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UNIFEM

Antes de unirse a UNIFEM, Felicity Hill trabajó para la Liga Internacional de Mujeres por la Paz y la Libertad en Ginebra entre 1996-1997, monitoreando la Conferencia sobre Desarme y luego en Nueva York, entre 1998-2001 como Directora de la Oficina en naciones Unidas de WILPF. Felicity coordinó el Grupo de Trabajo de las ONGs sobre La Mujer, La Paz y La Seguridad, coalición de ONGs que trabajaron en aras de la Resolución 1325 del Consejo de Seguridad y participó en los Comités Directivos del Grupo de Trabajo de ONGs en las iniciativas del Consejo de Seguridad y en Acción Global para Prevenir la Guerra. El activismo de Felicity comenzó en Australia donde ella trabajó en campañas para crear conciencia acerca de la violencia ejercida contra las mujeres, la privatización de la educación terciaria, la minería del uranio y el comercio de armas.

Estoy muy agradecida con los organizadores por la oportunidad de estar aquí representando el Fondo de la ONU para la Mujer en esta reunión tan oportuna sobre el Mantenimiento de la Paz y las Dimensiones de la Mujer en los Procesos de Paz junto a tan distinguidos oradores e invitados.

Creo que hay cada vez más hombres y mujeres en cargos importantes que consideran con mucha seriedad el tema deI género y de la Mujer. El tema definitivamente está evolucionando y moviéndose, hay mucho interés en él y se le presta mucha más atención. Podemos decir que ya no nos encontramos en la Edad de Piedra, pero quizás solo hemos avanzado hasta la Edad de Bronce porque todavía existen muchas premisas basadas en el género, zonas oscuras y una carencia de democracia básica que inhibe el éxito del trabajo relacionado con la paz y la seguridad.

Quisiera comenzar mis observaciones refiriéndome a algunos de los desafíos que enfrentan las mujeres para llegar a sentarse en la mesa de la paz. Luego voy a hablar acerca de algunos de los éxitos que han tenido las mujeres y concluiré compartiendo con ustedes algunas de las recomendaciones hechas por dos expertas independientes nombradas por UNIFEM para evaluar el impacto de los conflictos armados sobra las mujeres y el papel de la Mujer en la construcción de la paz.

Son varios los desafíos, algunos son obvios, otros menos claros. Yo creo que el principal desafío es que las mujeres son excluidas del lenguaje, la cultura y la red de alta política prevaleciente, que sería inadecuadamente perturbada y distraída si ellas estuviesen presentes o si su problemática fuese considerada en las esferas de toma de decisiones. El segundo desafío, estrechamente vinculado al primero,

es que las mujeres no son consideradas como electorado, ni su problemática como política. En la Resolución 1325, 55 años después de la creación de Naciones Unidas, las mujeres han sido bautizadas como ciudadanas dentro del ámbito de la seguridad. Sin embargo, una serie de Embajadores actualmente en el Consejo de Seguridad, llamó a las mujeres en la antesala del reciente Debate Abierto y Fórmula Arria a no ser “políticas”, a pesar que se encontraban allí precisamente para contribuir al debate político que arreciaba en el Consejo relacionado con el Medio Oriente, Irak, Burundi y Uganda. El tercer desafío es que los hombres y las mujeres se ven obligados a confiar en la amistad y las personas de buena fe dispuestas a comprometer la percepción de su autoridad y credibilidad con el propósito de hacer ingresar la problemática del género y la Mujer por la puerta trasera de las negociaciones de paz, obligados a actuar de esa forma debido a que las instituciones y procedimientos no se hacen responsable en forma regular a la Mujer o no están suficientemente sensibilizados para con la temática del género.

Mujeres rondando y a veces llegando a la mesa de negociaciones

A pesar de estas barreras, existen algunos éxitos notables y brevemente voy a detenerme en 6 procesos de paz, cada cual con una problemática diferente para la Mujer.

1. La Mujer participando como Sociedad Civil - Guatemala

Incluso cuando las mujeres participan en negociaciones su estatus es normalmente informal, a menudo como observadores no-oficiales o representantes de grupos de la sociedad civil. La falta de estatus oficial de la Mujer en la mesa de negociación es el resultado de inequidades de género pre- existentes, incluyendo la discriminación legal, política y económica. En los conflictos armados, el papel de liderazgo de la Mujer dentro del hogar y las comunidades a menudo no se refleja en los procesos políticos debido a que se exacerban los sistemas sociales discriminatorios que anteceden a los conflictos, excluyendo aún más a la Mujer del locus de poder. Como resultado de ello, el impacto diferenciado por género del conflicto “normalmente no se toma en cuenta durante la elaboración de los acuerdos de paz, en los esfuerzos de reconstrucción pos-conflicto, en la distribución de ayuda humanitaria y, ni siquiera, en la gobernabilidad cotidiana.”

Por ejemplo, en Guatemala, a través de una plataforma de la sociedad civil: la Asamblea de Servicio Civil (ASC), establecida por un Acuerdo Marco en enero de 1994, la Mujer contribuyó a las negociaciones entre el gobierno y la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca URNGF. La ASC permitió que las sociedades civiles hicieran una contribución sustancial a las negociaciones oficiales, en las cuales el género constituía uno de los 11 sectores. Los movimientos de mujeres en Guatemala habían surgido junto a otros grupos humanitarios y de derechos humanos, tales como la Iglesia Católica, llamando al

gobierno a reconciliar el conflicto de clase, pidiendo la redistribución de la tierra y los recursos. Al menos 30 organizaciones de la sociedad civil, incluyendo sindicatos, académicos, grupos feministas, grupos de derechos humanos y organizaciones indígenas estaban representadas en el sector de género de la ASC. Muchas de las recomendaciones de las mujeres en la ASC fueron endosadas por la URNG e incorporadas en una serie de acuerdos de paz, en gran medida debido a una mujer que participaba en las negociaciones oficiales entre el gobierno y la URNG. Luz Méndez, asesorando a la URNG como miembro del Secretariado de la URNG para Relaciones Internacionales, también era Coordinadora de la Unión Nacional de Mujeres Guatemaltecas, una de las organizaciones que participaban en la ASC.

2. Creación de Un Espacio Político – Burundi

En Burundi, los delegados masculinos a las conversaciones de paz que se realizaban en Arusha, Tanzania solo le permitieron el estatus de observadoras temporales a tres mujeres Hutu y a tres mujeres Tutsi, a pesar de los esfuerzos del facilitador, Mwalimu Nyerere, por involucrar plenamente a las mujeres. Los delegados insistieron en que las mujeres podían participar formando parte de partidos políticos o de la sociedad civil, que ya habían recibido el estatus de participantes, y cuestionaron la capacidad de las mujeres de reunir a un pequeño número de delegadas en representación de un amplio espectro de electores. Las mujeres finalmente obtuvieron el estatus de observadores permanentes en febrero del 2000, en gran medida producto del trabajo realizado en dicho sentido por la Fundación Mwalimu Nyerere, UNIFEM y otros donantes.

En julio del 2000, la Fundación Nyerere y UNIFEM convocaron a la Conferencia de Paz sobre la Mujer de las Mujeres de Burundi, en la cual participaron 50 mujeres provenientes de partidos políticos (2 de cada uno de los 19 partidos), la sociedad civil, diáspora y campamentos de refugiados. Antes de la Conferencia de Mujeres, una delegación creada por UNIFEM, de 6 mujeres con experiencia previa de participación en procesos de paz (Guatemala, Eritrea, Uganda y Sudáfrica) le explicaron a los partidos políticos de Burundi y al equipo facilitador la necesidad de incorporar plenamente la perspectiva de género en la resolución del conflicto. En la Conferencia de Mujeres, se adoptaron las recomendaciones planteadas por las mujeres, incluyendo una reforma constitucional para incluir una Carta de la Mujer, 30% de representación en los poderes ejecutivos y legislativos, reformas legales para reflejar la igualdad de género y reformas electorales para promover el facultamiento político de la Mujer. 23 de dichas recomendaciones fueron incluidas en el acuerdo final de paz que se firmó en agosto del 2000.

De acuerdo al Parlamentario Ugandés convocado por UNIFEM para ayudar a facilitar esta reunión, “....intentos anteriores por lograr la participación de la Mujer habían fracasado porque los 19 partidos políticos en las negociaciones tenían miedo, los grupos de oposición temían que los grupos de mujeres, las ONGs de mujeres, pudiesen ser manipuladas por el gobierno y que no serían neutrales debido a que Burundi se encontraba en guerra. Había hombres que no buscaban

una salida democrática al problema y la incorporación de la Mujer traería una solución democrática. Por lo tanto, deseaban restringir los participantes a los grupos combatientes. El incorporar a las mujeres significa admitir que incluso aquellas personas que no están combatiendo con las armas en la mano tienen el derecho de determinar el futuro del país. Los grupos combatientes se opusieron. Otro factor es que nosotros nos incorporábamos al final, y después de 4 años de negociaciones se pensaba que la incorporación tardía de la Mujer podría perturbar el delicado equilibrio que se había logrado establecer. El equilibrio se relacionaba básicamente con aspectos de etnicidad y factores muy personales, ya que los 19 grupos giraban en torno a individuos que negociaban su propio papel dentro de un futuro gobierno.”

Winnie luego señaló que “En esta reunión nosotros pensamos, por lo menos inicialmente, que estas mujeres de los 19 grupos iban a estar permanentemente consultando con sus líderes políticos en busca de opiniones para verter en la conferencia de mujeres. Pero después de algunas horas, hacia el final del primer día, había ocurrido lo contrario. Era los hombres que participaban en las negociaciones formales quienes corrían hacia las mujeres para verificar que no hubiesen cedido demasiado. Era claro que una vez reunidas encontraban que tenían mucho en común, y que también había muchas diferencias. Las mismas opiniones giraban en torno a temas tales como el derecho a la participación, introducción de cuotas, repatriación sensible al género y aspectos relacionados con la propiedad de la tierra. Tenían muchos problemas en común y ahora ésto le preocupaba a los hombres. Por supuesto, se incentivó a los hombres a permitir dicho proceso porque el facilitador, a quien respetaban mucho, apoyaba la adopción plena de la perspectiva de género en las negociaciones de paz. No podían simplemente ponerse de pié y negarse. Este es un aspecto que vale la pena resaltar – el apoyo desde arriba realmente ayuda mucho. Dentro de su propio espacio, las mujeres eran capaces de romper rápidamente las barreras que los hombres habían sido incapaces de derribar en más de 4 años de reuniones permanentes. Podían trabajar en forma independiente del proceso formal y llegar a soluciones rápidas. Estas mujeres no se conocían, no conocían los documentos, pero eran capaces de llegar a un consenso y beneficiarse de la experiencia obtenida por otras mujeres en la región. Por ejemplo, en Tanzania, Uganda y Sudáfrica tenían cuotas y ellas rápidamente se dieron cuenta que también las necesitaban. Estas mujeres participaban porque tenían confianza en la paz, mientras que los hombres firmaban con cinismo. Todos señalaron que firmarían el acuerdo porque se sentían obligados a hacerlo. En el caso de las mujeres, ellas valoraban la necesidad muy real de lograr la paz y consideraban que algo positivo podía obtenerse de este ejercicio.

3. La Necesidad de Mantener el Impulso – El Diálogo Inter-Congolés

Desde Julio del 2000, este proceso ha sido replicado en la región de los Grandes lagos y en Afganistán. En 2001, Sir Ketumile Masire, ex Presidente de Botswana y facilitador del Diálogo Inter-Congolés, solicitó el apoyo de UNIFEM para desarrollar métodos que permitieran promover la participación de la Mujer y la

perspectiva de género en el Diálogo. Con el apoyo del Departamento de Asuntos Políticos, se convocó a dos mesas de conversaciones de paz de mujeres, antes del inicio del Diálogo, para capacitar a las mujeres sobre la dimensión de género en las reformas constitucionales, electorales y judiciales. Finalmente, 40 mujeres provenientes del gobierno, partidos de oposición y sociedad civil participaron en las Negociaciones de Sun City realizadas en marzo del 2002. Las “Mesas para Conversaciones de Paz” ayudaron a las mujeres delegadas a promover la perspectiva de género en las reformas constitucionales, electorales y judiciales. Producto de estas mesas de conversación se elaboró un documento muy importante como plataforma para las mujeres que trabajan por la paz – la declaración de Nairobi. Las participantes evaluaron la situación e identificaron la necesidad de pensar en el proceso de paz en forma proactiva. El problema principal de los grupos de la sociedad civil parece ser el no compartir la información, especialmente entre grupos del este y oeste y, especialmente, la carencia de recursos para hacer un seguimiento. Esto ha llevado a que se interrumpa la comunicación entre las organizaciones de mujeres.

4. Comunicación Permanente Gatillada por las Negociaciones de Paz – el Medio Oriente

La eficacia de los diálogos entre mujeres para crear confianza, reconciliación y una cultura de tolerancia se evidencia en los diálogos entre mujeres palestinas e israelíes antes y durante el proceso de Oslo. Las mujeres palestinas e israelíes empezaron a reunirse en forma clandestina durante la primera Intifada, cuando varias mujeres israelíes del campo de paz visitaron y distribuyeron alimento en las comunidades palestinas bajo estado de sitio. A partir de este movimiento se estableció el Jerusalén Link en Bruselas en 1992 y después del acuerdo de Oslo las mujeres palestinas empezaron a visitar los hogares de las mujeres israelíes. Según Zahir Kamal, miembro destacada del Jerusalén Link, el propósito “era ser capaz de ver al enemigo como ser humano” a través del trabajo. Producto de este movimiento, surgieron destacadas líderes femeninas que llegaron a ocupar posiciones claves en cada gobierno, incluyendo a Hanam Ashrawi en el Consejo Legislativo Palestino y a Naomi Hazan, Presidente del Knesset. En 1996, Jerusalén Link incluso se abocó al tema del estatus de Jerusalén, uno de los aspectos más contenciosos entre ambas partes.

5. Creación de un Electorado femenino - Irlanda

Otro ejemplo de la creación de un electorado femenino es la Coalición de Mujeres de Irlanda del Norte (NIWC), partido político oficial de mujeres que obtuvo dos escaños en las elecciones para determinar los cupos en la mesa de negociaciones. El proceso de formación de la NIWC, que atrajo mujeres del sector de ONGs y organizaciones comunitarias, no estuvo libre de dificultades para formular una agenda política claramente articulada. Las mujeres de la NIWC poseían diversos antecedentes en términos de religión, clase social e ideología y decidieron abrazar tres principios claves: derechos humanos, igualdad e inclusión. Para los miembros de la NIWC, no fue tarea fácil transformar su identidad y

estatus social como líderes comunitarias y sin fines de lucro, en figuras políticas. Algunos de los éxitos de la NIWC en lograr la inserción de sus propuestas en los Acuerdos del Viernes Santo son el resultado de la capacidad de las mujeres de encontrar aspectos en común, cooperar y buscar componendas; es decir, las habilidades desarrolladas a través de un enfoque de solución de problemas. El ex Senador norteamericano George Mitchell, le otorga el crédito a las mujeres por ayudar a llegar a un acuerdo durante las negociaciones de paz en Irlanda del Norte. Durante un seminario realizado en Nueva York este año, señaló que “Las mujeres fueron las primeras en manifestar su cansancio del conflicto. Al principio fue muy difícil para las dos mujeres que lograron llegar a la mesa de negociaciones. Recibieron un trato muy rudo por parte de algunos de los políticos hombres….Gracias a su propia perseverancia y talento, hacia el final del proceso eran consideradas como valiosas contribuyentes.”

6. Institucionalización de la Representación Femenina – Somalia

Con el propósito de institucionalizar la representación femenina en los procesos de paz, se ha incentivado el uso de cuotas (se adoptó la cifra de un 30% como mínimo en la Plataforma de Acción de Beijing) como punto de partida para el facultamiento de la Mujer. Los grupos de mujeres se han movilizado en forma creciente para exigir se incluyan las cuotas en los acuerdos finales de paz que definen el diseño constitucional pos-conflicto y las reformas electorales.

En Somalia, las mujeres han estado involucradas en el proceso de paz desde la Conferencia para la Reconciliación Nacional en Somalia que se realizó en Addis Abeba, Etiopía en 1993. En gran medida ello fue posible gracias a los facilitadores de la Conferencia, el instituto Sueco para la Vida y la Paz y el Gobierno de Etiopía. Como resultado, el Consejo Nacional de Transición estableció después de la reunión en Addis Abeba que era necesario incluir una mujer en la representación compuesta por tres personas de cada una de las 18 regiones. De esta forma, continuó la representación femenina en la Conferencia Somalí de Reconciliación Nacional que se efectuó en agosto del 2000, convocada para realizarse en Artha, Djibouti, por el Presidente de Djibouti y Presidente de IGAD. En la Conferencia participaron un total de 810 delegados provenientes de cuatro diferentes clanes con 180 delegados cada uno, incluyendo 20 mujeres y 90 representantes minoritarios de la alianza con 10 mujeres. Las delegadas mujeres a la Conferencia se denominaron a sí mismas como el “sexto clan” y participaron activamente en el Comité de la Presidencia, con una mujer como Vice-Presidenta y en el Comité de Redacción de la Carta en los cuales las mujeres abogaron fervorosamente por una cuota de 12% en las esferas de toma de decisiones. A pesar de ser muy inferior a la meta internacional del 30%, las mujeres Somalíes consideraron que el 12% resultaba ser mucho más realista. Sin embargo, para muchos delegados masculinos un 12% de todas maneras era demasiado elevado: los hombres apoyaban una cuota de 5%. Las delegadas mujeres buscaron el apoyo de líderes religiosos ya que a menudo se recurría a razones religiosas para evitar el ingreso de la Mujer en la política. Al final, a las mujeres se les aseguraron 25 escaños en la Asamblea Nacional de Transición compuesta por 245 miembros, que se

estableció en agosto del 2000. La asignación de cupos se dividiría en forma equitativa entre los cuatro clanes principales y una alianza de los clanes más pequeños.

Recién la semana pasada comenzó una nueva ronda de la Conferencia Somalí de Reconciliación y sesionará durante otras tres semanas en Eldoret, Kenya, bajo los auspicios de IGAD – Autoridad Inter-Gubernamental para el Desarrollo. Se invitó a 350 personas y llegaron 1400. Pareciera que muchos falsificaron las invitaciones para poder participar. IGAD no había establecido una cuota para dicha reunión, pero había estimulado a las facciones a incluir mujeres en sus delegaciones. Además, se invitó a 100 participantes de la sociedad civil, de los cuales 35 son mujeres. UNIFEM e IGAD organizaron un Seminario para Delegadas Mujeres de Somalia con el objetivo de crear un espacio político, similar al creado durante el Diálogo Inter-Congolés, que permitiese a las mujeres reunirse y llegar a un consenso en torno a una serie de temas. Participaron 45 mujeres y unánimemente exigieron una representación de 50% en todas las negociaciones de paz. También llamaron a un alto al fuego y al desarme de las secciones armadas. Ni una sola