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2. Película vista en clase “The Queen”
El 1 de Septiembre de 1997, el mundo se despierta con la trágica noticia de que la Princesa Diana, ex-mujer del heredero al trono británico, además de la mujer más famosa en ese momento, había muerto en un accidente de coche. Al día siguiente, las puertas del Palacio de Buckingham aparecen llenas de flores como tributo a la joven princesa.
Pero Buckingham Palace está vacio. La familia real, aposentada en el Castillo de Balmoral, perm aneció estoica en su respuesta a la tragedia. El suyo es un mundo de tradición, dónde el protocolo es lo más importante y las muestras públicas de emociones no están bien vistas. Diana, además, ya no era parte de la familia real y este no era un asunto de estado.
Tony Blair, comenzó a sentir como estaba cambiando la opinión pública británica. La famosa reserva británica y su carácter flemático parecía estar derritiéndose. En su lugar había un desbordamiento de emociones por la pérdida de la princesa, de una magnitud nunca antes vista en Gran Bretaña. Era como si toda la nación hubiese perdido una hermana, una madre o una hija. Ella era, como Blair la llamó en la conferencia de prensa televisada que se hizo el día que se anunció su muerte, "la princesa del pueblo".
Estas palabras tuvieron mucho efecto en los residentes de Balmoral. Cuando Blair sugirió que un funeral público sería apropiado, la Reina se enfadó al comentar éste que de esa forma el pueblo podría compartir el duelo. La idea hace que el pueblo la rechazara, recordándole al primer ministro que se trata de un funeral familiar y no una atracción de feria.
Para el lunes, los ramos de flores en la entrada de Buckingham Palace forman una pila de enormes
proporciones. Alistair Campbell, mano derecha de Blair, le da vueltas a la idea de que la Reina no es capaz de calibrar el estado de ánimo de la opinión pública mientras que Blair está ganando popularidad por sus gestos de simpatía, y se anticipa a los titulares de los periódicos que dijeron "Blair interviene para salvar a la monarquía de ella misma".
Cuando le dicen a la Reina que se planea un funeral público basado en el de la Reina Madre y en el que intervendrán personalidades públicas que su ex nuera solía frecuentar, siente que se está cuestionando su autoridad.
Además el público estaba empezando a airear cada vez más su enfado con la familia real con llamadas ofensivas a Balmoral.
A la Reina le parecía que Diana estaba siendo tan problemática tras la muerte como lo fue antes. Se hace evidente que este asunto ha revelado al pueblo una parte que la Reina nunca imaginó que sería posible, una parte que la Reina tiene problemas para entender.
Esta disposición para mostrar las emociones en público está también afectando a su hijo, Carlos, quien h a empezado a poner a prueba su paciencia con su falta de carácter en este momento de adversidad.
Universidad de Palermo Florencia Bellizzi Mientras comienzan los preparativos para el funeral, anticipando la llegada de más de dos millones de
personas a Londres, para el martes se plantea un nuevo problema de protocolo. Se produce otra polémica en los periódicos a propósito de la bandera del palacio de Buckingham que no ondea a media asta. Blair sugiere que se haga aunque esto vulnere el protocolo. En Balmoral, la Reina y el Príncipe Felipe se sienten
crecientemente frustrados ante el protagonismo del primer ministro y la aquiescencia de su hijo.
Para el miércoles, la prensa afila sus críticas hacia la familia real: "Mostradnos que hay un corazón en la casa de Windsor", dice el titular de un tabloide, "Tiempo de cambiar la Vieja Guardia", proclama otro. La presión sobre la casa real era demasiada.
Con sus ayudantes, además de su mujer animándole a liderar la corriente reformista, Blair le pide a la Reina que viaje a Londres para enfrentarse al pueblo y compartir su dolor. Ella se opone a satisfacer las presiones de los medios, pensando que el pueblo, pronto pararía la histeria y volvería a asumir un enfoque más digno y "británico" de la tragedia. Pero parece que los británicos ya no hacen las cosas a la vieja costumbre.
La mañana del jueves trae buenas y malas noticias: la buena noticia es que la popularidad de Blair se ha disparado, la mala son los titulares de la prensa, criticando a la Reina por su comportamiento. Es demasiado para Blair, un hombre cuyas simpatías monárquicas salen a relucir. Al acercarse el día del funeral, urge a la Reina a seguir un plan de acción que sea atractivo para el público y evite una crisis constitucional.
a. Situación Expuesta
Tras la muerte de Diana, la opinión pública reacciona como nadie lo hubiese esperado. Como primer detonante, dudaban de que el accidente hubiese sido parte de una conspiración. El 49% de la población estima que la verdad estaba siendo ocultada sobre la muerte de la esposa legal del heredero oficial de la corona y madre de su sucesor.
Desde el mismo momento del siniestro empezaron a circular intensos rumores sobre una supuesta trama para eliminar a Diana de Gales. Algunos conspiracionistas intuyeron que el accidente beneficiaba los intereses de la monarquía británica, así como a un misterioso comité, una de cuyas cabezas sería la reina Isabel II. Por otra parte, la reacción comunicacional, que sorprende por lo igual y que nos hace sostener que la televisión y sus posibles efectos fueron también considerados.
La opinión pública estaba reaccionando fuertemente en contra de la monarquía. Esta crisis llevo a que el mundo se despierte con la trágica noticia, y al día siguiente, las puertas del Palacio de Buckingham aparecen llenas de flores como tributo. Pero el Palacio estaba vacio, la familia real, aposentada en el Castillo de
Balmoral, permanece estoica en su respuesta a la tragedia. El suyo es un mundo de tradición, dónde el protocolo es lo más importante y las muestras públicas de emociones no están bien vistas. Esto movilizo la opinión pública, ya que no había un líder que maneje adecuadamente la crisis y el pueblo necesitaba el acompañamiento de su Reina en este duelo.
Aunque inicialmente, la Familia Real era reacia a darle a Diana un funeral de Estado, las muestras de afecto y dolor por parte del pueblo británico obligaron a Buckingham a tomar una decisión al respecto. Su protocolo era muy estricto y los funerales con exequias de Estado están reservados a miembros de la casa real con rangos de majestad y a relevantes gobernantes del país; en el protocolo también existe un tipo de funeral llamado Funeral Real reservado a miembros de la casa real con rangos de alteza real, pero Diana tampoco calificaba en este funeral, aunque para la opinión publica fuese considerada “la princesa del pueblo”. b. Conclusiones Positivas y Negativas
El protocolo mostro ser muy rígido y estricto, y a pesar de que Diana era considerada una personalidad importante para el pueblo, no existía en los planes de la monarquía, mostrar su dolor y rendirle el funeral que el publico esperaba.
La Reina, en este momento de crisis, no acompañó al pueblo en su dolor, por lo que la reacción de la opinión publica no tardo en manifestarse en contra de la corona.
Esta serie de reacciones hizo que la Reina Isabel II de Inglaterra decida, casi obligada por el pueblo británico, a dirigirse a la nación, por primera vez en 40 años, para rendir, un sentido homenaje a la princesa de Gales. Vestida de negro y frente a una ventana abierta por la que podía verse a la multitud que se concentraba a la entrada del Palacio de Buckingham, la monarca dijo que nadie que conociera a la princesa la podría olvidar. Agregó también, que Diana fue un ser humano excepcional y de grandes dotes y que ni en las buenas ni en las malas, había perdido su capacidad de sonreír ni reír, ni inspirar a los otros con su calidez y bondad. Este pronunciamiento se produjo después de una serie de críticas por la frialdad e indiferencia con que la familia real reaccionó a la muerte de la princesa Diana. Nunca la monarquía había sido objeto de tantos cuestionamientos por la opinión pública.
En el mensaje, que fue sin duda la respuesta al descontento popular, la reina intentó dar prueba de humanidad y restablecer la unidad alrededor de su persona.
Para muchos estas palabras no fueron suficientes para desmentir por completo a los que, no sin fundamento, afirman que la familia real británica nunca quiso verdaderamente a la princesa del pueblo. De todas formas, la Reina hizo una invitación a seguir los funerales de Diana, que deberán ser, según subrayó, una ocasión de mostrar al mundo entero la nación británica unida en el duelo y el respeto.
Rompiendo con todos los protocolos, la reina y su marido, el Duque de Edimburgo, se unieron sorpresivamente a la multitud que se agolpaba frente a las puertas del Palacio de Buckingham.
Un poco antes, el príncipe de Gales y sus dos hijos, los príncipes Guillermo, de 15 años, y Enrique, de 12, habían hecho lo mismo frente al Palacio de Kensington, residencia de la princesa Diana.
En Kensington, los dos príncipes, aparentemente emocionados, sonreían a la gente a la cual estrechaban las manos, pero protegidos por una barrera de seguridad.
Los hijos de la princesa Diana conversaron con desconsolados miembros del público, y aceptaron ramos de flores, que luego colocaron a lo largo de las rejas, antes de ingresar nuevamente al Palacio.
Para la prensa y el público en general, la sorpresiva aparición de la familia real y su contacto con la gente fue el mejor intento por apaciguar la indignación de los británicos. Y al parecer el resultado fue positivo. El diario The Sun lo tituló “Finalmente la reina hace lo que corresponde”.
Las Dudas
El conductor del vehículo en el que viajaba Diana, no estaba ebrio; sin embargo, la autopsia reveló que el chofer tenía tres veces el nivel de alcohol en la sangre permitido para conducir, equivalente a dos aperitivos y una botella de vino.
Otro aspecto que se comento por la prensa francesa fue, que tras el accidente, olvidaron llamar a los médicos de reanimación quienes perdieron así 10 preciosos minutos para llegar hasta la princesa.
Universidad de Palermo Florencia Bellizzi c. Conclusión Final
Como conclusión personal, creo que a través de este trabajo podemos ver la importancia que tiene considerar la opinión pública en épocas de crisis.
Imagino que una crisis mal manejada en una empresa, puede llevar a que sus empleados manifiesten su descontento de forma abrupta y en contra de esta, viéndose comprometida la continuidad del negocio. Propongo a pensar que hubiese pasado si la monarquía no reaccionaba a tiempo sobre las repercusiones que tuvo la muerte de Diana en el mundo entero.
Creo que el daño hubiese sido devastador, puesto que el pueblo se pronunciaba cada vez más en contra de la corona y de su anticuado protocolo, y si no tomaban las acciones adecuadas sobre esto, toda la monarquía se vería afectada seriamente.
Además, podemos ver lo importante que es anticiparse a estas cuestiones tan dramáticas. La falta de existencia de un protocolo adecuado a lo que el pueblo necesitaba, hizo que surgiera la precipitación de la confianza de este hacia la monarquía, que no veía a su Reina acompañándolos en este duelo, generando descontento y malas caras hacia esta.
Lo valioso en momentos de crisis, en mi opinión, es considerar a la opinión pública y tener un fuerte liderazgo sobre esta. Mediante la comunicación y el acompañamiento se puede lograr bajar la ansiedad y exaltación, teniendo un mejor manejo de los desvíos que surjan.
También creo importante la actualización de los protocolos y tener la mente abierta a las nuevas costumbre y cambios en la manera de pensar de la sociedad. Hay que adaptar nuestros protocolos a estas cuestiones, para que en momentos de crisis no surjan más problemas de los que tenemos.
Quiero destacar, como ultima opinión, el comportamiento flexible de la Reina, que a pesar de fuerte pasión por las viejas costumbres, pudo entender al pueblo, y se acerco a ellos para liderar el duelo.
3. Bibliografía
Material Bibliográfico de la materia Relaciones Publicas Wikipedia – Diana Spencer