Patria y nación en el proceso revolucionario
2. Los marinos durante la Revolución Puerto de Buenos Aires en
Buenos Aires desde el Narcissus, litografía de Thomas Fernyhough, 1807 (Museo Histórico de Buenos Aires).
Uno de los casos más emblemáticos fue el coronel Martín Jacobo Thomp- son , a quien se designó al mando de la capitanía de puertos de las Provin- cias Unidas del Río de la Plata, cargo que ocupó hasta 1815.
De todas formas, los oficiales que tomaron partido por el bando revolucio- nario fueron la excepción y no la regla; al caso ya citado se suma el del alférez de navío Matías de Irigoyen, quien fue el primer embajador nombrado por la Junta de Gobierno en Europa.
Producida la revolución, un número importante de marinos y oficiales de la Armada Española se encontraban en Buenos Aires y rápidamente se mostraron expectantes a lo que acontecía en la capital virreinal. Estos hombres se mantu- vieron leales y subordinados a su comandante, José María de Salazar, jefe del Apostadero de Montevideo y acérrimo opositor a la Revolución de Mayo.
Esta situación era sabida por la Junta y con el paso de los días, los oficiales con asiento en Buenos Aires se convirtieron en un riesgo para ella. Finalmen- te el 20 de junio de 1810 se embarcaron hacia Montevideo, donde Salazar los recibió cordialmente. Entre los tripulantes se encontraban los capitanes de fragata Jacinto Romarate y José de Obregón; los tenientes de navío Domin- go Navarro y Juan Larré, entre otros.
Al retirarse los barcos de guerra realistas hacia Montevideo, se concentra- ba allí la más peligrosa amenaza para el gobierno juntista, ya que el puerto de Buenos Aires quedaba desguarnecido.
Ante la posibilidad de un ataque, la Junta designó en julio de 1810 a Be- nito Plá, para que desde la torre del Real Colegio de San Carlos vigilara el río y comunicara cualquier novedad a la capitanía del puerto. Por su parte Thompson recibió de la Junta, en agosto de 1810, una suma de dinero con el propósito de adquirir elementos navales para armar algunos barcos. Para- lelamente, Juan Larrea fue el encargado de conformar una escuadrilla naval para proteger al puerto de Buenos Aires de las posibles incursiones de los buques contrarrevolucionarios.
El 27 de mayo se invitó a las autoridades de Montevideo a sumarse al nuevo gobierno mediante el envío de representantes. La Junta necesitaba de la adhesión de esta plaza por varios motivos: significaba desarticular un frente de lucha preocupante; aseguraba la obtención de rentas –tan necesa- rias para el nuevo régimen- a través de un activo comercio con Inglaterra y Brasil, utilizando ventajosamente los puertos de la Banda Oriental; facilitaba la posesión de una fuerza naval o su neutralización; y por último permitía contener las pretensiones políticas y militares de la Corte portuguesa sobre territorio rioplatense.
Sin embargo, las autoridades montevideanas rechazaron la invitación y profundizaron la rivalidad existente con Buenos Aires. Esta postura de Monte- video tiene parte de su explicación en disputas económicas ya que competían por el mismo hinterland ,es decir la misma región continental de influencia. Esta pugna comercial explicaría, en buena parte, la reacción de Montevideo ante los movimientos que, a partir de 1810, fueron dirigidos desde Buenos Aires y su sector mercantil.
Martín Jacobo Thompson (1777-1819)
Matías de Irigoyen (1781-1839)
Jose María de Salazar (1762-1815)
Jacinto Romarate (1755-1836)
Marino y diplomático. Nació en Buenos
Aires. Se graduó de marino en la Academia Naval del Ferrol. Al volver a Buenos Aires en 1806, fue designado como capitán de puerto destacándose durante las invasiones inglesas. Apoyó la Revolu- ción, por lo que la Junta lo mantuvo en su puesto hasta 1815. Desarrolló innovadoras políticas en defensa de los puertos, reglamentando las acti- vidades que allí se realizaban. Por eso es consi- derado el padre fundador de la Prefectura Naval.
Marino y diplomático. Nació en Buenos
Aires y sirvió a la marina española en Trafalgar. De regreso a Buenos Aires en 1808, adhirió a la Re- volución. Fue comisionado por la Junta a Londres para conseguir apoyo inglés a la causa emancipa- dora. Entre 1817 y 1820 fue ministro de Guerra y Marina del Directorio. Se desempeñó como gober- nador interino de Buenos Aires en 1820.
Marino español. Luego de una reputada carrera arribó a Montevideo en 1809 para hacerse cargo del Apostadero Naval. Lideró el bando contrarre- volucionario que se hegemonizó en Montevideo gracias a la flota naval. Finalmente fue sustituido de sus funciones y volvió a España en 1812.
Marino. Nació en Vizcaya, España. En
1806 arribó a Montevideo alertado de un posible ataque inglés a la región. Al desencadenarse la re- volución de 1810, combatió contra ésta destacán- dose por su capacidad de mando. Posteriormente se radicó en su país donde tuvo una destacada la- bor como militar y diplomático.
Específicamente, es una región situada tras un puerto o río, donde se recogen las expor- taciones y a través de la cual se distribuyen éstas. En un sentido más amplio, el término se refiere a la esfera de influencia de un asentamiento.
De todas maneras la posición anti Buenos Aires no era generalizada ni he- gemónica en la Banda Oriental; por ejemplo las poblaciones de Maldonado y Colonia del Sacramento simpatizaban con la causa revolucionaria. Hasta en la propia Montevideo, un grupo de oficiales, entre quienes se destacó el teniente Juan Balbín González Vallejo, con el apoyo de la Sociedad Patriótica de esa ciudad, decidieron reconocer la autoridad residente en Buenos Aires y reali- zaron un intento de asonada entre el 11 y 12 de junio, que fue reprimida por los seguidores de Salazar y que finalizó con la mayor parte de los complotados acusados de altísima traición y enviados a España.
Los conflictos políticos y militares que desembocaron en la independencia fueron la consecuencia directa e inmediata de la Revolución de Mayo.
Entre 1810 y 1814, los combates se desarrollaron en las regiones que inte- graban el Virreinato del Río de la Plata.
Paraguay se separó en 1811, pero no fue una amenaza para Buenos Aires. En primer lugar porque dentro del espacio virreinal ocupaba un lugar periféri- co en el plano económico; y también debido a que rápidamente inició su propia revolución que desembocó en un sistema político muy particular, el cual se caracterizó por su impronta aislacionista del resto de la región bajo la égida de Gaspar Rodríguez de Francia.
En el actual territorio argentino existió adhesión para con la causa revo- lucionaria, a excepción del Cabildo de Córdoba, que se manifestó contrario a lo que sucedía en Buenos Aires y no reconoció la legitimidad de la Junta de Gobierno. Los contrarrevolucionarios, encabezados por el ex gobernador Juan Antonio Gutiérrez de la Concha y Santiago de Liniers fueron vencidos y final- mente ejecutados por la “expedición auxiliadora”.
Luego de este triunfo la Junta de Buenos Aires direccionó sus esfuerzos militares para lograr derrotar a los otros dos focos contrarrevolucionarios del virreinato, en el Alto Perú y la Banda Oriental. Este frente constituía la amenaza más seria a la revolución, por la cercanía a Buenos Aires. El gobier- no juntista estaba dispuesto a enfrentar esa coyuntura desfavorable pero era conocedor que con un ejército no bastaba para derrotar a Montevideo, ya que al estar fortificada y disponer de una flota sólo podía ser vencida si los revo- lucionarios lograban conformar una fuerza naval que por entonces no tenían.
Una disposición del 13 de agosto de 1810 cerró el tráfico comercial marí- timo con Montevideo que luego se extendió a toda clase de correspondencia y de personas, orden que comprendió los puertos de Buenos Aires, Las Con- chas, Santa Fe y Corrientes.
Ante tal situación, Montevideo respondió declarando el bloqueo de Buenos Aires el 19 de agosto y el 10 de septiembre encomendó al capitán de fragata José Primo de Rivera cerrar la entrada a la ex capital virreinal, desde Ensena- da hasta Las Conchas, para luego bombardearla. Las inclemencias del tiempo y una gran bajante impidieron que ello ocurriera.
Ante esta amenaza, la Junta reclamó la protección del embajador inglés en Río de Janeiro, lord Strangford, ya que comerciantes de aquella nación tenían mercaderías retenidas por el bloqueo impuesto. Así, por expreso pedido del
Fue una entidad política creada en marzo de 1811 por Manuel Moreno, hermano de Mariano Moreno, que se originó como consecuencia de que este úl- timo dejó de ser secretario de la Primera Junta, ya convertida para entonces en Junta Grande. Entre sus objetivos principales se destaca su fuerte im- pronta independentista.
En diciembre de 1810, Samuel William Taber, neo- yorquino llegado poco tiempo antes al Río de la Plata, expuso a los miembros de la Primera Junta los planos de un artefacto submarino que serviría para atacar a la flota realista en Montevideo. Su invento era una especie de tortuga de madera con un taladro en la punta con el que pensaba perfo- rar el casco de los buques enemigos en la rada de Montevideo, a efectos de colocar allí los explosivos. La Junta designó una comisión que aprobó la facti- bilidad de la idea. El norteamericano fue enviado a la Banda Oriental como espía, pero fue capturado. Fugado, Taber regresó a Buenos Aires en septiem- bre de 1811 donde prosiguió con sus planes. Fabri- cada la embarcación, Taber pidió trasladarse a la Ensenada de Barragán para probarla en aguas más profundas que las de Buenos Aires. Pero mientras tanto, el Primer Triunvirato asumió el poder y des- cartó el proyecto del primer submarino argentino, que cayó en el olvido.
Sociedad Patriótica
El submarino de Taber
3.
Derivaciones militares de la Revolución de Mayo
José Gaspar Rodríguez de Francia (1766- 1840) Político paraguayo. Líder del movi- miento por la emancipación de Para- guay (1811). En 1814 fue nombrado Dictador Supremo y gobernó el país hasta su muer- te. Mantuvo a Paraguay aislado del mundo exterior, fomentando la autarquía económica.
diplomático europeo, llegó al Río de la Plata el Jefe de la Estación Naval Bri- tánica en la capital del Brasil, almirante Michael De Courcy, quien reclamó el levantamiento del bloqueo a las autoridades de Montevideo.
En el puerto carioca tenía asiento la fuerza naval inglesa desde que el rey de Portugal se estableció en sus dominios americanos luego de huir de la invasión napoleónica en 1807. Desde allí se destinaban navíos al Río de la Plata con el fin de atender y asesorar los intereses comerciales y políticos de su bandera. Si bien Inglaterra no tomó partido por la Junta, su embajador en la Corte de Río de Janeiro alcanzó un adecuado equilibrio para poder mantener protegido el comercio inglés. Indirectamente el gobierno de Buenos Aires obtenía de parte de Gran Bretaña cierto resguardo y protección frente a Montevideo.
A comienzos de 1811, había retornado a esa ciudad Francisco Javier de Elío, ahora con el título de Virrey del Río de la Plata otorgado por el Conse- jo de Regencia. Esto significaba que la cabeza del virreinato se desplazaba a Montevideo, mientras Buenos Aires quedaba como foco de resistencia ante la autoridad peninsular. Elío rápidamente se contactó con la Junta para que lo reconozcan como la nueva autoridad, situación que no prosperó.
Los primeros pasos hacia la conformación de una escuadrilla naval que respondiera al gobierno de Buenos Aires los efectuó Juan Larrea. En 1811 fue reemplazado por Francisco de Gurruchaga, diputado por Salta y vocal de la Junta Grande, que tuvo a su cargo la tarea de equipar la primera escuadrilla del gobierno patrio.
En primera instancia se fueron acumulando materiales en un almacén que el gobierno había arrendado con ese fin en el puerto de Barracas. Posterior- mente se consiguieron tripulantes, cañones, maderas, cabos y desde luego contramaestres, gavieros, timoneles, maestros carpinteros y artilleros. La Junta apoyó a Gurruchaga en todo lo que estaba a su alcance, a pesar de las vicisitudes económicas existentes.
También se creó, en enero de 1811 la Oficina de Cuenta y Razón con la finalidad de administrar los recursos de la escuadrilla, a cuyo frente se puso a Benito José de Goyena, egresado de la Escuela de Náutica dependiente del Real Consulado de Buenos Aires
Organizar una fuerza naval en la región resultaba un desafío sin preceden- tes, porque los criollos desde el inicio de la Colonia habían desarrollado sus actividades dando la “espalda al mar”, por lo que el reclutamiento de la mari- nería necesaria fue un arduo trabajo. Acostumbrados a las duras faenas de la vida de campo, no sentían una inclinación natural hacia la vida embarcada, por lo que las tripulaciones se reclutaron entre los distintos buques mercantes extranjeros que navegaban en aguas rioplatenses.
Luego de la revolución, los barcos que habían quedado en el puerto de Bue- nos Aires eran una polacra de nombre Nuestra Señora de las Caldas, que
4.
Armado de la Primera Escuadrilla Naval
Francisco de Gurruchaga (1766-1846)
Benito José Goyena (1789-1871)
Abogado y político salteño. El Cabildo
de Salta lo designó diputado, incorporándose a la denominada Junta Grande. Se encargó de alis- tar la primera escuadra naval que comandó Juan Bautista Azopardo.
Nació en Buenos Aires. Se destacó como
organizador de las escuadras navales tanto en las guerras de independencia como durante la guerra contra Brasil. En 1827 fue nombrado Comisario General de Marina, cargo que desaparecería con la llegada de Rosas y que retomaría luego de la bata- lla de Caseros en 1852. Es considerado el fundador de los servicios logísticos de la Armada Argentina. Es el encargado de conducir la marinería de un buque.
Era una embarcación de dos o tres palos en una sola pieza y poseía el mismo velamen de los bergantines.
Contramaestre
se encontraba en pobres condiciones y fue necesario llevar a cabo arreglos de fondo en el casco y confeccionar casi de nuevo el velamen. Se le cambió el tipo de arboladura y quedó convertida en un bergantín. Fue rebautizada con el nombre de 25 de Mayo. Una goleta de guerra de nombre Invenci- ble, con problemas también en el casco y un falucho chasquero o balan- dra San Felipe y Santiago, la cual pasó a llamarse La Americana.
Para comandar esta escuadrilla la Junta eligió al marino Juan Bautista Azopardo, de origen maltés, con experiencia en la navegación del rio de la Plata y de destacada actuación durante las invasiones inglesas. Se le dieron despachos de teniente coronel y embarcó en la goleta Invencible; el begantín
25 de Mayo quedó al mando de Hipólito Bouchard, nacido en Francia, al igual que Angel Hubac quien estuvo al mando de la balandra La Americana, y que también combatió en las invasiones inglesas.
Es el conjunto de todas las velas que posee una embarcación.
Es un barco compuesto de dos palos y formado por velas cuadradas.
Es un buque a vela de por lo menos dos mástiles, siendo el mayor el de mesana (el más cercano a la popa). Su aparejo está compuesto por velas que si- guen la línea de crujía (que divide imaginariamente la embarcación en dos bandas) de proa a popa en lugar de las velas montadas transversalmente.
Es una embarcación que tiene la particularidad de que su palo va muy inclinado hacia la proa izando una vela triangular, tipo cuchillo, que está diseña- da para navegar contra el viento.
Embarcación de pequeño tamaño de un solo palo apta para la navegación de ríos así como para mar abierto. Velamen Bergantín Goleta Falucho Balandra Primera Escuadrilla Zarpada de la primera escua- drilla, óleo de Emilio Biggeri (Departamento de Estudios Históricos Navales).
El 18 de febrero de 1811, Gurruchaga en nombre del gobierno entregó ins- trucciones, anticipó una paga a la tripulación y los arengó. La primera empre- sa naval estaba en marcha.
Las órdenes que en pliego cerrado se habían entregado a Azopardo para abrir en aguas de Martín García, le indicaban que llegara a Santa Fe y Co- rrientes, apresara los barcos realistas que encontrara y que procurara no atacar al bergantín español Cisne u otro barco de guerra que hubiera salido de Montevideo.
Para identificarse llevaban el pabellón español en el palo mayor y el inglés en el trinquete. Este episodio, lejos de ser anecdótico, marcaba que el gobier- no revolucionario aún luchaba por lo que ellos entendían era el legítimo poder (España y Fernando VII pero a través de la Junta de Gobierno de Buenos Aires) y la bandera británica servía para diferenciarse de los buques de Montevideo, quienes también combatían por España y Fernando VII pero eran leales al Con- sejo de Regencia.
La primera escuadrilla naval buscaba auxiliar a la expedición al Paraguay que comandaba Manuel Belgrano. A su vez procuraba enviar armas y todo tipo de pertrechos a la misma y para ello la vía fluvial era la opción más rápida. El gobierno revolucionario intentaba poseer una fuerza naval que evitara la total hegemonía de los buques realistas en el río de la Plata y sus afluentes. También trataba de impedir el comercio y la comunicación entre las ciudades de Asunción y Montevideo, mientras que paralelamente buscaba afianzar el contacto entre Buenos Aires, Corrientes y Santa Fe.
En Montevideo, las repercusiones sobre el armado de la flotilla revolu- cionaria no se hicieron esperar. Elío decidió endurecer su postura contra el gobierno revolucionario y el 12 de febrero ordenó un bloqueo y mandó que zarparan cuatro naves, los bergantines Belén y Cisne, a bordo del cual estaba el comandante de la escuadrilla, capitán de fragata Jacinto Romarate, y los faluchos Fama y San Martín.