TERCERA PARTE PROFUNDIZACIONES.
IX. EL MÉTODO DE LA COMPARACIÓN Y LA POLÍTICA COMPARADA.
En toda ciencia política subyace aunque de modo implícito, un marco de referencia comparado. El politólogo que examina un caso particular debe de tener presente el contexto general, o cuando menos deberá tener presente otros casos, de otro modo su análisis del caso particular resultará desubicado. Partiendo de la premisa “que cualquier discurso se vale de conceptos que bien observados son generalizaciones disfrazadas”. Pero si todos generalizan en alguna medida, el problema de la validez de nuestras generalizaciones se plantea únicamente a quienes generalizan a sabiendas y a propósito, la cuestión es ¿cómo comprobar o demostrar que es falsa una generalización? Será verdad que no se puede estudiar la política sin comparar, pero la política comparada se presenta como tal sólo cuando las comparaciones se vuelven implícitas y casuales que eran en explícitas y sistemáticas.
Control comparado y control histórico.- La comparación es un método de control de generalizaciones y previsiones o leyes del tipo “si...entonces”. La comparación es un control al que recurrimos conscientemente, cuando el experimento es imposible y cuando faltan datos pertinentes y suficientes para un tratamiento estadístico, no hay opción, debemos comprobar comparando. De lo anterior se deduce que también no debemos confundir el método comparado con la comparación estadística, es evidente que también con los datos estadísticos hacemos comparaciones, pero una cosa son las reglas de control estadístico y otras son las reglas de control comparado, además cuando se emplea el control comparado es porque el problema no puede resolverse por vía estadística.
El método histórico es el método más débil, algunos sociólogos y politólogos no lo toman en cuenta, la historia es un inmenso depósito de experiencias de la que extraemos o podemos extraer confirmaciones o desmentidos. El problema no consiste si la historia es valiosa o ser una fuente de información sino que surge como usar el material histórico para nuestros fines que son de control.
El caso de Gaetano Mosca utilizaba la historia como un elemento de prueba, decía que la historia podía enseñar, lo malo del control histórico de Mosca es que carecía de método, consistía sólo en una secuencia de ejemplos al azar, con este método se podía probar lo que el autor quisiera, porque nada le impedía ocultar las cosas que no se adecuaran a las leyes que le interesaban probar.
La diferencia entre el método histórico y el comparado, la encontramos porque el método comparado suele hacerse a lo largo de una división horizontal, es decir en términos sincrónicos. En política comparada confrontamos casi siempre unidades geopolíticas o en proceso e instituciones, en un tiempo igual, al proceder de este modo dejamos a un lado la variable tiempo. Si los tiempos son iguales, entonces es lícito presumir que toda una serie de condiciones que se dan en ellos también son similares, de modo que podemos dejarlas a un lado.
Por el contrario, el control histórico es tal, que cuestiona una división vertical, es decir una diacrónica, si el método comparado se despliega horizontalmente, el histórico asume una dimensión longitudinal, de aquí parece despredenderse que no podemos postular la paridad de las condiciones. El control histórico sigue siendo un control más imperfecto que todos los demás, pero es valioso porque no lo sustituye.
¿Qué es comparable?- La comparación es el menor satisfactorio de los métodos de control accesibles para toda la ciencia política y sobre todo para el politólogo impregnado de problemas de macro análisis, muchos autores declaran que comparar es equivalente a asimilar, en el sentido de que las comparaciones se basan en operaciones de asimilación, es hacer similar lo disímil, pero esta es una arbitrariedad pues se podría comparar casi todo. No obstante, observamos que no se trata de investigar semejanzas, sino de descubrir semejantes pero esta barrera es demasiado sutil. Pero puntualizando, comparable equivale a decir cosas del mismo género, especie y así sucesivamente. Por lo tanto, el elemento de similitud que legitima la comparación es la identidad de clase; en medida que nos atengamos a la lógica clasificatoria, el tratamiento por género próximo y diferencias específicas, sabremos qué es comparable y que no lo es.
La comparación global.- La expansión de la política se va ampliando en dos sentidos, el objetivo y el subjetivo. Desde el punto de vista objetivo, asistimos al crecimiento de la politización, correlativo a la creciente penetración y desilusión de los credos políticos, y de las ideologías. Por un lado aumenta la esfera de intervención del Estado, por el otro aumenta la movilización o participación de las masas. Además decimos que la política se agranda en sentido subjetivo, es decir, porque la vemos de manera amplia, la política no coincide ya con la doctrina de Estado, hoy incluimos también la noción de política a una periferia que antes era considerada extra política.
La política se vuelve global, no se trata sólo de un euro centralismo caducado, se trata de un área occidental que ya no es el epicentro del mundo que se ha vuelto policéntrico, obviamente la política comparada es la disciplina más empeñada en esta apertura global.
Etnocentrismo y Universalidad.- Cuando se reconoce la necesidad de adquirir “categorías viajeras”, no es agradable el adherirse a aquellos que acusan a los conceptos de estar viciados de etnocentrismo occidental, en decir, el programa de sustituir los conceptos etnocéntricos por conceptos “culturalmente incondicionados”.
Por esta vía, corremos el riesgo de vernos trasladados a una etérea tierra de nadie, y no me parece que del concepto de un acondicionamiento cultural se derive la necesidad de hacer una masacre y volver a una tabla rosa.
No se puede negar que una política comparada global deba llegar a categorías o conceptos universales, validos para todo lugar y tiempo. Pero estos tendrán que ser universales empíricos, es decir, que no se contraigan al método de campo hacia empírica.
El politólogo necesita un adiestramiento lógico y metodológico. Su preparación se limita por lo común a las técnicas de investigación y de manipulación estadística y que se abusa de la llamada metodología de las ciencias sociales. La cuantificación y formación de conceptos.- La propuesta cuantificadora y matematizadora se apoyan en los siguientes argumentos. En la medida que nuestros conceptos indican diferencia de género y en la que usamos una lógica dicotómica de identidad-diferencia o de inclusión-exclusión desembocamos en dificultades insuperables. Pero si nuestros conceptos indican diferencias de grado (cuantitativas), y si usamos una lógica del mas o menos, entonces pueden revolverse por la medición y el problema se convierte en cómo medir, ante el abuso de un verbalismo cuantitativo que con cualquier pretexto utilizan las palabras grado y medición las mas de las veces ampliamos estos vocablos sin disponer de alguna forma de medición efectiva.
Se puede concebir que la medición comience en la práctica con las escalas ordinales, aun cuando en teoría las primeras escalas que verdaderamente miden son las escalas a intervalos.
Pero la cuantificación comienza con los números, y cuando los números se usan por y con sus propiedades aritméticas. Pero la dificultad reside en orientarse más allá, en seguir los múltiples desarrollos de la cuantificación para lo cual conviene distinguir entre tres áreas de aplicación, es decir entre una cuantificación entendida como: 1) medición; 2) tratamiento estadístico y 3) formalización de las matemáticas.
En la ciencia política la mayoría de las cuantificaciones se refiere a resolver una de estas tres operaciones:
a) La atribución de valores numéricos (la medición para)
b) La determinación de las posesiones en la escala (escala ordinales) c) La medición de distancia o intervalos (escala o intervalos)
Es cierto que la técnica del tratamiento estadístico no solo es efectiva con el fin de ayudar a señalar errores de muestreo y de medición, sino a establecer correlaciones y relaciones significativas entre variables. Para proceder estadísticamente no se requiere solamente grandes números; hace falta sobre todo variables relevantes, que midan las cosas que nos interesa medir y variables que midan estas cosas de una manera valida.
En cuanto a la Tercera aplicación, la formalización de la matemática, la cuestión es que hasta ahora, entre la ciencia política y las matemáticas solo tiene lugar una conversación ocasional, el diálogo más recurrente es en el terreno de la teoría de los juegos y por reflejo en el terreno de la teoría de las coaliciones y de decisiones.
Lo que escapa a la matematización propuesta es el problema de la formación de los conceptos, nosotros estamos adiestrados para pensar mediante un lenguaje cualitativo, un lenguaje natural. Y no hay forma de dejar nuestra forma de comprender, la mente humana está condicionada a las articulaciones de un lenguaje natural. Así que hay que tomar en cuenta que la articulación fundamental del lenguaje y del pensamiento que ha sido construido lógicamente mediante el afinamiento de la semántica de los lenguajes naturales y no mediante mediciones.
Por lo tanto, la formación de los conceptos esta antes que la cuantificación (mediciones) y la condiciona es por ello que resulta poco alentador que las ciencias políticas puedan progresar cuantitativamente sin antes haber alcanzado un estado satisfactorio de sistematización conceptual.
Clasificación, datos e investigación.- Una clasificación no es una mera enumeración, una simple lista de términos, se requiere de un criterio de clasificación. Además una clasificación está compuesta por clases exhaustivas y particularmente exclusivas. Con la primera condición es necesario ser tolerantes; pero la segunda se limita y reduce a un caso.
Las clases deben ser recíprocamente exclusivas, lo que implica que los conceptos de clase representan características que un elemento debe tener o no tener. Por lo tanto, cuando comparamos dos objetos, es necesario establecer, si pertenecen o no a la misma clase y si poseen el mismo atributo. Si los poseen se comparan en términos de más o menos es decir podemos indagar cual de los objetos posee ese atributo en mayor o menor medida. Se ve así que la gradación es un elemento interno de la clasificación. Primero se tiene que dar las clases; después dentro de cada clase, intervienen las mediciones. Pasando de una clasificación a una gradación, pasamos de los signos igual-diferentes a los signos
igual-mayor-menor. Por lo tanto, la identidad que aplica la lógica clasificaría es la condición de aplicabilidad de los signos más-menos. En sustancia, pues clasificar es una técnica de desplegamiento de conceptos. No solo los descompone en una serie ordenada y manejable de términos, sino que, a lo largo de esta descomposición, se desarrolla sus potencialidades. El ejercicio clasificatorio es un pasaje obligado de la formación de conceptos, estos conceptos en las ciencias sociales no son únicamente elementos de un sistema teórico; También son contextualmente contenedores de datos. Los denominados datos, no son otra cosa que información distribuida y afinada por “contenedores conceptuales”. En este sentido, la teoría y la investigación son dos caras de una misma moneda. Desde el momento en que las ciencias no experimenta se basan no en observaciones de laboratorio, sino en observaciones de hecho, el problema empírico se da en cómo convertir un concepto en recolector de hechos, la respuesta es que cuando mayor es el poder discriminador de un recolector conceptual, tanto menos será la información obtenida.
Esta respuesta no es vaga si se considera que el poder discriminativo de una categoría no queda confiado al arbitrio del investigador, sino que está estabilizado por el análisis de la diferencia del género en medida que descendemos en el análisis taxonómico hacia clases y subclases, nos encuentra con un mayor número de categorías cada vez más discriminativas y para orientarnos disponemos de un procedimiento para convertir los conceptos en instrumentos de investigación, es decir, son recolectores validos de datos. De lo anterior resulta que el ejercicio clasificatorio no es tan solo un momento constitutivo de la formación de conceptos; es también correlativamente, el momento de la investigación.
De hecho es en el ámbito de la investigación donde se comprueba los inconvenientes producidos por la moda cuantitativa y como consecuencia, por el abandono de la lógica y de la sistematización clasificatoria.
La escala de abstracción.- La nueva política comparada ha, desembocado alternativamente por un lado en un estiramiento del concepto que nos lleva a la confusión, y por otra parte a una medición sin concepto. El problema sigue siendo la formación de conceptos, y la perspectiva de la disposición vertical de los elementos de una estructura conceptual a lo largo de una escala de abstracción.
La noción de escala de abstracción va unida a la existencia de diferentes niveles de análisis, por lo que tenemos que operar, con las formulaciones teóricas, definidas por su colocación en el sistema conceptual al que pertenecen. Como antítesis a la formulación teórica, los términos de observación pueden denominarse también conceptos empíricos y se puede mover a lo largo de una escala de abstracción.
Por lo que se debe formular a qué nivel de abstracción queremos colocar los conceptos empírico-observables y además debemos conocer las reglas de transformación relativas, es decir, las reglas para reconocer una escala de abstracción. De hecho el problema de fondo de la política comparada es el de poder ganar en extensión, o en comprensión (subiendo a lo largo de la escala de abstracción), sin sufrir pérdidas innecesarias en términos de precisión y control. Para enfrentar este problema hay que establecer la relación entre extensión (o denotación) e intención (o connotación) de un término. La extensión de una palabra es la clase de cosas a las que se aplica; la intención de una palabra es el conjunto de las propiedades que establecen a que cosa es aplicable esa palabra. De manera análoga, por denotación se entiende la totalidad de los objetos o acontecimientos, a los que se aplica la palabra; mientras que por connotación se entiende la totalidad de las características que debe poseer para entrar dentro de la denotación de una palabra.
La regla para ascender a la escala de abstracción es: para aumentar la extensión de un término se debe reducir su connotación, está claro que cuando mayor sea la dimensión comprensiva de un concepto, tanto menor serán las diferencias (propiedades o atributos) que se captan, esto es, volvernos más abstractos y general a un concepto, reduciendo sus propiedades y atributos y viceversa, un concepto se hace más específico sí le agregamos calificaciones, es decir le aumentamos sus propiedades o atributos.
Función y estructura. En el libro de Almond de la nueva política comparada resume su planteamiento al decir “lo que hemos hecho es dividir la función política de la estructura política”. La división es realmente importante pero todavía no está claro lo que se debe entender por función en su relación con la estructura. Para aclarar lo anterior debemos desarrollar este procedimiento, las estructuras están hechas para hacer algo; que ciertos aspectos considerados fundamentales de ese “hacer”, son calificados de funciones; de lo que se deduce que las funciones son ambiciones tendientes a caracterizar la razón de las estructuras. Nadie duda que la función es una formulación relacional; Tampoco nadie niega que las funciones sea actividades; y hasta podemos admitir que tales actividades deben registrarse en el campo de las consecuencias o efectos, pero para diferenciar el problema hay que distinguir entre estos contextos: 1) El análisis de las estructuras consideradas particularmente;2) El análisis de los sistemas enteros;3) La teoría general de los sistemas y la distinción debe establecerse entre estos dos últimos que suelen mezclarse.
En el contexto de teoría general de sistemas lo que interesa no es la actividad de las estructuras sino la interrelación entre todos los elementos del sistema considerado. En esta perspectiva no decimos que las estructuras tienen funciones; decimos que un sistema (político) se compone de elementos en equilibrio recíproco (dinámico), que varían uno en función del otro.
En el análisis de los sistemas enteros, lo que importa es el sistema entero pero el discurso es diferente, es decir, que se le atribuyen al sistema (al conjunto de las estructuras que componen el sistema político) funciones que son tales en el mismo sentido que hablamos de funciones de estructura en el análisis parcial. El análisis del sistema entero se interesa por las interacciones entre estructuras pero esta analogía con la teoría de sistemas no debe de engañarnos al pensar que también las funciones son relaciones, no, las funciones del sistema son actividades (aun cuando puedan concebirse que estas actividades funcionales constituyen el producto de interrelaciones funcionales) que resultan relevantes para la transformación del sistema político en conclusión que el sistema entero es visto siempre como un conjunto interactivo de estructura, si no fuera sí el estudio del sistema entero desbordaría del ámbito de la estructura funcionalismo.
En primera instancia, la opción la del análisis parcial de los subsistemas del sistema completo, en este contexto se entiende por función; la sustancia reside en que la función es un concepto teleológico que expresa una relación entre medio y fines, la función y las actividades de una estructura frente a los fines.
En resumen, basta pensar en las tres conclusiones a la que llega todo estructural- funcionalista que se respete:
1) Que ninguna estructura es uniformal;
2) Que la misma estructura puede ser multifuncional;
3) De tal modo la misma función encuentra alternativas estructurales es decir que puede ser cumplida por diversas estructuras.
Tenemos el caso de las elecciones. Las elecciones pueden servir para legitimar a un déspota. Pero no se desprende de ello, que las elecciones sean multifuncionales
Las elecciones son una estructura, y debe precisarse la subespecie de estructura en especial la estructura que resulta diferente; Por ejemplo las elecciones libres requieren que haya libertad de propaganda y de expresión, una opción electoral por lo menos, un efectivo secreto del voto, así como todos los actos tendientes a impedir fraudes electorales, y un recuento tramposo de votos. Las elecciones libres son monofuncionales, cumplen una función primaria permitirle al electorado designar o sustituir a sus gobernantes.