2.1 Del concepto de sexo al concepto de género
Gráfica 2.3 Comparativa del tiempo dedicado al trabajo y al hogar entre hombres y mujeres
2.4. Algunos binomios que surgen desde la ocupación.
2.4.2. Paro y desempleo.
También observamos que existe una importante diferencia de matiz entre estos dos términos que se suelen utilizar indistintamente como sinónimos: “estar en el paro” y “estar desempleado”.
Según la Encuesta de Población Activa (EPA), paradas “son las personas de 16 o más años que durante la semana de referencia han estado sin trabajo, disponibles para trabajar y buscando activamente empleo. Se considera que una persona busca empleo de forma activa si:
Ha estado en contacto con una oficina pública de empleo con el fin de encontrar trabajo.
Ha estado en contacto con una oficina privada (oficina de empleo temporal, empresa especializada en contratación, etc.) con el fin de encontrar trabajo.
Ha enviado una candidatura directamente a los empleadores.
Ha indagado a través de relaciones personales, por mediación de sindicatos, etc.
Se ha anunciado o ha respondido a anuncios de periódicos.
Ha estudiado ofertas de empleo.
Ha participado en una prueba, concurso o entrevista, en el marco de un procedimiento de contratación.
Ha estado buscando terrenos o locales.
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También se consideran paradas a las personas que ya han encontrado un trabajo y están a la espera de incorporarse a él, siempre que verifiquen las dos primeras condiciones.”21
Pero, en líneas generales, una persona puede estar desempleada, es decir, sin empleo. A pesar de ello, esto no implica que tenga que estar “parada”, puesto que puede desarrollar otras múltiples actividades: se forma, atiende las tareas domésticas, etc.
Esta percepción de “estar parado/a”, tiene relación con la idea extendida según la cual quien no trabaja, no hace nada... nada de utilidad para la sociedad, añadimos. Deviene de la importancia central que el empleo posee en nuestra sociedad, define a la persona, la ubica dentro de un contexto social, dotándolo de significación en referencia a otros, “eres según haces”. Lo que, evidentemente, es una boutade, puesto que las personas no son seres unidimensionales.
En vista de los modelos dicotómicos mostrados, la realidad que parece perfilarse en el horizonte laboral implicará, tal y como señala José Félix Tezanos, que “se puede acabar planteando un dilema doblemente negativo: o bien se asume que una parte creciente de la población termine engrosando las filas del desempleo, o bien se acepta que una parte también importante “tenga que aguantarse” con malos empleos y con una mayor desigualdad general” (Tezanos, 2001: 51).
A pesar de que algunos autores plantearon un futuro con una sociedad basada en una reducción del trabajo, para mejorar las condiciones de vida (calidad de vida) dentro de un contexto más tecnificado y global (Beck, 2000; Tezanos, 2001), la realidad que se impone en la actual coyuntura económica es netamente diferente. Así según los más recientes datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) del primer trimestre del 2013, se desprende que:
a) El número de parados crece en 237.400 personas y alcanza la cifra de 6.202.700. La tasa de paro se incrementa 1,14 puntos, hasta el 27,16%.
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b) El descenso del empleo es mayor entre los hombres (–199.500) que entre las mujeres (–122.800).
c) En los 12 últimos meses el empleo se ha reducido en 798.500 personas (490.200 hombres y 308.300 mujeres).
d) El empleo a tiempo completo baja este trimestre en 385.300 personas, mientras que el número de ocupados a tiempo parcial sube en 63.000. El porcentaje de personas que trabaja a tiempo parcial se incrementa 68 centésimas, hasta el 16%22.
A la luz de los datos, da la impresión que la presente coyuntura haya acelerado un proceso en el cual, como indicaba Tezanos, “en la medida en que los nuevos modelos de producción están modificando la estructura de relaciones y dependencias propias del paradigma industrial capitalista y entrañan riesgos para muchas personas de quedar sin trabajo, o tener que conformarse con empleos de bajos salarios, se tienden a caber más explícitos los peligros de la escisión entre <economía y sociedad>” (Tezanos, 2001: 248).
Según se extrae de los datos de la EPA en el primer trimestre de 2013, el desempleo masculino sigue siendo mayor que el femenino, aunque aumenta la temporalidad. Con esto podemos concluir de lo observado, que nos indica como
muchos sectores de la sociedad mantendrán patrones muy tradicionales en la división del trabajo. Las dificultades para conciliar trabajo y familia en el futuro se puede observar en estudios tales como el recogido en un informe sobre políticas de conciliación (Las políticas de conciliación en España y sus efectos: un análisis de las desigualdades de género en el trabajo del hogar y el empleo, 2010), según el cual “las parejas con doble salario e hijos menores dependientes con recursos económicos medios y bajos (un perfil de familia creciente en España) tendrán muchos problemas para conciliar empleo y familia. Dadas las políticas sociales existentes, serán, una vez más, las mujeres, especialmente las que tienen un nivel de cualificación bajo, quienes sufrirán el carácter residual de las políticas familiares” (Gracia y Bellani, 2010: 42).
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Así mismo, es probable que, como señalan algunos investigadores, estemos ante un cambio en el modelo productivo, pero que conllevara, a su vez, que “los cambios en el tiempo de trabajo implicaran cambios en la reorganización del trabajo. Y que estos cambios para conseguir éxitos notables necesitaran políticas sociolaborales ampliamente consensuadas, aun cuando puedan ser aplicadas a nivel local” (Miguélez, Torns, Borrás, Moreno, y Recio: 2005, 85).