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El Estado nacional y las regiones

2. El porfiriato en Tabasco 1 El orden

2.3. La estructura productiva

2.3.3. Las maderas preciosas y tintóreas

La madera preciosa por excelencia de América es, sin lugar a dudas, la caoba. Proviene de un árbol solitario que se esparce por las selvas húmedas tropicales. Alcanzan una altura de 70 metros con tallos que miden hasta tres metros y medio de diámetro. Su madera posee una fina textura, es muy durable, fácil de trabajar y adquiere un hermoso pulido. Por reunir tales características, este producto forestal pronto conquistó los mercados de Europa y Estados Unidos.

La explotación de la caoba en suelo americano se inició en las Antillas y por su temprano agotamiento en esas islas, los comerciantes madereros se vieron impelidos a abrir nuevas áreas de explotación en tierra firme. Para estos fines, la inmensa zona deltaica que se genera con la presencia de las cuencas hidrológicas del Grijalva y el

139Justo Cecilio Santa Anna, “Apuntes para la historia del comercio marítimo y fluvial del estado de Tabasco” en Francisco J. Santamaría (comp.), Bibliografía General de Tabasco, 3 vs., México, Gobierno Constitucional de Tabasco, 1946, v. III, pp. 549 y 550.

Usumacinta y la existencia de una extensa superficie de vegetación selvática, reunían las características necesarias para su explotación. La cual se inició en la región de La Chontalpa, pues la proximidad de ésta con las costas, favorecía su extracción, aunque la altitud de su suelo, inferior a 300 msnm determinaba que el número de árboles de estas especies fuera menor a aquellos suelos cuya altitud era mayor a esa cota. Estos factores, aunados a la explotación irracional, hicieron que allí los bosques sufrieran tempranamente un agotamiento parcial. La época de mayor auge de la explotación de estas maderas en esta región ocurrió entre 1840 y 1860. Paradójicamente, la disminución de la explotación de las maderas finas en esta zona coincidió con un aumento en la demanda del mercado internacional. De ahí que

los cortadores se movieron hacia el sureste, sobre todo al sur de Frontera, Macuspana y Jonuta y en poco tiempo llegaron a la parte baja del río Usumacinta, donde convergieron con los que habían estado extrayendo palo de tinte de la Laguna de Términos, costas de Yucatán y de Quintana Roo. 140

En esta región, aunque más alejada de la costa, era más extensa, estaba prácticamente inexplorada y por la altitud de su suelo, contenía una cantidad mayor de árboles por unidad de superficie que La Chontalpa.

El régimen de concesiones que tuvo su auge durante el último cuarto del siglo XIX, impulsó la tala de la selva tabasqueña, que inicialmente era selectiva, pues se cortaba casi exclusivamente la caoba y el cedro, lo cual en sí mismo no implicaba directamente la destrucción del sistema selvático141. Esta tala, acelerada por el fácil traslado de los troncos por vía fluvial, fue vertiginosa. Para 1899, ya se encontraba devastada una franja de 500 kilómetros142. Los responsables y al mismo tiempo quienes se beneficiaban de esa actividad extractiva eran las siguientes firmas: Bulnes y Cía., Romano y Sucs., Policarpo Valenzuela, The Guatemalan and Mexican Mahogany and

140Capdepont Ballina, Jorge Luis. "Con las furias de las sierras cayeron las caobas y se fue nadando la selva. Las monterías en las selvas de Tabasco y Chiapas (1885-1936)." El Colegio de Michoacán A. C., 2008, p. 162.

141Fernando Tudela (coordinador), La modernización forzada del trópico: el caso de Tabasco. Proyecto

integrado del Golfo, México, COLMEX, IFIAS, IPN y UNRISD, 1989, p. 49.

142Marcela Tostado Gutiérrez, El Tabasco porfiriano, Villahermosa, Gobierno del Estado de Tabasco, 1985, pp. 39 y 40.

Export Company y Martín y Cía. Empresas que representaban intereses de inversionistas de Bélgica, Francia, Alemania, Inglaterra y Estados Unidos.

Así por ejemplo, Bulnes y Cía., una de las más poderosas, fundada en 1863 y amparada por la Ley de Deslindes de Tierras Ociosas obtuvo en Tabasco alrededor de 80,000 hectáreas de bosques que se localizaban en Tenosique, Balancán y Emiliano Zapata. Esta compañía llegó a poseer, entre 1895 y 1900, en la Selva Lacandona, del vecino estado de Chiapas, 22 terrenos que sumaban 48,113 hectáreas, y hacia 1910, era dueña de 113,000 hectáreas. Los Bulnes trabajaban con la casa Skelton and Schofields de Londres y con David Midgley and Sons de Manchester. 143

En el período comprendido entre 1802 y 1900, y considerando sólo los años en que existen registros, es posible estimar que se extrajeron de las selvas de Tabasco 82 144 toneladas de maderas preciosas144.

Las concesiones federales de tierras nacionales a particulares para la explotación forestal se habían desarrollado basadas en la legislación porfirista iniciada en 1883. Durante el porfiriato, los concesionarios extrajeron grandes cantidades de maderas preciosas hasta llegar prácticamente al agotamiento de las selvas tropicales de Tabasco. A partir de los años ochenta del siglo XIX, las compañías madereras tabasqueñas y extranjeras establecidas en Tabasco iniciaron la explotación de los recursos forestales de la selva lacandona ubicada en el vecino estado de Chiapas, cuyo acceso principal era a través del municipio de Tenosique. Justo por allí, flotando sobre el caudaloso Usumacinta pasarían en los años siguientes, miles de balsas formadas con las trozas procedentes de esa selva chiapaneca, que poco más adelante, a la altura del pueblo de Jonuta, los madereros decidirían si continuaban su viaje río abajo hasta el puerto de Frontera o se las dirigía a través del río Palizada, que allí deriva, a la laguna de Términos y al puerto del Carmen para su exportación.145

143Cuauhtémoc González Pacheco, Capital extranjero en la selva de Chiapas, 1863-1982, México, Instituto de Investigaciones Económicas, UNAM, 1983, citado por Geney Torruco Saravia en Rosa María Romo López (coordinadora), Historia General de Tabasco, op. cit., vol. II, p. 343.

144Geney Torruco Saravia, “Historia económica de Tabasco. Siglo XIX” en Rosa María Romo López (coordinadora), Historia... op. cit., vol.II, p. 396.

Hacia fines del porfiriato, la demanda de las maderas tintóreas disminuyó y su tala casi se detuvo debido al desarrollo de los colorantes artificiales en los países industrializados.146

Dos resinas extraídas de las selvas tropicales de Tabasco vivieron una época de auge en el porfiriato: el hule y el chicle. El aumento de la extracción de hule fue tal que en 1910 representaba el 18.22 por ciento de las exportaciones tabasqueñas, cuando en 1888 representaba apenas el 0.1 por ciento. Por su parte, el chicle en 1910 representó el 1.77 por ciento de las exportaciones. Sin embargo, la extracción de ambas resinas estuvo controlada por las compañías norteamericanas Mexico Latex Company y Mexican Plantation Association of Chicago. Ésta última también se dedicaba al cultivo de café y tabaco.147

2.3.4. La ganadería

Las costas y los bordos de playa fueron los primeros lugares en que se desarrolló la ganadería de bovinos en Tabasco y paulatinamente se fueron formando las llamadas estancias ganaderas en las sabanas interiores, siguiendo para ello, las costumbres legales que existían en toda Nueva España, que se basaba en el otorgamiento de una merced o concesión de tierra baldía previamente solicitada a las autoridades locales o virreinales. Las concesiones se hacían en unidades llamadas sitios, superficies rectangulares de aproximadamente 1,755 hectáreas. La concesión obligaba al beneficiado a introducir allí, 500 cabezas de ganado vacuno o caballar, en un plazo menor de un año a partir de la fecha en que era otorgada. A mediados del siglo XVII, había tal abundancia de ganado vacuno, que una res difícilmente llegaba a costar dos pesos.148

El ganado que se desarrolló en Tabasco en mayor escala fue el bovino, equino y porcino. Para alimentar a los dos primeros, se destinaban grandes extensiones de sabanas y terrenos que previamente habían sido desmontados y aprovechados para la agricultura de autoconsumo por el método de roza, tumba y quema; tierras que al ser

146Marcela Tostado Gutiérrez, op. cit., p. 40. 147Ibid., pp. 45 y 46.

abandonadas se cubrían de una capa de hierba silvestre aprovechada por el ganado. Ya en los principios del siglo XX, los hacendados empezaron a utilizar como forraje el pasto Paraná e iniciaron los primeros intentos de introducir ejemplares de la raza suiza, holandesa y otros, con el objeto de mejorar la calidad del ganado.149

Durante las últimas dos décadas del porfiriato, la producción ganadera de Tabasco fue en aumento. Se tiene que de 1890 a 1912 se dieron incrementos de 76.5 y 86.7 por ciento en la producción de bovinos y porcinos respectivamente, pues los primeros pasaron de 40 904 cabezas a 174 170; y los segundos, de 4 217 a 31 705.150

2.3.5. La industria

En Tabasco, el desarrollo de la industria ha sido precario. Durante el porfiriato la escasa actividad industrial giró principalmente en torno al procesamiento de la caña de azúcar y del tabaco. Sin embargo, también existieron algunas otras pequeñas industrias, muchas de ellas de carácter doméstico y familiar con una casi nula utilización de maquinaria, con excepción de los ingenios, algunos de los cuales ya contaban con máquinas de vapor. Así, en 1912, los ingenios dedicados a la producción de alcohol y azúcar hacían un total de 45; había también en el estado 15 embotelladoras de aguas gaseosas; cuatro astilleros donde se construían pequeñas embarcaciones; una fábrica de cigarrillos, la “Tabacalera Tabasqueña”; siete fábricas de cigarros puros; cuatro fábricas de chocolates; seis hielerías; 19 hornos para producir cal; dos molinos de nixtamal; 54 lecherías; 114 panaderías; una fábrica de pólvora; 52 tejerías y cinco curtidurías.151 Además, existía una fábrica de jabón y velas esteáricas y un aserradero, así como otros establecimientos, que más que fábricas, eran talleres artesanales.152

Durante los últimos 20 años del porfiriato, la producción de azúcar se incrementó en un 212 por ciento, mientras que la producción de aguardiente sufrió en

149Geney Torruco Saravia “Historia Económica de Tabasco. Siglo XIX”, en Rosa María Romo López, op.

cit., p. 232.

150Elías Balcázar Antonio, op. cit., p. 184.

151Elías Balcázar Antonio, op. cit., pp. 201-202; cfr., Geney Torruco Saravia, “Historia económica de Tabasco. Siglo XIX”, en Rosa María Romo López (coord.), op. cit., pp. 236-242; así como Marcela Tostado Gutiérrez, op. cit., pp. 51-62.

152Geney Torruco Saravia, “Historia económica de Tabasco. Siglo XIX”, en Rosa María Romo López (coord.), op. cit., p. 242.

decremento del 17 por ciento entre 1897 y 1910. Mientras la producción azucarera se orientaba principalmente hacia la exportación, la de aguardiente se orientaba hacia el consumo local.153

En suma,

[…] la tal industria tabasqueña desde entonces ha tenido un carácter rudimentario y con muy baja composición orgánica y técnica de capital. Este tipo de “fábricas” con una reducida división social y técnica del trabajo ha requerido muy poca especialización de sus obreros y de sus procesos de trabajo y de producción.154

El desarrollo de esta industria se hizo con capitales locales, la mayoría de ellos españoles avecindados en el estado que invirtieron en los negocios más rentables como era la producción de azúcar, aguardiente, puros y cigarrillos, jabón y aguas gaseosas.155