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LAS NOVELAS DE DESCARTES O LA ECONOMÍA DE LAS PALABRAS

Así pues, habíam os in te rp re ta d o u n a secu en cia histórica en el curso de la cual cierta política de la lengua se había im puesto podero sam en te. H abíam os analizado su lógica, su reto rcim ien to , su disim etría. E ra ésta u n a de las tres grandes secuencias de u n a h isto ria del francés co m o lengua de Esta­ do. En ella se inscribe el aco n tecim ien to intitulado) el D iscur­

so del Método, al m enos en tan to fue escrito «en francés...

lengua de mi país». Luego habíam os distinguido los tres tipos de texto que, sucesiva o sim u ltáneam en te, d eberíam os tratar. Nos hem os interesad o co n stan tem en te - m e refiero al co ­ m ienzo y al final de la sesión a n te r io r - p o r el m odo en que esta d eclaración se co m p ro m ete con su p ro p ia lengua, hasta el pu n to de no o frecer posibilidad alguna de prestarse a u n a traducció n: alguien declara, en p rim e ra p erso n a de presente de indicativo, que d eclara lo que d eclara en tal lengua; resu l­ ta, por o tra p arte, que esta lengua es su p ro p ia lengua, la de su país o su lengua n atu ral, nativa o nacional, p e ro esto no es esencial en la e stru c tu ra de este en u n ciad o ni en lo que en él desafia a la trad u cció n . Si D escartes h u b iera escrito en latín: escribo en latín, el p ro b le m a h ab ría sido el m ism o.

Ahora bien, nos habíam os deten id o un instante en el h e­ cho de que este pasaje («si escribo en francés, que es la lengua de mi país») fue om itido en la tra d u c ció n latina revisada po r el prop io D escartes; com o si u n a frase que en u n a lengua destaca, que está escrita en esta m ism a lengua, no tuviera sentido alguno que p u d iera co n serv ar u n a tra d u c ció n en tan ­ to que tal trad u cció n , al m enos si se atiene u n o a un d eterm i­ nado co n cep to de trad ucción.

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Sin em bargo, esta frase tien e u n sentido, u n sentido b a s­ tan te sencillo y a la po stre fácil de trad u cir. Su resisten cia a la tra d u c ció n no es del m ism o o rd en que la de u n poem a, al m enos en sus efectos form ales o en sus so b red eterm in acio ­ nes sem ánticas. Tiene, sí, u n a afinidad co n el p o em a en la m edida en que éste, p o d ría decirse, im plica en todos los ca­ sos, incluso au n q u e no lo d eclare expresam ente, u n a afirm a­ ción de p e rte n e n c ia a u n a lengua n atu ral, la «propia» lengua del signatario.

P ero si la frase de D escartes tiene un sentido claro y distin­ to, el presen te de su e n u n ciació n se h alla ligado irre d u ctib le ­ m en te a u n a lengu a que no solo form a, com o es evidente, el tejido significante de esta presentación, sino tam b ién el tem a significado: cam b iar de len gu a es, en este caso, a n u la r el co ­ razón m ism o del «significado». No ya -rie s g o que se c o rre a m en u d o co n las tra d u c c io n e s - a lte ra r en tal o cual p ro p o r­ ción el significante, el significado o la e stru c tu ra de la re la ­ ción e n tre am bos, sino, p u ra y sim plem ente, d e stru ir el a lcan ­ ce esencial de la frase y de todo el p árrafo, incluso de todo el texto que, d irectam en te o no, co n ella se encadena.

Esta frase no es, pues, sim p lem en te in tradu cibie. Lo que co n ella sucede es m ás grave y m ás singular. O tros p od rían d e c ir que es m enos grave y m ás trivial, y con b u en as razones: la p rim e ra de las cuales es que os hablo en este m o m en to en inglés, después de h a b e r escrito esto en francés, y que no p arece seguirse de ello n in g u n a catástrofe. P or eso, cuando digo que el «Y si escribo en francés...» (repárese en esta sinta­ xis y en el juego sutil del «si») se resistía a la trad u cció n , llevaba yo al lím ite u n a situación que h acía decir, m ás razo n a­ b lem en te, a Adam y Tannery: «No había lu gar a traducir». La expresión «no h a lugar» atraviesa m últiples códigos, en tre ellos el código ju ríd ic o de la obligación («no se debe», «está prohibido»), el código de la utilidad técn ica (no es útil u o p o r­ tun o ) y el de la co n v enien cia social (no es co stum b re, está fuera de lugar, etc.). A hora b ien , p a ra u n a tra d u c c ió n que se

diera por tal, y cuyo le c to r su p iera que rem ite a u n original

au sen te, ¿cuál sería la objeción? B ien p u ede im aginarse u n a tra d u c ció n latin a que dijera: ésta es la razón p o r la que e scri­

LAS NOVELAS DE DESCARTES 57 bo en lengua vulgar, en la lengua de mi país, que resu lta ser el francés... Y esto h a sucedido en tra d u c cio n e s e n tre lenguas vivas (inglés, alem án, etc.). Basta con que éstas se presenten com o trad u ccio n es del francés - l o que p o r o tra parte resulta legible y evidente gracias a esta m ism a fra s e - p a ra que se b o rre toda am bigüedad. He ahí p o r qué, en efecto, la cosa no sería grave: el texto dice, entonces: «Soy u n a trad u cció n , es­ táis leyendo u n a tra d u c ció n que se p resen ta co m o la tra d u c ­ ción de un original que se presen ta com o origin alm en te es­ crito en la lengua del signatario».

A hora bien, sostengo que es precisam en te esto lo que su­ cede ya en francés, en lo que aquí se d en o m in a el original. Y sólo así se puede explicar u n a om isión, que se da ú n icam en te en la tra d u c ció n latina, de u n párrafo que las trad u ccio n es a lenguas vivas n u n c a han suprim ido. Y es que la versión latina de este texto, su po n iendo que aú n la llam em os trad u cció n , conserva u n estatuto co m p letam ente diferente. Esto tiene que ver con la situación h istórica y política de que h abláb a­ m os en la sesión an terio r. El latín no es u n a lengua extranjera com o cu alq u ier otra. Y esta tra d u c ció n al latín no es u n a trad ucción , al m enos en la m edida en que u n a tra d u c ció n se p resen ta com o tal al rem itir, p o r co n trato , a un original. En este caso se tra ta m enos de h a c er derivar o «conducir» (com o decía aquel texto, al h a b la r de conducir desde el griego o el latín a estas m arc(h)as...) u n a len gu a original h acia u n a se­ gunda lengua, que de reconducir h acia lo que habría debido ser, en derecho, la lengua original. En u n a situación conside­ rada norm al y normativa, había lugar a que los libros de cien ­ cia, de d erecho y de filosofía fuesen escritos en latín. ¿Por qué D escartes ha co nsentido u n a tra d u c ció n al latín, u n a lengua «muerta»? ¿Dónde se ha visto jam ás que haya lug ar a tra d u c ir u n a lengua viva a u n a lengua m uerta, a u n a lengua que ya

nadie hable? La tra d u c ció n es aquí de escritu ra, de palabra

posible a escritura. Si D escartes cedió, fue en p rim e r térm ino ante una ley, u n a norm a, un co n trato social aú n entonces d om inante en ciertos m edios: se debía, en principio, escribir en latín los textos p ara los cuales - y éste era el caso de la filo sofía- el francés no podía resu lta r sino u n a leng ua vulga-

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rizadora. Y si p o r azar, p o r digresión o incluso p o r tra n sg re ­ sión, se sim ulaba co m en zar p o r la lengua vulgar, si se co m e n ­ zaba, en sum a, p o r la tra d u c ció n , había lu gar a volver ráp id a­ m en te a la leng u a original, su p uestam en te norm al, que debía seguir siendo el latín. La versión latina no es, pues, sino u na

restitución, u n a llam ada o u n a vuelta al orden. Sólo esto ex­

p lica las explicaciones em barazosas, y h asta las justificacio­ n es inq u ietas de D escartes en la versión francesa.

Aquí cab en dos observaciones de o rd en m uy diferente: 1. H ablam os de u n a lógica y de u n a topología, tam b ién de u n a fo ro n om ía de la trad u cció n . Una traslatio va de u n lu g ar lingüístico a otro, de u n origen a u n no-origen que habría/

habrá debido ser, en derecho y en la lengua del derecho, el

origen. Esta a n d a d u ra tra n sp o rta lo que ya ap are c ía en traba­

jo de tra d u c ció n .k Y este trayecto sin lín ea re c ta circ u la en tre

la lengua, en el sentido c o rrien te de lengua hablada, y el tex­ to, en el sentido estrech o de len g u a escrita. T ra d u cir el Dis­

curso al latín e ra llevarlo a la e scritu ra o h acerlo legible en

ciertas condicio n es y p a ra ciertos lectores, p a ra to d os los su ­ jetos co m p eten tes en ciertos ám bitos, incluso si no lo eran, lingü ísticam ente hablando, p a ra el francés. Los sabios ingle­ ses, italianos, alem anes, p odían leer, en esa lengua de e scritu ­ ra q ue e ra el latín, la Dissertatio de M ethodo (1644), incluso au n q u e no p u d ieran e n te n d e r el Discurso de 1637. Discurso p arece, p o r o tra p arte, m ás pró xim o al habla; Dissertatio, al escrito. Si la versión latina es u n a restitu ció n a la e scritu ra y al d erech o , no nos ap resu rem o s a c o n c lu ir que la vocaliza­ ción del Discurso ten ía valo r de tran sg resió n o de liberación. Lo hem o s verificado: confiere dignidad de esc ritu ra y de ley a otras fuerzas en tra n c e de conv ertirse en fuerzas de ley: las de u n Estado m o n árq u ico . Del m ism o m odo, bajo la R evolución, los m aestros iban a los m unicipios, en n o m b re de la ley, p a ra

pronunciar allí las leyes en francés. P u d iera hab erse ten id o la

te n ta ció n de p e n sa r estos itin erarios que tra d u c e n com o p a ­ sajes e n tre dos polos (ley/no ley, e scritu ra/h a b la , m u e rte / vida, len gua m u e rta /le n g u a viva, lengua p a te rn a /le n g u a m a­ te rn a , etc.). En absoluto. Y esto tal vez sea lo esencial de lo

LAS NOVELAS DE DESCARTES 59 que así se prueba. En todo m o m en to hay dos fuerzas de facili­ tació n 1 y de resistencia, y cada u n a lleva en sí, a la vez, vida y m uerte.

2. Al h a b la r de restitución, no m e refería a u n a e stru c tu ra virtual y oculta. De hecho, en gran m edida, lo que hay de discurso del m étodo en la o b ra que lleva este título se lee tam b ién com o la tra d u c ció n fran cesa de las Regulae ad direc-

tionem ingenii,2b texto escrito en latín, ocho año s antes del Discurso: original en cie rta m an e ra oculto, ya que n o fue p u ­

blicado en vida del autor, au n q u e circu ló fuera de Francia. Se sabe que Leibniz lo había leído. Las Regulae p o d rían ser, en latín y precisam en te avant la lettre, u n a Dissertatio de Metho-

do. A bundan en ellas la p alab ra «método» y el vocabulario

«viático»; se tra ta tam b ién de reglas: p recep to s técnicos y éti­ cos, deontología del con o cim ien to o de la investigación, en «la búsq u ed a de la verdad» (com o dice tam b ién el título de la

Regla IV). Reglas: la p alab ra expresa b ien lo que ha lugar a

h acer, de form a regular, re c u rre n te , repetitiva y, p o r tanto, form alizable, p a ra co n d u c ir y co n d u cirse b ien en la vía del co n o cim ien to cu an d o se req u iere dirigir p recisam en te el pro p io espíritu, dirigirse, co n d ucirlo rectam ente (recte) p o r el b u e n cam ino, en la dirección c o rrecta, a la «dirección» co­ rrecta. Un tratad o en latín h a b rá p reced id o pues, casi en se­ creto, al discurso francés, que desde ento n ces sem eja, en u n a p arte p o r determ in ar, u n a tra d u c ció n vulgarizadora, u n itine­ rario que trad u ce. En cu an to al m étodo y a la cartografía del cam ino, el m otivo del «camino» (prefiero «motivo» a figura o a m etáfora p o r razones que explico o explicaré en otro lu gar y p orque «motivo» al m eno s conserv a la ind icació n de m ovi­ m iento: com o «m etáfora», d irán ustedes, p ero sin otros p re ­ supuestos retó rico s), no d iré aquí sobre ello m ás que unas pocas palabras, reserv an do desarrollo s m ás extensos p a ra las discusiones y las sesiones de sem inario. El m otivo del «cami­ no», de la «vía», es, com o saben, ya d eterm in an te en las Regu- 26

26. D escartes, Reglas para la dirección del espíritu, M adrid, Alianza, 1989.

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lae. Este texto inacab ad o tuvo tam b ién p o r estos avatares u n

destino «viático»: vuelve de su viaje, co n otros papeles, en un cofre e n c o n trad o en el fondo del Sena. El b a rc o que los traía de R ou en a París zozobró. H ubo q ue te n d e r las Regulae para secarlas, lo que, dice el biógrafo Baillet, «no p u d o h acerse sin m u ch a confusión, sobre todo en m anos de criado s que en absoluto ten ía n la inteligencia de su am o p a ra m anejarlos y co n serv a r su o rd en y com posición».27 El o rd en de las razones sup o n e la inteligen cia del a m o ” C lerselier, em bajador de F ran cia en Estocolm o, am igo de D escartes, h e re d e ro suyo - a l m enos de sus p a p e le s -, había clasificado las Regulae e n ­ tre loS textos cuya p u b licació n no urgía: sin d u d a p o rque, in acab ad o y escrito tam b ién en latín, dicho texto ten ía pocas posibilidades de in te re sa r a ese «gran» p ú b lico al que C lerse­ lie r h u b iera deseado d a r a c o n o c e r a D escartes. En su Prefa­ cio al to m o II de las Cartas, hace, en efecto, notar: «Los lib re­ ros m e h an asegurado que el gran n ú m ero de Cartas Latinas que había en el p rim e r vo lu m en h ab ía sido causa de que va­ rias personas, que n o tie n e n ningún c o m ercio co n esta le n ­ gua, no lo h u b iera n co m p rado , e incluso h abían h e ch o c re e r a algunos que lo m ejo r del libro les h abía sido ocultado».28 Com o hoy, tam b ién e n to n ces el lib rero señalaba que los li­ b ro s de filosofía escritos e n c ie rta len gu a no son m uy solicita­ dos. P ara v ender, es p reciso cam b iar de lengua, reg u la r el discurso en función de la cap acid ad de lec tu ra del m ayor n ú m ero posible de co m p rad o res. Y esta sep aració n e n tre le n ­ guaje o rd in ario y len gua «difícil» (eso térica o form alizada) p u ed e se r m ayor en el in te rio r de u n a «misma» lengua que e n tre dos idiom as. Apenas hay n ecesid ad de h a c e r tran sp o si­ ció n alguna p a ra p e rc ib ir la actu alidad del p roblem a: p edagó­ gico, académ ico, editorial, eco n ó m ico , político.

Al escrib ir en len gua vulgar, D escartes q u ería facilitar el acceso a la facilidad (tem a del que hab larem os en el tra n s c u r­

27. A drien Baillet, La vie de M onsieur Descartes, 1691, reim p re sió n , Gi­ n eb ra, S tarkine, 1970, pág. 428.

28. Lettres de M. Descartes. O ü sont expliquées plusieurs difficultés tou-

LAS NOVELAS DE DESCARTES 61 so del sem inario), evitar el desvío a través del sa b er archivado en los antiguos libros. Tenía en to n ces en c u e n ta la fragilidad filosófica de los «espíritus débiles», y lo explica, no sin cierto em barazo, en u n a ca rta a Silhon (filósofo y secretario de Ma- zarino). Su ca rta (m arzo de 1637)29 com ienza p o r d e c ir que h a qu erid o h a c e r las razones «fáciles p a ra to d o el m undo»: «Con­ fieso que hay u n gran defecto en el escrito que habéis visto, tal com o lo recalcáis, y que no he d esarro llad o lo bastante las razones p o r las cuales pienso p ro b a r qu e no hay n ad a en el m u n d o que sea, de suyo [y p o r lo tanto, n ad a m ás fácil], m ás evidente ni m ás cierto que la existencia de Dios y del alm a hum ana, para hacerlas fáciles para todo el m u n do [la cursiva es m ía]. Pero no m e he atrevido a in ten tarlo , p o r cuanto m e h u b iera sido preciso explicar co n detalle las razones de m ás peso de los escépticos [...]». Los «espíritus débiles» a los que se dirige en francés no están suficien tem en te p ertrech ad o s p o r la escuela, ni avezados en la disciplina filosófica. D escar­ tes tien e m iedo: c ed erán a los arg u m en tos de los escépticos, de los que yo haré u n uso tan sólo retó rico , m etódico y provi­ sional. Com o son débiles, no sab rán ir o volver a lo m ás fácil, a la evidencia de las ideas claras y distintas, al cogito, a la luz n atu ral de la «pura razón» a p a rtir de la cual se p ru eb a la existencia de Dios, etc. Van a dejarse im p resio n ar p o r la duda escéptica, arg u m en to de escuela rec ien te m e n te aprendido, se alzará u n a b a rre ra en su ru ta h acia lo m ás fácil, esa no-ruta, ese p u n to de p artid a en u n o m ism o q ue es u n a evidencia in ­ tuitiva. Paradoja estratégica, que se debe a la situación histó­ rica y lingüística: al escrib ir en francés p a ra facilitar las coséis a los espíritus débiles (insuficientem ente escolarizados o es- colastizados), n o p u ed e ir con tan ta seguridad h acia lo m ás fácil y lo m ás cierto, valor absoluto de esta m etodología filo­ sófica. Más adelante: «[...] Pero tem í que esta in tro d u cció n

[que acab a de reco n stru ir], que hu b iera p arecid o al princip io q u e re r in tro d u c ir la opinión de los escépticos, turbase los espíritus m ás débiles, p rin cip alm en te p o r escrib ir yo en len­ gua vulgar [...]».30

29. O euvres et Lettres, op. cit., pág. 962. 30. IbícL, págs. 962-963.

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Al decidirse a e scrib ir en len g u a v ulgar p a ra dirigirse m ás fácilm ente con ella a u n a «razón natural», que la escuela y los libros antiguos a ú n no h a n ofuscado ni en so m b recid o , y que la dogm ática, in to leran te con la duda, aú n no h a im p resio n a­ do, D escartes se h alla obligado a u n a c ie rta facilidad, en el m al sentido de la palabra. F acilidad que perju d ica el acceso a la «buena» facilidad. La cu lp a no es ni de la len gu a v ulgar ni de la debilidad de los espíritus, de su «im becilidad» n atural, p ro p ia de espíritus no adiestrados. La cu lp a es institucional, im p u tab le a la escu ela y a la trad ició n . D ébiles y despreveni­ dos, esos espíritus vírgenes que no en tie n d en sino el francés, van a dejarse in tim id ar p o r la d u da escéptica: arg u m en to de escuela, archivado, tipificado, ritual. Y, sin em bargo, el orden debe lib e rar el espíritu del sensualism o, del dogm atism o es­ p o n tán e o que im pide d u d a r de las certezas sensibles. Este o rd en req u ie re el pasaje p o r la d uda escéptica, al m eno s p o r su esq u em a argum entativo, p o r su len gu a y su retó rica, a fin de tra n sfo rm ar la d u d a escéptica en d u d a m etódica. A hora b ien, esta len g u a y esta re tó ric a de la d u d a escéptica están ligadas h istó ricam en te a la leng u a de la escuela y al latín. D escartes tem e, en ton ces, los efectos p aradójicos y p e rn ic io ­ sos de este o rd en sob re los «espíritus débiles» que lo recib en, fuera de contexto, en su p ro p ia lengua m aterna. Debe pues

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