Capítulo IV. Tipología de la muerte
4. Muerte religiosa
“Estoy, siendo uno solo, dividido: a un tiempo muerto y vivo, triste y ledo; lo que puedo hacer, eso no puedo; huyo del mal y estoy en él metido.”426 Fray Miguel de Guevara, Levántame, Señor.
“En mí yo no vivo ya, y sin Dios vivir no puedo; pues sin él y sin mí quedo, ¿este vivir qué será? Mil muertes se me hará, pues mi misma vida espero, muriendo porque no muero.”427 San Juan de la Cruz, Coplas del alma que pena por ver a Dios.
En este apartado se analiza la muerte religiosa en aquellos textos que han sido influenciados por el misticismo y la muerte que le es propia, ya sea de la religión prehispánica con sus ritos y la religión católica con los propios hasta converger en una religión mestiza y su representación de la muerte en la literatura mexicana.
En el número 23 de Cuadernos Hispanoamericanos fechado en el año 1951, hay un apartado titulado ‘La alegría de los mártires’ en donde se relata una anécdota sobre la comprensión de la docilidad y desamparo del mártir:
“Visitaba el famoso fisiólogo inglés Sherrington el gran laboratorio de su colega ruso doctor Paulow en los días en que éste experimentaba sobre cierta clase de reflejos condicionados en vertebrados superiores. Sobre una plancha de cobre, que se iba calentando gradualmente, fijaba a un perro normal. En un principio, el animal permanecía inmóvil, sin reacciones ostensibles; luego se inquietaba y revolvía, quejándose progresivamente. Pero si en un momento dado, sin disminuir el calor, se le daba alimento, el animal distraía sus dolores y quemaduras comiendo con
426 Blanco, José Joaquín, Conquista y Nuevo Mundo, Aguilar, León y Cal Editores, México, 1989, p. 174.
Fragmento.
avidez optimista, sin protestar contra el aumento de temperatura que le llegaba a destruir horriblemente el cuerpo atado.
Entonces Sherrington, al ver morir tan alegremente al perro quemado vivo, exclamó, iluminado el rostro:
–¡Ahora ya me explico yo la alegría de los mártires!...”428
Desde la época prehispánica se han sucedido muertes de carácter religioso al estar estas dotadas de una alta proporción de martirio. La muerte religiosa en el México prehispánico se llevaba a cabo sin mediar réplica alguna del ejecutado; al menos así lo documenta el primer cronista mestizo Hernando de Alvarado Tezozomoc, quien en su
Crónica Mexicana describe la muerte religiosa de la siguiente manera:
“Y ban luego dos o tres sacerdotes y traen un miserable sacrificado y pónenlo enÇima de la gran piedra temalacatl429y biene luego Cuitlaxteoa a pelear con él, benía figurado y hecho león, y danle al miserable yndio para que ofenda tanbién su rrodela y macana y cuatro como pedaÇos de piedra “que” llaman ocotzotetl, y biene baxando el león para pelear con el “que” se a de sacrificar, benía el león bailando al son del
teponaztle. Biéndolo el sacrificado, ba luego “que” be “que” biene y da un siluo y luego
dase un palmada “en” un muslo (moquezhuitequi) y toma su rrodela y macana. Banse el uno con el otro, corriendo [66r] león con él, y si le aÇierta el león y le da al miserable yndio un golpe con la macana de navaza o cae luego en el suelo, aguixan luego quatro o Çinco llamados cuacuacuiltin, “que” lleuan sus calabaÇillos colgados de piÇiete, “que” ban tiñidos y ahumados, y arrebatan al miserable y le ata “n” pies y manos y una benda “en” los ojos que llaman yxcuatechimal, y amarrado, le estiran mucho de los braÇos y de los pies, quatro de un lado, quatro de otro, “que” lo descuyuntan, y en un ymprouiso le abre el pecho 112430 con un nauajón de ancha naranja y le sacan muy de presto el corazón y lo lleuan al aguxero del brazero y con la sangre del miserable rroÇían al ydolo Huitzilopochtli primero y luego al otro ydolo, nueuo dios, Tlatlauhquitezcatl, y luego traen los cuacuacuiles el cuerpo del miserable y lo echan al paredón del templo
428Se transcribe íntegramente la nota de La alegría de los mártires encontrada en Cuadernos
Hispanoamericanos: “*** Hace no muchos días que el gran filósofo (dicen que neopositivista) español
Xavier Zubiri visitaba la residencia de Relaciones Culturales, de Madrid, en donde se había congregado buena parte de los alumnos que siguieron las lecciones del maestro en su reciente curso privado sobre “Cuerpo y Alma”, en La Unión y el Fénix. En el transcurso de la visita se hablaba animadamente de la fisiología animal y, en concreto, de los reflejos condicionados. Entonces Zubiri contó la siguiente anécdota…”, la cual ya se ha escrito en líneas anteriores, en el cuerpo del texto. Véase: Cuadernos
Hispanoamericanos, núm. 23, septiembre-octubre, 1951, p. 280.
429Piedra de sacrificio mexicana.
“que” llaman tzonpantitlán, y, por lo consiguiente, acabado esto, lleuan otro miserable al matadero, de muerte tan cruda “que” los crueles carniÇeros hazen “en” sus próximos sin merecer mal alguno, sólo por la gloria del gran diablo Huitzilopochtli, que esto es a lo que truxo a los gentiles mexicanos de su tierra Aztlan Chicomoztoc”.431
Salvo el adjetivo de miserable que Tezozomoc utiliza para el término de
sacrificado, el hecho está narrado como una crónica; no hay horror explícito ni
adjetivaciones que puedan conmover directamente al lector, sino que el acto se documenta como si se tratara de la descripción de una estampa, un cuadro o una imagen plana, sin matices ni sonidos. No se escucha el teponaztle ni hay colores, la muerte es bicolor, blanca y negra. La religiosidad del otro no existe; no se sabe qué opina el indio, qué siente, cuál es la impresión previa a este sacrificio. La muerte se lleva a cabo y no hay un preámbulo de reflexión interna, sólo la acción es lo que priva en el texto.
El discurso de Bernal Díaz del Castillo es más prolífico al hacer referencia a la muerte religiosa de los indígenas. En el capítulo LI de La Historia Verdadera de la
Conquista de la Nueva España, Díaz del Castillo relata cómo Cortés llega a Cempoal y
pide al cacique lo siguiente antes de recibir las mujeres que aquél le ofrecía:
“Cortés las recibió con alegre semblante y les dijo que se lo tenían en merced: mas para tomallas, como dice que seamos hermanos, que hay necesidad que no tengan aquellos ídolos en que creen y adoran, que los traen engañados, y que no les sacrifiquen; y que como él no vea aquellas cosas malísimas en el suelo y que no sacrifiquen, que luego ternán con nosotros muy más fija la hermandad; y que aquellas mujeres que se volverán cristianas primero que las recibamos, y que también habían de ser limpios de sodomías, porque tenían muchachos vestido en hábito de mujeres que andaban a ganar en aquel maldito oficio; y cada día sacrificaban delante de nosotros tres o cuatro y cinco indios, y los corazones ofrecían a sus ídolos y la sangre pegaban por las paredes”.432
La muerte religiosa se ejecuta cuando Cortés reta al cacique y le dice que derrocará a los dioses sin su consentimiento; dicho esto, Cortés y cincuenta soldados suben al altar:
431 Hernando de Alvarado Tezozómoc, Crónica Mexicana, Dastin, S.L., Madrid, 2001, pp. 224-225. 432Bernal Díaz del Castillo, Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, Circulo de Lectores,
“Subimos cincuenta soldados y los derrocamos, y venían rodando aquellos sus ídolos hechos pedazos, y eran de manera de dragones espantables, tan grandes como becerros, y otras figuras de manera de medio hombre y perros grandes y de malas semejanzas; y cuando así los vieron hechos pedazos, los caciques y papas que con ellos estaban lloraban y tapaban los ojos, y en su lengua totonaque les decían que les perdonasen y que no eran más en su mano ni tenían culpa”.433
Bernal Díaz dota de voz a los personajes de su diario de viaje, y advierte sobre la posible duda que pudiera surgir al contrastar su versión con la del cronista Gómara quien, a decir de Bernal, “por muy buen estilo que lo dice en su Crónica, pues en todo lo que escribe no pasa como dice”.434 El relato de Tezozomoc se diferencia del de Bernal en la profusión de detalles de este, descripciones, advertencias, diálogos a una sola voz, monólogos en primera persona, narración personal de la vida propia como proceso ordenado, crónica autobiográfica, “La crónica de Bernal Díaz es la historia de ciertos hombres contada por un hombre”,435 y un buen cronista es, según Todorov, aquel que “debe hablar porque estaba ahí en persona, porque asistió a los hechos”.436
En el plano de la imagen y las modalidades de su representación, y a efectos de una futura comprensión de la muerte religiosa plasmada en pictogramas prehispánicos, Tzevan Todorov señala que la descripción de los indígenas sobre los hechos y entornos es parecida a la contemplación de un pictograma en la que la representación entrega la esencia y no la impresión de un hombre.
Observemos:
433 Ibídem, p. 150.
434 Ibídem, p. 150.
435Tzvetan Todorov, La conquista de América, Siglo XXI Ediciones, S.A. de C.V., México, 1987, p. 131. 436 Ibídem, p. 134.
Los glifos, estelas y bajorrelieves prehispánicos pertenecían al orden de lo simbólico, la historia de la muerte religiosa será tan sólo una representación a medias debido a la ausencia de conocimiento del lenguaje prehispánico; para Cortés aquellas representaciones eran tan solo objetos. En cuanto al lenguaje verbal, Moctezuma le otorgaba una primacía como instrumento de integración en el seno de la comunidad; Cortés, sin embargo, le dio un fin metafísico debido a su semiología; el lenguaje servía “para la manipulación del otro”.437
No obstante los detalles de las figuras plasmadas, la ausencia de color impide una apreciación del otro, al hallarse éste representado como un perfil, una figura de un plano en el que el hombre es un elemento que complementa, mas no ocupa el lugar protagónico y sí agónico: del lado izquierdo la muerte gráfica del héroe sacrificado, y en el opuesto la representación del hombre que no tiene un lugar relevante, sino el de complemento de paisaje, muñeco que corona una maqueta con la que humanizar el cuadro.438 Es un mártir alimentado por el miedo y el deseo íntimo de servir, de defender; episteme y doxa a un mismo tiempo, creencia y fe.439 La muerte religiosa se ve representada en el siguiente poema de Nezahualcóyotl440:
437 Ibídem, p. 135.
438Tzvetan Todorov, La conquista de América, Siglo XXI Ediciones, S.A. de C.V., México, 1987, pp.
134-135.
439Todorov representa esa visión de la siguiente manera: “Los personajes representados en los dibujos
indios no están individualizados interiormente; si deben referirse a una persona en particular, aparece al lado de la imagen un pictograma que le identifica. Toda idea de perspectiva linear y, por lo tanto, de un punto de vista individual, está ausente; los objetos se representan en sí mismos, sin interacción posible entre ellos, y no como si alguien los estuviera viendo. El plano y el corte se yuxtaponen libremente: así por ejemplo, un dibujo (cf. fig. 13) que muestra el templo de México representa todos sus muros vistos de frente, y todo está subordinado al plano del suelo, y además, con personajes más grandes que los muros.
Dolor del canto
Oye un canto mi corazón:
me pongo a llorar; me lleno de dolor. ¡Nos vamos entre flores:
tenemos que dejar esta tierra: estamos prestados unos a otros: iremos a la Casa del Sol!
¡Póngame yo un collar de variadas flores: en mis manos estén;
florezcan en mis guirnaldas! ¡Tenemos que dejar esta tierra: estamos prestados unos a otros: nos vamos a la Casa del Sol!”441
La certeza de ir a la Casa del Sol transforma el poema en un canto de vida. Un poema anónimo de Chalco comparte la sutileza del martirio y su dolor provisto de esperanza:
La vida pasa
¡Oh flores que portamos, oh cantos que llevamos,
nos vamos al Reino del Misterio! ¡Al menos por un día
estemos juntos, amigos míos! ¡Debemos dejar nuestras flores, tenemos que dejar nuestros cantos: y con todo la tierra seguirá permanente! ¡Amigos míos, gocemos: gocemos, amigos!442
Las esculturas aztecas están trabajadas en todas sus caras, incluyendo la base, aun si pesan varias toneladas: y es que el espectador del objeto es tan poco individual como su realizador; la representación nos entrega las esencias, y no se ocupa de las impresiones de un hombre”. Tzvetan Todorov, La conquista
de América, Siglo XXI Ediciones, S.A. de C.V., México, 1987, p. 135.
440“Acolmiztli Nezahuacóyotl nació en Texcoco en el año Uno Conejo. A la muerte de su padre
Nezahualcóyotl tuvo que esconderse para salvar su vida y la sucesión al trono. Se refugió en Tenochtitlan donde completó su educación y adiestramiento militar. Hacia 1428, con la Triple Alianza entre México, Tlacopan y Tezcoco, derrota a sus enemigos y en 1431 fue proclamado señor de Tezcoco. Bajo su mando, su señoría llegó a ser un modelo de gobierno, virtudes y cultura para los antiguos pueblos indígenas”.
José Luis Martínez, Nezahualcóyotl: Vida y obra, FCE, México, 1992. Tomado de la reseña.
441Romances de los Señores de la Nueva España, f. 27 v. De Nezahualcóyotl y del mismo tiempo. Al
carecer de un fondo físico en la biblioteca, se procedió a consultar la siguiente fuente:
La colonización se llevó a cabo bajo el mando de Dios. Se aprecia una similitud entre las dos religiones: por un lado, la religiosidad prehispánica se basaba en el culto a sus dioses y la religión católica en el culto a Dios y a sus santos. Todo aquello que no tenía una explicación o salía de su control, en la cultura prehispánica lo restituían con la imaginación de un dios representado por un monolito de piedra labrada, una pintura o una estructura arquitectónica, como las pirámides. Por otro lado, los católicos portaban como estandarte, escudo y protección la palabra de su Dios representada en las imágenes religiosas. Francisco López de Gómara explica la situación de la siguiente manera: “Y como no conocen al verdadero Dios y Señor; están en grandísimos pecados de idolatría, sacrificio de hombres vivos, comida de carne humana, habla con el diablo, sodomía, muchedumbre de mujeres y otros así”.443 En tal afirmación se desliza un parpadeo, un sobresalto que nos remite a la imagen del hombre santiguándose.444
El tema de la muerte en la Colonia se percibe en contacto con la evangelización, pero se encuentra reflejada sobretodo en textos a veces documentales como los testamentos o las elegías; como el caso del poema épico español Elegías de varones
ilustres de Indias del poeta, cronista y sacerdote sevillano Juan de Castellanos en donde
detalla la colonización del Caribe, Colombia y Venezuela.
Por otro lado, la obra cumbre que alude a la muerte de una manera directa es el texto La portentosa vida de la Muerte, emperatriz de los sepulcros, vengadora de los agravios del Altísimo y muy Señora de la humana naturaleza de Fray Joaquín Bolaños, conformado por cuarenta capítulos, una conclusión y un testamento. Bajo la forma de una biografía, se presenta la historia de la Muerte. En la introducción, el autor hace una pequeña recomendación íntimamente ligada a la visión de la muerte en la época posrevolucionaria plasmada por José Guadalupe Posada; en ella Bolaños aclara dicha fabulación: “Va en forma de historia, porque quiero divertirte: lleva su poquita de mística porque también pretendo desengañarte; separa lo precioso de lo vil, aprovéchate 442Anónimo, Poemas náhuatl, traducción de Ángel María Garibay Kintana, J. Mortiz, México, 1964, p.
57.
443Francisco López de Gómara, Historia general de las Indias y vida de Hernán Cortés, Biblioteca
Ayacucho, Caracas, 1979, p. 7.
444 Tzvetan Todorov lo resume de la siguiente manera: “[…] el Dios de los españoles es más bien un
auxiliar que un Señor, es un ser al que, más que gozar de él, se usa (para hablar como los teólogos). En teoría, y como quería Colón (e incluso Cortés, en el cual eso constituye uno de los rasgos más ‘arcaicos’ de su mentalidad), el objetivo de la conquista es extender la religión cristiana; en la práctica, el objetivo religioso es uno de los medios que aseguran el éxito de la conquista: fin y medios han intercambiado sus lugares.” Tzvetan Todorov, La Conquista de América: El problema del otro, Siglo XXI Editores, S.A. de C.V., México, 2003, p. 116.
de lo serio y ríete de lo burlesco.”445 Es así que con la obra se inaugura “el recurso de lo caricaturesco en la literatura mexicana”.446 Esta recomendación de Bolaños guarda una profunda similitud con la Muerte del grabador José Guadalupe Posada al presentar ambos a una muerte festiva, a un valioso y poco estudiado imaginario.447
445 Joaquín Bolaños, La portentosa vida de la Muerte, emperatriz de los sepulcros, vengadora de los
agravios del Altísimo y muy Señora de la humana naturaleza, Instituto Nacional de Bellas Artes, México,
1792, p. 7. Edición de 1983. Imagen 1 en Anexo.
446 Ibídem, p. 7. Esta edición incluye un comentario adverso a la obra de Bolaños al ser censurada por su
“tratamiento grotesco y fabulativo” p. 7.
447 Agustín Yañez acota en el mismo prólogo que la novela es una introducción a la novela criolla
colonial y una presentación al Pensador Mexicano y que “es un fragmento que debe forzosamente contar en la historia de la literatura mexicana”. Las novelas que cultivaron la narrativa colonial son Los
infortunios de Alonso Ramírez (1690) de Carlos Sigüenza y Góngora, La portentosa vida de la muerte
(1792) de fray Joaquín Bolaños y Los sirgueros de la virgen (1620) de Fernando Bramón. Ibídem, p. 8.
En cuanto a poesía de la época de la colonia, los sonetos de fray Miguel de Guevara aluden al dolor de una muerte física y la imploración de un fin en nombre de Dios. Esa muerte no física es vivida como un suplicio, tiene similitud con el deseo de los hombres prehispánicos de morir por sus dioses para así vivir una vida eterna. Los versos de No me mueve, mi Dios, para quererte, recogidos en Arte doctrinal y modo