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70.— PERDÓN POR LOS PECADOS DE LA IGLESIA

In document 160 Ejemplos Positivos para el Más Allá (página 158-162)

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l perdón nace en el corazón del hombre cuando el Espíritu Santo ilumina su conciencia. Y lleva con- sigo la remisión de la pena merecida. Por eso Juan Pablo II ha pedido perdón por las culpas de la Iglesia, dando al mundo un ejemplo de concordia y de paz. Es claro que muchos católicos se preguntarán el porqué no nos piden perdón a nosotros por las persecuciones y crímenes que lleva sufridos la Iglesia en los 2000 años de existencia. La razón es clara: Si la Iglesia corresponde al mal que le hacen, tiene que cerrar el Evangelio y, con él, todas las puertas de los templos.

Al perdón hay que adicionarle también un acto de sincera humildad, que lleva consigo el desplazamiento del amor propio, del rencor, de la altanería, del orgullo y de la sober- bia. Y como nada de esto anida en el cerebro de Su Santi- dad, ni puede habitar en el corazón de los santos como él, ha tenido la humildad suficiente para postrarse ante un cruci- fijo conmovedor y gigantesco pidiendo perdón a Dios por las culpas de dos mil años de historia de los seudocristianos. Todo ha sido mencionado en presencia de siete cardena- les y muchos arzobispos en los más altos cargos de la curia romana. Es un hito histórico en el que se palpa el peso del pecado, la valentía del Papa y la gran esperanza de reconci- liación con otras religiones. La extraordinaria ceremonia comenzó con muchas plegarias frente a la Piedad de Miguel

“¡Nunca más! para el futuro de la Iglesia: Nunca más negaciones de caridad en el servicio a la verdad; nunca más gestos contra la unidad de la Iglesia; nunca más ofensas a otros pueblos; nunca más el recurso a la violencia; nunca más discriminaciones, desprecio de los pobres y de los últi- mos”. Después de todo esto lo vemos en la instantánea besando el crucifijo. Este era el deseo del Santo Padre: puri- ficar la Iglesia en el Tercer Milenio.

El Santo Padre sabe muy bien que los seudocristianos han cometido un sinnúmero de infidelidades al Evangelio de Jesús, y esto le venía pesando —indirectamente— en su conciencia como Vicario de Cristo y como líder espiritual y moral de los mil millones de católicos que rezamos por él. Es de notar que los métodos de intolerancia con otras reli- giones a todos nos alejan del mandamiento del amor. “Amar a los enemigos y rezad por los que os persiguen” (San Mateo 5, 44; San Lucas 6, 27).

Si Dios nos ha concedido la inconmensurable riqueza de la fe, gratuitamente, es claro que debiéramos esforzarnos en transmitirla a los que no la tienen. Esto no es sólo un pen- samiento individual, es un precepto de Jesús: “Gratis lo habéis recibido, dadlo gratis” (San Mateo 10, 8). Esta es la misión de los seglares, y tanto más se acentúa cuanto mayor es la escala jerárquica a la que pertenecen los consagrados a Dios.

71.— LA CASTIDAD

L

a castidad es la virtud que se opone a los deseos carnales. Y actualmente parece estar en quiebra. También la infidelidad conyugal parece una epi- demia, dando lugar entre hombres y mujeres al tópico de “los malos tratos”. El ser humano busca el placer desorde- nado intentando conjuntarlo con la felicidad que todo ser humano desea. Después vienen todos los males juntos. Creo que si las cosas se hicieran dos veces, terminaría el hedo- nismo y el pecado. Son muchos los que hacen oídos sordos a lo que nos viene exhortando el Magisterio de la Iglesia.

La gente no se fija en el rostro que nos presentan las ver- daderas religiosas y religiosos. Ese candor angelical que nos transmite paz y alegría. Tampoco observan los matrimonios canónicos y religiosos que vienen unidos haciendo de los dos una sola carne, siempre acompañados de sus queridísi- mos vástagos, dándoles a éstos el amor y felicidad que sólo pueden dar los padres legítimos. Algo que influye en los pequeños para toda la vida, salvando las raras excepciones, que en todo las hay.

Tengo para mí que no pasarán muchos años antes de que la juventud venga de vuelta. El aforismo de que “nadie escarmienta en cabeza ajena” no se ajusta a la realidad. Son muchos los que observan cómo el desorden nunca nos con- duce a nada bueno. En Washington está repuntando algo que viene al unísono con lo predicho.

del 68 —sus padres— no se lo pueden creer. Ellos se batie- ron en su juventud estudiantil, diciendo: “Haz el amor y no la guerra. La virginidad da cáncer. Vacúnate”. Hoy, sus hijos declaran sin complejos que es hermoso esperar hasta encontrar a la persona de tu vida. La revista “US Magazine” ha publicado una lista de jóvenes estrellas que han optado por vivir la castidad hasta el matrimonio.

Entre los que anuncian con orgullo esta decisión se encuentra el jugador de baloncesto A. C. Green, uno de los hombres clave de Los Ángeles Lakers, la joven tensita rusa Ana Kournikova, Léele Sobieski, de 17 años, protagonista de la miniserie Juana de Arco, y Jonathan Jackson, también de 17 años, que actúa como “Lucky” en la serie “General Hospital”.

Y Enrique, el cantante e hijo del mítico Julio Iglesias, se ha sumado a esta declaración. Quiere probar otros caminos que eviten a sus hijos la propia experiencia del abandono materno y paterno. El anuncio de Iglesias—hijo, con récords de ventas en todo el mundo, tal vez ha sido la mayor sorpresa, al haber declarado: “Soy virgen y quiero seguir así hasta el matrimonio, y cuando lo menciones, por favor, no lo hagas en tono de broma”.

Aunque las cifras de precocidad sexual en todo el Occi- dente no hacían prever un movimiento contracorriente semejante, los clubes de castidad van incrementando sus adeptos. Dios quiera que se acuerden de Él y comprendan que es el único Maestro y el único Señor que nos enseña todo lo bueno en esta vida y nos concede la eterna felicidad.

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