4. ANTECEDENTES TEÓRICOS:
4.6. En busca de la Distinción
4.6.2. La narco estética:
El narcotráfico es una forma de comercio de drogas ilícitas, que ha existido desde hace ya varios siglos, en diversos países. Alonso Salazar, explica que en Colombia, el narcotráfico existe desde los años de 1960, y se fortaleció en los años 80´s. Salazar, señala que el narcotráfico va más allá de su dimensión criminal y se ha convertido en un
fenómeno cultural de gran impacto que ha influido desde las maneras de rezar hasta el sistema político. Es considerada una cultura emergente por ser un conjunto de tradiciones y estilos de vida, que han incorporado de manera ecléctica elementos de la cultura campesina,
de fuertes sentidos religiosos, de la cultura urbana- populares y de la cultura del consumo capitalista. Desde esta perspectiva el narcotráfico, conjugó diversas tradiciones, con las que constituyeron una estética, un lenguaje y unas creencias con cierta homogeneidad. (Salazar, 2008)
El narcotráfico es para Colombia, una cultura que se gestó durante varias décadas en las periferias sociales, que ha brotado en territorios de premodernidad, con un sistema de valores que le fue funcional para insertarse primero en las zonas populares y luego en diversos sectores de la sociedad. Los narcos acompañaron el favorecimiento de los humildes con el derroche de dinero y de fuerza, el consumo fastuoso y la ritualidad
religiosa, utilizando mecanismos de que suelen ser utilizados para la reafirmación personal y colectiva de quienes vienen excluidos del mundo, para este grupo de personas el poder y el dinero carecen de sentido sin la posibilidad de exhibición pública. (Salazar, 2008).
La narco- cultura está Pues está imbricada en el pensamiento colectivo de algunos jóvenes. Ésta es definida como una estética que se incrusta en la cultura colombiana, y se caracteriza por ostentosa, exagerada y grandilocuente. “No es mal gusto, es otra estética, común entre las comunidades desposeídas, que se asoman a la modernidad y solo han encontrado en el dinero la posibilidad de existir en el mundo”. (Rincon, 2009, pág. 147) Hay mucha tela para cortar, cuando no referimos a lo narco, pero nos centraremos en su estética, aunque muchos nos molestemos por sus gustos, por atreverse a exponer su capacidad adquisitiva de forma ostentosa, exagerada y desproporcionada como estrategia para elevar su estatus social. Afirma Rincón que “criticar la narco- estética es un acto de arrogancia burguesa, por lo tanto, esto no es una crítica ni tampoco una celebración” (Rincon, 2009, pág. 147). La narco estética, está presente en la actualidad y en el
pensamiento de los jóvenes, ya sea para ser juzgada, como lo hacen los adolescentes de la clase alta, o para apropiársela, como puede ser el caso de los Chamakos.
“Lo narco es una estética, una forma de pensar, una ética del triunfo rápido, un gusto excesivo, una cultura de ostentación. Una cultura del todo vale para salir de pobre, una afirmación pública de que para qué se es rico si no es para lucirlo y exhibirlo. El método para adquirir esta cultura es solo uno: tener billete, armas, mujeres silicona, música estridente, vestuario llamativo, vivienda expresiva y visaje en autos y objetos…” (Rincon, 2009, pág. 148)
Este fenómeno de la narcoestética, es entonces una forma de escalar en la sociedad. Y la moda uno de los instrumentos para lograr este objetivo. Según Lipovetsky, los
decretos de la moda consiguen extenderse gracias al deseo de los individuos de parecerse a aquellos a quienes juzga como superiores y a aquellos que irradian prestigio y rango. Por lo cual la moda ha sido un instrumento de representación, de afirmación social y de
pretensión social. Por lo que se entiende que la expansión de la moda, desde un comienzo no fue un espacio de las clases inferiores. Para explicar mejor esta idea, Lipovetsky, explica que antes de los siglos XIII y XIV, en Europa se respetó la jerarquía de las condiciones, los nobles vestían joyas y telas preciosas y los plebeyos tenían prohibido exhibir las mismas telas y los mismos accesorios. De este modo el atavío de moda fue durante mucho tiempo un consumo de lujo y prestigio, limitado esencialmente a las clases nobles. No obstante, a partir de los siglos XIII y XIV, mientras se desarrollaba el comercio y los bancos, se constituyeron inmensas fortunas burguesas y apareció entonces el nuevo rico de ritmo de vida fastuoso, que se vestía como los nobles, se cubría de joyas y telas preciosas y rivalizaba en elegancia con la nobleza de rango. (Lipovetsky, 1996)
A partir de este momento la moda constituyó una función vital en la sociedad que consistió en permitir disolver el orden inmutable de la apariencia tradicional y las
distinciones intangibles entre los grupos, favoreciendo diferentes transgresiones en
contextos sociales, políticos y religiosos. La moda también permitió una relativa autonomía individual en materia de apariencia. Lo propio de la moda ha sido imponer una norma en conjunto y simultáneamente, dejar sitio a la manifestación de un gusto personal, y comprender la moda como expresión de libertad de los individuos. (Lipovetsky, 1996)
En este último argumento es importante reconocer que la función de la moda no debe entenderse exclusivamente como un método para escalar socialmente, sino que tiene un carácter de construcción de la individualidad y de la identidad, que van de la mano con las relaciones de poder en donde las personas muestran mediante su apariencia lo que se es, lo que se quiere ser y el estilo de vida.