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Percepciones sobre el teatro como representación artística

TRAVÉS DEL TEATRO

4.2.2 Percepciones sobre el teatro como representación artística

Siendo una expresión propia de los chinos, individuos a los que se consideraba de insuficiente capacidad artística e intelectual, el teatro tradicional

376

Tesis de Bachiller en Ciencias Políticas y Administrativas.

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chino fue considerado mayormente por la sociedad limeña como una expresión sin mayores cualidades a resaltar.

Tanto por la forma como por el contenido, las representaciones chinas fueron identificadas como piezas de escaso valor estético. Según señalaba el escritor Clemente Palma, al igual que un cronista del diario El Comercio, el teatro chino era una expresión de «inverosímiles concepciones pueriles»378 cuyos argumentos eran identificados como ingenuos y simples:

… son lánguidos, románticos, sentimentales, de una sentimentalidad ingenua, y con un fin de honestidad. Esto sin perjuicio de otro argumento: el de las guerras, generalmente luchas de razas. Capuletos y Montescos de las llanuras chinas. Julietas y Romeos de los castillos de porcelana (…) Los hay simplísimos. De una simplicidad primitiva, completamente ingenua. Dos mancebos se casan, se quieren, tienen una larga vida matrimonial, forman el hogar, envejecen, mueren y los hijo les suceden, y como aprendieron de los padres llevan la misma vida, siempre bajo la protección del Gran Sacerdote, que cuida no desaparezca esta familia ejemplar… y en lo épico ya es muy diferente, los guerreros, armados de mazas y espadas relucientes, se empeñan en luchas temibles, sangrantes, mortales. Se pelea por todo: por una mujer y por una gracia del emperador; por una ofrenda a Confucio, y por la posesión de un feudo….379

Para el destacado intelectual José Carlos Mariátegui, por su parte, el teatro chino era una expresión reservada exclusivamente a la diversión, una expresión decadente que no transmitía los valores propios de la civilización oriental, ni su disciplina moral:

El teatro chino… no ha conseguido en nuestra literatura más eco que el propiciado efímeramente por gustos exóticos y artificiales del decadentismo. Valdelomar y los «Colónidas», lo descubrieron entre sus sesiones de opio, contagiados del orientalismo de Loti y Farrere.380

A diferencia del teatro «culto» elogiado y financiado económicamente, por los fines educativos que perseguía, las elites intelectuales y las autoridades municipales identificaron al teatro tradicional chino como una expresión exclusivamente recreativa a la par que grotesca, que no merecía beneficiarse con el apoyo municipal. Al respecto según señalaba el inspector municipal Eleuterio Macedo:

378

Palma, Clemente, El provenir de las razas en el Perú, p. 25.

379

El Comercio, 14 de marzo de 1920.

380

Mariátegui, José Carlos, 7 Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana, Editorial Amauta, Lima, 1968, p. 270.

Si es cierto que puede hacerse alguna gracia cuando se trata de espectáculos, es considerando que las funciones dramáticas tienden a la ilustración del pueblo y desarrollar las bellas artes, pero los espectáculos chinos no se hallan en este caso y al contrario son molestos al vecindario por el ruido insoportable que producen.381

Las representaciones chinas lejos de ser consideradas como expresiones artísticas, fueron identificadas como espectáculos perniciosos que perjudicaban la tranquilidad del vecindario por la sonoridad de sus instrumentos. Para las autoridades limeñas, las representaciones chinas no eran más que espectáculos informales que no tenían punto de comparación con los reconocidos espectáculos que se representaban en los principales teatros de la capital y que eran elogiados por los fines moralizadores e instructivos que los caracterizaban. Según señalaba el inspector de espectáculos Eleuterio Macedo:

Los espectáculos que ofrecen las empresas asiáticas en sus teatros no pueden considerarse comprendidas en la categoría de las funciones dramáticas y líricas que se ofrecen en el teatro principal cuya misión civilizadora es reconocida por todos… dichas funciones de asiáticos pueden mirarse como espectáculos de teatros ambulantes.382

Asimismo, las representaciones tradicionales chinas también fueron identificadas como obscenas e indignas de la estima del público por los movimientos corporales y acrobáticos que formaban parte de algunas de ellas. Como señalaba un cronista después de contemplar una representación «nos ha parecido poco decente que los asiáticos practiquen en la escena actos repugnantes».383

Contrariamente a lo que pensaba la mayoría de las autoridades sobre las representaciones chinas y sus creadores, para el alcalde Pedro José Saavedra, los chinos eran individuos «laboriosos y útiles» cuyos espectáculos «no tenían nada de inmoral» y por el contrario eran una de las pocas expresiones sanas a las cuales tenían acceso los chinos.384

381

AHML, Espectáculos Públicos, 4 de abril de 1877.

382

AHML, Espectáculos Públicos, 6 de abril de 1877.

383

El Comercio, 22 de febrero de 1869.

384

En ese mismo sentido, para Cipriano Laos, un conocido escritor de inicios de siglo XX, el teatro chino era una expresión a la cual la gente acudía «en busca de exóticas impresiones», Laos, si bien atribuía un carácter exótico a estas representaciones, manifestaba a su vez su buena disposición hacia ellas demostrando una actitud tolerable pues en relación a ellas también señalaba que «bien vale la pena apreciar las distintas modalidades del arte y costumbres de la milenaria civilización china».385 Como una actitud similar a esta podríamos identificar a la de un cronista del diario El Nacional quien señalaba a propósito de la vigilancia que la Prefectura hacía de estos lugares:

Creemos que no se debe privar a la desgraciada raza que hoy reemplaza a la de los esclavos de las únicas diversiones a que pueden entregarse en un país de costumbres tan opuestas a las suyas, pedimos tolerancia para esos desgraciados.386

El cronista referido, además, señalaba también que las representaciones chinas merecían ser vistas por el público, aunque no fuera sino como una «novedad».387 Este punto de vista, que denotaba cierto nivel de aceptación o tolerancia hacia las expresiones chinas, a condición de determinados factores, fue compartido también por otro cronista del mismo diario, si es que no fuera él mismo quien las escribió, que señalaba que las representaciones chinas merecían ser vistas «por vía de variedad y por consignar rasgos típicos que no carecen de interés por su originalidad».388

En efecto, la originalidad y novedad que significó este tipo de teatro entre algunos limeños fueron aspectos que alentaron, de una parte, el desarrollo de un notorio nivel de tolerancia hacia este teatro, y de otra, una actitud tolerante, pero condicionada a determinados factores como fue la que se registró en las dos últimas referencias citadas.

Por otra parte, es innegable que, si bien la originalidad del teatro chino logró desarrollar ciertos niveles de aceptación entre algunos sectores de limeños, fueron precisamente las mismas particularidades de esta expresión las que hicieron que este teatro sea poco aceptado por la mayoría de los

385

Laos, Cipriano, Lima. La ciudad de los virreyes, p. 94.

386 El Nacional, 12 de julio de 1871. 387 El Nacional, 12 de julio de 1871. 388 El Nacional, 28 de diciembre de 1874.

críticos limeños. Esta atracción o importancia que atribuyó por ejemplo, César Falcón a este tipo de teatro, finalmente fueron muy escasas en la sociedad limeña:

En el teatro chino la farsa se hace a la vista del público... Los chinos no conocen la hipocresía del teatro europeo que pretende representar exactamente la vida; y por esto, solo acepta que se le contemple desde la sala. La farsa china es más sincera, más amplia, más abstracta, más metafísica. Autor, público y actores están de acuerdo en que las escenas que representan son fabulosas y las aceptan sin pretender engañarse.389

A diferencia de las piezas tradicionales que generaron mayormente opiniones despectivas entre los limeños, la presentación de la obra «moderna» china titulada «Li ton chu» o «El hijo de la concubina» escrita por el poeta A. Kuan Veng generó, especialmente entre la prensa, alentadores comentarios que fueron publicados tanto en la revista Variedades390 como en El Comercio. A pesar de que se reconocía que el autor no dominaba completamente la técnica escénica, por los procedimientos «verdaderamente inocentes» que empleaba y las redundancias que revelaban la «ingenuidad oriental», la obra en opinión de los cronistas satisfacía las exigencias del público pues:

Está dialogada correctamente, con pulcritud y hasta con cierto sentimentalismo más occidental que oriental… La frondosidad retórica es tal que está en boca de todos los personajes, desde la del encopetado y altivo mandarín hasta en la de la mísera esclava. Además revela que el señor Kuan Veng debe ser un lector asiduo de las obras maestras del arte universal (…) Y esto dice mucho en bien de él. Si no hubiera leído lo que se nos antoja suponer que ha leído no habría alcanzado la reputación que goza. Y vamos hasta a afirmar que ha leído a Shakespeare. El primer cuadro de su «Li ton Chu» ha sido inspirado en el «Hamlet» del inmortal dramaturgo inglés. Esa sombra de la madre, muerta envenenada, que se aparece para denunciar el crimen de que fue víctima el hijo, en momentos que este, al claror de una noche de pálida luna, es presa de la inquietud torturante y misteriosa, es la misma sombra del padre del héroe shakesperiano en su obra alusiva y esa tortura espiritual es la misma que desgarraba el ser del infortunado príncipe de Dinamarca. Las palabras que emplea el señor Kuan Veng, no cabe duda que no son las mismas que emplean los personajes aludidos, pero hay que reconocer que las situaciones son perfectamente exactas, exactísimas.391

La obra referida si bien no era una pieza de estrictamente de corte tradicional, pese a que fue puesta en escena «con propiedad y lujo asiático» en

389 El Tiempo, 14 de enero de 1917. 390 Variedades, 4 de julio de 1925. 391 El Comercio, 2 de julio de 1925.

lo que se refería al vestuario y mueblaje, fue escrita en español y fue rápidamente identificada por los espectadores limeños por su contenido, más cerca de los argumentos shakesperianos, que de las piezas tradicionales chinas. Posiblemente en estos factores radique la anuencia que despertó esta obra entre los limeños. Lo que nos revela cuáles eran los parámetros bajo los cuales tenían que elaborarse las piezas teatrales para ser aceptadas por la sociedad.

Las apreciaciones recogidas evidencian la existencia de cierto nivel de intolerancia hacia las expresiones chinas, así como la tendencia de los limeños a menospreciar las expresiones diferentes a las convencionales y que no podemos entender, es decir, un rechazo hacia la diversidad cultural. Por otra parte, también demuestran la empatía que desarrollamos hacia las expresiones afines a las nuestras. La poca aceptación que tuvo el teatro tradicional entre los limeños contrasta con la aceptación que tuvo la pieza escrita al «estilo» occidental.