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II. REVISIÓN DE LITERATURA

2.3 IMPORTANCIA Y VIGENCIA DE LA MEDICINA TRADICIONAL

2.3.1 MEDICINA TRADICIONAL: SALUD, ENFERMEDAD Y

TRATAMIENTO

“La medicina tradicional está presente en todas las culturas del mundo. Con medicina

tradicional se quiere decir: el conjunto de todos los conocimientos y prácticas - que pueden ser explicados o no - usados en la prevención, diagnóstico y eliminación de desequilibrios físicos, mentales o sociales, y confiado exclusivamente en experiencia práctica y observación y transmitido de generación a generación, en forma oral o escrita (Akerele 1984 en Roersch, 1994). En esta descripción están incluidos, tanto sistemas médicos complejos (la de China o la Ayurvedica) como sistemas médicos tradicionales más locales. En la medicina tradicional, las plantas medicinales juegan un papel muy

importante” (Roersch, 1994).

De acuerdo con François (2009), la medicina tradicional no es propiedad de un solo país, pueblo o continente. Existe y ha existido siempre una medicina tradicional en todos los pueblos del mundo. Solo el bagaje sociocultural de tal o cual pueblo ha introducido las variantes en ella definiendo su sistema terapéutico que le es propio y acorde a su manera de vivir y entender la vida. En las sociedades tradicionales africanas, por ejemplo, la salud es más que ausencia de enfermedad, es sinónimo de armonía y felicidad que incluyen tanto la prosperidad material así como una buena relación con los otros y con dios.

Por consiguiente, “la salud está entendida dentro de una visión global del ser humano. El

hombre es considerado como un todo, en ósmosis con su medio ambiente, respecto a todo aquello que sea terrestre, extraterrestre y cosmogónico. Se trata de una visión holística de la salud tomando en consideración una manera de entender el universo, la naturaleza, el ser humano y las cosas. Este modo de pensar pondera una visión global del mundo que reconoce y respeta las relaciones entre los diferentes elementos que lo constituyen. Dentro de esta visión holística entonces, la persona está considerada dentro de un conjunto que se compone de la persona misma pero también de sus relaciones con su entorno (físico, humano, espiritual). La salud será un equilibrio entre las diferentes dimensiones de la

persona (social, mental, espiritual, física y emocional)” (François, 2009). En contraparte,

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continúa teniendo un papel preponderante sobre otros elementos de la integralidad de la persona” (Ruelas et al. s.f.).

“En un conjunto de estudios de casos de medicina indígena, promovido por la

Organización Panamericana de Salud, en comunidades tanto de Mesoamérica como del sur del continente, incluyendo pueblos descendientes de sociedades incaicas, mayas y aztecas, como otros pueblos menos estudiados y más localizados como los garífunas de

Honduras o los Ngöbé-Buglé de Panamá, se observa una cosmovisión común” (Brocker et

al., 2001) que fundamentalmente entiende la salud como el equilibrio de las fuerzas naturales y las espirituales entre los individuos y las comunidades. La enfermedad, en esta concepción, es una alteración de dicho equilibrio (Brocker et al., 2001; Zuluaga, 2005;

Vidaurre de la Riva, 2006; Ruiz, 2013). “Sin embargo, como los pueblos no se sienten

aislados, junto a las enfermedades de etiología de filiación cultural, están aquellos desequilibrios producidos por las causas que son entendidas desde los paradigmas convencionales como son las carencias, los microorganismos, los procesos orgánicos y los factores relacionados con las sociedades envolventes. En la restauración de los equilibrios, buena parte de los estudios, precisamente, apunta a poner de relieve la complementariedad necesaria entre las perspectivas, conocimientos y estrategias de los sistemas de salud

indígenas y el sistema de salud convencional” (Brocker et al., 2001).

Ruelas et al. (s.f.) afirma que “en la medicina tradicional indígena la salud se entiende

como un estado dinámico de equilibrio interno, entre fuerzas frías y calientes que afectan el cuerpo, la mente y el espíritu. En esta visión no se pretende definir una enfermedad, sino encontrar el punto de equilibrio entre las acciones humanas y las cualidades, fuerzas y fenómenos en donde se mueven. Por ello, para proporcionar un tratamiento al consultante, se consideran las características frías y calientes en su persona, su temperamento, su enfermedad y en las acciones que realizan. De esta manera, el conocimiento de las plantas

medicinales también comprende esta clasificación de frío/caliente”. De manera similar,

Brocker et al. (2001) sostienen que en la medicina contemporánea en el Perú “existen dos

vertientes: una que se asienta en la vertiente andina en la cual sobreviven aún muchas de sus concepciones, y otra que se basa en la cultura occidental con una creciente influencia del avance tecnológico. En lo relativo al mundo andino, la comprensión sobre las definiciones de salud, enfermedad, la vida, el orden del mundo, etc., se basa en considerar a los seres existiendo un estado de equilibrio entre lo cálido y lo frío. El ambiente, el

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cuerpo, las plantas, los objetos, etc., son cálidos o fríos, cuando se rompe este equilibrio se

genera determinada enfermedad”.

Aparte, la cosmovisión andina mantiene “el pensamiento animista, basado en la idea de

que todo tiene vida o alma, así la tierra es nuestra madre y fuente de vida, los cerros son protectores o apus. El río y el aire son animados y al compartir la vida, somos parte de un todo al cual le debemos respeto. Olvidarse de la tierra y el no agradecer a los protectores

puede ser origen de enfermedades o males” (Brocker et al., 2001).

En la medicina tradicional andina “la recuperación del equilibrio-salud obedece al criterio

lógico de todo sistema médico: conservación de la salud, prevención de las enfermedades y restitución de la salud. Las enfermedades pueden prevenirse a través de una correcta alimentación, la limpia periódica del organismo, el consumo de plantas medicinales, las relaciones armoniosas con la familia, la comunidad y los dioses. A las enfermedades de claro origen natural, les corresponde una terapia igualmente natural, y a las enfermedades de origen sobrenatural corresponde una doble terapia: una en el plano mágico religioso y

otra en el plano natural” (Vidaurre de la Riva, 2006; Ruiz, 2013). “Así, a la vez que se

trata al órgano afectado, se busca mejorar el funcionamiento del resto del organismo con el fin de darle la oportunidad de que se recupere por sí mismo, usando sus propios

mecanismos internos para restablecer el equilibrio perdido” (Montes s/a en Vidaurre de la

Riva, 2006). Por otro lado, las enfermedades en la cultura andina son tratadas según su clasificación de cálido/frío. Si una enfermedad es calificada como cálida, o sea producida por calor (por ejemplo: rayos del sol, comida picante) el tratamiento debe ser con una planta fresca. Lo mismo ocurre con una enfermedad producida por frío. Su tratamiento es con una planta cálida. La clasificación se basa en el efecto que produce la planta al aplicarla por vía interna o externa. Una planta templada tiene características intermedias y está usada generalmente junto con plantas frescas o cálidas para suavizar dichos efectos (Roersch, 1994; Zuluaga, 2005).

Cabe destacar también que “las plantas medicinales son importantes herramientas del

paradigma de la medicina tradicional ya que, además de su utilización por sus propiedades curativas, están presentes en rituales y ceremonias dedicados al mantenimiento del equilibrio (Roersch, 1994); no obstante, su uso también se enfrenta a políticas públicas estructuradas sobre la ciencia de una cultura dominante que opaca su accionar” (Montes, s.f. en Vidaurre de la Riva, 2006).

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En síntesis, “podríamos afirmar que el concepto de salud, propio de la medicina

tradicional indígena, apunta a la tríada persona-sociedad-naturaleza, que rebasa con creces

la actual definición de salud de la medicina moderna” (Zuluaga, 2005).

Finalmente, por lo expuesto anteriormente, bien sostienen Medecins du Monde en

François (2009): “porque no todos interpretamos la enfermedad y sus causas de la misma

forma, es necesario aprender y conocer la cultura del otro para poder cuidarlo. El fenómeno biológico es un conjunto de elementos socioculturales que juegan un rol crucial

en la manera en la que el paciente va a asumir su enfermedad y lo que hará para curarse”.