Básicamente, cabe señalar tres planos epistemológicos sucesivos de la racionalidad –con incidencia metodológica– presentes en el trayecto que arranca de la Ciencia, en general, y llega a casos particulares de la Economía. Son los siguientes: a) la racionalidad de la Ciencia como tal, que es el campo más general posible, compartido por las diversas disciplinas científicas (al menos, aquellas que poseen una índole empírica: las Ciencias de la Naturaleza y las Ciencias Humanas y Sociales); b) la racionalidad de la Economía como una actividad científica en el ámbito humano y social, que guarda relación con otros saberes (la Psicología, la Ciencia Política, la Sociología, …), que lleva al terreno epistemológico especial más abarcante; y c) la racionalidad del quehacer económico en casos concretos (p. ej., las situaciones donde el agente económico ha de tomar decisiones y desarrollar su comportamiento), que plantea el territorio epistemológico más específico, que es cuando la indagación económica se realiza sin buscar nexo alguno con los conocimientos de otras disciplinas3.
De facto, H. A. Simon ha realizado aportaciones en esos tres planos sucesivos que guardan relación con la racionalidad. Ha contemplado así los tres registros principales donde la racionalidad se interrelaciona con la Economía. Admite, además, que las dos –racionalidad y Economía– son manifestaciones específicamente humanas y acepta que ambas están abiertas a la idea de “intencionalidad”. De este modo, su enfoque se aleja de los intentos de una racionalidad abstracta e impersonal. Porque su Epistemología no se concibe al margen del sujeto cognoscente y su concepción de la Ciencia Económica discrepa 3 La caracterización de esos campos desde el punto de vista metodológico aparece en el anterior trabajo, cfr. GONZALEZ, W. J., “Herbert A. Simon: Filósofo de la Ciencia y economista (1916-2001)”, en GONZALEZ, W. J. (ed), Racionalidad, historicidad y predicción en Herbert A. Simon, pp. 7-63. Es un estudio que sirve de marco para el presente texto. Ahí se ofrece un exhaustivo elenco bibliográfico, donde se encuentran las publicaciones de Simon en cada uno de esos tres planos.
abiertamente de la visión de los procesos económicos como si fueran ajenos al quehacer humano4. En otras palabras, Simon resalta la capacidad cognitiva humana cuando caracteriza el plano epistemológico e insiste en el papel de los agentes frente a las puras transacciones económicas. Contrapone así su caracterización de la Economía a la tendencia dominante en Teoría Económica –la posición neoclásica–, pues considera que la conducta de los agentes económicos se desenvuelve más en “organizaciones” que en un genérico “mercado”5.
Ya en la etapa de formación universitaria, cuando estudiaba Ciencia Política, Simon mostró interés por el primer plano. Se ocupó entonces de los problemas relacionados con la búsqueda de la base lógica de la investigación científica. En ese momento le preocupaba la racionalidad científica en conexión con la Lógica propiamente dicha, pues buscaba la estructura lógica de la Ciencia de la Administración. Años más tarde, cuando Simon se planteó expresamente la caracterización de una “lógica del descubrimiento científico”, al hilo de los modelos de descubrimiento, el término “lógica” ya no remite a una Lógica en sentido estricto. Esto le distingue de los neopositivistas de la primera hora –los filósofos del Círculo de Viena– y le aproxima más a los empiristas lógicos6. Progresivamente es más clara su atención a una dimensión heurística, orientada a la resolución de problemas, hasta convertirse en una de sus señas intelectuales7.
También le ocupó a Simon el segundo plano, la racionalidad de la Economía
en cuanto disciplina científica. En su enfoque, la Economía aparece asociada con frecuencia a un marco epistemológico y metodológico más amplio, donde la Psicología cuenta con un indudable protagonismo. Así, su racionalidad económica no es de suyo impersonal y abstracta, sino que aparece vinculada a procesos humanos y sociales que guardan relación con las investigaciones realizadas por otras Ciencias Humanas y Sociales, donde destacan las aportaciones de la Psicología8 (sobre todo para entender la distinción “racional”-“irracional”); pero también contempla la racionalidad desde la Ciencia Política9, así como en conexión con otras disciplinas de este ámbito científico. 4 Entre otros autores, ha sido Amartya Sen quien ha llamado la atención sobre la caracterización de la Economía como si permaneciera intocada por los agentes humanos, criticándola expresamente, cfr. SEN, A., “Prediction and Economic Theory”, en MASON, J., MATHIAS, P. y WESTCOTT, J. H. (eds), Predictability in Science and Society, The Royal Society y The British Academy, Londres, 1986, p. 14.
5 Cfr. S
IMON, H. A., “Rational Decision Making in Business Organizations”, American Economic Review, v. 69, n. 4, (1979), pp. 493-513. De modo más claro aparece en SIMON, H. A., “Organizations and Markets”, Journal of Economic Perspectives, v. 5, (1991), pp. 25-44; compilado en SIMON, H. A., Models of Bounded Rationality. Vol. 3: Empirically Grounded Economic Reason, MIT Press, Cambridge, MA, 1997, pp. 217-240.
6 A este respecto, es clara y explícita su aceptación de planteamientos del Empirismo lógico, desde su época de estudiante universitario en Chicago hasta la última década de su vida, cfr. SIMON, H. A., Models of my Life, Basic Books-HarperCollins, N. York, 1991, p. 44.
7 Cfr. S
IMON, H. A., Models of Discovery, Reidel, Boston, 1977; LANGLEY, P., SIMON, H. A., BRADSHAW, G. L. y ZYTKOW, J. M., Scientific Discovery: Computational Explorations of the Creative Processes, MIT Press, Cambridge, MA, 1987; y SIMON, H. A., “Scientific Discovery as Problem Solving”, International Studies in the Philosophy of Science, v. 6, (1992), pp. 3-14.
8 Resulta sintomático que haya dedicado expresamente varios trabajos a indagar estas relaciones: S IMON, H. A., “Economics and Psychology”, en KOCH, S. (ed), Psychology: A Study of a Science, vol. 6, McGraw- Hill, N. York, NY, 1963, pp. 685-723 (compilado en SIMON, H. A., Models of Bounded Rationality. Vol. 2: Behavioral Economics and Business Organization, MIT Press, Cambridge, MA, 1982, pp. 318-355); SIMON, H. A. y STEDRY, A. C., “Psychology and Economics”, en LINDZEY, G. y ARONSON, E. (eds), The Handbook of Social Psychology, vol. 5, 2ª edic., Addison-Wesley, Reading, MA, 1970, cap. 40, pp. 269-314; y SIMON, H. A., “Rationality in Psychology and Economics”, en HOGARTH, R. M. y REDER, M. W. (eds), Rational Choice. The Contrast between Economics and Psychology, University of Chicago Press, Chicago, 1987, pp. 25-40. 9 Cfr. S
Paralelamente, establece vínculos claros con los estudios de Ciencias de lo Artificial, en la medida en que se puede simular el comportamiento humano mediante el ordenador. Ahora bien, también en este caso el énfasis lo pone en la dimensión empírica, como ya sucedía en el caso más general.
Además, Simon ha prestado particular atención al tercer plano señalado –la racionalidad en los procesos económicos concretos–, especialmente dentro de las organizaciones industriales. De nuevo, la profundización la lleva a cabo sobre la base de la primacía de la observación empírica. De este modo, el análisis de casos concretos no es el resultado de una teoría previa con un núcleo de consideraciones a priori, sino que se concibe como un intento de observación de la conducta de los agentes económicos en el desarrollo mismo de su comportamiento, empíricamente contrastable. De ahí que caracterice su postura como “Economía conductual” (behavioral economics). Al principio prestó gran atención a modelos matemáticos10, sobre todo en su etapa en la Cowles Commission, pero progresivamente fue atendiendo más a factores cualitativos, fruto en parte de su preocupación por la Psicología. Vistos en conjunto, los trabajos en este tercer caso de racionalidad económica tuvieron un papel decisivo para la concesión del Premio Nobel de Economía en el año 1978.
2. DELARACIONALIDADCIENTÍFICAALARACIONALIDADECONÓMICA: PRESENCIA