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2. MARCO CONCEPTUAL

2.5 NUESTRA VISIÓN COMO REALIZADORAS

Cuando decidimos hacer un cortometraje de terror con características similares a las del cine de serie B no creímos que fuera a ser muy diferente de hacer un cortometraje de cualquier género. Pero cuando nos sentamos a escribir el guión notamos que estábamos entrando en un mundo completamente desconocido para nosotras y que lo primero que debíamos hacer era informarnos.

Fue entonces cuando empezamos a buscar en internet eso que llamaban serie B. En principio creímos que este no se trataba más que de una producción de bajo presupuesto, ahí supimos que nuestro corto sería, sin duda, un serie B, ya que no planeábamos invertir en el proyecto más de dos millones de pesos cada una. Pero entonces se nos presentó un segundo interrogante, ¿qué es el cine de terror? Y volvimos a acudir a internet, donde encontramos la grandiosa Wikipedia, que sale al rescate de cualquier estudiante universitario. Sin embargo, no pudimos comprender lo que era el cine de terror y menos aún lo que era el terror, por lo que empezamos a buscar bibliografía sobre el tema.

Al encontrar los libros que hemos citado en los antecedentes de este proyecto, entendimos que el género de terror era uno de los más difíciles de hacer, ya que muchas veces no parece algo verdadero, sino más una burla hacia el género.

Decidimos seguir adelante y fue como se nos vino la primera idea a la cabeza. Pensamos que el argumento central de nuestro cortometraje podría tener algo que ver con nuestro folclor y así nos imaginamos una Patasola gigante, “espichando” el edificio Colpatria. Esa imagen era un clásico del cine serie B y de ahí empezó la investigación sobre las leyendas míticas colombianas. Leímos sobre muchas de ellas y llegamos a la conclusión de que nuestros monstruos serían el Sombrerón, la Patasola y el Tunjito de Oro.

Cuando escribimos una primera sinopsis y la mostramos a familiares, amigos e incluso a nuestro asesor, lo que recibimos fue una gran carcajada y una que otra crítica sobre lo que podría suceder a partir del mal uso y quizás abuso de las leyendas mitológicas colombianas de una forma irrespetuosa.

Al recibir esta reacción nos convencimos de que este no era el camino del proyecto, ya que pretendíamos hacer un cortometraje de terror serie B. Pero no solo esta fue la ayuda de semejantes comentarios, también nos dimos cuenta de que los serie B, que además tienen monstruos, ya han perdido vigencia, por lo que no debíamos preocuparnos tanto por crear un miedo colectivo como el que el terror supone, sino, sencillamente, lograr hacer un corto que tuviera las características del cine de terror y del serie B y que sí creara un poco de incomodidad al espectador.

En esta segunda etapa de la investigación nos dedicamos a encontrar a nuestro monstruo. Repasamos muchas películas, sinopsis e historias hasta que encontramos que nuestro tema sería la radioactividad y cómo esta afecta al ser humano. Vimos películas como Tarántula y El increíble hombre menguante, de Jack Arnold, y nos convencimos de que este era el nuevo camino. Después buscamos los personajes principales y vimos películas más contemporáneas, como Scream, de Wes Craven, y I Know what you did last summer, de Jim Gillespie, pues consideramos que era importante darle un toque moderno a la historia. Entonces, escribimos un guión donde cuatro amigos salen en busca de un lugar abandonado en la Segunda Guerra Mundial, donde todavía quedaban vestigios de los experimentos hechos con humanos.

Para la escritura del guión nos basamos en el libro De la idea al guión, de Doc Comparato, y empezamos así a escribir los perfiles de los personajes, la sinopsis, el argumento, las líneas argumentales, la escaleta y, finalmente, el guión, que tuvo varias versiones. La primera versión, de cinco en total, era una historia cómica sobre cuatro amigos que insistían en ir a un lugar para que finalmente se los comiera un monstruo, así comenzó todo y fue variando. Después, con ayuda del asesor del proyecto y profesores de

la Universidad Javeriana, pudimos moldear el guión hasta lograr la quinta versión que fue la rodada.

Ya teníamos un guión, pero no teníamos equipo técnico, solo una directora general y una directora de arte, por lo que tuvimos que acudir a los amigos para conformarlo. Una vez estuvo listo el equipo técnico empezamos a buscar los actores, que muy amablemente aceptaron el proyecto sin pedir ningún tipo de remuneración a cambio. Las reuniones del equipo técnico fueron un desastre, pues es muy difícil que 20 personas se pongan de acuerdo en una fecha y hora si no hay ningún tipo de motivación económica.

Así seguimos hasta que logramos reunirlos a todos, justo una semana antes de grabar. Una llamada desató todos los problemas que tuvimos en el rodaje. El director de fotografía se echaba para atrás. Entonces, a una semana de empezar el rodaje, tuvimos que buscar un nuevo director de fotografía que no solo no cobrara, sino que no tuviera problemas con las fechas ya concretadas para el rodaje y, lo más importante, que además confiáramos en su trabajo. Fue imposible encontrar estas tres condiciones juntas, por lo que tuvimos que ser más flexibles en la última, ya que era imposible pagarle y mucho menos correr los días de rodaje. Cuando conocimos al fotógrafo nos pareció que estaba dispuesto a hacer el trabajo. Alguien que creía en los cortos universitarios y que iba a poner todo de sí. Lamentablemente nos equivocamos, pero nos curamos en salud y le pedimos ayuda a un amigo fotógrafo para que nos hiciera una asistencia en cuanto a look y color.

Empezó el rodaje con el día más difícil de producción. Sabíamos desde antes que hay dos cosas que nunca se deben hacer: una, empezar un rodaje por el final de la historia, y dos, empezar con las escenas más difíciles y más largas. Ambos errores los cometimos, pues no teníamos otra solución. La planta de energía de Emgesa, nuestra inspiración para todo el proyecto, solo nos la podían prestar un día específico y los actores no podían otros días que no fueran los ya pactados. Ahí empezó el rodaje al revés.

La planta quedaba en las afueras de la ciudad, más concretamente en la vía a Mesitas. Era sábado, por lo que contábamos con mucho tráfico al salir de la ciudad. Era de noche, hacía un frío imposible y era tarde, porque Emgesa decidió a último minuto no dejarnos utilizar la energía de la locación y tuvimos que ir hasta El Tunal a buscar un eléctrico amigo para que nos hiciera las bajantes. Cuando llegó el equipo de fotografía no tenían ni idea de qué hacer, ya que no habían visitado la locación antes. Poco a poco logramos un estilo de luz que satisfizo a la directora y empezó el rodaje.

Al cabo de algunos planos empezó a llover y era hora de que el monstruo saliera a escena. El maquillaje del monstruo, uno de los ítems más caros del presupuesto, se demoraba unas tres horas, pero por la lluvia debimos parar, ya que el maquillaje se mojaba y se debía retocar. Los actores estaban cansados y muertos del frío y el equipo técnico trataba de mantener una moral alta hasta que llegaron las 12 de la noche y el frío fue insoportable. Como anécdota, el eléctrico que ya nos había salvado una vez, empezó a hacer cantidades de café descomunales, por lo que fue considerado el salvador de ese día de rodaje.

De alguna forma, los planos se iban haciendo y solamente quedaba uno más. Como si estuviera escrito, la cámara sufrió un golpe y fue así que nos quedamos sin visor para el resto del rodaje. Había salido el sol, lo que no estaba en el plan, y se debió hacer una de las escenas nocturnas más importantes con el sol más radiante que ha habido en la sabana de Bogotá. Fue entonces cuando todo el mundo se subió a los carros y se dirigió a casa a descansar para el siguiente día de rodaje.

Como era de esperarse, al siguiente día todos estábamos muy cansados, pero una pizza “salvó patria” y la siguiente noche de rodaje fue todo un éxito. Como grabábamos en un bosque en medio de un lote que aun no tenía construcciones hicimos uso de las luces de los carros para generar el ambiente sombrío que buscábamos, fue un éxito para sorpresa nuestra. Los actores estaban más descansados e hicieron una excelente improvisación, que fue lo que se les pidió, sobre una pelea en el bosque. Cambiamos de locación y

empezaron las escenas en la tienda. Allí tuvimos el apoyo de un muy buen actor conocido como Pecas, quien nos dejó mudos cuando llegó la hora de interpretar al tendero sombrío. El único problema que tuvimos este día fue que no conseguimos al anciano, por lo que pusimos a uno de los conductores a actuar. Esto parece divertido, sin embargo, lo consideramos un homenaje a Ed Wood, quien casi nunca utilizó actores para sus personajes más importantes. El día terminó muy bien y al siguiente descansábamos.

El martes llegó e hicimos las escenas más fáciles y tranquilas: el parque y el carro. El ánimo estaba arriba e incluso pudimos mandar a algunas personas a descansar, ya que no se necesitaba mucha fotografía. El día transcurrió sin ningún problema. Hicimos las escenas con sus planos correspondientes y el equipo técnico y artístico terminó temprano. La directora de arte debía arreglar lo necesario para el siguiente día, que sería en una litografía, por lo que abandonó el rodaje unos minutos antes.

El siguiente día fue tranquilo con la excepción de que tuvimos a un invitado bastante peculiar. El actor enano terminó siendo un bailarín exótico y nos deleitó cada vez que tuvimos que hacer una escena suya. El científico nos aportó bastante e incluso habló en alemán en algunas de las tomas. El monstruo una vez transformado cumplió con su papel y devoró al enano mientras este gritaba y peleaba contra la fuerza del actor.

Las discusiones con el departamento de fotografía fueron algo permanente en el transcurso del rodaje, por lo que este día tampoco iba a ser la excepción. Se hicieron varias tomas de los mismos planos para tener algunas como las quería la directora y otras como las quería el equipo de fotografía. Fue entonces cuando el asistente que habíamos encontrado de mucha ayuda , logró algo en medio de lo que se buscaba.

Al finalizar el rodaje sentimos un gran descanso, ya que fueron unos días bastante complicados, pero también sentimos felicidad por haber logrado algo por nuestras manos.

Éramos dos estudiantes que habían hecho la producción, la dirección de arte, la realización y la dirección. Nos sentíamos orgullosas de nosotras y de nuestro trabajo. Este sentimiento se acabó cuando vimos el material y notamos ciertos problemas, como que el ángulo de la cámara no era el que se había dicho que se quería y el gran problema de que algunas escenas estaban sin audio. Aún así seguimos adelante con la edición de nuestro cortometraje y logramos sacar algo que nos dejó contentas con el trabajo. Decidimos que debíamos esforzarnos en la parte publicitaria e hicimos unos créditos que nos gustaron mucho, un afiche y un flyer.

Ahora que hemos terminado nuestro proyecto de grado debemos decir que no fue fácil. Por un lado, el tema de investigación es muy complicado, porque encontrar la bibliografía sobre el cine serie B es difícil, más aún sobre el cine de terror serie B de los años treinta. También nos dimos cuenta de que el terror sí es uno de los géneros más complicados y que para hacer un cortometraje o una película sobre este se debe tener bastante recorrido audiovisual para comprender lo que el terror tiene por dar. Sin embargo, no cambiaríamos nuestro tema si se nos diera la oportunidad, ya que pudimos aprender mucho sobre el género de terror y más aún sobre el cine serie B, del que sabíamos muy poco.

La bibliografía que nos quedó de este proyecto es casi de colección, al igual que las películas, por lo que nos consideramos afortunadas. No solo aprendimos sobre películas, sino que conocimos más directores y actores como productoras de los que nunca habríamos sabido nada de no ser por esta investigación.

En cuanto al producto audiovisual sentimos que fue un gran esfuerzo de nuestra parte, teniendo en cuenta que en realidad fue nuestra segunda experiencia en el terreno. Hacer de productor, director de arte y director general es algo que pocas personas pueden hacer y nosotras lo logramos, con muchos problemas que sabemos se verán reflejados en el cortometraje, pero que al fin y al cabo sacamos adelante con nuestras propias manos y con nuestros propios medios. Creemos que fue un proyecto bastante ambicioso para dos

comunicadoras sociales, pero nos sentimos tranquilas con la totalidad de nuestra investigación y nuestro producto.

3. GUIÓN

3.1 IDEA

Parte del interés por saber qué es eso que se llama cine de terror serie B. Nos comenzamos a interesar por el tema, porque nos llama la atención el género de terror, pero más aún, porque nos gusta el cine serie B y queríamos explorarlo un poco más. También surgió porque queríamos saber cómo se hacía una producción de bajo presupuesto que a su vez tuviera mucho trabajo como el género de terror lo requiere. La decisión se tomó una vez encontramos la locación de nuestros sueños, una planta de energía abandonada en la carretera vía al Salto del Tequendama. Fue cuando encontramos el lugar que todo comenzó a tomar forma: nos imaginamos un monstruo que atacaba a un grupo de amigos.