro, y al revés, son atraídos por el hierro. Si se coloca un imán sobre una tabla y se coloca ésta sobre la superficie del agua, y cerca se coloca un clavo sobre otra tabla flotante, se mueven las dos tablas, tanto la que tiene el imán como la que tiene el clavo. Se dirige una hacia la otra. En otras palabras: No permanece una de las tablas inmóvil sobre el agua, mientras la otra se desplaza hacia ella.
El magnetismo animal o la fuerza vital tiene en cambio la extraña cualidad, que la atracción – permaneciendo con el mismo ejemplo – sólo se ejercería sobre el clavo, mientras ninguna atracción del mismo tipo actuaría sobre el imán.
Mr. Arthur Spray, un zapatero de los alrededores de Londres, un conocido de uno de mis amigos, es un buen hipnotizador. En su libro “The Mysterious Cobbler”, mi amigo relata acerca de un impresionante fenómeno totalmente inexplicable, con el que se encontró muchas veces en el consultorio del zapatero, que al mismo tiempo era sanador por medio de hipnosis.
Un día Mr. Spray hablaba acerca de ese fenómeno ante un grupo de periodistas. Le pidió a un hombre joven que le pareció apropiado, que se acostara en el suelo, y lo llevó a un profundo sueño hipnótico, hasta que se produjo rigidez corporal. Después se paró a los pies del hombre que estaba tendido y estirado y le ordenó que abriera los ojos. Cuando se abrieron los ojos y la mirada se dirigió a él, hizo señales con la mano derecha. El hipnotizado levantó por sí mismo la cabeza y los hombros, permaneciendo los talones sobre el suelo tal como estaban. El hipnotizador levantó entonces pulgada a pulgada el cuerpo rígido estirado, de manera que la cabeza se elevó cada vez más alto, hasta que el hombre finalmente estuvo parado, alejado más o menos 1,20 mts. de la orilla de la alfombra. Lo dejó algunos segundos en esa posición y después le dio a entender – otra vez con una señal con la mano – que tenía que tenderse nuevamente. Muy lentamente el cuerpo volvió a la posición estirada original sobre el suelo.
Durante ese experimento Spray no sintió ningún tipo de tracción en su cuerpo o en su mano. Aunque el joven hombre pesaba 70 kilos, Spray no sintió ningún tipo de efecto de fuerza mientras lo hacía levantarse desde el suelo.
Posteriormente otros hipnotizadores han repetido ese experimento. Por eso podemos considerar como un hecho una fuerza de atracción unilateral del magnetismo humano. (Ésta parece provenir de una carga intensa de fuerza electrovital, donde la carga aparentemente es formada por orden de la voluntad por medio de un impulso físico).
El barón Eugene Ferson demostró hace años en Honolulu esa fuerza magnética que actúa unilateralmente, ante muchos participantes de sus cursos. Él creía que con una orden mental él podía extraer fuerza eléctrica de la atmósfera y almacenarla en él. Sin duda él era capaz de extraer fuerza de cualquier fuente; sus alumnos aprendieron rápidamente el truco de ese proceso. Bajo su dirección, uno de sus alumnos produjo, por medio de una autoorden mental, una carga
adicional con fuerza especialmente fuerte (probablemente la fuerza provenía de la oxidación de alimentos en el cuerpo). Cuando él estuvo satisfecho con el resultado de la carga, colocó una