100 Este sobrenombre se lo había ganado por su afán coleccionista de inscripciones y antigüedades.
101 Her ó d ic o d e Ba b ilo n ia, Personajes históricos en las comedias, fr. 3 Du r in g.
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el discípulo de Crates), cuando escribe sobre los parásitos, dice lo siguiente [fr. 78 Preller]: «El nombre de «parásito» actualmente tiene mala fama, pero entre los antiguos encon tramos que el parásito era una cosa sagrada, y algo semejan te a «comensal». Por ejemplo, en el templo de Heracles en Cinosarges102 hay una estela que contiene un decreto de Al cibiades, actuando como secretario Estéfano, hijo de Tucí- dides103, y en él se dice lo siguiente respecto al término en cuestión: ‘Que celebre los sacrificios mensuales el sacerdote junto con los parásitos. Que los parásitos sean hijos de ciu
dadano y extranjera, e hijos de éstos, de acuerdo con las costumbres ancestrales. Aquél que no quiera desempeñar el cargo de parásito, que sea llevado ante los tribunales tam bién por esos cargos’. Y en las tablas de las leyes referentes a los deliastas104 está escrito lo siguiente: Ύ los dos heral dos del linaje de los Heraldos105 del (Consejo) para los ritos mistéricos. Éstos tienen que ejercer como parásitos en el
102 Barrio periférico de Atenas. Las citas de inscripciones referentes a los parásitos aducidas por Ateneo en todo este pasaje (234 D-248 C) han sido objeto de estudio por parte de P. Sc h m it t-Pa n t e l, La cité au Ban quet. Histoire des repas publics dans les cités grecques, Roma, 1992, págs.
101-104; R. Pa r k e r, Athenian Religion: A H istory, Oxford, 1996, págs.
250 (nota 109) y 331, y J. K. Da v œ s, «Strutture e suddivisioni delle ‘po leis’ arcaiche. Le ripartizioni minore», en S. Settis (éd.), I Greci. Storia,
Cultura, Arte, Società, 2.1: Una storia greca-formazione, Turin, 1996,
págs. 599-652, especialmente págs. 634-637.
103 Quizás se trate de Tucídides el historiador, uno de cuyos hijos se llamaba Estéfano, de acuerdo con Pl a t ó n, Menón 94c.
104 Las más antiguas leyes atenienses estaban contenidas en unas tabli llas triangulares que formaban una pirámide de tres lados que giraba sobre un pivote, y recibían el nombre de kyrbeis. Los deliastas eran los m iem bros de las embajadas que las ciudades griegas enviaban a participar en las fiestas de Apolo en Délos.
105 Se trata de un linaje sacerdotal relacionado con los misterios eleu- sinos.
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templo de Apolo Delio durante un año’. En Palene106, a su vez, en las ofrendas votivas está escrito lo siguiente: ‘Lo dedicaron los magistrados y parásitos que en el arcontado de Pitodoro107 fueron galardonados con una corona de oro. Ba jo la sacerdotisa Dífile. Parásitos: Epílico, hijo de ***stra-
to 108, del demo de Gargeto; Pericles, hijo de Periclito, del demo de Piteo; Carino, hijo de Demócares, del demo de Gargeto’. Y en las leyes del arconte basileo109 está escrito: ‘Que hagan sacrificios a Apolo los parásitos del demo de Acamas’».
Por su parte, Clearco de Solos, que es uno de los discí pulos de Aristóteles, en el libro primero de sus Vidas, escri be lo siguiente [DSA III, fr. 3 7 ] : «Aún más, aunque en la ac- 235 a
tualidad es parásito quien está dispuesto a serlo, en aquel tiempo lo era el elegido para vivir en comunidad con otros; por ejemplo, en las antiguas leyes ***, la mayoría de las ciudades aún hoy en día incluye entre los cargos más hono rables a los parásitos». A su vez, Clidemo, en su Historia
del Ática, dice [FGrH 323, fr. 11]: «También se elegían pa
rásitos en honor a Heracles». Y Temisón, en su Historia de
Palene [FGrH 374, fr. 1 a]: «Que se ocupen de ello el ar
conte basileo que ejerza el cargo en cada momento, los pa rásitos que sean elegidos de entre los demos, los ancianos y las mujeres casadas en primeras nupcias». Puedes también, b a raíz de lo dicho, mi noble Ulpiano, preguntar quiénes son las «mujeres casadas en primeras nupcias»110. Pero bueno
106 Demo del Ática en el que había un importante templo dedicado a Atenea.
107 Año 432-431 a. C.
108 En el texto se ha perdido la parte inicial del nombre propio. 109 Sobre estos magistrados, cf. lo dicho en 251 B (nota).
110 A sí es como explica Pó l u x (III 39) el significado del término
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(ya que la conversación va de parásitos), también en el Ana- ceo 111 está escrito sobre una estela: «De los dos bueyes es cogidos que abran la marcha, la tercera parte112 debe ser pa ra la concurrencia, y de las dos partes restantes, una, para el sacerdote y otra, para los parásitos». Crates, por su parte, en el libro segundo de su Dialecto ático, dice113 [fr. 66 a Met te]: «También el parásito en la actualidad se ha convertido en algo deshonroso, pero anteriormente se llamaba «parási tos» a las personas elegidas para el cobro del trigo sagra d o 114, y existía una sede oficial de parásitos. Por eso tam bién en la ley del arconte basileo está escrito lo siguiente: ‘Debe ocuparse el basileo, por lo que a los arcontes se refie re, de que sean nombrados, y de que los parásitos sean ele gidos de entre los demos conforme a los estatutos. Que los parásitos del Establo115 seleccionen, cada uno de la porción que le corresponda, la sexta parte de un medimno de cebada, y que la consuman los atenienses presentes en el recinto sa grado, conforme a las costumbres ancestrales. A su vez, que entreguen a los magistrados en honor de Apolo la sexta par te de un medimno los parásitos de Acamas, después del co bro de la cebada’. Por otro lado, que había incluso una sede oficial de los mismos está escrito de este modo en dicha ley: ‘Para la reparación del templo, del lugar de reunión de los parásitos y de la casa sagrada, debe pagarse el dinero que
111 O templo de los Dioscuros.
112 Es decir, un tercio de su carne, una vez sacrificados.
113 Se discute si la obra titulada D ialecto ático era de Cr a tes d e Ma lo s, o bien del historiador Cr a tes d e Ate n a s, y de hecho este fragmento se recoge también entre los de éste último (FG rH 362, fr. 7).
114 Destinado a la s celebraciones religiosas.
115 Parece que con este nombre (en griego Boukolía), se designaba la sede del arconte basileo, o una de sus dependencias.
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estipulen los que reparan los lugares sagrados, sea cuanto sea’. A partir de estas palabras queda claro que el lugar en el que los parásitos depositaban las primicias del trigo sagrado se denominaba «lugar de reunión de los parásitos» (parasi
tions)». Lo mismo cuenta también Filócoro, en el escrito titu
lado Tetrápolis [FGrH 328, fr. 73], cuando menciona a los parásitos adscritos a Heracles, así como el comediógrafo Diodoro de Sínope, en La heredera [PCG V, fr. 2], cuyo e
testimonio ofreceré un poco más adelante116. Aristóteles, por su parte, en su Constitución de Metone, dice [fr. 562 Gi gon]: «Los magistrados tenían dos parásitos cada uno y cada jefe militar, a su vez, sólo uno; recibían contribuciones fijas
de algunas otras personas y pescado de los pescadores».
Por otro lado, el personaje que en la actualidad llamamos «parásito», Ca e n /o 'comedia ristio de Pérgamo, en su libro Sobre
las didascalias [FHG IV, fr. 17, pág.
359], afirma que fue llevado al esce nario por primera vez por Alexis117, olvidando por completo que Epicarmo, en Esperanza o Riqueza, lo había presentado f
en escena durante una sobremesa, diciendo [PCG I, fr. 31 (31 R-N)]118:
Pero éste otro está así, casi pisando los talones de ése. Con facilidad lo encontrarás tú; y es que, en efecto,
es un invitado perpetuo por poco precio. Bueno, como quiera él se bebe la vida de un trago, como una copa. [que sea,
116 En 239 B.
117 Cf. Alexis, E l parásito, P C G II, test. I.
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Y el mismo autor hace al parásito decir lo siguiente a uno que le pregunta [PCG I, fr. 32 (32 R-N)]:
Cenando con quien quiere, sólo tiene que invitarme,
e incluso con quien no quiere, y ni siquiera hace falta que Allí soy encantador y causo mucha [me invite.
236 a risa, y ensalzo al anfitrión.
Y si alguien pretende decir algo contrario a aquél, lo insulto, y me vuelvo odioso para él.
Y más tarde, tras mucho engullir y mucho beber,
me voy. Mas la lámpara no me la lleva, acompañándome, el [esclavo, sino que camino tropezando y a través de la oscuridad, solo. Y si me encuentro con los vigilantes,
atribuyo a los dioses como una bendición que no quieran más que azotarme.
b Y después que llego a casa destrozado,
duermo sin manta; y lo anterior no lo noto,
mientras el vino puro me envuelva el entendimiento.
Y el parásito de Epicarmo continúa diciendo otras cosas por el estilo. El de la obra de Dífilo afirma lo siguiente [PCG V, fr. 61]:
Cuando me invita un hombre rico que celebra una cena, no contemplo los triglifos ni los techos,
ni examino las jarras corintias,
sino que observo fijamente el humo del cocinero.
c Y si corre lanzándose impetuoso en vertical,
me regocijo y me alegro y sacudo las alas.
En cambio, si es oblicuo y delgado, inmediatamente percibo que la cena en cuestión tiene para mí... bueno, ni siquiera [sangre.
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No obstante, según afirman algunos, Homero fue el primero en presentar un parásito, cuando dice que Podes era un grato compañero de convite de Héctor [II. XVII 575-577]:
Y había entre los troyanos cierto Podes, hijo de Eetión, rico y noble; y mucho lo apreciaba Héctor
entre el pueblo, pues su camarada era un grato compañero [de convite.
Pues llama «grato en el convite» al grato en el banquete119. Por eso hace así mismo que éste sea herido por Menelao en el vientre120. Dice Demetrio de Escepsis [fr. 74 Gaede] que también Pándaro, por jurar en falso, lo fue en la lengua. Y lo hiere un espartiata, admirador de la autosuficiencia121.
Por otra parte, los poetas antiguos llamaban a los parási tos kólakes (aduladores); por ellos puso también Éupolis el título a su drama, e hizo al coro de Los aduladores decir lo siguiente [PCG V, fr. 172]:
Mas el régimen de vida que llevan los aduladores os diremos. Pero escuchad, pues somos en todo hombres ingeniosos. En primer lugar, su esclavo es un servidor ajeno la mayor parte de las veces, pero por un ratito tam-
[bién es de mi propiedad. Tengo, por otro lado, estos dos bonitos mantos122,
que sustituyo continuamente entre sí siempre que voy
119 Homero emplea para «banquete» la palabra eilapinë, que traduci mos por «convite», en lugar del término más usual, deípnos.
120 El episodio aludido se encuentra en Iliada X V II578.
121 Se alude a Iliada V 292. Pándaro dirigía un grupo de licios que ha bían acudido en ayuda de los troyanos asediados por los aqueos. Su perju rio consistió en romper la tregua que se había concertado mientras durase el combate singular entre Paris y M enelao, disparando contra éste.
122 Probablemente al decir esto el actor mostraba el mismo manto del derecho y del revés.
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al mercado. Y cuando le echo allí el ojo a un hombre necio pero rico, al punto voy hacia él.
Y si acierta a decir algo el ricachón, lo aplaudo mucho y me quedo atónito, fingiendo que me agradan sus palabras. Después, vamos a la cena, cada uno de nosotros a un sitio [distinto, al pan de un extraño, por lo que tiene que decir muchas co-
[íaí· agradables
sobre la marcha el adulador, o lo ponen en la puerta.
a Sé que a Acéstor el marcado a hierro123 le pasó eso,
porque profirió una broma insolente, y entonces el esclavo lo condujo a la puerta con una cadena y se lo entregó a
[Eneo124.
El término «parásito» lo menciona Araro, en El himeneo, con estas palabras [PCG II, fr. 16]:
No hay modo de que no seas un parásito, queridísimo. Mas he aquí a Iscómaco, que resulta ser quien te alimenta.
Aunque el nombre aparece a menudo en los poetas más mo dernos. En cuanto al verbo, se encuentra en el Laques del fi- B lósofo Platón. Dice, en efecto [179 c]: «Y los muchachos comen junto a nosotros (parasiteín)». Afirma que hay dos clases de parásitos Alexis, en E l piloto, con estas palabras
[PCG II, fr. 121]:
P a r á s i t o . — Dos son, Nausinico, las clases de parásitos;
una, la común y ridiculizada en la comedia,
123 Se trata de un poeta trágico, del que también se burla Aristó fa n es
(Aves 31).
124 Eneo era el héroe epónimo del demo ático en el que estaba el foso al que se arrojaban los cuerpos de los ajusticiados, y de ahí la alusión.
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nosotros los negros 125. Pregunto por un segundo tipo, sátrapas parásitos y generales ilustres 126,
llamado imparcialmente «parásito respetable»,
que representa en sus vidas su papel a la perfección, con c [gesto de orgullo en las cejas, y despilfarra fortunas de mil talentos.
¿Conoces (tú) la clase y la situación? N a u s i n i c o .— Claro
[que sí.
P a r . — El tipo de ocupación de cada una de estas clases
es uno solo: un certamen de adulación.
Lo mismo que en nuestras vidas el azar a algunos
de nosotros nos asignó a los poderosos, y a otros, a los [ínfimos, y así, mientras unos somos pudientes, otros estamos deses- d
[perados. ¿Me explico, Nausinico? N a u s . — Sin errar el blanco;
pero es que, si te elogio demasiado, me pedirás algo.
Pinta no sin gracia el carácter del parásito tal cual es Ti- mocles, en Draconcion121, de este modo [PCG VII, fr. 8]:
¿Entonces voy yo a permitir a cualquiera que hable mal de un parásito?¡Ni mucho menos! Pues no hay en estos asuntos gente más útil.
Y si es la camaradería una de las virtudes, un parásito la practica en el más alto grado.
Que estás enamorado: se convierte en un amante adjunto e
[que no pone excusas. Tienes algún negocio: lleva a cabo, asistiéndote, lo que
[haga falta,
125 Llamados así por el color de sus vestimentas.
126 De acuerdo con los editores de los PC G , respetamos el orden origi nal de los w . 4 y 5, alterado por Ka ib el siguiendo a Do b re e.
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considerando justo lo mismo que quien lo alimenta. ¡Qué asombroso panegirista de sus amigos!
Se complacen en placeres gratuitos de banquetes128; ¿y quién no de los mortales? ¿O qué héroe o dios rechaza este tipo de entretenimiento?
Pero para no alargarme demasiado hablando durante todo [el día, creo que puedo mencionar una prueba contundente
F de que la vida de los parásitos es digna de estima:
en efecto, se les concede el mismo privilegio que a quienes en los juegos olímpicos, en virtud de su utilidad: [ganan manutención. Pues donde no se aporta escote,
todos esos lugares se llaman pritaneos129.
También Antífanes dice, en Los gemelos [PCG II, fr. 80]:
a Pues el parásito, si bien lo miras,
es compañero en ambas cosas: la suerte y la vida. Ningún parásito pide que les vaya mal a sus amigos, sino, al contrario, que a todos les vaya bien siempre. Que uno es derrochador en su género de vida: no lo envidia, sino que pide participar de esas cosas permaneciendo a su
[lado. También es un amigo noble y fiable al mismo tiempo, ni belicoso, ni irascible, ni maldiciente,
bueno para soportar la cólera. Si hablas en broma, ríe;
b cariñoso, chistoso, alegre de carácter.
Y después, es buen soldado hasta la exageración, con tal de que el rancho sea una cena bien dispuesta.
128 Enálage.
129 En el pritaneo o casa consistorial se mantenía a expensas del erario a ciertos funcionarios.
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También Aristofonte dice, en El médico [PCG IV, fr. 5]:
Mas quiero advertirle antes qué clase de persona soy en mis [costumbres. Si alguien da un banquete, estoy allí el primero, de modo [que ya hace tiempo
*** que me llaman «Caldo». Que hay que alzar por la cin
tu ra a alguno de los que están borrachos: creerás ver en mí a un luchador c
[argivo. Que hay que lanzarse contra una casa: un ariete; que subir por una escalenta ***: un Capaneo130; que soportar gol-
{pes: una masa de hierro candente; que dar puñetazos: un Telamón13 V que tentar a los buenos:
[como el humo132.
Y en El discípulo de Pitágoras dice [PCG IV, fr. 10]133:
Respecto a lo de tener hambre y no comer nada, imagínate que estás viendo a Titímalo, o a Filípides134.
130 Capaneo era uno de los miembros de la expedición de los Siete contra Tebas, muerto por el rayo de Zeus cuando se disponía a escalar la muralla de la ciudad.
131 Los «golpes de Telamón», padre de uno de los Á yax homéricos, eran tenidos por terribles.
132 Se entiende que por su sutileza y capacidad de penetrar por cual quier resquicio.
133 Los peculiares hábitos alimenticios de los pitagóricos, modelo de moderación en el comer (cf., por ejemplo, M. J. García Soler, «Alim en tation et santé dans la Grande Grèce», en A. M. Somma [éd.], M edicina in
M agna Grecia, Bari, 2004, págs. 49-78), dieron lugar a frecuentes sátiras
en la Comedia antigua y media. Sobre esta cuestión cf., entre otros, J. L.
Sanchís Llopis, «Los pitagóricos en la Comedia media: parodia filosófica
y comedia de tipos», H abis 26 (1995), 67-82.
134 Nombres de dos parásitos. Sobre Titímalo, cf., infra, en 240 C-F; a la extrema delgadez de Filípides se refiere también Alexis en un fragmen to citado por At e n e oen 230 C.
6 0 BAN QU ETE D E LOS ERU DIT OS
En beber agua es una rana; en disfrutar de la ajedrea y las verduras, una oruga; de cara a no lavarse, una p ar
en pasar el invierno al raso, un mirlo; [quería; en soportar el calor sofocante y charlar al mediodía, una cigarra; en no utilizar el aceite135, ni verlo, una polvareda; en pasear desde la mañana descalzo, una garza; en no dormir ni pizca, un murciélago.
Antífanes, en Los antepasados [PCG II, fr. 193]:
Conoces mi carácter, y que no hay en él vanidad; al contrario, con mis amigos soy así, en efecto: en recibir golpes, una masa de hierro
[candente; en dar golpes, un rayo; en dejar ciego a alguien, un relám pago; en alzar y llevarme a uno, un vendaval; en ahogar, un lazo; en apalancar puertas, un terremoto; en saltar, un saltamontes; en cenar sin ser invitado, una mosca; en no moverme, un pozo. Estrangular, matar, testificar, sencillamente cuanto
a uno se le ocurra decir, todo eso lo hago sin reflexionar. Y me llaman los más jóvenes
por todo ello «Huracán». Pero nada me importan las burlas; pues como soy amigo de mis amigos, nací servicial de hecho y no sólo de palabra.
A su vez, Dífilo, en El parásito, hace que el parásito diga lo siguiente cuando está a punto de celebrarse una boda [PCG V, fr. 62]:
135 El aceite era utilizado por los griegos en la higiene cotidiana, espe cialmente tras el baño, para mantener hidratada la piel. En la traducción de este verso sigo el texto de los mss. (véase la nota crítica al comienzo del volumen).
LIBRO VI 6 1
¿Ignoras las consecuencias de las maldiciones si uno no indica correctamente el camino o enciende fuego o corrompe el agua
o, a alguien que se dispone a dar una cena, se lo impide?136
Eubulo, por su parte, en Edipo [PCG V, fr. 72]:
El primer hombre que inventó lo de cenar la comida ajena era un demócrata, según parece, en sus costumbres.
En cambio, quien, habiendo invitado a cenar a un amigo o después le reclama el escote, [a un extranjero, ¡que se convierta en un proscrito sin llevarse nada de su
[icasa! 137 Diodoro de Sinope, en La Heredera, respecto al vivir como