• No se han encontrado resultados

tú + LOs OtROs = NOsOtROs

In document Módulos de Reentrenamiento Policial (página 131-135)

SESIÓN 3

temAi

explicara el concepto de cielo e infierno. Pero el monje respondió con desdén: “No eres más que un patán. ¡No puedo perder el tiempo con individuos como tú! Herido en lo más profundo de su ser, el samurai se dejó llevar por la ira, desenvainó su espada y gritó: “Po- dría matarte por tu impertinencia”.

“Eso”, repuso el monje con calma, “es el infierno”. Desconcertado al percibir la verdad en lo que el maes- tro señalaba con respecto a la furia que lo dominaba, el samurai se serenó, envainó la espada y se inclinó, agrade- ciendo al monje la lección.

“Y eso”, añadió el monje, “es el cielo”. (101 Historias Zen) 2. Un hombre que vivía sabiamente fue interrogado so-

bre cómo lograba mantener un estado físico y men- tal tan relajado a pesar de las presiones cotidianas. El hombre respondió: “Cuando estoy parado, estoy parado, cuando estoy caminando, estoy caminando, cuando estoy sentado, estoy sentado, cuando estoy co- miendo, estoy comiendo, cuando estoy hablando, estoy hablando”.

Los otros que habían preguntado, dijeron: “Nosotros también hacemos todo eso, usted tiene que estar hacien- do algo diferente”.

Pero el hombre repitió: “Cuando estoy parado, estoy parado, cuando estoy caminando, estoy caminando, cuando estoy sentado, estoy sentado, cuando estoy co- miendo, estoy comiendo, cuando estoy hablando, estoy hablando”.

Lo estamos haciendo exactamente igual, gritaron los demás.

Él les dijo: “no, porque cuando ustedes están senta- dos, ya están parados; cuando están parados, ya están corriendo; y cuando están corriendo ya están llegando”.

(Aquí y ahora)

REFLEXIÓN: ¿Por qué usted considera que la “atención” es un elemento básico para la formación de las y los funcionarios? ¿es la “emoción” un aliado o un enemigo policía? Un momento para la lectura

“Si las normas son tan importantes para nuestras

vidas, parece inevitable volver a insistir en el valor de la obediencia. Volver a insistir, digo, porque hay dos palabras que hemos excluido de la educación pro- gresista. Una es la obediencia y la otra la disciplina. ¿Una contradicción inexplicable? Si hay que enseñar

normas, ¿por qué nos parecen anacrónicas la obe- diencia y la disciplina, que es por donde se empiezan a inculcar las normas?

Yo diría, sin embargo, que la obediencia no es una virtud. No conozco ningún filósofo o pedagogo mí- nimamente lúcido que la haya ponderado como un valor sin más. Ponderar la obediencia, sin especificar qué es lo que hay que obedecer —incluso, a quién hay que obedecer— es lo mismo que elogiar la su- misión o el sometimiento. El objetivo de la educación no debe ser hacer individuos obedientes, sumisos, disciplinados, complacientes o dóciles. Otra cosa es entender el valor instrumental que sin duda tienen la obediencia y la disciplina como la manera de ense- ñar [a las personas] a autocontrolarse.

[El niño] al aprender a hablar ha hecho suyas al mismo tiempo las reglas que le permiten usar co- rrectamente el lenguaje. Pues bien, eso ocurre con el comportamiento en general, aunque hay normas que aprendemos sin apenas darnos cuenta, sin aparen- te esfuerzo y sin que nos importe someternos a ellas, mientras otras se nos resisten. Aprender a conducir un coche, por ejemplo, supone seguir unas reglas, una mecánica o una forma de actuar. […] Pero otras nor- mas, las del código de circulación, ya son otra cosa. […] Es un deber cívico respetarlas. No obstante, es po- sible transgredirlas, e incluso es posible transgredirlas y que no pase nada. Ahí está la diferencia. Todas las normas son convencionales, todo podría hacerse de otra forma a como se hace, pero unas normas nos pa- recen más convencionales que otras. Incluso más arbi- trarias, menos necesarias. La tentación de saltárnoslas es mayor. El niño enseguida percibe esa diferencia. Los “¿por qué?” del niño son más lógicos a medida que se va haciendo mayor. Ya no pregunta por qué sale el sol cada mañana, ni por qué el fuego quema. Se da cuen- ta de que hay fenómenos o comportamientos que exi- gen “razones” y otros no. Distingue las normas cuestio- nables de las que no pueden serlo.

Esas normas que suscitan un “¿por qué?” razo- nable tienen un problema fundamental que los filó- sofos le han dado muchas vueltas, son normas que no motivan a su cumplimiento. ¡Ah, la motivación, palabra mágica! ¿Qué diríamos hoy de la educación si no pudiéramos hablar de la motivación? ¡Motivar a la infancia, la gran cuestión! Las normas, los debe- res, las obligaciones no se convierten por sí mismas en motivos para actuar. En primer lugar, porque hay una resistencia casi natural, innata, a cuestionarlo todo y a transgredir las órdenes. En segundo lugar,

porque, efectivamente, el no cumplimiento no siem- pre implica una penalización. […] El niño sabe que es la hora de acostarse, de dejar de ver la tele, de ha- cer lo deberes o de salir de la piscina, pero no quiere hacerlo. La norma no basta como motivación de la conducta.

Por eso hay que obligar y hay que exigirle al niño que obedezca. Por eso es necesaria la disciplina, para que aquello que, en principio, costaba un gran esfuer- zo, acabe siendo una costumbre relativamente fácil. […] En catalán usamos un término para “obedecer” que expresa mejor ese tránsito de la pura sumisión a la autonomía. Para decir “este niño es desobediente”, de- cimos “aquest nen no creu” (este niño no cree). Creer, en lugar de obedecer, porque el niño desobediente es el que no está convencido, no cree en lo que se le dice, por eso no lo hace. Basta creer —y no que le manden a uno— para actuar en consecuencia. Por eso es tan absurdo que rechacemos las normas o la obediencia porque “no motivan”, pretendiendo sustituirlas por otra cosa, por algo más amable para el niño. Motivar no es eliminar el esfuerzo, el aburrimiento, la rutina, el sufrimiento. Motivar es enseñar que el esfuerzo vale la pena, aunque parezca contradictorio”. (Camps, Victo- ria. (2000). ¿Qué hay que enseñar a los hijos? Barcelo- na, España, Plaza Janés, 165:171)

¿cuál es la idea principal de este texto de Victoria camps?

FRASES SUELTAS

- “La vida es no la que uno vivió, sino la que uno recuer- da y cómo la recuerda para contarla”. (García Márquez) - “No confundamos el coraje con la temeridad, con el

amor imprudente por el riesgo, con el impulso super- ficial. El coraje es una virtud moral y social. Provistos de esta virtud ejercitamos nuestras capacidades más elevadas en situaciones difíciles, angustiosas para no- sotros y los demás. Conservando la mente lúcida y el corazón firme, afrontamos las adversidades con fuerza de ánimo y sentido de responsabilidad”. (Alberoni)

aUToconTrol: Capacidad consciente de regular los impulsos de manera voluntaria, con el objetivo de alcanzar un mayor equilibrio personal y relacio- nal. Una persona con autocontrol puede manejar sus emociones y regular su comportamiento. El autocon- trol es, por otra parte, una herramienta que permite, en momentos de crisis, distinguir entre lo más impor- tante (aquello que perdurará) y lo que no es relevan-

te (lo pasajero).

coMUnicaciÓn: Es la transmisión de informa- ción de un individuo a otro por medio de símbolos, que hace posible las relaciones entre las personas dentro de un grupo y con otros colectivos. Los sím- bolos pueden ser mímicos (comunicación no verbal), verbales, gráficos, entre otros. Es decir, la comunica- ción está ligada al lenguaje. Sus funciones dependen de los fines que se le asignen a los enunciados al pro- ducirlos y enviarlos (mensaje). La comunicación es un acto libre y responsable, que surge de la naturaleza misma de la persona humana como ser social; por lo que permite la convivencia, la comprensión, el respe- to, la solidaridad, el conocimiento, entre otros. Es im- posible no comunicar. Para ser un buen comunicador se requiere, por lo menos, conocer mi propio modo de comunicación; escuchar activamente; identificar el estilo comunicacional del otro y adaptar mi comuni- cación y lenguaje de acuerdo con la situación.

coMUnicaciÓn aserTiVa: Es un estilo de comu- nicación en el que la persona es capaz de expresar sus ideas, sus pensamientos, creencias y derechos, sin someterse y sin agredir a los otros.

JUsTicia: Es una bella utopía, en el mejor sentido del término, es decir, un ideal entendido como meta y foco orientador de la acción de los individuos y de las sociedades. Desde un principio, aparece la doble acepción del concepto justicia: (1) un significado jurí- dico (ser justo es cumplir la ley “justa”) y (2) un signi- ficado moral: hacer lo que es conforme a la equidad. Según el primero, la justicia es dar a cada uno lo suyo, lo que le pertenece como propio e inalienable. Si cada uno tiene su derecho, ello significa que existe un or- den previo a nuestra voluntad de justicia. El derecho es el objetivo de la justicia y la justicia es la ejecución objetiva del derecho. La dimensión ética dice que jus- to no es sólo mandado, sino, sobre todo, “lo debido”. Además, en la justicia está toda la virtud en compen- dio. No es una parte de la virtud, sino toda la virtud, de igual modo que su contrario —la injusticia— no es una parte del vicio, sino el vicio todo. En resumen, la justicia es un hábito operativo bueno, es decir, la dis- posición constante e irrenunciable de la voluntad de dar a cada uno su derecho, su parte. Esto significa que la justicia es, sobre todo, una virtud social e implica (1) la relación con el otro, con los otros; (2) obligatoriedad (el deber de un individuo es correlativo al derecho del otro); igualdad (es justo lo que corresponde al otro) e

imparcialidad (actuar sin arbitrariedades). (Blázquez,

F. Devesa, A. y Cano, M. (1999). Diccionario de términos éticos. España: VD)

PreJUicio: Se designa con el término de prejuicio a aquel juicio u opinión, casi siempre con una tenden- cia de tipo negativa, que se forma de antemano, sin motivo alguno, sin que exista antes un conocimiento previo de la persona o la cuestión que se prejuzga y sin verifi cación alguna de lo afi rmado. Proyectados al ámbito de la ética, los prejuicios (sociales, étnicos) son formas de orientación social, generalizaciones que tienden a cristalizarse en estereotipos —perso- nas que normalmente se agrupan y comparten, ya sea cualidades o características físicas— (“todos los negros son vagos”) y en conductas irracionales de rechazo a grupos y culturas por el hecho de ser dife- rentes (racismo, sexismo, xenofobia). Esta tendencia irracional pero internalizada, a pensar y comportarse según los valores vigentes en el grupo fomenta ac- titudes de intolerancia, hostilidad, desprecio y anti- patía hacia otros grupos (étnicos, extranjeros, etc.), discriminándolos.. (Blázquez, F. / Devesa, A. y Cano, M.

(1999). Diccionario de términos éticos. España: VD) rol social: El papel social (rol) designa el tipo de conducta de un individuo en los diferentes grupos a los cuales pertenece (edad, sexo, familia, religión, profesión, región, etc.); estos comportamientos son normales y en cierto modo preestablecidos según los modelos culturales asociados a un determinado estatus (posición en la sociedad). En otras palabras, se refi ere al conjunto de funciones, normas, compor- tamientos y derechos defi nidos social y culturalmen- te que se esperan que una persona cumpla de acuer- do con su papel adquirido o atribuido. (Morfaux,

Louis-Marie. (1985). Diccionario de ciencias humanas. España: Grijalbo)

• Propiciar la autoconciencia de sí mismo como un elemento de la interacción constante en su contex- to cotidiano, en su grupo, en su comunidad.

Actividades, acciones, relaciones, comunicaciones, construcciones… Todo ello para compartir:

NARRACIONES

Una narración es un relato ordenado de sucesos rea- les o ficticios que guardan una relativa coherencia. Es posible encontrar narraciones desde los vestigios más remotos de civilizaciones extintas que nos legaron pre- ciosos y elaborados testimonios de su cultura.

Es importante destacar que el acto de narrar es un modo de transmitir vivencias y experiencias y que dista de ser una labor para especialistas, siendo por el con- trario un hecho intrínseco a la capacidad de comunica- ción del ser humano. El acto de efectuar una narración tiene como faceta ética que las experiencias compar- tidas por el relato eviten que los errores del pasado se multipliquen en el futuro y que los aciertos se repitan.

Quien narra organiza su comunicación en intro- ducción, nudo y desenlace. Así, la introducción estaría constituida por la presentación básica de personajes y ambiente, el nudo por la elaboración de un conflicto y el desenlace por la conclusión en donde se resuelven las dificultades o los asuntos. Algunos de estos elemen- tos pueden faltar o pueden tener alterado su orden.

ENSAYO: Utilicen la caja de herramientas para plani- ficar una narración sin palabras.

Plan Ideas y responsables

1. Tema o asunto 2. Introducción / Nudo / Conclusión o desenlace 3. Mensaje que se desea transmitir

ALGUNAS IDEAS PARA APRENDER, PARA PENSAR y sobre todo PARA ACTUAR …

Acerca de las actitudes

- El término actitud viene del italiano attitudine que significaba la postura, la posición corporal de los mo- delos de los pintores italianos del Renacimiento. Esta postura expresaba un sentimiento, una pasión, un deseo. En general, una actitud consiste en una pre- disposición a sentir, juzgar, reaccionar y actuar de una determinada manera. Así se habla de la actitud de una persona ante el racismo, ante la religión, la política, o de una actitud autoritaria, dialogante, solidaria. - En todo caso, a diferencia de un acto o acción aisla-

da, las actitudes expresan la personalidad más hon- da del ser humano, que está integrada por elemen- tos emocionales, que se refieren a los sentimientos y emociones que están vinculados al objeto de esa actitud; por elementos cognoscitivos, expresados por las creencias que uno tiene sobre un objeto, y una tendencia a la acción que indica la preparación del individuo para responder a un sujeto, objeto o situación.

- La actitud moral es la disposición estable a obrar el bien. Como el ser humano no es espectador, sino ac- tor y protagonista de su propia vida, la tarea de la educación moral consiste en crear las actitudes fun- damentales y necesarias para obrar correctamente. En otras palabras, la actitud ética es el esfuerzo de la persona por ser justo e implantar la justicia y envuel- ve dos momentos, el de la ruptura con lo establecido y el de la invención de lo por establecer.

- El cambio de actitud sucede cuando incorporamos evaluaciones nuevas y diferentes, cuando considera- mos que tal objeto, sujeto o situación posee atributos valorados positivamente. Existen cuatro fundamen- tos que pueden inducir a un cambio de actitud: (1) el utilitario que está vinculado con la supervivencia y la seguridad; (2) la autoestima y autorrealización que nos inclinan hacia aquello que consideramos como ideal para nuestra vida, como modelo para nuestro actuar; (3) la proyección de nuestros propios senti- mientos de hostilidad e inferioridad y (4) el cono-

In document Módulos de Reentrenamiento Policial (página 131-135)