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5.1. Introducción

De las descripciones reportadas por Romero (1875), Rodríguez (1994) y Licona et al. (1995) sobre el sistema de café con sombra diversificada, se puede decir que el estado actual del policultivo para la producción de café y velillo es el resultado de un proceso continuo y complejo, debido a que es producto de una serie de acontecimientos que se desarrollaron desde la época prehispánica y, en el cual, se involucraron no sólo productores sino también comerciantes, instituciones y vendedores de servicios. El resultado es un conjunto de adecuaciones en la estructura de la plantación, las prácticas agrícolas y el acondicionamiento de la hoja de plátano, que generaron cambios fundamentales en el manejo del ambiente, de las plantas, de los productos y de la orientación comercial, lo que en suma constituye una innovación tradicional. Sin embargo, tales adecuaciones no cambiaron drásticamente la configuración general del sistema de policultivo tradicional, implementado desde el origen de la cafeticultura en México a finales de 1790.

Para entender su configuración actual, ha sido necesario recurrir al estudio del contexto histórico y cultural en el que se desarrolló el policultivo, así como del impacto de la fluctuación de precios del café en la adopción del sistema, por lo tanto, el trabajo se realizó con base en información bibliográfica y, en entrevistas dirigidas a personas que estuvieron ligados al proceso de desarrollo, tal y como se indicó en el capítulo de metodología.

Dado que el desarrollo del sistema estuvo básicamente a cargo de la invención de los productores y los comerciantes de hoja de plátano, la base teórica corresponde a los enfoques de tecnología tradicional y de la innovación como proceso social, dinámico y, basado en las

alternativas y condiciones de nivel local. Por lo anterior, en primera instancia se revisaron conceptos acerca de estos dos campos del conocimiento.

Como resultados se encontró que el sistema de policultivo de café con plátano y árboles de sombra es tan antiguo como la introducción del café a la región, y que el proceso fue apropiado rápidamente por la población indígena, misma que constituyó la fuerza de trabajo de los ranchos y haciendas cafetaleras. Asimismo, se halló que el nuevo negocio nació a partir de los mismos recursos locales disponibles, que fue causado por condiciones sociales y económicas adversas, y que su éxito se basó también en la inserción de la hoja de plátano en el mercado de los tamales, platillo ampliamente difundido desde la época prehispánica.

Los resultados también indican que ocurrió un enriquecimiento del policultivo mediante la adaptación de elementos tecnológicos modernos al sistema diversificado, a pesar de las contradicciones que surgieron entre la política oficial de desarrollo de la cafeticultura (con tendencias a la especialización) y las perspectivas de los productores (con una vocación hacia la diversificación). Se documentó también un proceso continuo de expansión e intensificación del policultivo en la región, mismo que se aceleró en los últimos años. Por último, se identificó a un conjunto de innovaciones tecnológicas que se generaron y difundieron hasta nuestros días.

5.2. La tecnología tradicional en el marco de la innovación en la agricultura

Corona y Hernández (2001) indicaron que la búsqueda y entendimiento de métodos de producción que consideren las técnicas tradicionales acordes con el potencial productivo y la cultura productiva existente en la región, se han convertido en temas centrales en la agenda actual de la innovación en la agricultura, dado que se reconoce que existen diversas estrategias

generadas por los propios productores que, de manera independiente, se han expandido exitosamente como opciones de desarrollo local. Según Ojeda (2000), esta capacidad de los productores para crear innovaciones se desarrolla con o sin la participación de asesoría técnica, lo que provoca la existencia de sistemas complejos en los que se conjugan elementos de tecnología tradicional y moderna. Se coincide que el entendimiento de estos modelos de innovaciones tradicionales es de suma importancia, ya que son una alternativa viable para resolver limitantes de los enfoques convencionales de la extensión agrícola y constituyen la base de los enfoques “de abajo hacia arriba” (Chambers, 1989; Engel, 1998; Jiménez, 1997 y Röling, 2004)

El entendimiento de tales capacidades, planteada desde la década de 1970, implica el análisis tanto de las innovaciones en si, como de los procesos que las favorecen y los métodos de difusión de la información. Al respecto, Cañibano y Sánchez (1997) plantearon que es de interés actual conocer los mecanismos que regulan dicho proceso, dado su carácter interactivo, complejo y, plagado de retroalimentaciones y discontinuidades. En este contexto, Ojeda (2000) indicó que la innovación es “el proceso de creación, desarrollo, producción, introducción, comercialización y aplicación de nuevos y mejores procesos, productos, procedimientos, conocimientos y servicios en la sociedad, lo que constituye el elemento central de la reestructuración del sistema productivo, social y territorial”. Rogers y Shoemaker (1974) citados por Dzib (1987) señalaron que para que las innovaciones sean adoptadas como tal, deben contener las siguientes características: ventajas relativas, ya sea económicas o de cualquier otro tipo, con respecto a otra alternativa; compatibilidad con los valores, experiencias y necesidades de los receptores; y la posibilidad de ser experimentadas y observadas.

En relación con la innovación como proceso, Brisolla y Saenz (1997) citan a OECD (1997) quien apuntó que se reconoce que, la innovación, es una actividad compleja, diversificada y con muchos componentes interactivos, por lo que hay coincidencia con Salomón y Engel (1997) quienes indicaron que la innovatividad no puede considerarse como una competencia individual o la suma de ellas, ni como un simple proceso de descubrimiento y difusión de nuevas posibilidades técnicas por parte de los individuos, sino como un proceso social que incluye la búsqueda tanto individual como colectiva de ideas, información y opciones, según objetivos estratégicos. En concordancia con lo anterior, Röling (1988) estableció que la innovación es mejor entendida como el resultado de la interacción entre diferentes actores con contribuciones complementarias, en donde el conocimiento local o tradicional, juega un papel importante.

En ese contexto, Hernández (1980) indicó que la agricultura tradicional en sí misma es una continua experimentación y modificación de prácticas, implementos, semillas y calendarios, en la que los productores incorporan innovaciones modernas adaptadas según sus propios razonamientos, asimismo, que se trata de una continua transmisión de los conocimientos generados a través de canales de difusión no convencionales. En relación con la afirmación anterior, Toledo (1988) comentó que, en la actualidad, la continua generación de conocimientos en la agricultura tradicional se debe a la introducción de elementos modernos que requieren de adaptación, por lo que se considera como una “tradicionalidad moderna”. Agregó que ya no es un conocimiento puro, sino una amalgama o un mosaico de las diversas formas de adaptación de las comunidades a su medio ambiente.

mercado y de la cultura occidental, por lo que las ideas basadas en la tradición se modifican y se mezclan con ideas y tecnologías externas. Indicó que aunque en muchos casos, estas últimas desplazan a las primeras, existen lugares en donde la misma población ha mezclado, selectiva y exitosamente, las ideas tradicionales y las modernas en procesos dinámicos de desarrollo. Al respecto, Bellón (1993) indicó que una fuente importante de cambio en los sistemas de conocimiento, en sociedades rurales, es su integración a los sistemas económicos regionales y nacionales, tales como la educación pública, los mercados y los servicios de extensión agrícola.

Los ejemplos de innovaciones realizadas por las comunidades rurales son numerosos ya que, como lo indicó Richards (1989) citado por Dunbar (1995), el proceso de observación empírica y contrastación informal de hipótesis se lleva a cabo en todos los casos de generación de conocimientos y técnicas en los sistemas tradicionales, lo que es comparable con la experimentación que se lleva a cabo en la ciencia moderna. Por ejemplo, Ann (1993) reportó que los productores de Costa Rica han generado valiosa información tradicional sobre patrones de cultivos intercalados, la separación entre las plantas intercaladas, el uso de los árboles y arbustos, las cualidades del suelo, el aprovechamiento óptimo de la luz y de los nutrientes, y las prácticas de control de plagas, entre otros.

El sistema de policultivo bajo estudio presumiblemente es una de esas innovaciones tradicionales, en la que los productores, por si solos, generaron una serie de cambios tecnológicos con base en la combinación del sistema de policultivo tradicional y el sistema especializado, que posibilitan tanto la obtención de altos rendimientos de café, como un nuevo giro comercial en el aprovechamiento de los productos del plátano (la hoja y no la fruta).

Dada la importancia que ha tomado esta innovación tradicional en la región cafetalera bajo estudio, se han promovido diversos trabajos orientados al diagnóstico general (Debernardi, 1993 y Rodríguez, 1994) y a la evaluación de sus ventajas técnicas y económicas con respecto al sistema especializado de café (Servín, 1997 y Altamirano, 1998), sin embargo, en el contexto del nuevo paradigma de la extensión agrícola para el mejoramiento de los procesos de generación y transferencia de tecnología, es necesario actualizar y analizar la información bajo el marco teórico de la innovación, discutido con anterioridad, en el que es clave el estudio de la innovación como tal, de sus procesos y de los conocimientos generados.

Por lo anterior, los objetivos planteados para este capítulo son: analizar el contexto histórico, cultural y económico en el que se ha desarrollado el policultivo café-plátano-sombra y, describir las adecuaciones técnicas que integran la innovación.

5.3. Resultados

5.3.1. El contexto histórico, cultural y económico del policultivo café-plátano-sombra

5.3.1.1. La apropiación cultural de la cafeticultura bajo sombra: la participación del plátano como sombra y generación de ingresos

La introducción y adaptación del cultivo del café en México correspondió a dueños de las haciendas y fincas que se interesaron por los cultivos de exportación como la caña de azúcar y el café. El café fue introducido a la región de Córdoba, Ver., por Antonio Gómez de Guevara, quien lo sembró en la hacienda de Guadalupe en el cantón de Córdoba en el año de 1790 (Pesuela, 1865 citado por Pérez y Díaz, 2000).

vegetación natural y plantas útiles, a pesar de que sabían que en otros países, el café, también prosperaba sin la presencia de la misma. De manera particular, el plátano ocupó un lugar importante dentro de las plantas útiles, debido a su rápido crecimiento y producción de frutos comestibles. Moreno (1874) reportó que la sombra de plátano era la más fácil de manejar debido a: “su rápido crecimiento; su sistema radicular inofensivo; la disponibilidad de plantas y; el beneficio económico por la venta de fruta”, lo cual llegó a aportar hasta un tercio del costo total del cultivo.

El sistema de policultivo introducido en las fincas y haciendas hace más de 200 años, pronto fue adoptado también por la población nativa. Por ejemplo, Pesuela (1865) citado por Pérez y Díaz (2000), reportó que los productores indígenas y jornaleros de las haciendas cultivaban el café en pequeñas extensiones cerca de sus casas, quienes ayudados por las mujeres y los niños, limpiaban la tierra, cosechaban, secaban y limpiaban el grano. De la misma manera, Rodríguez (1997) comentó que la división y venta de tierras promovida desde finales del siglo XVIII en el cantón de Córdoba, favoreció tanto la acumulación de la misma en manos de hacendados y finqueros, como la incorporación de pequeños propietarios a este importante proceso productivo. Rodríguez (1997) también comentó que la estrategia misma de los finqueros y hacendados para incrementar la superficie sembrada de café, contempló la participación de peones acasillados y jornaleros libres quienes, por medio de la renta o la mediaría, se responsabilizaron del establecimiento y manejo de cafetales por un periodo de tiempo determinado.

Como se puede observar, el sistema de policultivo encontró un conjunto de productores con amplia experiencia en el manejo de cultivos múltiples, desarrollada en la agricultura mesoamericana en la milpa, el cacao y otros (Rojas, 1988), quienes pronto lo incorporaron a

sus actividades productivas familiares. Por lo anterior, se puede concluir que la gran mayoría de los beneficiarios del reparto agrario, ya tenía apropiado el conocimiento y las habilidades para continuar con la producción cafetalera bajo sistemas múltiples, lo que facilitó un proceso de apropiación cultural de la cafeticultura (Bonfil, 2000).

En este caso particular, las comunidades han adquirido la capacidad de producir, reproducir y mantener los elementos culturales necesarios para sostener la actividad cafetalera, a tal grado que en la actualidad, el proceso productivo del café es tan legítimo y propio de las mismas, como lo fuera la milpa antes de la conquista. Sin embargo, la apropiación no se detuvo en la capacidad de reproducir el proceso, sino que se innovó hasta desarrollar toda una cadena productiva paralela al café: la producción y distribución del velillo.

5.3.1.2. La crisis de precios del café y la diversificación productiva

El café tiene aproximadamente quinientos años recorriendo largas distancias por el mundo como producto comercial. Hace tres siglos se convirtió en una de las bebidas cotidianas de los sectores urbanos europeos y, ya entrado el siglo XIX, su consumo se popularizó a consecuencia de la urbanización y la industrialización. Este cultivo se convirtió, en relativamente poco tiempo, en el producto agrícola más importante del comercio internacional del siglo XX (Pérez y Díaz, 2000).

En México, la cafeticultura ha representado una gran importancia social y económica, ya que se cultiva en más de 60 regiones del país, participan más de 190 mil productores, más de 350 mil jornaleros y es el producto agrícola más importante en la generación de divisas (Santoyo et al., 1994). Es por ello que tanto el gobierno federal como los estatales han desarrollado políticas de fomento a la cafeticultura desde principios del siglo XIX (Rodríguez, 1997).

A pesar de lo anterior, desde el origen de esta actividad, los precios del café han estado sometidos a grandes fluctuaciones determinadas por las condiciones del mercado internacional, generando épocas de bonanza y crisis de manera cíclica. Por ejemplo, Rodríguez (1994) reportó que, sólo en el siglo pasado, se registraron crisis de precios en las décadas de 1900, 1930, 1960 y 1990, la cual se ha prolongado hasta nuestros días. Este último período de crisis de precios del café se agudizó debido a las políticas de ajuste estructural, aplicadas a este sector, lo que motivó la búsqueda de opciones para amortiguar el efecto negativo de los bajos precios en el café, entre las cuales, la diversificación productiva ocupa un lugar importante. En la región de estudio, la diversidad de actividades productivas practicadas por las unidades de producción está presente desde la época prehispánica, misma que fue enriquecida con la introducción de nuevos cultivos durante la colonia. Al cultivo de la milpa, frijol, chile y tabaco de la agricultura indígena, se agregaron rápidamente la caña, el café y la ganadería. Según Rodríguez (1997) las haciendas y ranchos asentados en el cantón de Córdoba basaron su economía en la producción de caña, tabaco y café para la exportación, así como en la producción de maíz, frijol y chile para el funcionamiento de las mismas. Esta conformación del uso de la tierra se mantuvo hasta la década de los 70’s, con algunos otros componentes de menor importancia como el cultivo del chayote y pequeños hatos de bovinos en estabulación. Según Rodríguez (1994); Villaseñor (1987) y Rodríguez (1997) existe otro grupo de cultivos cuya importancia está ligada a la fluctuación de precios del café, ya que se convierten en fuentes alternas de ingreso familiar. Bajo esta lógica, Licona et al. (1995) reportaron que algunos productores, en las zonas cafetaleras del Centro del estado de Veracruz, introdujeron otras especies dentro del cafetal tales como: naranja de azúcar, plátano dominico, plátano

morado, guanábana, macadamia, cedro rojo, palma camedor, limón persa, y árboles de uso múltiple (bajo policultivo comercial), con la finalidad de superar los bajos precios del café. Dentro de esta lista destaca la presencia del cultivo de plátano dentro del cafetal, ya que se ha utilizado para usos múltiples. Productores de las comunidades estudiadas indicaron que esta especie se introdujo a los cafetales como sombra para el café y aprovechamiento del fruto principalmente; sin embargo, también se obtuvieron otros beneficios tales como la utilización del “tule” (vaina seca de la hoja) como material de amarre (rafia), construcción de techos de viviendas y elaboración de capotes para protegerse de la lluvia. Por otro lado, “el cañón” (pseudotallo) del plátano era muy apreciado como alimento de ganado vacuno y, las hojas del mismo se utilizaron como sombra para los viveros de café.

Los informantes clave de Monte Salas y productores de Neria indicaron que la venta de fruta de plátano de diferentes clones fue importante en la economía familiar hasta la década de 1960, ya que su aporte económico rebasó al ingreso por la venta de café. Los productores señalaron que periódicamente llegaban comerciantes de la ciudad de Fortín a comprar la fruta, por lo que la mayoría exhibía su producto a la orilla de la carretera (indican que, incluso en la actualidad, una estación de autobuses sobre la carretera Córdoba-Huatusco, se le conoce como “La Compra”). Contrario a lo anterior, Villaseñor (1987) reportó que, en la década de los 60’s, se registraron los precios más bajos del café en los últimos 30 años (los inmediatos anteriores), debido a la existencia de la mayor cantidad de sobrantes en la historia del mismo.

Los entrevistados recordaron que a partir de mediados de la década de 1960, el mercado del plátano también perdió importancia debido, por un lado, a la caída de su precio y el consecuente retiro de los compradores, y por el otro, a la recuperación del precio del café y la recomendación técnica del Instituto Mexicano del Café (INMECAFE), creado en 1958,

consistente en eliminar la diversidad de sombra, incluyendo al plátano, bajo el argumento de minimizar la competencia interespecífica por nutrientes, luz y agua (Ruiz, 1978).

Dentro de este contexto cambiante del mercado del café y el plátano, y de contradicciones con la política oficial cafetalera, un sector de productores optó por mantener su cultura basada en sistemas múltiples, por lo que desde la primera mitad de la década de 1950 empezó a potenciar la comercialización de la hoja. El primer cortador de velillo (Sr. Soto) y el primer transportista de hoja coincidieron en que doña Virginia Polanco, doña Esperanza Contreras y don Saúl Rojas, quienes fueron productores del ejido Crucero Nacional, municipio de Fortín, iniciaron la venta de hoja a los puestos de tamales, a las carnicerías y a los puestos de verdura en la ciudad de México. Dichas personas le pidieron a don Joaquín Ramírez (productor del ejido Monte Salas) que se encargara de la recolección de hoja, del acondicionamiento en bultos y, de su envío por medio del ferrocarril. El Sr. Ramírez se convirtió así en el primer acopiador de velillo, quien a principios de la década de los 60’s ya recolectaba (sólo en el ejido de Monte Salas) y enviaba (por el tren) de 5 a 15 rollos de velillo “enfardados” (envueltos en “tule”) cada ocho o 15 días (reporte del sr. Juan Soto, cortador contratado por don Joaquín Ramírez). El sr. Soto comentó que, en esa época, los productores se negaban a vender el velillo debido a las siguientes razones: el precio del plátano era atractivo, el precio de la hoja aún no era bueno, la planta de plátano desmerecía (perdía vigor) al cortarle la hoja y, por lo tanto, la producción de fruta ya no era de calidad para el mercado. Indicó que la resistencia a la cosecha de la hoja

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