PERSPECTIVAS TEÓRICAS ACTUALES
3.4. Modelo Neurocognitivo de la consciencia de Bernard J Baars aplicado al
comportamiento hipnótico.
Desde un enfoque esencialmente neurocognitivo, Bernard J. Baars (Baars, 1988 y 1997; Baars y McGovern, 1996> plantea un modelo global de la consciencia basado en la metáfora del teatro <Baars, 1997>: “Imagínese entrando en un teatro justo antes de que comience la obra. Observe el escenario, la audiencia expectante y unas pocas puertas que dan a los camerinos y a la tramoya detrás del escenario. A medida que las luces del patio de butacas van disminuyendo en intensidad, la audiencia va quedándose
en silencio y a oscuras, y tan sólo la luz directa de un foco permanece visible
en el escenario, creando un único punto de luz. Usted sabe muy bien que la
audiencia, los actores, el director y el personal técnico de la obra están ahí, trabajando conjuntamente, bajo una dirección invisible y guiados por un guión desconocido con el fin de presentar el curso armonioso de los acontecimientos visibles que se van a producir sobre el escenario. Debido a que las luces del auditorio están amortiguadas, solamente los contenidos específicos de la consciencia son visibles, todo lo demás permanece en la oscuridad” (Baars, 1997, pág. 41>.
Baars (1997> define los elementos principales de su modelo siguiendo esta metáfora del teatro. Así, la memoria operativa o de trabajo seria el escenario donde tiene lugar la obra; los contenidos de la experiencia consciente representarían a los actores en el escenario (sentidos externos e internos, ideas>; el foco luminoso del escenario representarla a los procesos atencionales que oscilan de un contenido de la consciencia a otro <experiencia consciente directamente relacionada con la memoria operativa>; el director, guionista y personal técnico representarían los óperadores contextuales inconscientes (sistema de control ejecutivo>; y la audiencia serían las redes neuraies que ejecutan las funciones inconscientes, distribuidas a lo largo del cerebro (sistemas inconscientes). La figura 3.4. muestra una representación esquemática del modelo de Baars (1997).
El modero de Baars presenta al sistema nervioso como un conjunto de procesadores paralelas especializados ampliamente distribuidos. Estos procesadores especializados cooperan y compiten entre si para acceder al Espacio Global e integrado, que es la experiencia consciente. Mientras que este Espacio Global (Global Workspace) está íntimamente relacionado con el funcionamiento consciente, los procesadores especializados son principalmente inconscientes. Los procesos conscientes e inconscientes son
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FIGURA 3.4.: Modelo de Bernard J. Bara <1997)
SISTEMA DE CONTROL EJEcIIflVO
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propias tareas rutinarias especializadas, caracterizándose por mostrar pocos errores, gran velocidad y baja interferencia mutua. Los procesos conscientes son computacionalmente ineficientes, caracterizándose por mostrar muchos errores, baja velocidad e interferencia mutua. Mientras que los procesos inconscientes están relativamente aislados, son autónomos unos de otros, y tienen un rango de actuación limitado en el tiempo; los procesos conscientes pueden relacionar una gran variedad de contenidos conscientes entre si con relativa facilidad y poseen un rango de actuación sobre diferentes contenidos a lo largo del tiempo (Pekala, 1991).
Baars ha dedicado cierta atención a la hipnosis por considerarla un fenómeno ideomotor de gran interés para su teoría (Baars, 1988>. Básicamente conceptualiza la hipnosis como un estado normal de consciencia, como la vigilia, caracterizado por los fenómenos de absorción (en el sentido propuesto por Tellegen y Atkinson, 1974> y de sugestionabilidad.
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Dentro del modelo de la consciencia, la hipnosis es vista como un estado de absorción o monoideísmo donde el control ideomotor opera sin competición efectiva; en otras palabras, existe un bajo nivel de competición efectiva entre procesadores especializados y no existe un esfuerzo voluntario para cambiar esta situación. A este estado de absorción se puede llegar de dos maneras: <a> que disminuya el número de contenidos competidores, relajándonos y dejando que nuestra mente se deje llevar sin un esfuerzo deliberado hacia el contenido que compita más efectivamente; (b) permitiendo que un sólo contenido sea extremadamente dominante, excluyendo consecuentemente a los demás (cuando focalizamos la atención en algo y nos quedamos absortos en ello>.
Mientras estamos absortos en alguna idea, ha? un contenido dominante en el Espacio Global de la consciencia, los procesadores especializados inconscientes siguen activos aunque no nos demos cuenta de ello. Por ejemplo, cuando discutimos acaloradamente con nuestro copiloto mientras conducimos; en el espacio global de la consciencia se encuentran los numerosos contenidos relevantes a esa discusión; sin embargo, los
procesadores especializados inconscientes se encargan mientras tanto de
realizar las complejas tareas de conducción necesarias para ir desde nuestra casa hacia el trabajo, aunque no nos demos cuenta específicamente de ello. Y esto ocurre virtualmente en cualquier acción de nuestra vida cotidiana.
Baars explica en términos de su teoría las características esenciales de la hipnosis; esto es, la existencia de absorción, disociación, sugestionabilidad, y ciertas técnicas de inducción hipnótica.
1. La absorción, entendida como monoideísmo o implicación emocional, sería un estado de bajo nivel de competición entre distintos contenidos por acceder a la consciencia; de forma que, parafraseando a William James, la corriente principal de la consciencia es la que se mantendría en el Espacio
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2. Disociación. Lo que el individuo hipnotizado experimenta como experiencia disociativa no es nada más que el hecho de darse cuenta efectivamente que los contenidos que acceden, por competencia o colaboración, a la consciencia y los procesadoresespecializados inconscientes son coactivos y complementarios. Refiriéndonos al ejemplo anterior, es como si pudieramos darnos cuenta al mismo tiempo que discutimos acaloradamente y realizamos complejas maniobras de conducción. En otras palabras, la disociación no es algo inusual, lo que es realmente novedoso en hipnosis es que el individuo hipnotizado se dé cuenta de la existencia de una disociación ideomotora entre los eventos conscientes, sus acciones consecuentes y sus contenidos antecedentes <Baars, 1988).
3. La sugestionabilidad seria el resultado del control ideomotor en un estado de absorción con un bajo nivel de competición y de autocrítica. De forma que, al no haber competencia, el individuo muestra una gran facilidad
para dejarse llevar acríticamente por el contenido consciente dominante.
4. La inducción hipnótica es arbitraria en hipnosis, lo que quiere decir que cualquier inducción puede ser adecuada para lograr una situación de competencia mínima entre los contenidos por acceder al Espacio Global. En este sentido, la sugestión hipnótica actuarla como un contenido extremadamente dominante en el espacio global y, sobre la cual, el sujeto no abriga dudas acerca de su pertinencia.
Baars (1988> concluye resumiendo sus consideraciones sobre la hipnosis y apuntando hipótesis explicativas para la futura investigación: “la hipnosis sería simplemente un control ideomotor en un estado de absorción. Pero los estados de absorción son normales y cotidianos y, en general, nos sentimos absorbidos por nuestros contenidos de alto nivel de eficacia. La
mayor diferencia parece estar en el hecho de que los individuos altamente hipnotizables son extremadamente flexibles en cuanto al tópico de su absorción, mientras que no es así para el resto de las personas. Tal vez el asunto que queda por desentrañar no sea en qué es diferente la hipnosis, sino por qué esta absorción flexible es tan difícil de conseguir para la mayoría de
las personas” (Baars, 1988, pág. 292).
3.5. Interpretación sociocognitiva o cognitivo-comportamental de la hipnosis.
Junto con las teorías basadas en la disociación, el grupo de teorías encuadradas dentro de los rótulos “sociocognitivo” o “cognitivo- comportamental” <en general, se utilizan indistintamente>, suponen el acervo teórico más influyente en la explicación del comportamiento hipnótico en la actualidad.
La llamada perspectiva sociocognitiva de la hipnosis la constituyen una pléyade de teorías que tienen en común “la idea de que el término hipnosis no está referido a un estado o condición de la persona sino a las concepciones históricamente enrraizadas de la hipnosis y la respuesta a las sugestiones hipnóticas que sostienen los participantes en el mini-drama que se denomina situación hipnótica. Según esta perspectiva, la respuesta a las sugestiones hipnóticas depende del contexto; está determinada por el deseo de los sujetos por adoptar cierto rol en la hipnosis; por su idea de qué es lo que se espera de ellos en ese rol; por su idea de cómo los requerimientos de ese rol varían a medida que la situación varia; por cómo interpretan las complejas y, en ocasiones, ambiguas formas de comunicación que suponen las sugestiones hipnóticas; por el deseo y la capacidad para utilizar sus habilidades cognitivas e imaginativas para crear experiencias subjetivas que respondan a lo que se demanda en las sugestiones hipnóticas; por cómo el feedback del hipnotizador y el de su propia forma de responder influyen en la concepciones que ellos mismos Uenen como sujetos hipnóticos y las interpretaciones que ellos
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mismos dan a sus experiencias hipnóticas” <Spanos, 1996, págs. 19-20>.
Explícitamente, rechazan los conceptos de “estado alterado de consciencia”, “estado especial de consciencia”, o simplemente, “procesos especiales”, como constructos explicativos subyacentes al comportamiento hipnótico, debido a que <Kirsch, 1993>: <1> no se han encontrado marcadores fisiológicos de un hipotético estado hipnótico; (2> todos los fenómenos que se producen por inducción hipnótica más sugestiones específicas pueden producirse también sin necesidad de una inducción hipnótica; (3) el incremento en la sugestionabilidad, que se dice produce la inducción hipnótica, es muy pequeño, y puede obtenerse igualmente o mejorarse por otros procedimientos, como el placebo o el entrenamiento en imaginación; (4> más que describir sus experiencias como estados alterados, los sujetos hipnóticos tienden a dibujarlas como estados normales de consciencia que simplemente suponen un incremento en la focalización de la atención y la imaginación de las sugestiones dadas por el hipnotizador (McConkey, 1986>; (5) las descripciones del estado de consciencia producido por las inducciones hipnóticas es virtualmente indistinguible de las producidas por el entrenamiento en relajación progresiva.
3.5.1. Antecedentes: Eduardo Bertrán Rubio <1894) y Robert W. White (1941)
.
Aunque la mayoría de los autores sociocognitivos anglosajones centran los antecedentes de esta perspectiva en el trabajo de White (1941>, nosotros hemos encontrado evidencias de que esta concepción ya existía mucho antes en Europa, y en concreto en nuestro país, reflejada a través de los estudios de Eduardo Bertrán Rubio (1894).
Tal y como vimos en el capítulo 2, Bertrán Rubio hacía una exposición muy clarificadora de los mecanismos subyacentes al comportamiento
hipnótico que, en muchos aspectos y cien años después, poco o nada se diferencia de las modernas concepciones sociocognitivas.
Por un lado, insiste en que la focalización de la atención y la administración de sugestiones contingentes serían principalmente variables del procedimiento pero no aspectos causales centrales en el proceso hipnótico: “En cuanto á los fenómenos comunes del hipnotismo, tratan los hipnólogos de explicarlos por la atención expectante, la inhibición y la sugestión. La atención expectante me parece más bien una circunstancia favorable para que la hipnosis se produzca, que no Ja causa principal del hecho. Es verdad que puede, en rigor, considerarse aquella circunstancia como preparación necesaria para conseguir el sueño hipnótico.. .<Bertrán Rubio, 1894, pág. 25).
“La sugestión, como tal y por si sola, nada explicaría, y sin embargo, la sugestión es el punto de arranque de las operaciones mentales que integran el fenómeno susodicho” (Bertrán Rubio, 1894, pág. 41>.
Para Bertrán Rubio el comportamiento hipnótico esté relacionado con la interpretación de un papel o rol contingentemente con las demandas específicas del hipnotizador. Este papel se representará con mayor credibilidad en tanto en cuanto mayores sean las capacidades cognitivas e imaginativas del sujeto: “Tengo para mí que el sujeto no adquiere la convicción de que es otro, y aun paréceme que, en la mayoría de los casos, no hace otra cosa que avenirse á REPRESENTAR UN PAPEL DEL PERSONAJE QUE SE LE HA SUGERIDO; papel mejor o peor desempeñado, según sean las aptitudes del hipnotizado, es decir, según la cantidad y calidad de tos datos de memoria y de imaginación que tenga disponibles para caracterizar el tipo que representa... <Bertrán Rubio, 1894, pág 41>.
Finalmente, el médico español resalta la importancia de las expectativas y actitudes previas del sujeto hipnotizado para aceptar, tácitamente o no, las sugestiones administradas por el hipnotizador: “ En el grado de hipnosis que
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suele usarse en terapéutica, muchos, muchísimos enfermos conservan el suficiente dominio sobre su voluntad para resistirse á las sugestiones que no les cuadran, aceptando sólo las que les son agradables é indiferentes y, desde luego, con confianza y, digámoslo así, haciendolas suyas las sugestiones enderezadas á darles esperanza ó seguridad de alivio o de curación...” (Bertrán
Rubio, 1894, pág. 64>.
El trabajo de White <1941> ni mucho menos es tan clarificadoramente “contundente” como el de Bertrán Rubio (1894), pero si es cierto que adelanta algunas ideas incipientes que, posteriormente, cobrarán forma en las conceptualizaciones de Sarbin (1950> y Barber (1969>.
Aunque White <1941) pensaba que la hipnosis implicaba un estado alterado de consciencia, en el sentido en que transciende los limites del control volitivo, a menudo el individuo se comporta sin autoconsciencia de ello, sin intención voluntaria, y que ello se produce por las instrucciones que administra el hipnotizador; también creía que el comportamiento hipnótico estaba determinado por las expectativas implícitas del sujeto en relación a la idea de presentarse a sí mismo en términos de lo que el hipnotizador espera de él; esto es, como un “sujeto hipnotizado”.
Así, el comportamiento hipnótico estaría motivado por las expectativas de «qué es lo que se espera de mi’>, implicaría una estrecha relación interpersonal con el hipnotizador, y se dirigirla a la consecución de los objetivos planteados por las expectativas previas: “El comportamiento hipnótico es significativo y propositivo, dirigido a una metas, y cuyo objetivo general es comportarse como una persona hipnotizada, en la medida en que es continuamente definido por el operador y comprendido por el sujeto (...> El
sujeto mantiene y se rige por el deseo de comportarse como una persona hipnotizada, su motivación dominante es la sumisión a las demandas del operador, comprende en todo momento lo que el operador pretende de él, y
su conducta está dirigida a convertir esas pretensiones en acciones. Sin embargo, para explicar el peculiar carácter y el sorprendente éxito de la conducta hipnótica, es necesario concebir la hipnosis como un estado alterado del individuo” (White, 1941, pág. 483).
3.5.2. La teoría dramatúraica de la hipnosis de T.R. Sarbin y W.C. Coe
.
Sarbin (1950) fue el primer teórico que rechazó explícitamente la noción de que el comportamiento hipnótico requería acudir a una explicación en términos de alteración de la consciencia o de procesos especiales.
Desde el marco de la Psicología Social e influidos por la idea de que el comportamiento hipnótico es motivado y propositivo, dirigido a unas metas <White, 1941), Theodore R. Sarbin y su discípulo William C. Coe (Coe y Sarbin, 1991; Sarbin y Coe, 1972) desarrollan una teoría basada en la metáfora de que el proceso hipnótico es un “drama teatral”. Ese “drama” estaría protagonizado generalmente por dos actores: el hipnotizador y el sujeto hipnotizado; que, a su vez, desempeñan unos determinados papeles o roles (role-pieying o role—enactmentj. El desempeño adecuado de estos papeles determinará que el “drama teatral” sea un éxito o no.
Pero especialmente interesados en el hecho de por qué un buen sujeto hipnótico desempeña tan bien su papel a lo largo del proceso de la hipnosis, Coe y Sarbin (1991> identifican seis variables que influyen determinantemente en la calidad de la ejecución del rol hipnótico:
1. Las expectativas que el sujeto tenga sobre el rol a desempeñar. 2. La exactitud con que identifique cuál es su rol y el del operador en el proceso de interacción social en curso.
3. Las capacidades imaginativas (cognición> y comportamentales (acción) que posea.
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4. Las demandas del rol generadas por las características específicas del contexto donde se lleva a cabo la interacción social (el proceso hipnótico): clínico o experimental.
5. El grado de congruencia existente entre el rol a desempeñar y las creeencias y preconcepciones del sujeto.
6. Las propiedades reforzantes y directivas de la audiencia.
En la figura 3.5 puede verse un resumen de la teoría dramatúrgica o de los roles de Sarbin y Coe (1972>.
Sarbin y Coe <1972> afirman que las expectativas del rol son una serie de cogniciones <creencias, probabilidades subjetivas de ocurrencia a cerca de algún suceso, conocimiento del contexto o situación, etc) que intentan
especificar cuál serála conducta más apropiada en relación al papel que debe representar en un momento determinado. En hipnosis, las instrucciones administradas durante la inducción hipnótica por el operador, determinan en
gran medida cómo es esperable que se comporte un individuo como “buen sujeto hipnótico” y, en este sentido, modifican las expectativas previas del sujeto adecuándolas a una buena ejecución del rol hipnótico <Kirsch, 1985>.
La localización del rol; esto es, a la exactitud con que se identifique cuál es el rol del sujeto hipnotizado y el del operador en el proceso de interacción social en curso (la hipnosis>, tiene que ver con preguntas que el individuo se hace como “¿Quién soy yo?”, “¿Qué es lo que se espera de mi?”,
“¿Qué grado de competencia tiene el hipnotizador?”, etc. De nueva, la
inducción hipnótica sirve para precisar la localización de los roles de cada uno de los actores en el “drama” de la hipnosis: por un lado, se administran instrucciones al sujeto que le dicen “lo que tiene que hacer” y lo que “no tiene que hacer”; por otro, la adecuada administración de las instrucciones es un indicador indirecto del grado de competencia del hipnotizador, en la medida en que a través de las sugestiones hipnóticas el operador logre que su sujeto
confíe cada vez más en él. En este sentido, Coe et al. (1970> han encontrado
que se obtiene un mayor grado de responsividad a la hipnosis por parte de los sujetos en la medida en que éstos tienen una mayor y mejor percepción de la competencia del operador.
La eficacia con que una persona ejecuta cierto rol depende en parte del grado en que dicha persona posea ciertas habilidades relevantes a este rol. En nuestro caso, un “buen sujeto hipnótico’ deberá poseer habilidades