2.2 Construcción del territorio durante el conflicto armado a partir de las mujeres rurales
2.2.4 Mujeres y procesos de resistencia en los conflictos armados
Como se menciona en los apartados anteriores las mujeres, han sido víctimas de las relaciones de poder, dominación y gobernabilidad de los hombres hacia ellas, lo cual las ubica en un grado de inferioridad, que se ve reflejado en las guerras y en la sociedad; ante estas situaciones se generan diferentes procesos de resistencia.
Para iniciar es importante reconocer la definición de resistencia, para Oscar Useche (2014), es
“crear mundos nuevos en donde haya espacios inéditos para imaginarse formas de relación libres de poderes dominantes y ello plantea el ejercicio de la desobediencia
a toda forma de poder despótico, así como la necesidad de crear las condiciones para dar alas al impulso vital que permite liberar el cuerpo, el deseo y el pensamiento” así mismo refiere que “resistir significa asumir una nueva actitud ante el poder” (Useche Aldana , 2014).
Al asumir una nueva actitud sobre el poder las mujeres deben asumir estrategias para romper con las cadenas de dominación que se presentan contra ellas, es por ello que desde 1970 en Colombia se han gestado procesos de resistencias femeninas en donde se buscaba no solo resistir a la guerra sino “romper el muro de la privacidad y poner en el espacio público temas como la sexualidad, la doble militancia, el aborto, la libertad para decidir sobre el cuerpo, las relaciones de poder entre hombres y mujeres” (Sánchez G., 2012)
Según Olga Sánchez en las guerras, las mujeres suelen resistir por medio de la resistencia civil, la cual
“es un método de lucha colectivo que no recurre en principio al uso de la violencia en un sentido de impunidad, unilateralidad ni destrucción de los cuerpos adversarios. Muchas veces es asociada o fundida con las formas de lucha no-violenta activa. Se sitúa dentro de ese marco más amplio, aunque no necesariamente implique que acepte: una ética pacifista o no-violenta” (Sánchez G., 2012)
Oscar Useche (2014) manifiesta que la
“resistencia civil no violenta emerge como una propuesta de vida transversal a la acción social liberadora y se expresa en la construcción cotidiana de nuevos modos de vida y de convivencia humanas y en caminos inéditos dirigidos hacia una democracia profunda. Esto implica abrirse a nuevas miradas sobre los principales problemas de orden político, social y cultural; replantear el problema del poder y las maneras en que éste se constituye; cuestionar la lógica dialéctica que impone la guerra; apartarse de las prácticas de representación y de participación que reproducen el sistema político de inequidad; y alentar la desobediencia a todo tipo de despotismo, promoviendo la autonomía y la reconstrucción del tejido social afirmativo de la vida”. (Useche Aldana , 2014)
Olga Sánchez (2012) refiere que existen unos elementos para el desarrollo de una estrategia no violenta los cuales son:
• Acción simbólica: es “una expresión de la unidad y determinación de la resistencia; desafiar a los no participantes para que adopten una postura respecto a la misma” (Sánchez G., 2012).
• Acción de repudio: “Apunta a despojar al oponente de los frutos de la agresión o de un orden social, político o económico injusto” (Sánchez G., 2012).
• Acción de zapa: “Son las actividades que tratan de abrir y explorar las divisiones existentes en el campo contrario, y de cerrarle el acceso a la colaboración de terceros” (Sánchez G., 2012).
Oscar Useche manifiesta que las mujeres tienen claridad en cuanto a la
“acción colectiva con otras mujeres en donde tienen la opción de salir adelante. La protección, la solidaridad y el acompañamiento entre mujeres han sido fundamentales para el proceso organizativo y el trabajo con ellas”, quienes “en sus búsquedas, esperanzas y dolores han tenido la capacidad de diseñar medidas de protección como fortalecer la comunicación y advertir sobre lugares y situaciones, que han llevado a redefinir las relaciones y el encuentro con otras mujeres y vecinos.” (Useche Aldana , 2014)
Manifiesta también que esto permite avanzar especialmente en el reconocimiento de identidades.
Sally González, también afirma que los movimientos de mujeres
“en tanto objeto histórico es asumir que se constituye como experiencia histórica a partir del tramado de grupos y organizaciones que comparten identidad colectiva, una suerte de cultura común, sumergida en prácticas cotidianas. En su devenir histórico el movimiento ha experimentado nuevas pautas culturales, nuevos sistemas de significación que con frecuencia se han opuesto a las relaciones dominantes”. (Gonzalez Higuera, Colmenares Vargas, & Ramírez Sánchez Vargas, 2001)
Finalmente, a nivel internacional, gracias al trabajo que vienen forjando grupos feministas se han logrado avances en la reivindicación de los derechos de las mujeres; ello se ve reflejado en los decretos y acuerdos internacionales que marcan una hoja de ruta para el trabajo por la defensa de los derechos de las mujeres en diversos países a nivel mundial. Entre los acuerdos internacionales de mayor importancia se encuentra: Declaración sobre la Eliminación de la Violencia Contra la Mujer-1993, Carta internacional de derechos para las mujeres-1779, Comité para la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer, vinculado con la CEDAW, de Naciones Unidas, el quinto objetivo del desarrollo sostenible- Igualdad de género “Poner fin a todas las formas de discriminación contra las mujeres y niñas no es solo un derecho humano básico, sino que además es crucial” y el tercer punto de los objetivos del milenio “Promover la igualdad entre los géneros y la autonomía de la mujer”. A nivel nacional se encuentra la Ley 1257 de 2008,
“la cual tiene por objeto la adopción de normas que permitan garantizar para todas las mujeres una vida libre de violencia, tanto en el ámbito público como en el privado, el ejercicio de los derechos reconocidos en el ordenamiento jurídico interno e internacional”.