EL MANIQUEISMO Y LA KABALA
3. Ormazd y Ahornan; la serpiente de bronce, y el Adonai de los masones.
Los maniqueos, como los ofitas, adoptaron la dualidad eterna de los principios del bien y del mal, que tomaron de la extinguida religión de los persas.
Al profundizar en el antiguo zoroastrismo, se advierte su panteísmo en la triplicidad de Ahura-Mazda, que, en primer lugar, es Dios; luego, Ameschaspenta, o arcángel; y, después, primer Yazata, o ángel. Tal vez sea en este sentido en el que el Qaarset-nyayis (capítulo VII) del Khorda-Aveste le dice «triple antes que todas las otras criaturas». El gran sacerdote de los Parsis de Bombay nos escribe: «En algunos de los libros Pehlvi Pazand se llama también Ahura-Mazda al alma humana». Es doctrina de la Kabala que el alma humana es emanación directa de la inteligencia divina, una chispa del Dios Fuego. Como Dios, Ormazd, no tiene rival, igual o semejante. Como arcángel, tiene un hermano gemelo, Ahriman. En este aspecto, lleva el nombre de
Spenta-mainyus (Espíritu bienhechor), mientras que su hermano gemelo se llama Angro-mainyus (Espíritu
malhechor). El trigésimo Yasna del Zend-Avesta establece esta doctrina de modo indubitable: «Estos dos
gemelos celestes, hicieron primero comprender por ellos mismos el bien y el mal, en pensamientos, palabras y
obras». Los sabios distinguen exactamente al uno del otro, pero no los imprudentes.
«Cuando estos dos seres celestes se pusieron a crear, al principio, la vida y la mortalidad y el mundo tal como al fin debía ser, el Malo para los malos, y el Buen Espíritu para los puros, el Malo eligió el mal al obrar y el Espíritu Santo, al preparar el cielo inquebrantable, escogió el bien, como lo escogen los que satisfacen a
Ahura con sus acciones manifiestas y su creencia en Mazda». La palabra «Yema», del Zend-Avesta, equivale si
sánscrito Yaman, y significa «gemelos».
Según el profesor Dr. Haug, los versículos 21 y siguientes del Yasna XIX, deben traducirse así: «Yo,
Ahura-Mazda, he pronunciado por mí mismo esta palabra (el Ahunavairyo) que concierne al Señor celeste y al
dueño terrestre (Ahu y Ratu) antes de la creación de los cielos, antes del agua, antes de la tierra, antes de los árboles, antes del nacimiento del justo bípedo, el hombre, antes de la materia solar para la creación de los arcángeles. De mis dos espíritus, el bienhechor ha producido toda la buena creación, pronunciando el Ahuna-
vairyo, la oración por excelencia».
Si esta traducción es justa, Ahura-Mazda, tiene, como Dios, dos espíritus emanados de él, el Spenta-
Mainyus y el Angro-Mainyus. Como arcángel, él es el primero de los dos, y antagonista de Ahriman.
El zoroastrianismo, así entendido, estaba en perfecta armonía con las doctrinas de otras naciones contemporáneas, y explicaba el origen del mal moral de una manera irreprochable: por la mala elección que unos de los primeros seres hizo, por su propia voluntad.
Sin embargo, la antigua doctrina persa perdió pronto este principio verdadero de la unidad de Dios y del origen del mal como consecuencia de la perversidad voluntaria de un espíritu creado; Ormazd y Ahriman fueron reconocidos como dos principios co-eternos, uno de los cuales vivía en la luz sin comienzo y el otro en las tinieblas sin principio. Entre ambos, había un espacio vacío, el Vai, en el que se verificaba la mezcla.
Como se puede apreciar, Manés no hizo sino copiar el parsismo extinto, al que, en lugar de dar carácter judío, poniendo sobre la cabeza del Hombre primitivo la Corona de Esther y a sus pies el Reino persa, le da una nomenclatura cristiana, dando al Hombre Ideal el nombre de Jesús. Si ello era por odio contra el cristianismo, denominado «la herejía», si se trataba de un truco para engañar a los cristianos, o si se procuraban ambas cosas a la vez, es asunto que resulta inútil examinar ahora.
Pero, en cambio, es conveniente comprobar que en el grado 25 de la Masonería, «Caballero de la serpiente de bronce», se explica que «la Divinidad se descompone en dos principios, el Bien y el mal que luchan entre sí. Su nombre ha variado, según los países donde se practica el culto. Entre los hebreos, el mal es
Adonai; entre los persas, Ahriman; Typhon? para los egipcios; el bien, entonces es Lucifer, Ormazd,
Osiris...»162.
Los ofitas nos han enseñado que la serpiente es uno de los emblemas del Ángel de la Luz, que curó a los hebreos en el desierto; los verdaderos israelitas, tienen en gran veneración a la serpiente, situada sobre una cruz, que les recuerda el milagro del desierto, cuando sus antepasados, castigados por serpientes, «cuya morde- dura quemada como el fuego»163, fueron salvados al fin de esta plaga al mirar la serpiente de bronce que Moisés
«puso para servir de insignia». El mismo Jesucristo dijo: «Así como Moisés elevó la serpiente en el desierto, es preciso que el Hijo del Hombre sea elevado para que quien crea en El no perezca, sino que gane la vida eterna»164. Moisés alzó la serpiente de bronce, a fin de que todas las gentes del campo de Israel la pudiesen ver.
Así, Cristo fué elevado sobre la cruz, para que todo el mundo pudiese verle. Y del mismo modo que esta serpiente de bronce tenía la forma de las demás, pero no su veneno, así Cristo tomó la forma de los pecadores, sin tener pecado. El hebreo dijo: «Ponedla sobre un estandarte». Probablemente, el estandarte que llevaba la serpiente de bronce tenía forma de cruz, para poderla fijar firmemente.
Ezequías, rey de Judá, «mandó hacer pedazos la serpiente de bronce que Moisés había hecho, porque los hijos de Israel le habían quemado incienso hasta entonces»165.
Esta idolatría tenía tal vez por base la misma doctrina perversa que hemos visto en los ofitas: que
Adonai era quien enviaba los males y Satán, o la serpiente, quien los curaba; que Adonai era quien había
prohibido a Adán y Eva comer el fruto del árbol del conocimiento del Bien y del Mal y el Ángel de la Luz, Satán, quien les había enseñado la verdad, haciéndoles comer del fruto maliciosamente prohibido.
El «Gran Arquitecto del Universo» no es el Adonai de la Biblia, sino el Ángel de la Luz, el Genio del Trabajo, el Espíritu del Fuego166.
Si esta sustitución del verdadero Dios por Satán y su adoración bajo la capa de los símbolos masónicos es un crimen espantoso, el signo de la serpiente, de bronce sobre la cruz es un atrevimiento no menos detestable. El modelo que utilizan los masones no es una cruz completa, pues le falta la parte superior; constituye, pues, una «tau» griega, el signo impuro del acto generador. La serpiente» reconocida como Dios, deja su forma de círculo, o su eternidad, se desarrolla en el tiempo, en torno al phallus, por la generación, por el trabajo del Rey Santo y la Matrona, y crea así el mundo.
Ya conocemos la doctrina de la Kabala sobre los cuatro mundos, representado cada uno por un cuarto de círculo. Pues bien; si añadimos ese cuarto de círculo a la «tau» griega, y en la parte superior de ésta representamos la eternidad por un anillo, y por este anillo pasa la serpiente, como si fuera un cable, descen- diendo desde arriba hasta tocar el cuarto del círculo, tendremos el «ancla masónica», que representa la emanación del mundo dé su principio, que se jacta de ser el Principio del Bien, pero que no es sino aquel que quiso suplantara Dios, ser semejante al Altísimo. La Logia de Port-Louis, se llama «Logia de la Triple Esperanza». Sobre la puerta de entrada, se ven tres de estas «áncoras masónicas» idolátricas.
El maniqueísmo propagó las doctrinas phalolátricas de los antiguos judíos, así como su demonolatría. ¡Y aún los masones que creen ser cristianos se dejan arrastrar al culto a Satán, con juramentos falsos y sacrílegos! Así se hacen esclavos de los judíos y, a través de éstos, del mismo Satán. ¿Cuándo vendrá el nuevo Ezequías que rompa el ídolo de la serpiente de bronce que los Hermanos del grado 25 llevan sobre su pecho, sujeto por una cinta de de color fuego? ¡En verdad, el reino del Príncipe de las Tinieblas, está bien afincado sobre la Tierra!
La negación de un Dios personal y la deificación del hombre constituyen una de las bases de la moral masónica, y conducen a un orgullo diabólico. La preconización y santificación del acto generador constituyen la otra base, y lleva a los más groseros excesos de la voluptuosidad animal.
La doctrina dé la Kabala según la cual el Universo es el resultado de un comercio eterno entre el Rey
Santo y la Matrona, así como la enseñanza gnóstica que hace coexistir todas sus divinidades, con la Ogdoada a
la cabeza, en parejas de sexo opuesto, están representadas en todos los símbolos de la Masonería: la escuadra, sobre el nivel; el compás, que abarca un cuarto de círculo; le letra «tau»; la rosa sobre la cruz: los dos
triángulos entrelazados; los dos triángulos tocándose en un punto común, signo de las parejas divinas e
infinitas; las, cinco puntas, figura de una pareja humana o finita en enlace; la Estrella flamígera, etc. Como se ve, el ateísmo o el panteísmo, que viene a ser la misma cosa, revierte, fatalmente al culto al Phallus, con todas sus perversidades, tal como los inmundos misterios de la antigüedad lo han conocido y practicado. En una 162 L. Taxil; II, p. 245. 163 Numer., XXI, 6. 164 Juan; III, 14,15. 165 Reyes; XVIII, 4. 166 L. Taxil, II, p, 245,
palabra, la Masonería es el paganismo resucitado en su forma más inmunda y repugnante. ¿Saben nuestros masones cristianos por qué sus adeptos llevan el delantal en el sitio que lo llevan tanto los Hermanos como las Hermanas? Que se pregunten por qué el Aprendiz ha de llevar la solapa del delantal levantada; por qué el
Compañero —primero que tiene derecho a asistir a las Logias de adopción— puede llevarla bajada; qué quiere
decir la roseta (rito francés) sobre el delantal blanco; o el bolsillo en la solapa (rito escocés) del delantal del
Maestre; que traten de saber lo que significa el ojo sobre la solapa azul del delantal del Maestre Secreto (grado
4.°), etc., etc... Pronto verán que se han dado, inconscientemente, al culto inmundo del phallus. Como colmo de vergüenza, mientras que la Kabala y la Gnosis enseñaban una especie de matrimonio entre sus parejas fantasistas, el maniqueísmo aún se mostraba más audaz, preconizando el amor libre e infanticida, según vamos a ver.